Marc Bassets: “Washington es la Bruselas de las Américas”

“Soy cauto al emitir juicios de valor”. “No debemos opinar de lo que cubrimos”. “Necesito tiempo para sopesar”. “Conviene un poco de perspectiva”. Achtung, heads up, paren las máquinas: un corresponsal con mentalidad científica en esta era rápida de fronteras movedizas entre periodismo y posicionamiento personal.

Marc Bassets, en The Toast Cafe. Foto: Mª Ángeles Martín

Se diría que cada vez que lanzamos una pregunta a Marc Bassets (Barcelona, 1974) la deja caer sobre la mesa como un pequeño ratón. La mira –en realidad mira una una libreta de notas que ha traído-, la disecciona mentalmente, concede no más de dos segundos al silencio y responde por partes. Siempre un doble empeño: “Espero ayudarte a entender las cosas con rigor” y “No quiero parecer presuntuoso”.

Estamos ante un periodista de grandes capitales. 15 años de experiencia repartidos  entre Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Ha trabajado sobre todo para La Vanguardia. Desde hace un año y tres meses, para El País. Hablar con alguien que pisa el terreno ayuda a deshacer estereotipos sobre los países. Aunque Bassets dibuja una política americana que “es como una película, siempre con sorpresas”, desmonta con golpe seco mitos e imágenes asentadas. Ese Barack Obama sobredimensionado por los medios, siempre cómodo y sonriente ante audiencias masivas, es en palabras de este reportero alguien retraído, reflexivo, introvertido: “No es expansivo ni natural como Bill Clinton o George Bush hijo, que si estuvieran aquí ya serían amigos de todos vosotros y os habrían contado una anécdota relacionada con vuestras vidas. Él lo mira todo con distancia y lo procesa. Es un intelectual”. El presidente de EEUU es un posibilista, un conocedor de la realpolitik: “Aunque se ha destacado su idealismo, no tiene grandes ideas para transformar el mundo. Sabe cuáles son las cartas con las que juega y busca la mejor solución”.

Ahora que vuelve la Obamanía por el Pacto Nuclear y otras victorias como  el matrimonio homosexual, el reportero subraya todos los logros del presidente (reforma sanitaria, ruptura de inercias con Irán y Cuba, recuperación económica de Estados Unidos tras la recesión…) pero también recuerda sus desastres. Hay guerras mal cerradas (Irák, Afganistán) y un claro fiasco de aquel reset con Rusia que Obama aventuró en sus inicios y que con Ucrania sobre la mesa suena a broma. Aunque le cuesta calificar, Bassets acaba poniendo al líder estadounidense un 6: “Pero el curso no ha acabado. Puede ser un 5 o un 8”. Después dirá también: “Hay que asumir los límites de un país y de una persona”.

Ha sorprendido la persecución de la Casa Blanca a los llamados whistleblowers, personas que denuncian irregularidades basándose en el acceso a información confidencial. Edward Snowden es el caso más conocido. Pero Bassets recuerda que la batalla contra las filtraciones se remonta a Daniel Ellsberg y niega que la relación del presidente con los reporteros sea peor que en anteriores administraciones. Lo que hay es tibieza: “Obama no tiene conexión emocional con la Prensa, pero tampoco con los congresistas. Esto le ha creado problemas a la hora de legislar. No ha sabido seducir, conseguir que se apoyen medidas como la reforma sanitaria”. Estamos ante un presidente que ni va a jugar al golf con políticos ni se toma un whisky con ellos o les llama para preguntar por su familia, dice el catalán.

Más castillos de naipes desmontados: el periodismo estadounidense no siempre es mejor que el español: “El bueno es espectacularmente bueno, pero hay periodismo americano muy malo. Las televisiones dejan bastante que desear como fuente informativa. Cada vez utilizo menos las de información continua, CNN, MSNBC, Fox… Han entrado en una dinámica ideológica, sensacionalista, que ayuda poco al corresponsal”.

El invitado es discreto cuando se le pregunta reiteradamente por aspectos como su abanico de fuentes o la relación de los reporteros españoles con la Embajada: “No es ni buena ni mala. No espero demasiado de las embajadas. Aventuro una teoría: quizá han perdido sentido. Por ejemplo, en el gran asunto entre manos, el acuerdo comercial, es por la vía de la Unión Europea como EEUU se relaciona con España. La embajada española queda un poco desdibujada”. Ante la curiosidad sobre sueldos de los corresponsales o limitaciones impuestas desde su sección en Madrid, también diluye respuestas para evitar que suenen a crítica: “Hay una negociación, hay que ceder y tiene que haber un equilibrio entre el reporterismo y las llamadas breaking news. Comparando con mis años en La Vanguardia, creo que cada vez es más la delegación la que autónomamente propone y marca la agenda”. A pregunta de Jaime G. Mora responde que no hay grandes diferencias en los temas elegidos por su medio actual y el diario de Barcelona.

Participantes en La Tertulia Infinita 15. Fotos: Mª Ángeles Martín

Como delegado de El País en Washington, este catalán coordina a las cuatro personas que trabajan con él en la ciudad, a la corresponsal del diario en Silicon Valley, Rosa Jiménez Cano, al corresponsal en Los Ángeles, Pablo X de Sandoval, y al periodista destacado en Nueva York, Sandro Pozzi, además de a otras dos personas que se incorporarán próximamente. Todo un equipo que demuestra la apuesta del periódico por América y en particular por América Latina. “Somos todoterreno, pero uno de nuestros reporteros se dedica especialmente a la población latina y los asuntos latinoamericanos. Washington es el Bruselas de las Américas. Hay sedes panamericanas como la OEA o el Banco Interamericano de Desarrollo. Cada semana hay ministros latinoamericanos allí”. Algo que ha pasado desapercibido a muchos: Elpais.com se presenta hace tiempo con cuatro pestañas: España, América, Brasil y Cataluña: “Trabajamos mucho para la edición americana, con jornadas muy largas e intensas. Después del horario español llegan otros horarios y otras pautas. Al menos las ruedas de prensa se concentran en horarios bastante decentes. Obama raramente habla más allá de las 3 de la tarde. Le gusta cenar en familia y allí cenan a las 18.30”.

Washington se parece a Bruselas por la existencia de tareas reiterativas. La cita obligada es la rueda de prensa de la Casa Blanca, a las 13.00 horas. “Hay rutinas pero hay muchas rutinas”, puntualiza Bassets para que se reconozca el esfuerzo que conllevan. La prensa internacional se concentra en el Foreign Press Center, ubicado en el National Press Building, donde El País tiene despacho. La sala de prensa de la Casa Blanca es muy reducida, y acuden corresponsales con plaza fija que deben solicitarlo. “Te comprometes a acudir todos los días, para nosotros algo excesivo. Es preferible solicitarlo específicamente el día que quieras ir”. Puede haber más ruedas de prensa: del Departamento de Estado, el Pentágono, el Capitolio…. Y además está el resto del país, que un día puede llamar la atención desde Ferguson y otro desde Nueva York.

El hecho de que asista a la tertulia Felipe Sahagún, corresponsal en EEUU en los años 70 y jefe de Internacional en RNE entre 1980 y 1986, da pie a un mano a mano de altura entre el periodismo de entonces (el de Cirilo Rodríguez y Jesús Hermida) y el de ahora, en todos sus frentes. Sí, el acceso a las élites de la Administración sigue siendo más sencillo de lo que pudiera pensarse en comparación con otras capitales. Y no, ya no se desayuna leyendo el periódico en papel; esto se deja en todo caso como capítulo final. Bassets da por descontado que Internet “nos hace mejorar” y destaca el valor pedagógico de nuevos medios como Vox.com en la narración diaria de EEUU.

El reportero relata también su seguimiento del Pacto nuclear en Viena. Aunque ha publicado informaciones con humor (leer La diplomacia del balcón), dice que ha sido una de sus coberturas más difíciles. Cómo escarbar desde el espacio habilitado para la prensa -una lona frente al hotel donde se reunían los líderes- cualquier indicio mínimo de noticia. Un asistente, Gregorio Vázquez, pregunta si en materia de seguridad el pacto no es una mera prórroga para que Irán fabrique la bomba: “Es una crítica muy sólida”, admite Bassets.

Bassets, en un momento de su diálogo con Felipe Sahagún. Fotos: Mª Ángeles Martín

Con Rusia no percibe verdadera guerra fría: “En Viena John Kerry y Serguei Lavrov trabajaban codo a codo para levantar las sanciones a Irán mientras EEUU sancionaba a Rusia por Ucrania. Es como un ajedrez en partidas simultáneas, no un blanco y negro”. Con relación a Europa recuerda que Obama no se siente vinculado al continente y ha perpetuado la vieja exigencia norteamericana de que haya un interlocutor político único. La elegida ha sido la canciller alemana Angela Merkel. Hay preocupación por Grecia más allá de lo económico: “Para EEUU, es un estado clave desde la Segunda Guerra Mundial. Está en la OTAN. Entró en la Comunidad Europea antes que España y Portugal no porque estuviese más preparado que ellos sino porque es pieza básica en el Mediterráneo. Cerca de Turquía, Rusia o Los Balcanes, los americanos temen que el país se acerque a la órbita putiniana”.

Vuelta al escenario nacional, con campaña electoral por delante. Sería una sorpresa que Hillary Clinton no fuese la candidata demócrata elegida para los comicios de 2016, pero en el caso republicano hay una competencia más abierta y por ahora destacan Jeb Bush y Marco Rubio: “Bush es un buen político. Con experiencia. Inteligente. Le escuchas y convence. Pero tiene un problema: se llama Bush. Marco Rubio tiene menos experiencia. Es más bisoño. Pero miras su cara y ves el futuro de EEUU. Mestizo. Hispano”. A un lado del ring, Bassets imagina a Rubio, joven de origen humilde, hijo de inmigrantes de 44 años; al otro lado a Clinton, una mujer que salió por primera vez en la prensa en 1968 y que desde entonces no se ha bajado de ella. Dice que en campaña el equipo de El País tratará de combinar el seguimiento de la politics (la política de declaraciones) con la policy (las grandes estrategias y planes de los partidos). Sin perder el pulso del país.

El hecho de que la mujer de Bassets sea periodista y que a ambos les guste la vida nómada hace que la familia resista bien en un destino que el corresponsal Gary Younge acaba de abandonar por motivos varios entre los que está el racismo que quiere evitar a sus hijos. Bassets tiene hijos, pero no cree que EEUU sea un país mucho más racista que otros: “Sin un cierto estatus económico, eso sí, es muy duro”.

Un libro para entender EEUU: el diccionario político de William Safire, redactor de discursos de Richard Nixon. Un periodista básico para seguir la Casa Blanca: Mike Allen, de Politico.com. Un trabajo propio: un viaje sobre la América de Obama con fotos de Guillermo Cervera que se publicó en tres entregas (el país de la revolución energética, la América profunda y las ciudades del viejo corazón industrial).

Estos ejemplos de reporterismo a fondo le acercan al periodista que confiesa admirar, David Remnick, editor de The New Yorker. Como en el caso de la revista, el trabajo de Bassets destaca por la escritura que se desliza pero también por la profundidad. El corresponsal combina en un mismo jugo sus pinceladas sobre lo que ve con los sesudos argumentos de analistas y think tanks.

“Ahora estoy opinando”, “En estos momentos hablo por mí”, sigue advirtiendo. Intentos honestos de mesura y asepsia. Dos participantes en el encuentro coinciden en una palabra que no es tan común para describir a un tertuliano ni al periodismo: temple.

  • Galería fotográfica de La Tertulia Infinita 15
  • [La #TertuliaInfinita15 se celebró en el espacio estadounidense @TheToastCafe el miércoles 8 de abril de 2014. Gracias a sus dueños, Claudia y Ryan, y al encargado, Ricardo].
  • En colaboración con FronteraD y Librerantes.

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Armada y Guardiola: de Bosnia a Siria, una inmensidad

Alfonso Armada (izquierda) y Antonio Guardiola (derecha). Foto: Jon Bradburn

Alfonso Armada (izquierda) y Antonio Guardiola (derecha). Foto: Jon Bradburn

Atardece en la champañería María Pandora. “El paisaje desde aquí es apasionante”, apunta José Antonio Guardiola refiriéndose al local, las velas, las miradas. “Para nosotros también”, le contestan señalando la librería a sus espaldas. El periodista bromea: “Siempre hay que ponerse en el lado del otro”. A eso vamos. A una tertulia que, como dice Alfonso Armada con guasa, tiene un nombre atractivo pese a la devaluación del término, por aquello de infinita: “Quedarnos aquí hablando toda la noche puede ser interesante. Igual descubrimos cosas que no sabíamos que sabíamos”.

La cita es sobre guerras porosas, un modo de llamar a esos conflictos aparentemente inconexos que terminan provocando erupciones de distinto color en toda la piel del planeta. De lo que más se hablará al final es de la dificultad creciente para relatar esa violencia dispersa y mutante.

Guardiola (Madrid, 1963) se declara admirador de Armada (Vigo, 1958) desde sus comienzos, cuando llegó a su primera cobertura internacional en Ruanda y Ramón Lobo le avisó de que lo hacía con retraso porque el corresponsal gallego ya se había ido. Nunca han llegado a coincidir ni en ese destino ni en otro exterior, aunque han buscado puntos de encuentro diversos en Madrid. Les preguntamos si la guerra de Bosnia y la de Siria son comparables como hitos que han marcado a dos generaciones de periodistas. Algún invitado joven nos sugirió en tertulia anterior que hasta que Siria apareció en escena parecía que el único periodismo internacional en España era el de la antigua Yugoslavia.

Ambos estuvieron en Los Balcanes pero creen que los dos conflictos no pueden compararse. “Gervasio Sánchez dice que la guerra de Bosnia fue una de las mejor cubiertas de los últimos tiempos. Creo que tiene razón. Yo estaba entonces en El País –cuenta Alfonso Armada- y pasamos siete por allí. La cobertura fue exhaustiva. Siempre había un enviado especial de El País en Sarajevo. Nos dábamos el relevo en Trieste. Con mucho espacio, muchos recursos”. Pero también hubo decepción: “Aunque como periodista lo que intentas es contar las cosas de manera más exacta y más apasionante posible siempre esperas que el resultado de tus coberturas acabe provocando algo en la realidad, y ahí uno empieza a descubrir que a pesar de la información tan exhaustiva de Sarajevo, de contar cómo una ciudad como Madrid estaba siendo bombardeada, al final los gobiernos europeos no reaccionaron. La guerra se prolongó más de la cuenta y el resultado fue un país imposible”.

Siria, prosigue Armada, no se está cubriendo: “Se han publicado crónicas fantásticas sobre todo cuando la oposición a Al Assad no era lo que es ahora, pero después de los secuestros y asesinatos de varios periodistas es imposible por el coste. Es una guerra terriblemente complicada”. Después matizará: “No imposible, pero sí muy difícil”. “Cuando los periodistas se convirtieron en objeto de comercio susceptibles de ser intercambiados por dinero se volvió una guerra que se está malcubriendo”, continúa el periodista.

José A. Guardiola describe Bosnia como “el último momento en que se vive un conflicto tradicional donde los frentes más o menos controlados en un mapa perciben a los periodistas como objetos de seducción. El bosnio, el croata, el serbio quiere ganarse su cariño porque es la única forma que tienen de volver a la opinión pública internacional de su parte. Con Internet los propios frentes, sobre todo los insurgentes, tienen capacidad de transmitir. ¿Para qué queremos periodistas? Es el problema de la cobertura de Siria”.

La falta de seguridad y la pérdida de relevancia de los corresponsales por la crecida digital son una pinza dolorosa para los reporteros. La crisis económica hace el resto. Guardiola trae a la conversación, como homenaje, a José Couso (el día de la tertulia hace 12 años que le mataron). Cree que su caso inició un gran debate sobre las condiciones de su muerte pero también otro sobre cómo iban protegidos los periodistas. Las empresas españolas empiezan a pensar en seguros: “No lo estoy criticando –aclara- pero eso que imaginábamos que era a favor de los periodistas, más protección, puede que no haya sido tan a favor del periodismo. Muchas empresas se retraen a la hora de mandar a enviados”. Armada lo relaciona con el poder creciente de la publicidad y la propaganda. “Igual que muchas empresas ya no requieren de los medios para cubrir su mensaje, los propios agentes en conflicto tienen expertos, producen vídeos, ya no necesitan a los periodistas”.

 

En la champañería María Pandora.

En la champañería María Pandora.

A Héctor Rodríguez le preocupa el poder de atracción del yihadismo en Europa. Se comenta la calidad hollywoodiense de los vídeos del Ejército Islámico (EI). Rafael Díaz Arias, presente en el bar, destaca su factura técnica impecable: “Están desarrollando directamente los códigos periodísticos”. Ahora su lenguaje va dirigido a los europeos y norteamericanos y “no es que al EI no le hagan falta los periodistas sino que ha secuestrado a los propios periodistas”. Relata el caso de John Cantlie, reportero rehén del EI que presenta documentales vestido con el temible peto naranja y narra con estilo periodístico las cosas que los terroristas quieren que diga. En algunos de sus vídeos se expresa con un “In this show”, recuerda el profesor. En el último filme conocido (febrero de 2015), un Cantlie demacrado anunciaba que era el último de la serie.

En este contexto amenazante se extiende también la sensación de que cada vez más países antes irrelevantes alcanzan el estatus de “conflictos con potencial desestabilizador mundial”. Léase, por ejemplo, Yemen. La logística se complica. “El otro día hacía una lista de en qué lugares deberíamos tener enviados especiales simplemente para entender lo que es el EI. No habría ningún medio de comunicación en España capaz de tener despliegues en Nigeria, Libia, Argelia, Sáhara, Yemen, Irak, Siria… Y se me olvidan muchos”, dice el director de En Portada.

“Se extiende el periodismo de experiencias que no va al trasfondo. Antes estabais en una guerra un mes, dos… Hoy hay enviados que se van una semana. ¿En una semana qué puedes contar de un conflicto?”, argumenta Sara Campos, preocupada por el recurso al periodismo ciudadano como sustituto.

“Las nuevas realidades del norte de África y Oriente Próximo -confirma Armada a la pregunta de un contertulio- han pillado con el pie cambiado a los especialistas, a los medios, a los redactores jefe… porque el mapa más o menos ordenado que tenían ha saltado en mil pedazos. La cobertura está siendo muy fragmentaria. Y eso de que la mayoría de corresponsales esté en Jerusalén, aparte de complicarles la vida a la hora de moverse por los problemas de sellos y pasaportes, hace que la mirada se tiña mucho aunque no quieras. Plantea problemas. Por su propia naturaleza, el mundo árabe es como África, mucho más rico de matices que las simplificaciones en que caemos los medios a veces”.

La cobertura de África es “guadianesca”, según Armada. Hay que escuchar con atención a un periodista que cubrió durante 6 años el continente y ha sido capaz de convencer a sus medios para que publicaran piezas sobre el teatro en Ruanda o Mozambique ecuando estos países no interesaban más allá de sus conflictos: “El problema es que no se puede hablar de África. Hay que hablar de países concretos, uno por uno, y cada uno tiene tanta complejidad que exige mucho tiempo y espacio. Hay pocos corresponsales permanentes y no hay interés genuino”. Las primaveras árabes, continúa Armada, fueron el momento de los freelance: “algunos iban a la buena de Dios a jugarse la vida sin haber negociado antes asignaciones con ningún tipo de medio y a veces cuando ya estaban allí conseguían crónicas muy mal pagadas. Es una tendencia muy preocupante. Muchos grandes medios han dimitido de su obligación de dedicar buena parte de los recursos a la cobertura internacional. El propio James Nachtwey decía el otro día que tenía dificultades para conseguir buenas coberturas. Si le pasa a él…”

Y sigue el embudo: “Eso lleva a que si tenemos que gastar el dinero, hagámoslo con el periodista que nos vaya a contar la guerra como queremos que nos la cuente. El riesgo del periodismo estrella”, dice Guardiola. Elena Aljarilla le pregunta por el programa En Tierra Hostil y su supuesto sensacionalismo. Guardiola prefiere quedarse con lo positivo: “Algunos elementos narrativos me parecen interesantes y legítimos para acercar conflictos a audiencias masivas. Si echo algo de menos es quizá el contexto. Si oigo ‘Estoy en un edificio con una bandera, creo que es el ministerio’, yo creo que un periodista debe decir ‘Este es el ministerio’”. El director de FronteraD y el Master de ABC recuerda que a veces la fórmula del reportero metiéndose en el peligro hace que se consigan más espectadores y que no siempre significa falta de rigor: “El hecho de que el periodista sea tanto el hilo conductor y se meta en la historia a mí me plantea dilemas, pero como recurso narrativo funciona”.

Siempre el resultado, la tirada, las audiencias. A veces se las teme más de lo debido: “Los reportajes que hacemos sobre África no tienen ni más o menos audiencia que uno de Latinoamérica o Europa. Si haces un tratamiento digno de África no tiene por qué generar menos audiencia”, asegura Guardiola. Pregunta tras pregunta el director de En Portada desgrana algunas ideas para que la televisión pública tan criticada últimamente funcione mejor: “Creo que sería muy bueno que los responsables de las áreas tuvieran asignada una parte del presupuesto para realizar los viajes que consideren imprescindibles, al margen de lo que digan el editor del Telediario y el director de informativos”. También: “En América están deseando que nosotros les contemos lo que les está contando Telesur, los rusos, los chinos, los franceses, los alemanes, y ya no digo CNN en español que tiene una capacidad de producción inalcanzable para cualquier otra televisión. Es decir, que ese tiene que ser el horizonte, que esa es la verdadera marca España, y que TVE tendrá proyección de futuro en la medida en que entienda que el horizonte está también y sobre todo al otro lado del Atlántico.  Sin ninguna duda”.

El respaldo de los libros

El respaldo de los libros

A José Antonio Guardiola le apasiona la narración. Habla en totales. Rápido. Directo. Más que explicar las cosas, las titula. Durante la conversación da vueltas a un próximo reportaje de Alberto Nisman para En Portada. Como si fuera un cubo de Rubik. Quiere calidad, que encajen la verdad y su contexto: “Con todas las herramientas narrativas que tiene el lenguaje audiovisual, cómo encontrar la fórmula para lograr hacer algo que sabemos que no existe que es el reportaje perfecto”.

A Alfonso Armada le apasiona todo. “Contar la experiencia propia es fundamental. Incluye emoción, controlada pero emoción. En muchas crónicas esa emoción falta, pero es parte necesaria del relato para ayudar al lector, al espectador, a ponerse en lugar del otro”, dirá durante la tertulia. Su discurso lleva a multitud de referentes profesionales, culturales, artísticos y humanos. De Antonio Lafuente, corresponsal de EFE en Nueva York que urdió con él la trama que es hoy FronteraD, a Ryszard Kapuscinski pasando por Martín Caparrós, Tomás Alcoverro, el pintor Antón Patiño, la fabulosa iraní Shirin Neshat (comparen la belleza de sus coreografías con la estética del ISIS), Susan Sontag… Una enseñanza que comparten ambos periodistas es la de Corinne Dufka: en el momento en el que veas que has perdido la sensibilidad debes dejarlo. Hasta aquí he llegado.

Los dos mencionan también a periodistas más jóvenes. Guardiola, a los reporteros de su época de director de Internacional (Luis Pérez, Yolanda Álvarez, Antonio Parreño, Oscar Mijallo…). Armada, a Mikel Ayestarán, David Beriain, Lino González Veiguela… Uno se siente ante dos hubs del periodismo internacional español conectados a todos los elementos del sistema.

Cuando ya se han ido alguien nos afea la falta de caña: “Ellos son periodistas y hacen preguntas agresivas, teníais que haber hecho lo mismo”. Es verdad. Pero lo que tiene hablar de la guerra con dos personas capaces de transmitir su cataclismo es que te dejan con cero ganas de pelea.

 


Ofelia de Pablo y Javier Zurita: Adiós al instante fotográfico, bienvenida sea la historia

Ofelia de Pablo y Javier Zurita tienen algo de esa optimista escena de apertura de El Nadador (que no de su deriva posterior): Burt Lancaster observa que el mundo es una sucesión de piscinas y comprende que debe recorrerlo sumergiéndose en ellas en lugar de bordearlas.

Javier Zurita (izquierda) y Ofelia de Pablo (derecha) en La Tertulia Infinita 13

Javier Zurita (izquierda) y Ofelia de Pablo (derecha) en La Tertulia Infinita 13

De entre todas las aguas a las que han saltado, cuatro emergen con frecuencia en la tertulia: Geishas del siglo XXI (“de lo mejor que hemos hecho”); la grabación para Channel 4 sobre el Genocidio del Congo (efecto dominó de un genocidio ruandés tan popularizado por el cine que eclipsó los males que causó en países vecinos); El otro lado del mundial, donde narraron cómo gracias al campeonato de 2010 chavales de los guetos de Johannesburgo estaban accediendo al fútbol y con él a otro mundo posible; y El genocidio invisible, documental que relata el extermino de los pueblos indígenas de Guatemala (y especialmente de sus mujeres) bajo la dictadura de Efraín Ríos Montt.

En todos sus proyectos tratan de demostrar que la vida tiene lados malos y buenos. “¿De qué sirve decir ‘Todo es una mierda y es malo y va a ser peor’?. A nadie le ayuda eso”, dice De Pablo. “Vamos a los sitios e intentamos ver la parte positiva. Los dos somos positivos. La gente también necesita ver luces”, asegura Zurita.

Reconforta preguntar a un periodista si cree que su trabajo contribuye a mejorar el mundo y escuchar, tras unos segundos de prudencia, un “Humildemente, sí” (Zurita). “Cuando cuentas un dramón como el de las mujeres en Guatemala, pues también hay que comprender que tras la publicación de numerosos reportajes han conseguido llevar a un tipo muy poderoso a un juicio. Hay una energía positiva y ves que las cosas avanzan – explica De Pablo- . En el caso de El Congo, la ONU disponía de un borrador sobre lo sucedido que el presidente de Ruanda quería ocultar como fuese. Al filtrarse, la ONU tuvo que publicarlo. Sientes que empujas”, continúa la fotoperiodista. “Cuando [la noticia] sale en un periódico potente y la gente lo lee y lo retuitea los abogados se ponen las pilas. Se crea una especie de tsunami que provoca cambios. Un señor que ha vivido a cuerpo de rey siendo un asesino se levanta un día comprendiendo que se le ha acabado el chollo” (Zurita).

También hay momentos en los que uno se pregunta de qué vale el riesgo. Cómo olvidar ese terremoto de Japón en 2011, trabajando en un hotel en primera línea de playa mientras se temía la llegada de un tsunami. Pero esas mujeres guatemaltecas que agachaban la cabeza temerosas cuando hablaban para su  documental y que luego vieron testificar valientes en el juicio contra Ríos Montt son para ambos el mayor regalo que les ha dado la profesión. “Lo vivimos en casa como si nosotros hubiéramos tenido algo que ver. A veces las historias acaban bien” (Zurita).

Redactan, fotografían, graban audio y vídeo… Su trayectoria profesional muestra una combinación valiente de apuestas personales y de proyectos realizados por encargo. Es el signo de todo freelance, pero no hay rastro de victimismo: “El mundo del freelance y el fotoperiodismo siempre han sido primos hermanos”, bromea Zurita. Y como señala De Pablo, es mejor pensar que en el extranjero un freelance es “un fotógrafo que ya ha conseguido lo máximo y quiere ser independiente de los medios”.

La fotoperiodista, en el Bar Turkana

La fotoperiodista, en el Bar Turkana

La táctica es convertir sus intereses personales en trabajos apetecibles para los medios, lograr su implicación. “Como españoleitor, cuando vas por iniciativa propia porque crees en la historia tienes que buscar financiación debajo de las piedras”, resume Zurita. “Intentamos irnos siempre con un encargo. Cuando ya tienes trato con los editores les avisas, les cuentas el proyecto, peleas un poco por el enfoque. Tratamos de salirnos con la nuestra todo lo que podemos”, completa De Pablo.

Algunas de las escenas que relatan revelan pérdida de respeto a su tarea, a la figura del fotógrafo, del redactor… al periodismo en general. Y eso vuelve a despertar comentarios encendidos entre los asistentes (muchos fotoperiodistas), que proponen iniciativas o asociaciones para mejorar la escena. Una abogada se sorprende de que no exista colegio profesional. “Hay gente capaz de hacerlo gratis con tal de seguir haciéndolo y ese es el mayor error -cree De Pablo-. Mientras en países como Alemania los fotoperiodistas pelean en los tribunales por sus derechos, en España se firman cosas aberrantes”.

El carácter individualista de los fotógrafos también juega en contra. Ambos certifican que en ocasiones sí es real esa figura del profesional independiente, difícil, una especie de guardameta con el carácter delimitado por la soledad y la tensión. Aquí Zurita jugaba de portero cuando era pequeño y De Pablo a veces habla sola –reconocen con humor- pero ambos creen que ser pareja y trabajar juntos ayuda a minimizar el riesgo de fatiga mental.

Es realizando proyectos multimedia cuando más observan que su tándem funciona, porque se amplían las tareas al sonido y al vídeo y es necesario trabajar en equipo. Su pronóstico es que el futuro pasa por este lenguaje que mezcla multitud de soportes. Se han sumergido de lleno en él: “Las famosas fotografías de Cartier-Bresson, el instante decisivo… eso ha terminado. El fotógrafo de la nueva era no va a ser el que capture una buena fotografía, sino el que capture una buena historia”, dice Zurita. “El volumen de imágenes que recibimos es tan grande que esos momentos de fotografías icónicas del pasado cuestan mucho más”, contextualiza De Pablo. Por eso hay tanta fotografía al límite: “Se busca llegar a la gente que está en un sofá viendo miles de imágenes; cuanto más sangrienta o más impactante más va a remover una conciencia. Pero ya nada nos remueve. Nos ablanda más el anuncio de lkea que cualquier masacre. ¿Por qué? Porque las historias tienen mucho más impacto que la fotografía”, continúa.

El fotoperiodista, en la conversación.

El fotoperiodista, en la conversación.

De Pablo relata que cada vez se contrata a fotógrafos para realizar trabajos de televisión. Alguno se ha llevado a casa varios Emmy: “Es porque los fotógrafos tenemos una mirada diferente. Quizá lo perfecto sería un tipo que hiciera cine, pero como necesita tanta parafernalia y no trabaja con sujetos reales, en situaciones en las que salta por los aires el guión le costaría mucho. Es la estética de cine mezclada con la realidad de la fotografía lo que interesa. Y contar historias”. “Hemos apostado por las historias” dice convencida. “Los mejores fotógrafos serán los contadores de historias”, reafirma Zurita.

Alguien del público pregunta: ¿Tenéis estrategia de marketing en las redes? “Uy, estrategia nosotros. Pero tú nos has visto?” ríe De Pablo. Y en realidad toda la tertulia ha sido así. Espontánea y generosa. Nunca el público asistente ha intervenido tanto, a petición de los propios invitados. Como si fueran Ofelia y Javier quienes nos hubieran llevado a charlar en su salón, interesados por nuestros casos.

¿Qué gadget le regalarían a un amigo, en estas fechas de Navidad? “Lo que necesitas muchas veces más que cacharros es el empuje” (De Pablo). “¿De qué te sirve tener un montón de cacharros si no te vas?”, se pregunta Zurita, quien continúa: “Lo mejor es irte. Y equivocarte. Y reflexionar: ‘Qué mal lo he hecho. Tengo que volver y hacerlo mejor’. Prueba y error”.

Felices Reyes Magos y un 2015 lleno de intentonas.


Beatriz Mesa, Carla Fibla, sobre Libia: Islam ≠ crimen

Una vez la dueña de un bar muy bonito dio permiso telefónico para celebrar allí La Tertulia Infinita. Pero al poco de colgar envió un sms: el ok era sólo en el supuesto de que el corresponsal invitado no procediese de medios, *digamos*, como la COPE.

Inmediatamente nos entraron ganas de traer a uno.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

La prueba de que en la información internacional las líneas ideológicas tienden a diluirse la constituyen las invitadas a La Tertulia Infinita 12, Beatriz Mesa y Carla Fibla. Mesa (corresponsal de la COPE, pero también colaboradora de El Periódico) y Fibla (analista, ex Cadena Ser, El Mundo, La Vanguardia y varios medios más) coinciden en todas las interpretaciones que realizan sobre Libia y sobre quienes están metiendo las manos en el país.

Las líneas relevantes para los periodistas que se patean el mundo suelen ser otras: están quienes viven las zonas sobre las que informan y quienes caen sobre ellas como paracaidistas; están quienes se ponen casco y chaleco en cuanto llegan y quienes llevan años reporteando sin aparecer de esa guisa en las crónicas; y están los que pisan un destino con el reportaje plagado de clichés ya en la cabeza, mientras otros esperan a hablar con la gente. Todas eso marca más que el medio de origen.

¿Los mejores periodistas son los que más se acercan a la línea de combate? Ninguna de las invitadas lo cree, pese a que a veces los propios colegas te empujan: “Si no estás ahí, no eres un gran periodista, parecen decirte”. Como las autocríticas son escasas en la profesión, se valora la chispa con la que Mesa relata su propia historia, que provoca sonrisas a lo largo de la tertulia: “Yo era aguerrida. Quería estar en el frente de Misrata. Tenía que estar en Misrata. Y cuando llamo desde Misrata el medio me pide 30 segundos para contar el frente de Misrata. Ese día te replanteas tu vida y tu profesión. ¿Yo qué hago aquí? Perdí a dos compañeros y entendí que de lo que se trataba de explicar el conflicto, y no solamente desde el punto de vista militar. Con la distancia, considero que fue un error pasar 8 días en el frente”.

Como son amigas el relato se mueve entre lo histórico, lo periodístico y el anecdotario personal compartido. Se adapta a las preguntas de los tertulianos como su propio trabajo al entorno: ambas llegaron a un país para cubrir su feliz Primavera Árabe y se encontraron convertidas en corresponsales de guerra (expresión que rechaza tajantemente la ex reportera de la SER).

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Con el aplomo que da haber trabajado en muchos estados árabes, Fibla desmenuza el origen del remolino libio. Conoció el país cuando aún estaba bajo la dictadura de Muamar el Gadafi: “Era un país extraordinariamente cerrado, sin contacto con el exterior. Impensable que algo así pudiera ocurrir. Hasta cuando preguntabas la hora por la calle la gente se apartaba”. Pero el 16 de febrero de 2011 la detención de Fethi Tarbel, abogado activista de los derechos humanos, deriva en manifestaciones y protestas contra la corrupción. Empieza la ira popular y el goteo de heridos y muertos.

Las reporteras entran con otros medios en Libia por su frontera con Egipto y siguen la evolución durante las cinco primeras semanas. “El inicio fue increíble, de esas experiencias por las que merece la pena estar en la profesión. Te encuentras con gente muy valiente, capaz de organizarse. Gente que vivía en el extranjero volvía muy preparada. Hubo una verdadera Revolución Cultural. Muchos artistas salían a la calle, las paredes se llenaban de grafitis. Y aún no estaba claro que se fuera a ganar esa batalla, pero era ese cambio de mentalidad y esa decisión que anuncian que no hay marcha atrás”, dice Fibla.

Después (19 de marzo), la intervención militar de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, el linchamiento y muerte del tirano, la pretendida libertad. “Pero hay un trasfondo que no se conoce, y es que Libia es un país dividido desde un punto de vista tribal, regional y económico. Cuando el objetivo común cae [Gadafi] surgen los problemas. Y es lo que estamos viendo ahora: un conflicto de todas esas dimensiones”, explica Mesa, que ha vuelto al país varias veces desde que todo comenzó.

Con sus palabras las periodistas dibujan un mapa en el que se entiende la importancia primordial de los puertos petrolíferos al Norte y los pozos de extracción al sur: “Esa es la verdadera lucha de Libia y también de los actores internacionales, más allá de la cuestión islamista”, dice la periodista de la COPE. Con unos 6 millones de habitantes y recursos calculados para unos 65 años, Libia “es el país [de las revoluciones] que más rápido podría salir adelante si consiguiese controlar esa riqueza”, apunta Fibla.

El petróleo se pasea por la conversación. Porque es curioso que en un Estado etiquetado tantas veces como fallido algunas cosas aún funcionen: hay milicias que siguen protegiendo los pozos y las exportaciones de petróleo continúan aunque se hayan reducido. Repsol (España), Total (Francia), ENI (Italia) y otras empresas “trabajan aún allí con la anuencia de las élites políticas y las élites armadas. Y esto no se está contando”, dice Mesa. Curioso también que el país que ha logrado la Primavera Árabe más exitosa hasta el momento (Túnez) no tenga tan importantes recursos energéticos.

Ahora la Libia que narran los medios son en realidad tres países: la Cirenaica, donde se dan los enfrentamientos más agresivos y se presencian asesinatos arbitrarios, ajustes de cuentas, imposiciones extremistas del Islam (“con una Bengasi fantasmal, casi sin administración del Estado”, apunta Fibla); la zona de Trípoli, donde la gente se arma más cada día ante la creciente inseguridad; y la de Misrata, que sigue funcionando como motor económico y donde apenas existe desempleo. Si se analizan a fondo las complejas zonas del sur, aún saldrían más países.

Mapa de Libia

“Después de muchos años siguiendo países árabes yo lo que valoro es que la gente haya sido capaz de dar ese paso. Que el inicio de la revolución fuera popular es increíble. Me gustaría ver a personas de países desarrollados salir a la calle con esa determinación teniendo lo que ellos tenían enfrente”, admira Fibla.

Esa sociedad civil es ahora una víctima que vive bajo la extorsión, pero Fibla y Mesa aseguran que son los propios libios quienes tienen que salir de ese atolladero y que otra intervención exterior sería nefasta. “Estados Unidos está muy perdido en Libia, como en tantos otros países árabes. Han tenido muy pocos aciertos. Su acción siempre va a la deriva, les sobrepasa”, dice Fibla. La Unión Europea y la ONU son un cero a la izquierda, pese a la presencia flotante en la zona del enviado Bernardino León. De España no hablamos.

Las reporteras no se cansan de pedir paciencia con los procesos del mundo árabe y respeto a sus ritmos. “Cuando algunos académicos o periodistas se atreven a decir que estamos atravesando un invierno árabe me parece un error. Los procesos de cambio no se pueden evaluar de manera cortoplacista. Tampoco en la Revolución Francesa se alcanzó la democracia tras el primer suceso”, argumenta Mesa.

Beatriz Mesa

Beatriz Mesa

Sobre todo, las invitadas recalcan dos ideas: que tras los conflictos siempre hay una lucha económica por los recursos y que excluir a los movimientos islamistas de la solución es mala idea. Mesa, que ha investigado sobre redes criminales en el Sahel, recuerda lo que está ocurriendo en Malí: “Detrás de la Yihad hay sobre todo estructuras económicas, crimen organizado, economía criminal. Esa es la verdadera amenaza. Y ahí están implicados no sólo los grupos armados de corte yihadista sino también los de corte nacionalista y los poderes estatales, además de individuos que nada tienen que ver con los grupos armados y con la política. Y ahí está Francia, buscando gas y petróleo”.

No se puede desprestigiar un proceso revolucionario en menos de un año porque entren en el campo político los movimientos islamistas, vienen a decir ambas reporteras, ni siquiera cuando dentro de ellos haya un brazo extremista que impida las aspiraciones de libertad, dignidad y trabajo del pueblo. Fibla es tajante al afirmar que apartar a los Hermanos Musulmanes del poder en Egipto ha sido un error: “Lo hicieron muy mal pero había que haber dejado que lo siguieran haciendo mal para perder en las siguientes elecciones”. Si en Libia la visión de Estados Unidos pasa por apoyar a uno de los bandos en liza [como el general Halifa Hifter] sólo porque se enfrenta a movimientos islamistas, Mesa lo considera muy peligroso: “Quizá no se esté identificando bien al enemigo”.

Células islamistas se están extendiendo en la zona, pero la corresponsal de la COPE insiste en que no sólo está pasando eso. “No podemos decir “El Yihadismo se ha instalado en Libia”. No es cierto. El conflicto es mucho más complejo. El extremismo representa una minoría y, lo más importante, en Libia los islamistas no tienen base social”.

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Al final de la tertulia los asistentes dicen que la explicación tan sencilla de un país tan complejo sitúa el encuentro entre los que más les ha gustado. Y se comenta la misma sensación agridulce que en otras ocasiones: la de que hay periodistas con mucho que contar y poco espacio, tiempo o recursos para hacerlo. Gente que incluso se mete en camisa de once varas y tiene la ocurrencia de internarse en el periodismo internacional de investigación, como está haciendo Mesa ahora, o de enriquecer el aquí y ahora con el análisis académico, como hace Fibla. Y además en un entorno de seguridad que se pone cuesta arriba para la Prensa. Fibla reconoce el miedo en sus últimas internadas en Siria: “Es el peor escenario y con peores perspectivas”, dice con pena por la población local. Mesa prefiere el sarcasmo: “Qué problemón ¿no?. Que ya no sabemos dónde colocarnos porque somos enemigos de unos grupos armados que yo no considero mis enemigos sino mis fuentes de información, porque yo lo que quiero es entender ese conflicto…”.

Las despedimos deseándoles suerte con unos medios que ya no se acuerdan mucho de la Primavera en el Magreb. “Con la caída de los regímenes se mantuvo un poco la atención pero el descenso fue increíble. Un proceso como éste, que está siendo histórico para esos países y que se va a prolongar en el tiempo, habría que seguirlo mucho más. Llevo un año en España y creo que el seguimiento es un desastre, pese al interés que sí veo en la calle”, ha afirmado Fibla en un momento de la conversación. “Yo mientras nos vayamos de aquí separando el Islam de todo lo que hacen los criminales, ya me quedo tranquila”, dice Mesa.

Sea. Desde el título.


Angeles Espinosa: “En medio de la guerra y el horror, la gente se enamora”

 

Quizá la mejor descripción que pueda hacerse de Ángeles Espinosa sea la de que acumula más de 3.800 contactos en su teléfono móvil (es la cifra aproximada que emerge durante la conversación). El suyo es un periodismo internacional de altos vuelos, que la lleva de un país a otro y de una fuente a otra con eficacia y celeridad. Y la fuente puede ser un activista en un entorno clandestino, un portavoz terrorista o un monarca con poder de decisión sobre millones de personas.

Ángeles Espinosa, corresponsal de El País en Dubái.

Ángeles Espinosa, corresponsal de El País en Dubái. Foto: M. Ángeles Martín / La Tertulia Infinita

Lleva prácticamente toda su vida profesional en El País, un espécimen cada vez más singular en los tiempos que corren. Entró allí como becaria y se ofreció para ir a Beirut. La respuesta fue no, pero ahí empezó todo. “Yo lo elegí y me eligió”, dice en concreto de la información sobre países árabes.

Que viva en la moderna Dubái desde que la expulsaron de Irán, donde fue corresponsal durante 6 años, tiene explicación: “Es práctico. Las comunicaciones funcionan y hay vuelos diarios hacia los países que cubro, de Paquistán a Arabia Saudí, de Irak a Yemen”. Esos mismos motivos logísticos hacen que pasen por la ciudad muchas figuras que conviene entrevistar.

Espinosa llega al encuentro con gafas de sol. Ha tenido un desgarramiento ocular que puso en duda su viaje a Madrid, pero al final puede comenzar en esta ciudad sus vacaciones. La foto fija que se trae de Bagdad, su destino más reciente: “Muros de hormigón y puestos de control donde hay un policía, un soldado y dos o tres señores con o sin uniforme que no sabes muy bien a qué milicia pertenecen. Es lo que da miedo a la gente. No se sabe quién es la autoridad”. La imagen es triste sobre todo para quien, como esta corresponsal, ha visto otra Bagdad en la que no había libertad y donde no se hablaba, pero donde sí “había jardines, árboles y la gente podía salir a hacer la compra”.

La música de fondo de la zona siempre es la miseria. “Hay que conocer los lugares para entender ciertas cosas. Uno va a Zarqa, pueblo natal de Al Zarqawi en Jordania, y encuentra un sitio inmundo, polvoriento, donde lo menos extraño es que surja alguien como él. Un chaval joven allí, aparte de cruzarse mano sobre mano a la puerta de su casa y planear alguna maldad, poco tiene que hacer. No hay bares, no hay discotecas, no hay cines. Relacionarse con chicas no puede ser. El sexo tampoco. En pueblos pequeños ni siquiera hay un prostíbulo”.

La periodista es capaz de explicar el conflicto como un puzle complejo que comenzó con la Guerra Fría y lleva completándose desde entonces a la vista de todos. En él, no todas las malas piezas son achacables a los Estados Unidos. Los estereotipos han perjudicado mucho: “El enfrentamiento entre suníes y chiíes no es un imperativo histórico. Ni han estado toda la vida peleándose ni tienen que hacerlo, según los expertos con los que hablo. Era un enfrentamiento ideológico que ha adquirido carácter político sólo recientemente. Se están explotando esos sentimientos”.

Objetividad, rigor. Se ve que los persigue. Entre los dos caminos que percibe en el periodismo internacional de hoy (The New York Times, para el que los hechos son sagrados, y The Guardian, un medio de calidad que apuesta por un tono más militante) se queda con el primero. Sobre la difusión en Internet de imágenes de extrema crueldad por parte de los yihadistas del Ejército Islámico de Irak y Levante (EIIL, ahora EI), su propuesta es que los medios repliquen estas fotografías con prudencia: “Es obsceno que a mi muerto lo cubra con una sábana y al muerto iraquí lo muestre decapitado”.

Ángeles Espinosa, en La Tertulia Infinita 11

Ángeles Espinosa. Foto: M. Ángeles Martín / La Tertulia Infinita

A Espinosa le inquietan quienes se alistan tras ver esos vídeos: “Se diría que provocan repulsión, pero tienen gran éxito, el EIIL recluta personas. Puede comprenderse en Irak porque llevan tres décadas brutalizados por una dictadura, la guerra y las sanciones. Muchos no han visto otra cosa. Pero que haya chicos y chicas que viven en Suecia, en Londres … No sé si somos sociedades enfermas”. Corrobora estos temores la corresponsal holandesa Jessica Spengen, aportando datos de voluntarios yihadistas en su propio país. Es quizá la nueva forma de lucha de algunos jóvenes rebeldes contra el sistema, concluyen ambas; una sangrienta actualización de lo que en el pasado se quedaba en las drogas y el rock and roll.

A la vista de la expansión del EI, ¿debería haberse intervenido en Siria? “No creo que haya intervenciones generosas. Un país interviene de acuerdo con sus intereses, incluso cuando se llaman humanitarias”. Y la participación militar no siempre es útil, recuerda la reportera. “¿Qué hay ahora en Libia? El caos”. “Lo que he aprendido más claramente en casi tres décadas de profesión es que no hay buenos y malos, no hay amigos ni enemigos. Todo tiene muchas gamas de gris”, explica.

La Tertulia Infinita 11. Foto: M. Ángeles Martín

La Tertulia Infinita 11. Foto: M. Ángeles Martín

Por su atención a distintas capitales Espinosa tiene muy presentes las estrategias, la partida global. Así, a veces las decisiones se toman con estrictos criterios militares, a veces tienen peso las humanas envidias entre emires. Es evidente que los contactos tienen gran peso en su trabajo, que cultiva mucho su trato y evalúa los resortes psicológicos de sus encuentros. Ha entrevistado a numerosos jefes de Estado de la zona, desde Mahmud Ahmadineyad hasta Bashar Al Assad: “Los políticos no nos dan una entrevista por ser simpáticos, la dan porque les interesa. También es importante que sus asesores te conozcan”. La periodista cree que es necesario además “estar en los sitios, tener una continuidad en la zona”. Y cuida a sus fuentes: “Hay personas a las que no llamo porque sé que  eso podría suponerles una detención de los servicios secretos”.

Tras su trabajo hay esfuerzo de planificación. ¿Cómo te organizas? ¿Cómo llevas tu agenda?, preguntan Elena Aljarilla y otros asistentes, curiosos sobre cómo se puede cubrir 7 países: “Trato de estar atenta, preparo los temas con el coordinador en Madrid. Pero es verdad que antes había un imprevisto de vez en cuando, ahora hay un imprevisto todas las semanas”.

Tráfico incesante. Pitidos y sirenas. Sobrevuela un helicóptero y alguien bromea con que es un drone. Pero estamos junto a El Retiro y el frescor es agradable. También se oyen pájaros. Como en los destinos de Espinosa, la mezcla es la esencia: “Todo pasa a la vez. En medio de la guerra y del horror, la gente se enamora, se casa, tiene hijos”.

A medida que la periodista se refiere a una y otra cobertura la visualizo de un lado para otro de la región, su casa a la espera. Tras la tertulia comprendo que a los otros participantes les ha pasado igual. A la hora y media de comenzar el encuentro, cuando vamos a decidir su final, alguien que viene a buscarla y una lluvia fina precipitan el adiós. “Me he quedado con tantas ganas de preguntar… -suspira una tertuliana cuando la reportera ya se ha ido- ¿Pero a usted quién le tira las cosas a la basura cuando se le mueren en la nevera?

[Ángeles Espinosa fue la corresponsal invitada a La Tertulia Infinita 11, que tuvo lugar el miércoles 2 de julio en la terraza del Café Shukran, en los jardines de Casa Árabe].


La Tertulia Infinita 11 con Ángeles Espinosa: IS. Irak. El caos

 

El próximo miércoles 2 de julio vuelve La Tertulia Infinita (primavera-verano, número 11). Nos acompaña Ángeles Espinosa, corresponsal de El País en Oriente Medio con sede en Dubai.

Ángeles EspinosaPremiada con el Ortega i Gasset (2002 y 2003), por el Club Internacional de Prensa (2003), por la Asociación de la Prensa de Madrid (2010) y con el Víctor de la Serna (2011), nominada este año al Cirilo Rodríguez, Espinosa ha sido corresponsal en Líbano, Egipto e Irán, país del que fue expulsada en 2011 por sus informaciones incómodas. Ha cubierto la mayoría de las guerras y acontecimientos importantes en Oriente Medio desde los años 90. Ha publicado tres libros.

Recién llegada desde Bagdad, nos da que es persona adecuada para hablar de IS (o ISIS, o EIIL), el Ejército Islámico de Irak y el Levante. Este grupo extremista ha barrido buena parte de Siria e Irak devolviendo al prime-time el drama de los refugiados, las torturas y las muertes en la zona. Ha resucitado también todos los  fantasmas de las intervenciones occidentales fallidas en la región. Pero quizá acabemos conversando de otros temas, porque Espinosa lo mismo escribe cuentos de princesas encerradas que se empotra 24 horas con el ejército paquistaní.

El encuentro será en la cafetería al aire libre Shukran (que significa “gracias”), situada en los jardines de Casa Árabe, junto al parque de El Retiro. ¡Os esperamos!

 

Dónde: Cafetería Shukran, jardines de Casa Árabe. C/ Alcalá 62. Madrid. Metro Retiro.

Cuándo: miércoles 2 de julio de 2014. 20.00 horas

Entrada libre y gratuita.


Naranjo y Castellano: “El problema de los muros es que no dejan ver lo que pasa al otro lado”

 

  • Periodismo internacional e inmigración en La Tertulia Infinita 10
  • José Naranjo: “La percepción desde allí es que esto es una guerra. La misma que tenemos aquí cuando nos manifestamos por derechos que nos quitan”
  • Nicolás Castellano: “No hay que discutir el uso o no de pelotas. Hay que discutir que la ley no funciona”

Temíamos las pancartas, el partidismo, en la tertulia sobre periodismo internacional y migración. Y José Naranjo (freelance, El País) y Nicolás Castellano (Cadena Ser) dieron una lección. Regalaron titulares contundentes muy cercanos a eslóganes políticos, sí, pero no dejaron uno solo sin explorar y justificar. Si de entrada le cuesta a usted asumir que “Esto es una guerra” y que estamos en el bando de los malos, explique cómo puede ser que hayan muerto 20.000 personas en aguas del Mediterráneo sin que nadie reconozca el fracaso de décadas de política de extranjería. Este resumen es demasiado corto como para desenrollar el hilo argumental que va entre una cosa y otra. Afortunadamente la tertulia, una de las más largas, didácticas y concurridas, no lo fue.

Nicolás Castellano (izquierda) y José Naranjo (derecha). Foto: David Hendricks.

Dice José Naranjo (Pepe) que él y Nicolás Castellano (Nico) son como hermanos y lo parece. Se toman el pelo, se quitan la palabra. El segundo no es que la quite, es que no la suelta, aunque asegura que sólo es “un discípulo de Pepe”. Aquí están: Naranjo con una visión privilegiada sobre la parte sur de la frontera migratoria África-Europa; su compañero al norte, aunque no de pensamiento.

“Los inmigrantes que hacen “el camino” están ahora en Facebook y Twitter, podemos seguir su periplo, que a veces dura años. Feisbuqueo, me voy al ciber“, describe gráficamente Castellano, reiterando que son jóvenes con las mismas inquietudes que los de aquí, con un concepto de la familia similar al que teníamos nosotros hace pocos años: “Antes, si un familiar viajaba y no traía regalo era para matarlo, aunque hubiera ido aquí al lado. Para ellos es lo mismo: lo anuncian, se hacen fotos con las cosas bonitas que van viendo, exageran sus éxitos…” “Y vuelven con la camiseta de la selección”, completa Naranjo.

Se agradecen sus bromas para animar un relato a ratos deprimente. También su guasa con giros de Gran Canaria (el “chau chau”, los “pibes”….). En el diálogo vuelven a esta isla una y otra vez para demostrar que conocen la inmigración en su contexto más difícil, el local. Los dos empezaron allí, preguntándose el por qué de la llegada de cayucos.

“Recuerdo la pancarta de las asociaciones de vecinos en una manifestación: `Contra la inmigración ilegal, las enfermedades infecciosas y el crimen organizado’. Agüita”, dice Naranjo haciendo reír. Con anécdotas como esta muestran la ignorancia de quienes recurren al argumento de la proximidad: ese de que es muy fácil solidarizarse con los inmigrantes cuando uno no se ve directamente/vecinalmente perjudicado por ellos. ¿Estamos seguros de que son los inmigrantes quienes nos perjudican o es la gestión de los recursos comunes lo que anda mal?

Los dos reporteros creen que lo peor de la migración es la perversión del lenguaje, el discurso de trazo grueso que han logrado imponer políticos y medios difundiendo estereotipos negativos sobre la migración. Por eso a veces reciben una pregunta y la reformulan, evitando contestarla como está. “No hay que discutir el método (el uso o no de pelotas) hay que discutir que la ley no funciona, que hay demasiadas muertes”, golpea sobre la mesa Castellano. Naranjo apunta que usar la palabra “problema” para describir la migración es una trampa: en realidad es “la búsqueda de una solución” al verdadero problema, la miseria. Al principio de la tertulia uno piensa que esta insistencia en la lengua tiene algo de fijación, pero ejemplo tras ejemplo, comprende. Lo corroboran otros contertulios: “Tratas de informar contradiciendo los tópicos, pero de repente llega un solo titular y lo tira todo por tierra: `Te van a asaltar 30.00 tíos con cuchillos entre los dientes’. No hay nada que hacer”, dice Isabel Vega, de Europa Press.

Participantes en La Tertulia Infinita 10. Foto: David Hendricks.

La agencia Associated Press (AP) ha prohibido el uso de “ilegal” para referirse a un inmigrante en sus teletipos; The New York Times también vigila ya expresiones negativas. En España, nos cuentan, se han hecho guías de comunicación pero los directivos de medios no las asumen. Y así la información que recibimos va de drama en drama, rápidamente embarcada en el oleaje PP-PSOE y siempre inflamada por la polémica, por la “avalancha”. “Muchos medios descubren ahora las devoluciones en caliente, que llevan años haciéndose en España. Tener que morir 15 personas para que se fijen en que es ilegal…”, lamenta Castellano.

¿Y la Europa de los derechos humanos? Castellano: “Tras la tragedia de Lampedusa -7 días, 2 naufragios, 600 muertos- se dijo que el próximo Consejo Europeo tomaría decisiones. Pospuesto al siguiente. Y al siguiente. No hay interés”. El reportero dice que sólo se piensa en “barreras para proteger esta jaulita”: “El Parlamento de Canarias llegó a aprobar que el Ejército obligara a las pateras a dar la vuelta en alta mar”, recuerda. “Estamos –advierte  Naranjo- ante uno de los mayores fracasos colectivos de nuestra sociedad. Hemos construido en torno a nuestro bienestar un intrincado sistema de protección que va más allá de lo físico (las vallas, la patrullera). También es mental. Algún día nuestros nietos se preguntarán qué pasó, cómo pudieron morir 20.000 personas estrellándose contra las costas europeas”. Naranjo y Castellano alertan contra la xenofobia y la desmemoria. Recuerdan a la generación de sus abuelos, que tanto emigró.

Sobre la tragedia de Ceuta lo tienen claro: hasta miembros de la Guardia Civil han reconocido que no se hicieron las cosas bien. Nico Castellano cree necesaria la dimisión del ministro.

 ¿Hay peligro con tantos inmigrantes a las puertas? “Antidisturbios, la legión, elevación de la valla… La gente se muere intentando llegar a Europa. Y ningún partido mayoritario se plantea apartarse de los métodos militares aunque se haya demostrado que no sirven ni para el objetivo de repeler en la entrada. Hemos llegado a escuchar que llegaban yihadistas en patera. Jamás se dado el caso”, dice Castellano. El periodista de la Cadena Ser insiste en que se están manipulando las estadísticas: “Es falso que la entrada de inmigrantes por vía irregular vaya a desestabilizarnos. En Canarias se mete miedo con 30.000 inmigrantes africanos y se olvidan las enormes cantidades de inmigrantes de Suecia y Alemania. Y no es una cuestión africana, es una cuestión de dinero. En Las Palmas, los mejores pisos los  tienen los mauritanos acomodados. Con esos no hay problema”. Inmigrante rico, inmigrante pobre.

“Llegan a las puertas de la prosperidad y les esperamos con pelotas de goma o pinchando sus zodiac. Ellos alucinan, lo viven como una humillación. Es violencia estructural. Aparato represor musculado”, critica Naranjo: “El problema de los muros es que no dejan ver lo que pasa al otro lado. Y lo que no ves es que estamos  en guerra. La percepción desde allí es que esto es una guerra. La misma que tenemos aquí cuando nos manifestamos por derechos que nos quitan, como en el caso de los desahucios”.

La migración no cesará porque está en el ADN de muchos pueblos del mundo y porque mientras haya penuria económica habrá huida. Pero el sistema imperfecto que hay ahora sí puede mejorar, creen los dos periodistas.

Aunque ya nunca la llamaremos problema, la migración es una cuestión difícil, compleja. Belén Domínguez se disculpa por hacer una pregunta “que seguramente será simple porque no soy periodista”: “¿Y entonces qué solución le veis a esto?

Nico Castellano y José Naranjo, en La Tertulia Infinita 10. Foto: David Hendricks.

Y los periodistas contestan. Claro que contestan: que si funcionara mejor, la política de visados daría soluciones; que ciertas personas sí cumplen los requisitos y deberían poder venir legalmente; que se ha de llegar a acuerdos de repatriación que funcionen, no como los de ahora; que los medios deben dejar de generar este estado tenso de opinión; que se deben suprimir los Centros de  Internamiento de Extranjeros (los CIE, “agujeros negros como una catedral”, dice Nico) y las redadas racistas; que las ONG –por las que se interesa el periodista Héctor Rodríguez– deberían contar con más recursos…

Otros participantes en la tertulia intervienen también con propuestas de solución. Pero entre la pregunta de Belén y las respuestas, incluidas las de los periodistas, ha mediado un silencio algo incómodo. Largo.

¿Qué futuro hay?, pregunta un asistente muy joven. “El futuro eres tú -contesta Naranjo-, el futuro es que haya una persona de 18 años que viene a estas cosas”.

 

[José Naranjo y Nicolás Castellano fueron los periodistas internacionales invitados a La Tertulia Infinita 10, que se celebró en el Bar El Colmo de Madrid el 20 de febrero de 2014. Gracias a Palma, su dueña].


Periodismo internacional y autocensura

Dice Vicente Romero en La Tertulia Infinita 7 que en el periodismo internacional uno termina autocensurándose bastante y que es necesario hacerlo. Así que la decisión también se ha respetado aquí.

Vicente Romero, en La Tertulia Infinita 7

El periodista cita a personas admirables dentro de instituciones internacionales (especialmente a Jean Ziegler, del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas), y reconoce que si la ONU o los cascos azules no existieran, habría que inventarlos. Pese a todos sus defectos. Sin embargo, no oculta que éste es un mundo despiadado y relata historias muy jugosas de organismos que metieron la pata,  ONG que lo hicieron mal, responsables de Ejércitos occidentales acodados en barras de bar de prostíbulos infantiles, héroes convertidos en canallas: “Pero a veces hay que pensar en frío: ¿Qué gano si hago pública esta historia? ¿Beneficio a alguien si cuento esto y echan a la ONG de aquí, cuando está haciendo otras cosas bien?”.

Este modo de actuar le ha reportado el reconocimiento de sus colegas y del tercer sector, que le ha premiado en numerosas ocasiones. Incluso ha recibido un galardón de la Conferencia Episcopal, aunque él ha dejado dicho por ahí que es ateo (eso sí, cree en los milagros). Para Romero, una buena crónica no vale “la sensación de que te levanten en volandas unos gitanos a los que has sacado de una situación límite, aunque eso suponga no haber podido grabar la información”.

“Si un periodista se encuentra con un matón dando una paliza a un niño, supuestamente tiene que buscar un buen ángulo para ver lo que sucede, anotar los detalles y elaborar una crónica precisa, que incluya número de golpes. ¿No? No. El periodista tiene que ir a parar aquello, decidir que no habrá noticia porque como persona él mismo la evitará. Si con un solo niño está tan claro que debemos detener al energúmeno,  cuando estamos hablando de 5.000 niños, 35.000 personas, 5 millones de personas en una situación de hambre, ¿por qué dudar de que tenemos que tomar partido también?”.

Participantes en La Tertulia Infinita 7. Foto: Raúl de la Torre

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Parellada, Rojas, Zin: África está despegando y se lo vamos a contar

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  • Parellada: “Nunca tomé la decisión de ser reportera en África. Ni siquiera lo imaginé. Aquello simplemente sucedió”
  • Rojas: “Creemos que no se hace Periodismo por ahí, que somos los poseedores del fuego sagrado. No. Se está haciendo Periodismo de gran calidad”
  • Zin: “En los 90 despegaron China y la India. Ahora despega África”

Optimismo. Es la palabra que resume la Tertulia Infinita 5. África ya no es ese continente lleno de sangre, guerras y miseria. O no sólo. También es la tierra que empieza a albergar una clase media pujante y una juventud implicada, lo que debiera obligarnos a distinguir por fin entre la realidad diversa de sus países. Y lo mismo vale para el Periodismo: en la zona subsahariana ni está muerto ni morirá, sobre todo por la calidad creciente de su reporterismo local. Ojo: quizá creemos que desaparece el Periodismo porque desfallece el nuestro, pero empieza el de otros.

De izquierda a derecha: Alberto Rojas, Gemma Parellada, Hernán Zin. Foto: Elena Aljarilla

Gemma Parellada (siete años viviendo en África, actualmente en Costa de Marfil) dice que es un momento de cambio y transformación total, muy duro, pero no necesariamente fatal. Esta periodista, que nunca llegó a tomar la decisión de ser reportera en nuestro continente al Sur (“Ni siquiera lo imaginé. Aquello simplemente sucedió”) cree que el Periodismo “ha existido siempre y no va a desaparecer”. Secunda la idea Alberto Rojas (intensos viajes a África desde 2011 y ya con esta zona como apuesta personal y profesional): “Estamos viviendo un momento visagra, unos medios mueren y otros nacen. No creo que sea malo del todo”. Pero si hay alguien que desborda optimismo sobre el futuro es Hernán Zin. Lleva 17 años viajando y muestra devoción absoluta por el trabajo que realiza: “Todos estos cambios obligan a estar atentos, a ser rápidos, a no quedarnos en las categorías anteriores, que nos han pasado por encima. Pero el Periodismo es la mejor profesión del mundo”. “Yo la amo”, dice en un arranque que provoca las risas de sus compañeros.

No hay lamentos por el periodismo internacional que se fue, sino necesidad de depurar sus formas, de aprender de él para seguir avanzando: “Lo de ser enviado especial y permanecer un mes viviendo en un hotel de 5 estrellas de un país lejano ya no existe, acabó hace tres o cuatro años. Yo lo noté en el proceso de independencia de Sudán del Sur. Hubo medios españoles que tenían personal en Nairobi, muy cerca, desde donde un billete te puede costar sólo 150 euros, pero ya no mandaron a nadie. Era demasiado caro”, cuenta Parellada.

Alberto Rojas

“Lo que ocurre -defiende Rojas-  es que ya nunca más unos pocos medios tendrán el monopolio de la información. Pero hay otros nuevos que nacen con propuestas muy buenas no de “corta-pega” sino de hacer textos largos y de calidad. Creemos que no hay Periodismo por ahí, que somos los poseedores del fuego sagrado. No. Se está consiguiendo Periodismo de gran calidad y lo que tenemos que hacer es aprender de ellos, leer más y entender mejor lo que está pasando”.

Zin empezó a reportear cuando se trabajaba con máquina de escribir y las crónicas se enviaban por fax, y no deja de alegrarse de la existencia de Twitter, de Facebook, de tantos blogs que le ofrecen información valiosa. Contagia alegría: “Esta abundancia, esta inmediatez es maravillosa”.

Los tres destacan la importancia que tienen para su trabajo los periodistas locales, ya sea como buenos colegas que ayudan o como fixers (colaboradores formales del periodista, conseguidores que conocen la realidad de ese país). Algunos de ellos llegan a trabajar directamente para los grandes medios, sin la intermediación del corresponsal (son los llamados stringers). Parellada explica: “No camino nunca sola. No tengo presupuesto para pagarme un fixer, pero como llevo mucho tiempo allí trabajo con periodistas de la zona, en grupo. Nos ayudamos: les paso contactos internacionales, ellos me ayudan con los locales. Los necesitas, saben leer las dinámicas locales. No puedes ser paracaidista”. Zin es muy franco sobre la relevancia de los fixers: “¿Pero cómo trabajamos?  Llegamos a un país y lo primero que hacemos es contratar a un periodista local y basarnos en su agenda. Y que te lleve él. Te aportan la mirada local, los códigos. Y tú los adaptas”. Rojas, el más valiente a la hora de relatar experiencias que no salieron como esperaba y de las que ha aprendido, recomienda elegir bien el fixer: “Que no sea el conocido de un amigo de un amigo. Tuve una mala experiencia en Kinshasa, me decidí por uno, tardamos demasiado en llegar, me invitaban a cervezas, pasaba el tiempo, se hacía de noche, seguíamos allí, no me llevaba donde había dicho… Al final me levanté. No era fixer ni era nada. Elijan gente seria, por favor”.

Hernán Zin

Si los periodistas locales están adquiriendo tanto peso y aquí se habla del corresponsal como especie en peligro de extinción, ¿acabarán sustituyéndonos? La conversación se anima.  “Absolutamente. En los 80 pagar a un corresponsal como si fuera un embajador era posible. Ahora abonar una casa en Central Park para que viva el periodista de un gran medio está fuera del mercado. Hoy por hoy quizá es mejor tener a una persona de confianza que ya viva allí y pagarle bien pero no tener que afrontar gastos como el alojamiento”. Zin opina lo mismo: “A partir de lo que te cuentan los locales haces una lectura para tu propio medio, pero tampoco es imprescindible […]. Podemos ser más prescindibles y hacer otras cosas de fondo con mirada latina o española”. De acuerdo a este periodista, se está haciendo cada vez mejor Periodismo africano, especialmente en la zona del cuerno de África, de tradición anglosajona: “La venta de periódicos en Kenia aumentó un 40% en un año. Hay profesionales de primer nivel en medios como The Nation. Crece la clase media que quiere consumir, volar, saber. ¿Hacemos tanta falta como antes? Por supuesto que gente como nosotros va a seguir yendo a África, porque lo amamos. Pero la información, igual que los recursos, tendrá que redistribuirse más entre todos”.

Gemma prefiere rebajar expectativas, y a juzgar por el respeto con el que la miran y con el que hablan de ella sus colegas (antes, durante y después de la tertulia) hay que escucharla bien: “Es muy optimista lo de que suban las ventas de los periódicos. Los medios no están maravillosamente bien en África. Cada país tiene su realidad. En muchos sitios (como República Democrática del Congo o Costa de Marfil) los periodistas no reciben un salario, no son independientes. Les paga el señor que da la conferencia de prensa y quiere que vaya el reportero. O un partido político, o una liga de derechos humanos. Ellos son todavía los que te pagan, así que la imparcialidad no existe”. (“Igual que aquí”, se oye decir entre risas).

Gemma Parellada

La mirada del periodista se va afilando con el tiempo. Dice Parellada: “Al principio te tiras a la piscina, luego bajas al fondo. Empiezas ciego, no sabes nada. Más tarde es como cuando revelas una foto y todo empieza a tomar forma”. ¿Creéis que África mejora con el trabajo que  hacéis? “Me gustaría pensar que sí, pero también había periodistas en Ruanda y no se evitó el genocidio”, dice Alberto. ¿Qué se avecina en este continente? “En este mundo en cambio, la lectura tiene que ser más amplia y la aventura tiene que ser más amplia. En los 90 despegaron China y la India. Ahora despega Africa”.

La tertulia sigue. Habría tantas cosas que contar. Sobre Malí, ese “caso propagandístico extremo” que indigna a Gemma, y sobre tantos otros países que mencionan los reporteros: la Somalia que ha cambiado en los últimos años, aunque aún no lo suficiente; la República Democrática del Congo, donde la ONU desplegará una novedosa brigada de intervención próximamente… Pero la conversación se resume en las ganas de seguir haciendo, de seguir contando África, de estos tres reporteros. Cada uno a su manera.

Zin, el más experimentado, con tantas cosas que contar, hablando rápido, emprendiendo junto a otras personas, entusiasmándose como hace con su próximo proyecto, La maleta del reportero; Rojas poniendo olor a la realidad africana más allá de las estadísticas (como hacía su gran ídolo Kapuscinski), indagando en historias aparentemente ya contadas y cerradas pero donde le incomode un fleco (como la foto del niño y el buitre que ganó un Pulitzer hace años y está rodeada de leyenda). Y Parellada, aferrada a un destino geográfico que no cambiaría por lo mucho que le da, aunque tenga sus dificultades: “A veces, como te toman menos en serio por ser mujer, también te tienen menos miedo y te confían más”. En un mundo empeñado en convencernos de que vale más quien más fuerte aprieta tu mano al saludar, este gran error sucede a menudo: confundir delicadeza con pusilanimidad. En Parellada el primer rasgo destaca extraordinariamente, el segundo está ausente por completo.

Gracias a todos por venir. Fuisteis muchos y contraprogramábamos al Barça.

Más fotos de La Tertulia Infinita 5.

[La Tertulia Infinita 5 se celebró el 10 de abril de 2013 en el Café National Geographic de Madrid].


Jon Lee Anderson, el reportero compasivo: “Este es un mundo matón”

 

  • Manual del buen entrevistador: “Si hablas con ellas sin juzgarlas las personas se abren, te cuentan. Si eres compasivo por naturaleza, eso se palpa”.
  • El conflicto del momento: “El mundo no está en paz y está mucho menos en paz por Siria”.
  • Precariedad de la profesión: “Bajo una crónica debería poner: `Por esta historia hemos pagado 60 euros, o 150´”.  
  • La situación de España: “¿Por qué se ofenden con The New York Times por publicar fotografías de españoles que buscan en la basura? Los periódicos de aquí trataron antes igual la situación en Grecia”.

Uno intuye que va a poder tratarle con llaneza porque la emplea para contestar a los correos y porque aparece en múltiples fotografías con ropa casual, pero no espera tanta cercanía. La sencillez de Jon Lee Anderson desarma.

Foto: Mateo Lanzuela

Habla un castellano tranquilo, a ratos musical e hispanoamericano, lleno de metáforas curiosas (“Insularidad ideológica”, dice para referirse a Irán). Es un castellano que parece fluir, como todo en este periodista que trata con idéntica  naturalidad a todo aquel con quien habla (un tendero, una reportera, un profesor). Así que cuando se le pregunta cuál es el secreto para extraer lo mejor de tantas fuentes y entrevistados, casi no sorprende la respuesta: “Diplomacia, tacto, perseverancia; hay que buscar lo que haya de amable (‘gustable’) en esa persona, aunque difícilmente pueda gustar”.

El asunto de cómo entrevistar reaparece varias veces a lo largo de la tertulia, salpimentándola de pistas de interés sobre su modus operandi. Él dice observar la comunicación no verbal (“cómo se mueven en cada cultura”) y algo muy importante: “Saber dónde cae tu propia sombra, entender cómo te ven a ti”. Sólo a partir de ese ángulo puedes actuar, y siempre desde la humildad: “Si hablas con ellas sin juzgarlas, las personas se abren, te cuentan. Si eres compasivo por naturaleza, eso se palpa”.

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La Tertulia Infinita (1), con Carlos Franganillo y David Jiménez

 

[Actualizado el 6-3-2014]
 

  • Carlos Franganillo: “Las redes sociales me han abierto muchas puertas para no estar tan aislado”
  • David Jiménez: En periodismo “hay que evolucionar no sólo en cuento a herramientas sino en cuanto al concepto ético”

Carlos Franganillo (izquierda) y David Jiménez (derecha)

Carlos Franganillo, casi 2 años como corresponsal de TVE en Moscú y algunos más de experiencia en España; David Jiménez: 15 años cubriendo Asia para El Mundo, incluidas numerosas guerras y conflictos, cinco terremotos y dos tsunamis. De una tertulia con estos dos brillantes periodistas españoles se deduce que la diferencia de edad o de años de experiencia no siempre implica criterios opuestos: muestran la misma diagnosis sobre los males de la profesión e idéntico entusiasmo a la hora de ejercerla. De haber estado presente Rosa María Calaf (que no pudo asistir al encuentro), seguro que también hubiera predominado el consenso.

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