Aiman Zoubir: “En el pozo de ridiculez que tenemos ya no cabe nadie”

Aiman Zoubir, en La Tertulia Infinita. Foto: Jon Bradburn (CC BY).

 

Hemos llamado a la tertulia “Crisis del Golfo: una televisión en la tormenta”. Cuando nos encontramos con el periodista Aiman Zoubir (Tánger, 1981), corresponsal de Al Yazira en España, resuenan las críticas lanzadas contra la cadena catarí por sus “campañas de odio” en el fragor de la ruptura total entre Arabia Saudí y Catar. La acusación indigna al invitado, que subraya que nadie está contento con lo que sucede: “Demuestra que en el pozo de ridiculez que tenemos ya no cabe nadie. Y esto explica otros fracasos en la región, en todo el mundo árabe. Recursos dedicados a guerras y a conflictos cuando se podían haber invertido en potenciar la democracia”.

Al Yazira se creó en 1996 y recibió una bienvenida mundial calurosa: sería la voz del pueblo árabe en el circuito catódico internacional. “Hasta entonces sólo había canales oficiales: ‘Su majestad ha recibido’ `Su majestad ha despedido’”, recuerda Zoubir (@aizou36). Los atentados del 11-S y la posterior guerra contra el terror iniciada por EEUU propiciaron su cenit profesional, con el logro de grandes exclusivas mundiales en un momento en que pocos equipos mediáticos tenían tantos contactos alternativos (activistas, opositores) en Oriente Medio. Nada hacía sombra a la llamada BBC árabe, pero la pérdida del monopolio era cuestión de tiempo.

20 años después la visión de la cadena ya no es tan idílica. Las principales críticas subrayan que ha adquirido un sesgo extremista (aproximándose a las tesis de la organización islamista de los Hermanos Musulmanes). También dicen que ha sido instrumentalizada por Hamad bin Khalifa Al Thani, el emir de Catar, que la utiliza para hacer y deshacer conforme este país -una pequeña monarquía absoluta rodeada de mar salvo por la frontera que comparte con Arabia Saudí- ganaba peso político y extendía su influencia más allá del Golfo.

El corresponsal de Al Yazira en España no ha detectado en estos años cambios importantes en la línea editorial, y dice no observar presiones ni modos de trabajo distintos de los que se observan en otros medios, pero sí quiere apuntar una disminución del dinero y los recursos disponibles que puede haber llevado a la cadena a no ser la que era. “Seguimos siendo líderes. Si uno se quiere reprochar algunas cosas para explicar el que haya retrocedido la audiencia es lo de siempre, que las cosas se pueden hacer mejor. Pero los desafíos son mucho mayores que hace 20 años. Esto requiere tiempo, requiere personal, y desgraciadamente en los últimos años hemos ido reduciéndolo”.

 

Aiman Zoubir, durante La Tertulia Infinita. Foto: Jon Bradburn (CC BY)

 

Zoubir compara la cobertura de sus equipos, por ejemplo, con la de la versión en inglés de la cadena. “La línea editorial no es muy diferente de la nuestra, pero tienen unas capacidades técnicas más avanzadas. Cubriendo Charlie Hebdo éramos 6 personas y ellos 30. Eso se nota muchísimo”.

En este contexto menos favorable, el pasado 5 de junio el mundo se sorprendió con la decisión de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto de romper simultáneamente relaciones diplomáticas con Catar, hasta entonces un aliado en el Consejo del Golfo, e iniciar una campaña de aislamiento radical del país. Entre los motivos: el apoyo a grupos terroristas y sectarios y el acercamiento al gran enemigo de Arabia Saudí, Irán. Después el grupo de bloqueo se amplió (Yemen, Libia, Maldivas, Mauricio) y planteó una lista de exigencias a Catar para retornar a la normalidad. Una de ellas era el cierre de Al Yazira.

Zoubir rechaza que se estigmatice a la cadena y recuerda que ahora lo que hay son muchos más canales que representan intereses políticos en la región: “Hay grupos de poder que crean su propio medio de comunicación. Antes, para enterarte en Marruecos de que una patera había naufragado en Almería lo tenías que ver en Al Yazira. Ahora hay medios que sí dan esas informaciones […]. Con las primaveras árabes la propia ciudadanía ya se identifica con un color político. Los nacionalistas, por ejemplo, ven un tipo de cadena diferente. A nosotros nos acusan de ser próximos a los Hermanos Musulmanes, cosa que no es verdad”.

Afirma Zoubir que se les está intentando desacreditar y que el mejor ejemplo es Egipto, donde medios sufragados por empresarios del régimen o por terceros países “han hecho una campaña que se debería estudiar sobre cómo manipular un país entero hasta llegar al golpe de estado del 30 de junio” [en este golpe se apartó del poder a los Hermanos Musulmanes; ahora gobierna Egipto el general Abdelfatah Al Sisi].

 

Carla Fibla, moderadora de La Tertulia Infinita 23

 

Las diferencias entre Arabia Saudí y Catar venían de lejos pero “¿cuál fue la chispa?”, pregunta la moderadora de la tertulia, la periodista experta en el mundo árabe Carla Fibla (@FiblaGs): “Todo lo que se ha dicho –contesta el reportero- es muy vacuo, las acusaciones son muy generales. Lo único que se puede demostrar es que la crisis empieza con un crimen, que es el pirateo de la página web de la agencia de noticias catarí. Sabemos cómo se ha producido, quién lo ha pedido. Lo que ha publicado The Washington Post, y que no ha desmentido Emiratos, es que se hace el hackeo desde Emiratos Árabes. Se inventan unas afirmaciones del emir de Catar donde dice que apoya a Irán, que apoya a Hezbolá. Se enciende la mecha, salen declaraciones esa noche, se bloquea Catar por cielo, mar y tierra y se empiezan a tomar decisiones que están causando pérdidas económicas enormes [Emiratos calló bastantes días, después terminó desmintiendo el informe de The Washington Post]. “Imaginaos que las afirmaciones del emir salen a las 12.05 y a los diez minutos ya había invitados para comentarlas. Ya había vídeos hechos. Los que trabajamos en televisión sabemos que eso es imposible, que estaba planificado”.

El día de la tertulia, Al Yazira ha ido perdiendo relevancia en esa lista de condiciones que se sigue negociando; también ha vuelto a funcionar la web de la televisión en Arabia Saudí. “Vieron que es una de las condiciones que más daño ha hecho a sus peticiones, porque atacar a un medio de comunicación siempre es una cosa mal vista en Occidente, donde he de decir que hemos tenido una solidaridad impresionante. La gente no entiende que se pida el cierre de un medio de comunicación o que se criminalice a sus trabajadores”.

“Ya no piden que Al Yazira pare sus campañas de odio contra algunos países. Que yo sepa no somos la cadena de radio de Ruanda que fue juzgada en La Haya [La radio Mil Colinas, que incitó al genocidio en 1994]. ¿Qué entienden por mensajes de odio? Si en un país árabe importante hay ejecuciones sumarias y violaciones de derechos humanos, ¿qué hacemos, no lo contamos?”.

 

Participantes en La Tertulia Infinita. Foto: Jon Bradburn (CC BY)

 

“Hoy en día alguno de esos países que piden el cierre de nuestra cadena tiene encarcelados a compañeros en unas condiciones pésimas, lejos de sus familiares y con unas acusaciones surrealistas”, explica Zoubir, quien se referirá varias veces a la situación en Egipto desde la caída de los Hermanos Musulmanes. Los informes de Amnistía Internacional sobre este país subrayan la pérdida creciente de respeto a los derechos humanos y la libertad de expresión.

Zoubir también advierte contra la intención de inscribir este conflicto en el tradicional enfrentamiento entre las dos grandes ramas del Islam, suníes (liderados por Arabia Saudí) y chiíes (con epicentro en Irán), algo habitual para inflamar los ánimos en la región. “No ha calado porque le pides a un país que corte sus relaciones con Irán y hay países de la zona que tienen 800.000 iraníes en su terreno y las mayores relaciones económicas con ese mismo país. Ya pierde valor, pierde seriedad tu petición. Es una decisión soberana. Y si yo corto las relaciones con Irán, ¿ustedes harían lo mismo? ¿Qué seriedad tiene eso?”.

Pero algunos asistentes a la tertulia recuerdan que Catar no es un estado absolutamente inocente y que tampoco es un modelo de respeto a los derechos humanos. Rebaten al invitado algunas afirmaciones. Cuando Zoubir acusa a Bahrain de doble rasero por bloquear a Catar mientras incluye en su Gobierno a los Hermanos Musulmanes, Fibla le recuerda que este grupo no muestra el mismo extremismo en todos los países. Cuando el periodista habla de Marruecos o Turquía como países democráticos, hay quien le acusa de condescendiente, aunque aclara que la democracia que prefiere es mucho más avanzada.

El periodista concede: no todo se ha hecho bien desde Catar, ya se han reconocido errores, pero tampoco puede considerarse al país como un verso suelto al que haya que castigar porque haya obrado según su voluntad. El país estaba evolucionando mucho, modernizando su sistema económico, convirtiéndose en modelo en algunos sectores, pero según Zoubir “siempre hemos ido de la mano de EEUU, de Francia, de Arabia Saudí, porque Catar por mucha influencia que tenga no deja de ser un país que tiene los vecinos que tiene y el tamaño que tiene [2,7 millones de personas, sólo 250.000 de ellas cataríes] y debe gestionar las contradicciones de la región”.

El día que se celebra la tertulia el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, visita la zona. El periodista no espera gran cosa de sus gestiones. “Si Tillerson [Rex Tillerson, secretario de Estado de EEUU], con el poder y el peso que tiene, se ha ido con frustración, Erdogan, que ostenta buenas relaciones con Arabia Saudí y Catar pero no tiene tanto feeling con Emiratos Árabes…”. Ni siquiera en EEUU se han puesto de acuerdo, con Donald Trump y Tillerson haciendo declaraciones contradictorias sobre el conflicto al inicio del mismo. “Con el paso del tiempo se ha dado espacio a Tillerson para que intente llegar a una solución. Cada dos o tres días hay un ministro de exteriores de un país diferente intentando ver cómo se sale”, ironiza el periodista. Rusia también es un actor importante pero prefiere jugar partidas bilaterales, opina el corresponsal. De la política exterior española dirá que “ha perdido peso”.

 

Mari Ángeles Martín, en La Tertulia Infinita. Foto: Jon Bradburn (CC BY)

 

¿Cómo acabará todo?, pregunta Fibla. “Primero tienen que negociar. No han conseguido sentarse […]. Al fin y al cabo son tribus y su manera de interactuar es muy diferente. Y claro, se están dañando económicamente. Hay una preocupación de las grandes potencias porque el daño económico es muy importante y eso es lo que va a empujar a que se hagan cesiones. Pero no serán las que se han pedido en la famosa lista, que era como si Catar hubiese perdido una guerra y tuviera que pagar indemnización” (“como un Tratado de Versalles” dice un participante). “Se tiene que salir con esta fórmula hecha, que puede parecer simplona pero que es la que hay: `Ni vencedores ni vencidos’. Tratar de hablar las diferencias que hay, intentar consensuarlas. Hay cosas que son intocables (mi soberanía, mi libertad de expresión) y luego todo lo demás se puede hablar”. Otra opción es que Catar llevase este caso a los tribunales internacionales, como hizo Nicaragua contra Estados Unidos en 1986. No parece que lo haga porque, como destaca Fibla, su actitud ha sido muy prudente y moderada en toda la crisis: “Catar no es quien incendia esto”, corrobora Zoubir.

Arabia Saudí ha hecho un daño irreparable a su imagen, cree Zoubir; “No supieron aportar pruebas más allá de quitar Al Yazira de los hoteles y multar a los que iban con la camiseta del Barça. Esto como árabes no nos alegra. Aquí nadie está contento por lo que está pasando, porque demuestra que en el pozo de ridiculez que tenemos ya no cabe nadie. Y esto explica otros fracasos en la región, en todo el mundo árabe. Recursos dedicados a guerras y a conflictos cuando se podían haber invertido en potenciar la democracia, en ayudar las transiciones democráticas, en países que lo necesitan, en Túnez, en solucionar la hambruna en Yemen…

 

Aiman Zoubir, explicando la crisis del Golfo. Foto: Jon Bradburn (CC BY)

 

Zoubir tiene dos enemigos mientras habla. Uno es Orlando, que a pesar de haber venido como “amigo del novio” interrumpe continuamente el discurso del periodista medio en serio medio en broma: “Estamos escuchando pura demagogia”, “Europa es una tía vieja, decadente y drogadicta”, y así. El otro es el ruido. El lugar es muy agradable, pero a lo largo de una hora pasan por él varias ambulancias, un coche de bomberos y, sobre todo, máquinas pesadas para unas obras públicas que se acaban de iniciar en la zona. Operarios con auriculares las conducen arriba y abajo pausadamente, mirando a su derecha (o a su izquierda, según sentido) al numeroso grupo de debate que se ha conformado.

Galería fotográfica con Aiman Zoubir

Orlando le dice a Zoubir que la democracia en el mundo árabe nunca será como aquí. El corresponsal lo niega con vehemencia: “El primer error es meter a todos los países en el mismo saco. Probablemente un señor de Túnez tiene más que ver con un chico de Marsella que con uno de Yemen. Hay que tratar cada país. Y hay países que ya están en una transición como lo es el caso de Túnez. Pero a esas democracias hay que ayudarlas”.

Zoubir recuerda el trato privilegiado que Europa daba a los gobiernos de Zine El Abidine Ben Alí o Muamar Gadafi cuando encabezaban gobiernos represores en Túnez y Libia, respectivamente; y apunta contra las relaciones que se otorgan actualmente a Abdelfatah Al Sisi, presidente de Egipto. “Se piensa sólo en negocios, en seguridad y en frenar la inmigración. Y la democracia y los derechos humanos y tal pueden esperar”. Parece una persona lógica, de naturaleza positiva, que toma bien las críticas y quiere dejar hacer y que le dejen hacer. Viene de un viaje. Al día siguiente tiene otro. Su trabajo va más allá de España, con coberturas que en los últimos años le han llevado a Rusia, Venezuela, Irán, Marruecos, Francia, Bélgica… En un contexto periodístico difícil para todos no debe ser agradable sentirse señalado como trabajador de un canal de televisión que “conspira para el mal”. Mañana toca Bruselas. Avión temprano. Se va entre risas y agradecimientos habiendo dejado otra recomendación en el encuentro: “Tratar de igual a igual”.

 

La Tertulia Infinita 23 con Aiman Zoubir se celebró el lunes 24 de julio en la terraza de “El Anciano Rey de los Vinos“, Madrid. Gracias al local por albergar el encuentro.

Galería fotográfica: “Crisis del Golfo. Una televisión en la tormenta”.

 

 

Anuncios

Armada y Guardiola: de Bosnia a Siria, una inmensidad

Alfonso Armada (izquierda) y Antonio Guardiola (derecha). Foto: Jon Bradburn

Alfonso Armada (izquierda) y Antonio Guardiola (derecha). Foto: Jon Bradburn

Atardece en la champañería María Pandora. “El paisaje desde aquí es apasionante”, apunta José Antonio Guardiola refiriéndose al local, las velas, las miradas. “Para nosotros también”, le contestan señalando la librería a sus espaldas. El periodista bromea: “Siempre hay que ponerse en el lado del otro”. A eso vamos. A una tertulia que, como dice Alfonso Armada con guasa, tiene un nombre atractivo pese a la devaluación del término, por aquello de infinita: “Quedarnos aquí hablando toda la noche puede ser interesante. Igual descubrimos cosas que no sabíamos que sabíamos”.

La cita es sobre guerras porosas, un modo de llamar a esos conflictos aparentemente inconexos que terminan provocando erupciones de distinto color en toda la piel del planeta. De lo que más se hablará al final es de la dificultad creciente para relatar esa violencia dispersa y mutante.

Guardiola (Madrid, 1963) se declara admirador de Armada (Vigo, 1958) desde sus comienzos, cuando llegó a su primera cobertura internacional en Ruanda y Ramón Lobo le avisó de que lo hacía con retraso porque el corresponsal gallego ya se había ido. Nunca han llegado a coincidir ni en ese destino ni en otro exterior, aunque han buscado puntos de encuentro diversos en Madrid. Les preguntamos si la guerra de Bosnia y la de Siria son comparables como hitos que han marcado a dos generaciones de periodistas. Algún invitado joven nos sugirió en tertulia anterior que hasta que Siria apareció en escena parecía que el único periodismo internacional en España era el de la antigua Yugoslavia.

Ambos estuvieron en Los Balcanes pero creen que los dos conflictos no pueden compararse. “Gervasio Sánchez dice que la guerra de Bosnia fue una de las mejor cubiertas de los últimos tiempos. Creo que tiene razón. Yo estaba entonces en El País –cuenta Alfonso Armada- y pasamos siete por allí. La cobertura fue exhaustiva. Siempre había un enviado especial de El País en Sarajevo. Nos dábamos el relevo en Trieste. Con mucho espacio, muchos recursos”. Pero también hubo decepción: “Aunque como periodista lo que intentas es contar las cosas de manera más exacta y más apasionante posible siempre esperas que el resultado de tus coberturas acabe provocando algo en la realidad, y ahí uno empieza a descubrir que a pesar de la información tan exhaustiva de Sarajevo, de contar cómo una ciudad como Madrid estaba siendo bombardeada, al final los gobiernos europeos no reaccionaron. La guerra se prolongó más de la cuenta y el resultado fue un país imposible”.

Siria, prosigue Armada, no se está cubriendo: “Se han publicado crónicas fantásticas sobre todo cuando la oposición a Al Assad no era lo que es ahora, pero después de los secuestros y asesinatos de varios periodistas es imposible por el coste. Es una guerra terriblemente complicada”. Después matizará: “No imposible, pero sí muy difícil”. “Cuando los periodistas se convirtieron en objeto de comercio susceptibles de ser intercambiados por dinero se volvió una guerra que se está malcubriendo”, continúa el periodista.

José A. Guardiola describe Bosnia como “el último momento en que se vive un conflicto tradicional donde los frentes más o menos controlados en un mapa perciben a los periodistas como objetos de seducción. El bosnio, el croata, el serbio quiere ganarse su cariño porque es la única forma que tienen de volver a la opinión pública internacional de su parte. Con Internet los propios frentes, sobre todo los insurgentes, tienen capacidad de transmitir. ¿Para qué queremos periodistas? Es el problema de la cobertura de Siria”.

La falta de seguridad y la pérdida de relevancia de los corresponsales por la crecida digital son una pinza dolorosa para los reporteros. La crisis económica hace el resto. Guardiola trae a la conversación, como homenaje, a José Couso (el día de la tertulia hace 12 años que le mataron). Cree que su caso inició un gran debate sobre las condiciones de su muerte pero también otro sobre cómo iban protegidos los periodistas. Las empresas españolas empiezan a pensar en seguros: “No lo estoy criticando –aclara- pero eso que imaginábamos que era a favor de los periodistas, más protección, puede que no haya sido tan a favor del periodismo. Muchas empresas se retraen a la hora de mandar a enviados”. Armada lo relaciona con el poder creciente de la publicidad y la propaganda. “Igual que muchas empresas ya no requieren de los medios para cubrir su mensaje, los propios agentes en conflicto tienen expertos, producen vídeos, ya no necesitan a los periodistas”.

 

En la champañería María Pandora.

En la champañería María Pandora.

A Héctor Rodríguez le preocupa el poder de atracción del yihadismo en Europa. Se comenta la calidad hollywoodiense de los vídeos del Ejército Islámico (EI). Rafael Díaz Arias, presente en el bar, destaca su factura técnica impecable: “Están desarrollando directamente los códigos periodísticos”. Ahora su lenguaje va dirigido a los europeos y norteamericanos y “no es que al EI no le hagan falta los periodistas sino que ha secuestrado a los propios periodistas”. Relata el caso de John Cantlie, reportero rehén del EI que presenta documentales vestido con el temible peto naranja y narra con estilo periodístico las cosas que los terroristas quieren que diga. En algunos de sus vídeos se expresa con un “In this show”, recuerda el profesor. En el último filme conocido (febrero de 2015), un Cantlie demacrado anunciaba que era el último de la serie.

En este contexto amenazante se extiende también la sensación de que cada vez más países antes irrelevantes alcanzan el estatus de “conflictos con potencial desestabilizador mundial”. Léase, por ejemplo, Yemen. La logística se complica. “El otro día hacía una lista de en qué lugares deberíamos tener enviados especiales simplemente para entender lo que es el EI. No habría ningún medio de comunicación en España capaz de tener despliegues en Nigeria, Libia, Argelia, Sáhara, Yemen, Irak, Siria… Y se me olvidan muchos”, dice el director de En Portada.

“Se extiende el periodismo de experiencias que no va al trasfondo. Antes estabais en una guerra un mes, dos… Hoy hay enviados que se van una semana. ¿En una semana qué puedes contar de un conflicto?”, argumenta Sara Campos, preocupada por el recurso al periodismo ciudadano como sustituto.

“Las nuevas realidades del norte de África y Oriente Próximo -confirma Armada a la pregunta de un contertulio- han pillado con el pie cambiado a los especialistas, a los medios, a los redactores jefe… porque el mapa más o menos ordenado que tenían ha saltado en mil pedazos. La cobertura está siendo muy fragmentaria. Y eso de que la mayoría de corresponsales esté en Jerusalén, aparte de complicarles la vida a la hora de moverse por los problemas de sellos y pasaportes, hace que la mirada se tiña mucho aunque no quieras. Plantea problemas. Por su propia naturaleza, el mundo árabe es como África, mucho más rico de matices que las simplificaciones en que caemos los medios a veces”.

La cobertura de África es “guadianesca”, según Armada. Hay que escuchar con atención a un periodista que cubrió durante 6 años el continente y ha sido capaz de convencer a sus medios para que publicaran piezas sobre el teatro en Ruanda o Mozambique ecuando estos países no interesaban más allá de sus conflictos: “El problema es que no se puede hablar de África. Hay que hablar de países concretos, uno por uno, y cada uno tiene tanta complejidad que exige mucho tiempo y espacio. Hay pocos corresponsales permanentes y no hay interés genuino”. Las primaveras árabes, continúa Armada, fueron el momento de los freelance: “algunos iban a la buena de Dios a jugarse la vida sin haber negociado antes asignaciones con ningún tipo de medio y a veces cuando ya estaban allí conseguían crónicas muy mal pagadas. Es una tendencia muy preocupante. Muchos grandes medios han dimitido de su obligación de dedicar buena parte de los recursos a la cobertura internacional. El propio James Nachtwey decía el otro día que tenía dificultades para conseguir buenas coberturas. Si le pasa a él…”

Y sigue el embudo: “Eso lleva a que si tenemos que gastar el dinero, hagámoslo con el periodista que nos vaya a contar la guerra como queremos que nos la cuente. El riesgo del periodismo estrella”, dice Guardiola. Elena Aljarilla le pregunta por el programa En Tierra Hostil y su supuesto sensacionalismo. Guardiola prefiere quedarse con lo positivo: “Algunos elementos narrativos me parecen interesantes y legítimos para acercar conflictos a audiencias masivas. Si echo algo de menos es quizá el contexto. Si oigo ‘Estoy en un edificio con una bandera, creo que es el ministerio’, yo creo que un periodista debe decir ‘Este es el ministerio’”. El director de FronteraD y el Master de ABC recuerda que a veces la fórmula del reportero metiéndose en el peligro hace que se consigan más espectadores y que no siempre significa falta de rigor: “El hecho de que el periodista sea tanto el hilo conductor y se meta en la historia a mí me plantea dilemas, pero como recurso narrativo funciona”.

Siempre el resultado, la tirada, las audiencias. A veces se las teme más de lo debido: “Los reportajes que hacemos sobre África no tienen ni más o menos audiencia que uno de Latinoamérica o Europa. Si haces un tratamiento digno de África no tiene por qué generar menos audiencia”, asegura Guardiola. Pregunta tras pregunta el director de En Portada desgrana algunas ideas para que la televisión pública tan criticada últimamente funcione mejor: “Creo que sería muy bueno que los responsables de las áreas tuvieran asignada una parte del presupuesto para realizar los viajes que consideren imprescindibles, al margen de lo que digan el editor del Telediario y el director de informativos”. También: “En América están deseando que nosotros les contemos lo que les está contando Telesur, los rusos, los chinos, los franceses, los alemanes, y ya no digo CNN en español que tiene una capacidad de producción inalcanzable para cualquier otra televisión. Es decir, que ese tiene que ser el horizonte, que esa es la verdadera marca España, y que TVE tendrá proyección de futuro en la medida en que entienda que el horizonte está también y sobre todo al otro lado del Atlántico.  Sin ninguna duda”.

El respaldo de los libros

El respaldo de los libros

A José Antonio Guardiola le apasiona la narración. Habla en totales. Rápido. Directo. Más que explicar las cosas, las titula. Durante la conversación da vueltas a un próximo reportaje de Alberto Nisman para En Portada. Como si fuera un cubo de Rubik. Quiere calidad, que encajen la verdad y su contexto: “Con todas las herramientas narrativas que tiene el lenguaje audiovisual, cómo encontrar la fórmula para lograr hacer algo que sabemos que no existe que es el reportaje perfecto”.

A Alfonso Armada le apasiona todo. “Contar la experiencia propia es fundamental. Incluye emoción, controlada pero emoción. En muchas crónicas esa emoción falta, pero es parte necesaria del relato para ayudar al lector, al espectador, a ponerse en lugar del otro”, dirá durante la tertulia. Su discurso lleva a multitud de referentes profesionales, culturales, artísticos y humanos. De Antonio Lafuente, corresponsal de EFE en Nueva York que urdió con él la trama que es hoy FronteraD, a Ryszard Kapuscinski pasando por Martín Caparrós, Tomás Alcoverro, el pintor Antón Patiño, la fabulosa iraní Shirin Neshat (comparen la belleza de sus coreografías con la estética del ISIS), Susan Sontag… Una enseñanza que comparten ambos periodistas es la de Corinne Dufka: en el momento en el que veas que has perdido la sensibilidad debes dejarlo. Hasta aquí he llegado.

Los dos mencionan también a periodistas más jóvenes. Guardiola, a los reporteros de su época de director de Internacional (Luis Pérez, Yolanda Álvarez, Antonio Parreño, Oscar Mijallo…). Armada, a Mikel Ayestarán, David Beriain, Lino González Veiguela… Uno se siente ante dos hubs del periodismo internacional español conectados a todos los elementos del sistema.

Cuando ya se han ido alguien nos afea la falta de caña: “Ellos son periodistas y hacen preguntas agresivas, teníais que haber hecho lo mismo”. Es verdad. Pero lo que tiene hablar de la guerra con dos personas capaces de transmitir su cataclismo es que te dejan con cero ganas de pelea.