Segovia. Cirilo. Una tertulia en clave de premio

Xavier Aldekoa (izquierda) y Juan Pedro Quiñonero (derecha). Foto: Jon Bradburn.

La tertulia con Xavier Aldekoa, Mikel Ayestarán y Juan Pedro Quiñonero fue diferente. Y es difícil resumirla porque influye lo que has visto antes y después. El cosquilleo del premio. Reencuentros. Conspiraciones creativas. Un corresponsal que aparece en chanclas (no, no era verano). Un fotógrafo en una comisaría porque necesita un pasaporte. Un paisaje. Y la ciudad.

A Aldekoa le teníamos delante pero Ayestarán llegaba por la noche y envió un vídeo con algunos temas de debate. Juan Pedro Quiñonero aterrizó en el ágora del Campus María Zambrano ya comenzada la conversación: una huelga de controladores franceses le había retenido en el mundo aeropuertos desde las 6 de la mañana. Periodismo = improvisación.

Con el éxito de Revista 5w de fondo, el encuentro (dentro de las Jornadas de Periodismo en lo Global) tuvo mucho de debate intergeneracional, como el Premio Cirilo de este año. Corresponsales de los de antes que han tenido la suerte de vivir momentos de mayor respeto económico por esta labor. Profesionales llegados más recientemente que hacen lo que pueden.

“Somos freelance, somos trabajadores autónomos y no nos podemos dormir en los laureles, por eso espero que esta nominación sirva para seguir manteniendo el nivel de trabajo que he tenido hasta ahora” (afirma Ayestarán, vinculado sobre todo a Vocento y EiTB). “No me considero sólo Xavier Aldekoa. Formo parte de una generación de chavales de treinta y pico que somos freelance, que tratamos de salir adelante. Y en África soy del mismo grupo que Pepe Naranjo, Gemma Parellada o Eduardo Molano. Esta nominación la considero también un reconocimiento a ese grupo de personas”, decía el reportero de La Vanguardia.

Pese a su situación estable (corresponsal de ABC en París desde 1983), Quiñonero reflexionó a menudo sobre la falta de fondos. “Los periódicos tienen un problema. Pierden dinero o ganan muy poco. Cada cual intenta resolverlo como puede. Las nuevas generaciones creo que han tomado el único camino posible: liarse la manta a la cabeza e intentar contar cosas que no cuentan los otros, y a partir de ahí buscar hueco en los grandes medios”.

La diferencia de edad invitaba a comparar el uso de las redes sociales. La periodista Ana Alonso les preguntó por ello. Así ha conseguido Aldekoa (Barcelona, 1981) una de las comunidades tuiteras más sólidas del periodismo español: “Muchas veces escribo un tuit y no lo publico hasta que pasan 10 minutos. Intento estar muy seguro. Hay que tener prudencia”. El reportero está convencido de que si no hay calidad de fondo, el éxito en las redes se escapa: “Mikel no es un gran periodista porque tenga 50.000 seguidores sino porque tiene un trabajo brutal detrás”. La habilidad multimedia de Ayestarán (Beasain, 1975) aparece en su grabación: “Desde que empecé me dicen que lo que hago es el futuro pero me he dado cuenta de que es el presente. […] Es imprescindible para llegar a fin de mes y hay historias que funcionan mejor para vídeo, otras para la prensa…”.

A Quiñonero (Totana, 1946), flâneur/fotógrafo que usa Twitter como arma de difusión masiva de instantáneas parisinas (más tarde le encontraríamos paseando Segovia a solas con su cámara), le preocupa el “no modelo de negocio” de las redes. “Vivimos una paradoja trágica. […] Es indispensable que el periodista trabaje Twitter, Facebook, etcétera. Pero al mismo tiempo cómo rentabilizar eso, cómo sacar dinero para seguir currando en esas cosas. En los grandes medios nadie lo sabe aún. El precio de una foto da para llevar a una novia a un McDonalds y poco más. Estamos hipercomunicados, somos hipercomunicantes, pero no sabemos todavía cómo ganar dinero con esa comunicación”. Pero el corresponsal quiso subrayar también que la lógica perversa entre la ética individual del reportero y la del empresario de medios que intenta ganar dinero siempre ha existido: “Nuestros problemas no son nuevos. Larra, Azorín y Baroja tenían los mismos. […] A mí me  llamó una vez la telefonista de mi periódico: “Quiño, vuelve rápido porque la empresa cierra y no nos van a pagar lo último”.

Susana de Pablos, Agustín García Matilla y otros participantes en La Tertulia Infinita 19. Foto: Jon Bradburn.

Entre los asistentes, el decano de la Universidad de Valladolid Agustín García Matilla se preocupa por la seguridad del periodista y por los criterios de selección de noticias. Aldekoa responde: “La palabra clave es el tiempo. Si consigues dedicarles a las personas el suficiente como para que te ayuden y te metan en su red social humana, tienes mucho ganado, porque hay zonas en que el Estado está hueco y es esa red la que te protege. Si te consideran un amigo estás mucho más protegido que cuando te consideran un cliente”. Sobre cómo seleccionar: “África es un continente imposible, un territorio en el que cabrían China, EEUU, toda Europa y la India… Me baso en la honestidad máxima: informarme antes de ir a un sitio, explicarlo lo mejor que puedo, dedicarle todo el tiempo posible”.

A lo largo de la tertulia el reportero de La Vanguardia ha dibujado belleza pero también corrupción y destrucción, sobre todo medioambiental. “El abuso tiene muchas caras y las mismas pocas ganas de hablar. Los abusados también tienen muchas caras pero muchas ganas de gritar que lo que pasa no es justo. Lamentablemente en África encuentras bastante de las dos cosas”. Quiñonero ha descrito un París de realidades paralelas: “El problema es que la actualidad internacional que interesa a los periódicos es una realidad fragmentada. De Francia te piden Hollande, Sarkozy y cuatro cosas más”. Pero la noticia, dice, puede estar en un atentado islamista o en un suburbio de la gran ciudad.

Un estudiante participa en La Tertulia Infinita 19. Foto: Jon Bradburn.

Ayestarán ha considerado en su vídeo que “el periodismo de internacional en España pasa por un momento de oro” pero está en unas condiciones que lo convierten en carrera de fondo: “Requiere motor diesel”. Y se acuerda de los efectos colaterales: “Al final estás arrastrando también a toda tu familia a una cosa que muchas veces es ajena a la vida normal”. El reportero vasco está orgulloso sobre todo de que los suyos se hayan “echado al monte” (se mudaron recientemente a Jerusalén). Están presentes en el ágora la pareja y la hija de Aldekoa, que lo ha mirado todo con unos ojos tan grandes que han desarmado al personal en Segovia. También podrían contar.

La noticia del Premio Cirilo les despertó  incredulidad, orgullo. El catalán menciona a otros galardonados como Manu Leguineche o Miguel Gil, y otros más recientes como Ramón Lobo o Mónica Bernabé: “Cuando me lo dijeron pensaba ‘Cómo voy a estar yo en esto con esta gente, si son mis referentes…”. Ayestarán contaba: “[Tomás] Alcoverro siempre me dice: ‘Cuando yo empecé en el periodismo Quiñonero ya llevaba unos años. Al nominarme para el Cirilo sentí una gran ilusión pero cuando vi su nombre en la terna dije: ‘Xavier, no tenemos nada que hacer’”.

La trampa final es preguntar a los dos invitados presentes cómo agradecerían el premio si ganaran. Pero en sólo 140 caracteres. Aldekoa necesita incluso menos: “A la gente que me ha dado el privilegio de escuchar sus historias y poder contarlas y a mi familia que me espera en casa”. Quiñonero prefiere usar palabras y no caracteres como métrica: “80 o 100 son suficientes para contar una buena historia”. Y la cuenta. Y se alarga: “Mamá, no te preocupes, un periodista se gana muy fácilmente la vida. Va a la calle, se entera de algo que no sale en los periódicos, hace una fotografía, va al periódico, la vende, se la pagan, y ya se la ha ganado. El problema ahora es que un tanto por ciento excepcional de lo que sale en los periódicos es la retórica parda de analistas, comentaristas. Y no digamos en Twitter”. En su respuesta extendida el paseante parisino ha dejado caer una idea esencial que sí cabría en la red social: “Yo casi todo se lo dedico a mis padres. Salí muy pronto de casa”.

Juan Pedro Quiñonero fue el ganador del Premio Cirilo 2016.

[La Tertulia Infinita 19 se celebró en Segovia el 16 de mayo de 2016. Gracias a la Universidad de Valladolid (Agustín García Matilla, Pilar San Pablo), a la Diputación de Segovia (Francisco Vázquez), a la FAPE (Aurelio Martín) y a la Asociación de la Prensa de Segovia (Miguel Ángel López).

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Parellada, Rojas, Zin: África está despegando y se lo vamos a contar

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  • Parellada: “Nunca tomé la decisión de ser reportera en África. Ni siquiera lo imaginé. Aquello simplemente sucedió”
  • Rojas: “Creemos que no se hace Periodismo por ahí, que somos los poseedores del fuego sagrado. No. Se está haciendo Periodismo de gran calidad”
  • Zin: “En los 90 despegaron China y la India. Ahora despega África”

Optimismo. Es la palabra que resume la Tertulia Infinita 5. África ya no es ese continente lleno de sangre, guerras y miseria. O no sólo. También es la tierra que empieza a albergar una clase media pujante y una juventud implicada, lo que debiera obligarnos a distinguir por fin entre la realidad diversa de sus países. Y lo mismo vale para el Periodismo: en la zona subsahariana ni está muerto ni morirá, sobre todo por la calidad creciente de su reporterismo local. Ojo: quizá creemos que desaparece el Periodismo porque desfallece el nuestro, pero empieza el de otros.

De izquierda a derecha: Alberto Rojas, Gemma Parellada, Hernán Zin. Foto: Elena Aljarilla

Gemma Parellada (siete años viviendo en África, actualmente en Costa de Marfil) dice que es un momento de cambio y transformación total, muy duro, pero no necesariamente fatal. Esta periodista, que nunca llegó a tomar la decisión de ser reportera en nuestro continente al Sur (“Ni siquiera lo imaginé. Aquello simplemente sucedió”) cree que el Periodismo “ha existido siempre y no va a desaparecer”. Secunda la idea Alberto Rojas (intensos viajes a África desde 2011 y ya con esta zona como apuesta personal y profesional): “Estamos viviendo un momento visagra, unos medios mueren y otros nacen. No creo que sea malo del todo”. Pero si hay alguien que desborda optimismo sobre el futuro es Hernán Zin. Lleva 17 años viajando y muestra devoción absoluta por el trabajo que realiza: “Todos estos cambios obligan a estar atentos, a ser rápidos, a no quedarnos en las categorías anteriores, que nos han pasado por encima. Pero el Periodismo es la mejor profesión del mundo”. “Yo la amo”, dice en un arranque que provoca las risas de sus compañeros.

No hay lamentos por el periodismo internacional que se fue, sino necesidad de depurar sus formas, de aprender de él para seguir avanzando: “Lo de ser enviado especial y permanecer un mes viviendo en un hotel de 5 estrellas de un país lejano ya no existe, acabó hace tres o cuatro años. Yo lo noté en el proceso de independencia de Sudán del Sur. Hubo medios españoles que tenían personal en Nairobi, muy cerca, desde donde un billete te puede costar sólo 150 euros, pero ya no mandaron a nadie. Era demasiado caro”, cuenta Parellada.

Alberto Rojas

“Lo que ocurre -defiende Rojas-  es que ya nunca más unos pocos medios tendrán el monopolio de la información. Pero hay otros nuevos que nacen con propuestas muy buenas no de “corta-pega” sino de hacer textos largos y de calidad. Creemos que no hay Periodismo por ahí, que somos los poseedores del fuego sagrado. No. Se está consiguiendo Periodismo de gran calidad y lo que tenemos que hacer es aprender de ellos, leer más y entender mejor lo que está pasando”.

Zin empezó a reportear cuando se trabajaba con máquina de escribir y las crónicas se enviaban por fax, y no deja de alegrarse de la existencia de Twitter, de Facebook, de tantos blogs que le ofrecen información valiosa. Contagia alegría: “Esta abundancia, esta inmediatez es maravillosa”.

Los tres destacan la importancia que tienen para su trabajo los periodistas locales, ya sea como buenos colegas que ayudan o como fixers (colaboradores formales del periodista, conseguidores que conocen la realidad de ese país). Algunos de ellos llegan a trabajar directamente para los grandes medios, sin la intermediación del corresponsal (son los llamados stringers). Parellada explica: “No camino nunca sola. No tengo presupuesto para pagarme un fixer, pero como llevo mucho tiempo allí trabajo con periodistas de la zona, en grupo. Nos ayudamos: les paso contactos internacionales, ellos me ayudan con los locales. Los necesitas, saben leer las dinámicas locales. No puedes ser paracaidista”. Zin es muy franco sobre la relevancia de los fixers: “¿Pero cómo trabajamos?  Llegamos a un país y lo primero que hacemos es contratar a un periodista local y basarnos en su agenda. Y que te lleve él. Te aportan la mirada local, los códigos. Y tú los adaptas”. Rojas, el más valiente a la hora de relatar experiencias que no salieron como esperaba y de las que ha aprendido, recomienda elegir bien el fixer: “Que no sea el conocido de un amigo de un amigo. Tuve una mala experiencia en Kinshasa, me decidí por uno, tardamos demasiado en llegar, me invitaban a cervezas, pasaba el tiempo, se hacía de noche, seguíamos allí, no me llevaba donde había dicho… Al final me levanté. No era fixer ni era nada. Elijan gente seria, por favor”.

Hernán Zin

Si los periodistas locales están adquiriendo tanto peso y aquí se habla del corresponsal como especie en peligro de extinción, ¿acabarán sustituyéndonos? La conversación se anima.  “Absolutamente. En los 80 pagar a un corresponsal como si fuera un embajador era posible. Ahora abonar una casa en Central Park para que viva el periodista de un gran medio está fuera del mercado. Hoy por hoy quizá es mejor tener a una persona de confianza que ya viva allí y pagarle bien pero no tener que afrontar gastos como el alojamiento”. Zin opina lo mismo: “A partir de lo que te cuentan los locales haces una lectura para tu propio medio, pero tampoco es imprescindible […]. Podemos ser más prescindibles y hacer otras cosas de fondo con mirada latina o española”. De acuerdo a este periodista, se está haciendo cada vez mejor Periodismo africano, especialmente en la zona del cuerno de África, de tradición anglosajona: “La venta de periódicos en Kenia aumentó un 40% en un año. Hay profesionales de primer nivel en medios como The Nation. Crece la clase media que quiere consumir, volar, saber. ¿Hacemos tanta falta como antes? Por supuesto que gente como nosotros va a seguir yendo a África, porque lo amamos. Pero la información, igual que los recursos, tendrá que redistribuirse más entre todos”.

Gemma prefiere rebajar expectativas, y a juzgar por el respeto con el que la miran y con el que hablan de ella sus colegas (antes, durante y después de la tertulia) hay que escucharla bien: “Es muy optimista lo de que suban las ventas de los periódicos. Los medios no están maravillosamente bien en África. Cada país tiene su realidad. En muchos sitios (como República Democrática del Congo o Costa de Marfil) los periodistas no reciben un salario, no son independientes. Les paga el señor que da la conferencia de prensa y quiere que vaya el reportero. O un partido político, o una liga de derechos humanos. Ellos son todavía los que te pagan, así que la imparcialidad no existe”. (“Igual que aquí”, se oye decir entre risas).

Gemma Parellada

La mirada del periodista se va afilando con el tiempo. Dice Parellada: “Al principio te tiras a la piscina, luego bajas al fondo. Empiezas ciego, no sabes nada. Más tarde es como cuando revelas una foto y todo empieza a tomar forma”. ¿Creéis que África mejora con el trabajo que  hacéis? “Me gustaría pensar que sí, pero también había periodistas en Ruanda y no se evitó el genocidio”, dice Alberto. ¿Qué se avecina en este continente? “En este mundo en cambio, la lectura tiene que ser más amplia y la aventura tiene que ser más amplia. En los 90 despegaron China y la India. Ahora despega Africa”.

La tertulia sigue. Habría tantas cosas que contar. Sobre Malí, ese “caso propagandístico extremo” que indigna a Gemma, y sobre tantos otros países que mencionan los reporteros: la Somalia que ha cambiado en los últimos años, aunque aún no lo suficiente; la República Democrática del Congo, donde la ONU desplegará una novedosa brigada de intervención próximamente… Pero la conversación se resume en las ganas de seguir haciendo, de seguir contando África, de estos tres reporteros. Cada uno a su manera.

Zin, el más experimentado, con tantas cosas que contar, hablando rápido, emprendiendo junto a otras personas, entusiasmándose como hace con su próximo proyecto, La maleta del reportero; Rojas poniendo olor a la realidad africana más allá de las estadísticas (como hacía su gran ídolo Kapuscinski), indagando en historias aparentemente ya contadas y cerradas pero donde le incomode un fleco (como la foto del niño y el buitre que ganó un Pulitzer hace años y está rodeada de leyenda). Y Parellada, aferrada a un destino geográfico que no cambiaría por lo mucho que le da, aunque tenga sus dificultades: “A veces, como te toman menos en serio por ser mujer, también te tienen menos miedo y te confían más”. En un mundo empeñado en convencernos de que vale más quien más fuerte aprieta tu mano al saludar, este gran error sucede a menudo: confundir delicadeza con pusilanimidad. En Parellada el primer rasgo destaca extraordinariamente, el segundo está ausente por completo.

Gracias a todos por venir. Fuisteis muchos y contraprogramábamos al Barça.

Más fotos de La Tertulia Infinita 5.

[La Tertulia Infinita 5 se celebró el 10 de abril de 2013 en el Café National Geographic de Madrid].


Gemma Parellada, Alberto Rojas y Hernán Zin, en La Tertulia Infinita 5

 

Dicen que más que una profesión el Periodismo es una forma de vida: engancha. Lo mismo parece ocurrir con África: quien la ha conocido sólo desea volver. Este miércoles 10 de abril celebramos “La Tertulia Infinita 5” con tres personas que combinan ambas pasiones: Gemma Parellada (colaboradora de medios como CNN, El País o Catalunya Ràdio), Alberto Rojas (trabaja para El Mundo y Jotdown Magazine) y Hernán Zin (El País, 20 minutos, Canal Plus, TVE… Premio Internacional de la Academia de Televisión).

Gemma Parellada, Alberto Rojas y Hernán Zin

Parellada es una de las pocas periodistas españolas que vive permanentemente en África (Costa de Marfil) y hará las veces de corresponsal invitada. Los tres configuran una lista larga de países subsaharianos en los que ya han trabajado: Malí, Sudán, Somalia, Kenia, Ruanda, Nigeria, República Democrática del Congo… Y quedan por mencionar. A medio camino entre el fotoperiodismo y el reporterismo, nos hablarán de los últimos conflictos que han cubierto y de cómo se ejerce el Periodismo en África cuando África está en el  corazón.

El encuentro se celebrará en un lugar destinado por excelencia a grandes viajeros y conversadores: el local de National Geographic en la calle Gran Vía de Madrid.

Cuándo: Miércoles 10 de abril, 20.30 horas

Dónde: National Geographic Café (mini auditorio). Calle Gran Vía 74. Metro Plaza de España

Entrada libre y gratuita

Wi-fi disponible

Un poco más de información sobre Gemma Parellada, Alberto Rojas y Hernán Zin.