Natalia Sancha: “El único frente que defiendo es el civil”

 

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Más de una década de ejercicio del periodismo con epicentro en Líbano da para mucho. “La información más importante la he conseguido cara a cara”, “No hay que hacerse la zancadilla. Si eres bueno, con el paso del tiempo se verá”. “Cuando se mata a civiles en Raqqa, España forma parte de esa coalición”, “La guerra de Siria terminará cuando Trump y Putin lo decidan”. “Los cascos blancos son héroes porque salvan vidas, pero no son neutrales ni voluntarios”. “África supera con creces lo que está pasando en Oriente Medio”.

Realista, sincera y muy viva, así fue La Tertulia Infinita con Natalia Sancha (@nataliasancha) en la Universidad Complutense de Madrid, en la Facultad de Ciencias de la Información donde ella misma estudió. El mejor resumen, en los comentarios admirados de los alumnos que participaron -> #tiorientemedio. Con moderación del debate de @LaraHuwyler, fotos de Carlota Cascón (@ccasconRIMA) y gestión de redes durante el encuentro de Henry Lima (@ihenrylima).

Gracias a la periodista por venir a conversar de verdad, pidiendo la opinión de los estudiantes, y también a los colaboradores en este encuentro: la propia Facultad (@UCMccinf), la responsable de la sección de Relaciones Internacionales Mª José Pérez del Pozo (@perezdelpozo) y nuestros socios habituales FronteraD (@fronteraD) y Librerantes (@librerantes).

 

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Emilio Morenatti, cazador de conceptos

 

“Lo que se pretende es que la imagen se entienda y que el mensaje llegue. Esta persona está muerta y se tiene que entender que está muerta. Cuando defiendo una foto intento que la acción se comprenda. Que responda a las famosas 5 uve dobles”.

Emilio Morenatti, en La Tertulia Infinita 17. Foto: Jon Bradburn.

Emilio Morenatti, en La Tertulia Infinita 17. Foto: Jon Bradburn.

Finalista del Pulitzer, ganador del World Press Photo, quien viene a La Tertulia Infinita de Navidad con uno de los currículos más sólidos del fotoperiodismo español es un Emilio Morenatti (@morenatti2004) con mentalidad de editor. Responsable de producción fotográfica para AP España y Portugal, su objetivo es intentar que esa producción “sea lo más exquisita y única posible, lo más parecido a lo que yo entiendo que es la fotografía, algo conceptual, único”. Siempre habrá un Morenatti que capture imágenes. Pero ahora hay otro que concibe y organiza al equipo para salir a la caza de conceptos.

El invitado ofrece un taller + conversación entrando en las tripas digitales de Associated Press (AP), a la que prefiere referirse como una cooperativa de periódicos no lucrativa más que como una agencia. Así recuerda que está menos sujeta a los intereses que atenazan a otros medios en manos de uno o pocos dueños. Describe la distribución de las tareas, el libro de estilo para campos como byline y caption, los envíos diarios al cable, las mejores fotos del día o topics y esas otras fotos (features) más pensadas para el largo plazo, la galería histórica.

Sorprendiendo a muchos, el hilo de su discurso no son imágenes propias sino de otros: una selección realizada por él mismo de las 50 mejores fotografías de 2015 para AP en Europa y África. Esa muestra y las elecciones generales que en esos momentos se desarrollan en España (20D) vertebran todo el debate.

Hay perfeccionismo. “Siempre animo a no hacer la foto del angular limpia sino a hacerla con telex desde atrás o a buscar otras perspectivas”. “A lo mejor un día perdemos el play (hacen un mejor trabajo Reuters o AFP) pero luego quedan imágenes icónicas que van a funcionar mejor a lo largo de la historia cuando se hable de un partido concreto”. Esta referencia a las elecciones vale para describir cómo se trabaja en otros escenarios, como el de los refugiados. “Estás produciendo y enviando al cable pero luego guardas una serie de fotos para que quede algo más personal. Es una manera de motivar a los fotógrafos, para que piensen qué quieren hacer”. “Luego está el brainstorming tras el envío. ‘¿Estás contento con la foto? Sí. ¿Se podía haber hecho mejor? Sí. ¿Por qué no la has hecho mejor, si tenías una buena idea?’. Intentar que el fotógrafo piense y se martirice sobre por qué no lo ha hecho mejor. Porque yo creo que una foto siempre es superable”. Debe haber alguien, cree Morenatti, que además de felicitar sea capaz de suscitar progresos.

Cuando se le dice a este profesional que según algunos testimonios es muy trabajador (ejercicio físico, cursos de idiomas, un Master reciente) le sale desmentirlo: “He vivido, he fumado mucho, bebo, me lo paso bien de noche, no soy el monje que a las 10 se va a dormir”. No obstante, la conversación sugiere que su perfil sí puede ajustarse al término currante aunque él lo llame de otra forma: “Hay una disciplina más que un trabajo duro. Es la que te hace no perder la concentración”. “Te concentras, te sale. No te concentras, no te sale. No tiene otra fórmula”. “Hay fotos en las que en esa concentración se ve que hay un adiestramiento detrás, un entrenamiento físico y mental”, concede finalmente.

Casi 30 años en la profesión dan para muchas elipsis, y algunas historias acaban destapando otras como matrioskas. “Si uno quiere dedicarse a esto sabe perfectamente que si te colocan en un sitio como Gaza, donde estuvimos 25 días aislados en la parte sur de la franja, casi sin comer más que alimentos básicos, cargando baterías y ordenador sólo en hospitales y viviendo ese drama que vive la gente que sufre guerras sobre todo psicológicas, tiene que estar medio fuerte”. “Ves cómo otros periodistas colapsan y dices `Yo por ahí no puedo pasar. Yo tengo que estar fuerte’”.

En una profesión de alta tensión, cada uno busca su truco para evitar que la mente acabe girando como un derviche. “Al principio, cuando me tocaba hacer como 100 corridas de toros al año en Sevilla, cada vez que entraba a la plaza hacía un ejercicio de respiración que me salía de forma instintiva y después me ha servido mucho. Decía ‘Soy un japonés. Esa foto no la he hecho. Y esto qué es’. Le ponía el interrogante a todo. Eso me hacía no caer en el tedio, en la desidia. Observar con frescura, mirar con pasión cualquier evento”. Aplica esa misma “mirada marciana” a los asuntos de ahora, como los comicios. “Que el marciano tenga una idea de quiénes son esas personas y qué hacen cuando asisten a un evento electoral”.

El fotoperiodista Emilio Morenatti, en un momento de la conversación. Foto: Jon Bradburn.

El fotoperiodista Emilio Morenatti, conversando. Foto: Jon Bradburn.

Llegará a decir “No me interesa el candidato” y “Hay que buscar al que escucha más que al que está hablando”. Por eso entre las fotos mostradas están la de un globo que tapa la cara de Mariano Rajoy y la de un conjunto de líderes de Podemos donde la verdadera protagonista es la composición, tan compleja que recuerda a Las Meninas. Después, ante la protesta de los asistentes (“Si llegas sin la foto del candidato te echan una bronca”), matiza pero insiste: “Hace falta arrojo. He pasado por ahí también. Te piden la foto, dejarte de tonterías. Eso no quiere decir anarquía y que hagas lo que te dé la gana, pero creo que vamos muy atrás en el sentido del borreguismo. Lo veo todos los días. Hay fotógrafos que lo pueden confirmar. Hay que acabar con él. Los líderes se dan la mano porque ven al grupo de fotógrafos. Si no, no se la darían. Y se la dan cuatro veces porque los fotógrafos lo piden. Eso es una barbaridad”. “Cuando estoy formando parte de un pesebre o un corralito, intento salir de eso”. “En algunos mítines me quito la acreditación oficial y voy como público”.

“Somos los fotógrafos los que provocamos las situaciones”, dice mencionando los tumultos de los reporteros gráficos en eventos pensados para la televisión donde no se ha planificado bien el espacio para ellos. “En La Casa Blanca hay editores que te aconsejan sobre la lente para cada tiro, la luz, la temperatura… Aquí eso no existe. Nosotros hemos contribuido a hacer que todo esto funcione mal”. Alguien entiende que se está contradiciendo (“quieres libertad para ejercer tu tarea pero luego pides que te marquen las normas”). Morenatti aclara: si el espacio está bien pensado, como suele suceder en unas Olimpiadas, se entiende; si es una encerrona para que captes sólo una escena determinada, hay que rebelarse. Insiste: “Si hubiera una manera de hacer que el borreguismo fuera a menos, sería un bien para la profesión”.

Lejos de los eventos organizados quedan Afganistán, Siria… “A ver cómo se va a enfrentar la Humanidad a ese intervalo no contado de la Historia en algunos lugares, de no saber qué es lo que está pasando, o de saberlo cuando ya es demasiado tarde para los genocidios y las brutalidades”. Morenatti hace referencia a los periodistas locales en los que se apoya AP, fotógrafos que a veces pueden tener una mirada menos fresca sobre la actualidad pero que garantizan el acceso a las escenas básicas y llegan a lugares inaccesibles para los reporteros occidentales. “Mi misión es coordinarlos, intentar adiestrarlos, que consigan imágenes cada vez más potentes con ayuda de nuestra experiencia”.

Morenatti quiere enseñar, ayudar a otros con lo que le sirvió a él. Pero reduce distancias jerárquicas mencionando continuamente la calidad de los trabajadores o colaboradores de AP, algunos de ellos presentes en la sala: los juegos de luz de Daniel Ochoa de Olza, las mejores fotografías de Francisco Seco, Andrés Kudacki, Santi Palacios… “Hay un trabajo currado y sobre todo de saber ver”, dice de varias imágenes de Paul White. También se dirige entre la admiración y la guasa a colegas de otras agencias que están en la tertulia, como Juan Medina, de Reuters (“Tú podías haber dado esta charla”).

Fotógrafos y periodistas en La Tertulia Infinita 17. Foto: Jon Bradburn.

Fotógrafos y periodistas en La Tertulia Infinita 17. Foto: Jon Bradburn.

Al mencionar la relevancia creciente de contenidos generados por los usuarios (CGU) se le escapa la desafección por el esfuerzo de comprobación que requieren: “Conseguir el origen de una foto que ha sido 200 o 300 veces tuiteada es casi imposible”. Habla de filtros muy estrictos y de un equipo humano específico que se dedica a la verificación en AP: La credibilidad es el principal valor de una agencia y “cuando hay dudas la foto no se da”, aunque se haya trabajado mucho en ella.

Lo peor para una agencia es tener que hacer un photokill o retirada de una imagen, porque obliga a rectificar a muchos medios. Pese a todas las cautelas también le ha sucedido a AP. Ante la pregunta de un tertuliano Morenatti confirma que uno de esos errores fue propio: tuvo que recular con una foto, pero no porque fuera falsa, sino porque sus derechos de autor no estaban garantizados.

Alérgico al fotógrafo que interfiere, el invitado no cree siquiera que deba apartarse una botella de agua de un atril. “No puedes tocar nada de lo que fotografíes”. En AP las fotos no se retocan más allá de lo básico. De Photoshop se admite “lo que se hacía en el cuarto oscuro: el contraste, los niveles… Y se puede llegar a reservar alguna parte muy sutilmente, pero el original de la cámara no debe diferir excesivamente de la foto manipulada”. Sí se prohíbe de modo expreso la herramienta que ofrece este software para clonar (cortar y pegar motivos dentro de la imagen o de una imagen a otra). “El clon acaba con la carrera de un periodista”. Varios fotógrafos han sido expulsados de medios por manipular en esa línea: “Tiran tu archivo entero a la basura”.

¿Piensan los fotógrafos en términos de buenos y malos cuando disparan? De la respuesta se deduce que tratan de no hacerlo pero que es difícil evitarlo. “Trabajábamos en Oriente Medio en la primera intifada, con muertos en los dos bandos. Los fotógrafos éramos las únicas personas que íbamos de un lado al otro del muro. En un solo día hacíamos funerales en los dos lugares. Yo puedo estar más de acuerdo con un bando que con otro pero el ejercicio era bestial. Era como si hubiera un comité evaluador que fuera a ver mi foto y me dijera “Eh, has metido muchas más fotos de esto que de esto y además son mucho mejores aquí que acá”. En AP me grabaron la disciplina a fuego: como eres internacional, tu papel aquí es de imparcialidad. No se te puede ver el plumero”. Fue difícil pero Morenatti le agradece aquella enseñanza a maestros de entonces como Enric Martí. Ahora trata de repetir esa formación con su equipo: “No nos puede condicionar la realidad que fotografiamos”. En la tertulia, ha intentado poner el mismo número de imágenes “sospechosas” (como la del globo) de cada partido político.

En los últimos años la vida de Morenatti se ha simplificado porque la crisis reduce los encargos para el extranjero y pasa más tiempo en Barcelona, donde está su sede profesional y familiar. No hay nostalgia, y expresamente ha pedido centrar su charla en lo que AP hace ahora y no en lo que hizo él personalmente en “aquellos años” (2008, 2009, 2010). Pero algunas preguntas hacen que las fotos en sepia vuelvan a color: “Vivir por ejemplo en Pakistán y hacer empotramientos con las tropas o estar durmiendo en campos de refugiados no es una vida fácil pero es tan emocionante que te das cuenta de que llevas meses sin dormir bien y que el cuerpo aguanta”.

Recuerdo una época muy interesante, muy intensa, cuando completé uno de mis mejores años fotográficos, antes de que me hirieran”. Esa es la única mención en toda la charla al ataque con explosivos que le costó parte de la pierna izquierda en Kandahar en 2009. Otra remontada basada en disciplina sin perder la sonrisa. “Nos tocó vivir en sitios muy emocionantes pero al mismo tiempo muy sacrificados”. El “nos” hace referencia a su mujer, Marta Ramoneda, que le acompañó en muchas de esas etapas, otra fotógrafa “marciana” que se internaba sin burka en sitios donde no había presencia femenina. “Os podéis imaginar la intensidad del lugar. Como entrar en la máquina del tiempo”.

Con una hija de dos años, hay otro bebé en camino. “Ahora lo paso mal pensando en aquellas imágenes que hice de nenes muertos, o las de esos inmigrantes que me toca editar que vienen del Mediterráneo por Grecia. Digo ‘Hostias (sic), no sé si sería capaz de hacer esas fotos que hacía antes’. Empiezo a estar condicionado. Con una cría… la veo reflejada en eso”.

¿Por qué Aylan sí y otros niños muertos no? Morenatti es incapaz de ofrecer un motivo concreto, pero defiende la imagen porque impacta y es lo que se necesita para visibilizar dramas y cambiar las cosas. “Yo animé a la gente a ver la foto. Había que hacer algo”. El resultado, la movilización de la gente, justifica su publicación. “Quiero crear impacto con mi fotografía, quiero que la realidad llegue a un mayor número de personas”. Así interpreta también los premios que recibe: si sirven para que se debata y se tome conciencia sobre determinadas situaciones, bienvenidos sean. “Mi objetivo es ese, no vender más copias”.

Ha llegado en moto. Tiene un aspecto juvenil y un acento andaluz combinado con otras cadencias más difíciles de identificar. Parece vivir en positivo, lleno de energía. “Tengo la suerte de que lo he conseguido. He conseguido llegar a donde nunca imaginé que iba a llegar, a representar a una agencia importante, estar en sitios importantes y tener el lujo de contar una buena historia”. Lo dice con un deje de pesar por el contexto nada favorable para tantos compañeros que no trabajan, lo hacen en condiciones precarias o no pueden ejercer su profesión donde desean. “Hoy es casi una utopía llegar a ser fotógrafo y cuando lo consigues tienes que mantenerte”.

“Hay una frase muy buena de [Manuel Pérez] Barriopedro que dice ‘El fotógrafo tiene la habilidad de llorar y reír en décimas de segundo’, y creo que eso define nuestra profesión”, dirá Morenatti en un momento del encuentro. Aquí una muestra de ese trabajo en el filo:

 


Refugiados: ONG que testimonien, periodistas que estén

 

Invitados a La Tertulia Infinita 16. Foto: Jon Bradburn.

Invitados a La Tertulia Infinita 16. Foto: Jon Bradburn.

“Nos invitaron la semana pasada a hablar ante los parlamentarios de la Unión Europea. Cuando llegamos allí nos encontramos la sala vacía. Y el acto respondía a una invitación de ellos. Se fueron a comer”, dice Fernando García Calero, responsable de Prensa de Médicos Sin Fronteras (MSF). Los refugiados “son cifras pero son personas”.

Entre abril de 2011 y julio de 2015, más de 350.000 recién llegados pidieron asilo en Europa. Desde el inicio de este año, 433.000 han cruzado el Mediterráneo para llegar al continente, según la Oficina Internacional para las Migraciones (OIM). Son cifras tan demenciales que dejan de afectar, se dice en La Tertulia Infinita 16. Hay que humanizarlas para que haya voluntad de cambio, ¿pero quién debe hacerlo?

Un encuentro de hora y media con Guillermo Algar (MSF), Fernando G. Calero (MSF), Pilar Cebrián  (Elconfidencial.com, Antena3 TV),  Miguel Ángel Rodríguez  (Cruz Roja), Manuel Sobrino (Red Acoge), Anna Surinyach (MSF) y Celia Zafra (Médicos del Mundo) queda corto para llegar al fondo de una crisis tan grave como la de los refugiados, pero aclara el análisis.

Cada uno aprovechando la fortaleza de su organización (o la libertad del freelance, en el caso de Cebrián), todos han trabajado en los últimos meses con las herramientas que da el periodismo para concienciar de la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. El potente músculo de Cruz Roja (presente en todos los países del mundo) y de su unidad de comunicación de emergencia; el buen hacer sanitario y testimonial de Médicos Sin Fronteras; el trabajo “artesanal”, local, necesario, de Red Acoge; la batalla por una atención sanitaria para todos –incluidos los inmigrantes– que impulsa Médicos del Mundo

El Tercer Sector afina su mensaje y aporta cada vez más contenidos periodísticos completos, algunos tan atractivos que encajan directamente en los medios. Pero los invitados rechazan tanjantemente sustituir a la Prensa. “Las ONG tienen una parte de responsabilidad y un campo de acción pero hay otro campo de acción que no depende de ellas”, dice Miguel Ángel Rodríguez, responsable de Comunicación Externa de Cruz Roja, para quien “la información tiene que ser contada por periodistas de raza que van al terreno y se lo curran”. Anna Surinyach, miembro del equipo audiovisual de MSF, pasó el verano de 2015 fotografiando rescates y muertes desde el barco Dignity I de la organización. Asegura que no puede cargarse todo el peso del fenómeno a las ONG, cuyo principal papel es el de dar testimonio para generar debate: “Podemos ayudar a los periodistas a que sigan denunciando, contando, y actuar sobre el terreno en sitios como Siria donde están realmente los focos de la crisis. Nosotros damos testimonio pero se necesita contrastar información, se necesita a periodistas sobre el terreno que cierren el círculo”.

Calidad periodística

“Hay periodistas buenísimos que tienen las alas cortadas”, dice Surinyach. Se menciona a empresas que dejan viajar a sus reporteros sólo si el tema se ha vuelto muy mediático o si una ONG paga el viaje. “Algunas no nos hemos subido a ese carro y hemos decidido que no se paga el viaje a los periodistas”, afirma G. Calero.

De izquierda a derecha: Manuel Sobrino, Anna Surinyach, Fernando G. Calero, Miguel Ángel Rodríguez. Foto: Jon Bradburn.

De izquierda a derecha: Manuel Sobrino, Anna Surinyach, Fernando G. Calero, Miguel Ángel Rodríguez. Foto: Jon Bradburn.

Pese a todo, Guillermo Algar cree que la cobertura española desde que la crisis saltó a la Grecia continental “ha sido en muchos casos de chapó” y que “han ido muchos periodistas, freelances o miembros de plantilla”. La conversación frecuenta referencias a medios especializados que están contando el fenómeno con ejemplaridad: Desalambre (Eldiario.es), Planeta Futuro (El País), Países en Conflicto (RNE)… También se mencionan firmas modélicas en su tratamiento de la migración: Xabier Aldekoa, Alberto Rojas, Nicolás Castellano, Yolanda Álvarez (que se ha acomodado silenciosamente entre el público). No se nombra a Pepe Naranjo pero su trabajo está ahí (“Hay periodistas que han hecho en bus o caminando las rutas desde Senegal o Mali hasta Marruecos para contar qué pasa con los inmigrantes”). Se alude también a fotógrafos, de Olmo Calvo a Samuel Aranda. Rodríguez dice que España dispone de “una gran pléyade de corresponsales muy buenos” pero que no disponen del apoyo que tenían los antiguos miembros de la tribu, “corresponsales históricos como Manu Leguineche, Vicente Romero, Rosa María Calaf o Carmen Sarmiento”.

En África subsahariana, dice G. Calero, más allá de la agencia EFE sólo hay un corresponsal fijo de periódicos, radios o televisiones españolas: Eduardo S. Molano, de ABC. “Onda Cero, segunda emisora de radio española con más audiencia, tiene dos personas en la sección de Internacional. Europa Press, segunda agencia española, 4”, recuenta. Inevitablemente reaparecen los pagos irrisorios actuales a los freelance: 35 euros por una crónica desde Siria, 40 por una pieza desde África.

Pilar Cebrián, reportera freelance, ha dedicado 18 días (entre preparación y ejecución) a seguir a un grupo de personas en su periplo de Turquía a Suecia. 10 de ellos están recogidos en el diario de El ConfidencialEn ruta con los refugiados”, y refleja a ratos una experiencia nada agradable: “La policía macedonia reacciona empujando todavía más a la masa y cunde el pánico. Gigi y yo intentamos agarrarnos a una barandilla para respirar hasta que una trabajadora de Naciones Unidas nos agarra del brazo y nos saca de la multitud”. La periodista prefiere no centrarse en la queja económica: “Sí que es verdad que ahora mismo las guerras se cubren con freelance, los medios ya no contratan corresponsales, pero eso es algo que hemos aceptado. Esta cobertura ha sido financiada por el medio y he tenido su respaldo. Algunas coberturas son más fáciles que otras”.

El periodismo de datos ha mostrado gran utilidad. Celia Zafra, responsable de Comunicación de Médicos del Mundo, destaca dos reportajes en Eldiario.es: uno de Carmela Negrete que fue de los primeros en destacar el positivismo con el que los alemanes recibían a los refugiados, y otro que mostraba la escasa relevancia del número de refugiados que en esos momentos proponía la UE y rechazaba el gobierno español: “Era una cosa tan ridícula…”. Cualquier persona que compruebe las cifras de riqueza en Europa, de PIB de cada país, y las compare con las de los países que más están acogiendo a refugiados –en Líbano, en Irak, Turquía- verá que estamos muy lejos de todo eso. Aquí en España 15.000“, apunta Sobrino. “Lo que acepta el Gobierno supondría un incremento del 0,04% de la población. Como El Escorial. Dividido entre toda España no es nada”, calcula G. Calero.

Una participante en la tertulia interpela a los invitados.

Una participante en la tertulia interpela a los invitados.

Los periodistas son fundamentales para romper estereotipos. Si todos los refugiados sirios llegasen a ser acogidos, supondría que Europa pasara de un 4% a un 5% de población musulmana, asegura G. Calero. Se explica, como se hizo en La Tertulia Infinita 10, que el de “Hay mucha presión por la inmigración ilegal” es un mensaje frecuente pero no necesariamente cierto, igual que otras afirmaciones que insisten en el paro que los inmigrantes provocan. “Tenemos una misión y es acabar con el discurso del miedo, que impera en esta materia desde hace muchos años”, recalca Manuel Sobrino, responsable de Comunicación de la Red Acoge, que lleva años trabajando contra el inmigracionalismo, el tratamiento sensacionalista o temeroso de la migración.

Las causas, los por qués

Alguien pide antes del encuentro que preguntemos quién o qué ha provocado esta “estampida”, cuáles son sus causas. Pilar Cebrián apunta numerosos flancos: Bashar Al Assad hizo una llamada a los reservistas para reforzar su Ejército, lo que ha hecho huir a muchos hombres de mediana edad; el buen tiempo y la buena marea que se dan ahora son siempre causa para emprender este viaje; Macedonia relajó en junio el paso por sus fronteras; tras cuatro años llevando a gente a Europa desde Turquía y el Norte de África, los traficantes han bajado los precios [el viaje de Siria a Grecia costaba hace dos años unos 10.000 euros, nos dirá después la periodista, y ahora está en unos 1.200]; Alemania hizo unas declaraciones que provocaron un pequeño efecto llamada; y el Gobierno sirio está facilitando ahora pasaportes a quien los tiene caducados. “Se dice que Al Assad quiere vaciar el país de opositores”.

Fuera de la tertulia se habla también de que Turquía ha abierto la espita para presionar a la UE, pero la mayoría de los invitados creen que bastan las guerras temibles que han vivido Afganistán, Irak y Siria en los últimos 15 años para provocar el éxodo. Sin más. La mitad de los sirios ya se ha tenido que desplazar por una guerra que supera los 200.000 muertos, ha generado el uso de armas químicas y ha dado a conocer la crueldad del ISIS. Los órganos internos se han descompuesto y nos preguntamos por qué el paciente vomita. “Sabemos desde hace muchos años -narra Rodríguez- que esto iba in crescendo. No les queda otra que abordar la travesía, travesías infinitas”. Lo nuevo, dice este periodista cooperante, no son las cifras, que aumentan por la climatología y la dureza de los conflictos: “Lo verdaderamente nuevo es la falta de compromiso”.

Aunque suene a argumento manido, cuando se indaga sobre los malos malísimos tras el fenómeno varios invitados subrayan que sigue habiendo traficantes de armas tras las guerras y traficantes de refugiados que se frotan las manos con cada cierre de frontera. Esa es la realidad. Y mientras la crítica ha ido creciendo hacia las autoridades europeas, en la tertulia hay quien se pregunta por otras actuaciones como la de ACNUR, la agencia para los refugiados de Naciones Unidas. Guillermo Algar, la enciclopedia silenciosa tras algunos de los datos de esta conversación, explica intentando no pisar charcos por qué no le gustaría estar en el lugar de este organismo que “pasa estrecheces para cubrir necesidades básicas de campos de refugiados”: “Deberíamos saber qué tipo de organización es, bajo qué paraguas está. El director general de ACNUR fue presidente de Portugal y presidente de la Comisión Europea [António Guterres]. Es un organismo formado por los estados que contribuyen a las Naciones Unidas y que no contribuyen totalmente a la financiación que necesitan las operaciones de ACNUR. Quizá a veces ponemos expectativas muy altas en determinadas instancias sin conocer cómo funcionan”. La agencia, recuerda, no es una ONG.

De izquierda a derecha: Pilar Cebrián, Guillermo Algar, Celia Zafra. Foto: Mónica Marcos

De izquierda a derecha: Pilar Cebrián, Guillermo Algar, Celia Zafra. Foto: Mónica Marcos

También Frontex, la agencia de vigilancia de fronteras externas de la UE, se ha quejado de que sólo cuenta con el 16% del material solicitado a los Veinticinco para hacer su trabajo. “Es cuestión de la opinión pública preguntarse por qué los gobiernos no están pagando a estos organismos”, dice una participante en la tertulia. Asegura que: “En este momento hay más de 6 millones de refugiados en los países pobres. Que estemos hablando de Europa…”

Hay que fijarse en la traslación nacional y local de toda crisis internacional, fiscalizar lo que hacen los gobiernos propios. Las ONG no están para sustituir a la prensa, pero tampoco a ellos. “No tenemos que poder hacerlo [solventar los conflictos]. Es nuestra responsabilidad incorporarnos a la parte de la solución, pero quien tiene la obligación no somos las ONG”, ha insistido Zafra.

La mañana de la tertulia, Bruselas ha expedientado a España y a otros 18 países para que traspongan la ley de asilo europea. “Cuando gaseábamos en Ceuta y Melilla no pasaba nada. Lo de la estación de Hungría parece salvaje, pero aquí, siendo personas que también proceden de Siria y están solicitando la misma ayuda, o viniendo de sitios de África con peligros como Boko Haram, Europa no puede y nosotros no podemos”, compara Sobrino.

El marco país

El procedente de Turquía “es otro tipo de éxodo” dice Zafra. Por ejemplo, “la formación de los refugiados que están llegando de Siria no es la misma que en el caso de los inmigrantes africanos”. Pero esta diferencia (refugiados e inmigrantes) con que muchas autoridades se protegen es para varios tertulianos una cortina de humo. Surinyach se sorprendía con el debate marciano al llegar a Barcelona. “¿El problema es si son refugiados o inmigrantes? Personas que vienen de Eritrea, de Mali, que llevan 7 meses viajando. Los sirios al menos tienen dinero para pagar el trayecto, pero esa otra gente sufre durante los viajes torturas, violaciones, abusos, ven morir a otros… Que no me digan que los vamos a devolver a su país. Es surrealista”. El choque con la realidad de los refugiados cuando bajan del barco, “una burbuja de felicidad porque les acabas de rescatar”, es brutal. La escena se llena de “extraterrestres” que les examinan, les preguntan, les hacen papeles… “Ves todo lo que les espera, llegan superengañados”, dice la fotógrafa.

Zafra subraya el problema que se encontrarán los solicitantes de asilo en España por la situación creada con la reforma sanitaria de 2012. “Desde que solicitan la cobertura sanitaria hasta una primera cita pasan cinco meses. No tienen derecho a atención primaria hasta que no se les concede el derecho de asilo. Mientras tanto, son inmigrantes en situación irregular a todos los efectos”. El trauma es uno de los puntos clave en todos los conflictos, pero la atención psicosocial no está cubierta.

Cebrián propone entender a los inmigrantes no sólo como seres humanos sino también como futuros cotizantes: “En Suecia son conscientes de que hay que ayudarles con el idioma y el empleo para que se integren de verdad en la sociedad. Me parece muy interesante para países tan envejecidos como España. A lo mejor hace falta ese cambio de mentalidad: comprender que no solamente es solidaridad y caridad sino también cierta lógica económica. Es algo que se están planteando en Alemania. The Economist decía estos días que muchos países de Europa del Este que se han opuesto a las cuotas son países que no encuentran trabajadores en sectores como tecnología o construcción. Los refugiados cubrirían esas ofertas de empleo. Hay que hacer un esfuerzo por integrarlos”.

“El Gobierno español se tiró 30 días de julio y agosto sin hablar de refugiados. Las portadas de referencia poniendo día tras día refugiados, y esto antes de la famosa foto del crío, han obligado a que al menos se reconozca [la situación]. Al final entre los medios y probablemente la señora Merkel han hecho que seamos el tercer país en número de acogida”, dice Algar.

El debate tras el debate.

El debate tras el debate.

El lugar se ha llenado de gente. Esta vez no podemos colocarnos en círculo sino en formato conferencia. Algunas personas no caben en el salón de actos y se van. Los que quedan escuchan con enorme atención. Hablan sobre todo G. Calero y Rodríguez. Hace calor. Abrimos las ventanas a Lavapiés. Cuando advertí por email que esta vez beberíamos solo agua porque no estaríamos en una cafetería un invitado contestó: “Agua en una librería que se llama Traficantes de Sueños http://www.traficantes.net para hablar de refugiados me parece lo más apropiado”. Al final de la tertulia propiamente dicha se desencadena entre libros y bombillas una conversación tumultuosa y animada. Es el post-debate, que a veces deshoja afirmaciones muy interesantes pero que ya no son para contar.

“La población -dice Sobrino- está dando una lección de dignidad a sus propios políticos. Es bochornoso”. Hay que seguir estando por delante y presionar. Esa es la idea que parecen compartir todos los invitados, y requiere una alianza con los medios. Rodríguez, que alude a conceptos como “genocidio silencioso” y “travesías infinitas” para narrar lo que está pasando, advierte al final de la tertulia que a partir de ahora la ética será fundamental, y que no es lo mismo colocar en portada un refugiado gaseado que uno tirando una piedra. “La xenofobia posiblemente crezca. Cómo titulen los medios, qué fotos pongan, cómo expliquen las informaciones, va a ser crucial para configurar la opinión pública más allá de lo que hagamos las ONG”.

[La Tertulia Infinita 16 se celebró en la librería Traficantes de Sueños de Madrid, el 23 de septiembre de 2015. Gracias a Blas por la ayuda].

 


Beatriz Mesa, Carla Fibla, sobre Libia: Islam ≠ crimen

Una vez la dueña de un bar muy bonito dio permiso telefónico para celebrar allí La Tertulia Infinita. Pero al poco de colgar envió un sms: el ok era sólo en el supuesto de que el corresponsal invitado no procediese de medios, *digamos*, como la COPE.

Inmediatamente nos entraron ganas de traer a uno.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

La prueba de que en la información internacional las líneas ideológicas tienden a diluirse la constituyen las invitadas a La Tertulia Infinita 12, Beatriz Mesa y Carla Fibla. Mesa (corresponsal de la COPE, pero también colaboradora de El Periódico) y Fibla (analista, ex Cadena Ser, El Mundo, La Vanguardia y varios medios más) coinciden en todas las interpretaciones que realizan sobre Libia y sobre quienes están metiendo las manos en el país.

Las líneas relevantes para los periodistas que se patean el mundo suelen ser otras: están quienes viven las zonas sobre las que informan y quienes caen sobre ellas como paracaidistas; están quienes se ponen casco y chaleco en cuanto llegan y quienes llevan años reporteando sin aparecer de esa guisa en las crónicas; y están los que pisan un destino con el reportaje plagado de clichés ya en la cabeza, mientras otros esperan a hablar con la gente. Todas eso marca más que el medio de origen.

¿Los mejores periodistas son los que más se acercan a la línea de combate? Ninguna de las invitadas lo cree, pese a que a veces los propios colegas te empujan: “Si no estás ahí, no eres un gran periodista, parecen decirte”. Como las autocríticas son escasas en la profesión, se valora la chispa con la que Mesa relata su propia historia, que provoca sonrisas a lo largo de la tertulia: “Yo era aguerrida. Quería estar en el frente de Misrata. Tenía que estar en Misrata. Y cuando llamo desde Misrata el medio me pide 30 segundos para contar el frente de Misrata. Ese día te replanteas tu vida y tu profesión. ¿Yo qué hago aquí? Perdí a dos compañeros y entendí que de lo que se trataba de explicar el conflicto, y no solamente desde el punto de vista militar. Con la distancia, considero que fue un error pasar 8 días en el frente”.

Como son amigas el relato se mueve entre lo histórico, lo periodístico y el anecdotario personal compartido. Se adapta a las preguntas de los tertulianos como su propio trabajo al entorno: ambas llegaron a un país para cubrir su feliz Primavera Árabe y se encontraron convertidas en corresponsales de guerra (expresión que rechaza tajantemente la ex reportera de la SER).

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Con el aplomo que da haber trabajado en muchos estados árabes, Fibla desmenuza el origen del remolino libio. Conoció el país cuando aún estaba bajo la dictadura de Muamar el Gadafi: “Era un país extraordinariamente cerrado, sin contacto con el exterior. Impensable que algo así pudiera ocurrir. Hasta cuando preguntabas la hora por la calle la gente se apartaba”. Pero el 16 de febrero de 2011 la detención de Fethi Tarbel, abogado activista de los derechos humanos, deriva en manifestaciones y protestas contra la corrupción. Empieza la ira popular y el goteo de heridos y muertos.

Las reporteras entran con otros medios en Libia por su frontera con Egipto y siguen la evolución durante las cinco primeras semanas. “El inicio fue increíble, de esas experiencias por las que merece la pena estar en la profesión. Te encuentras con gente muy valiente, capaz de organizarse. Gente que vivía en el extranjero volvía muy preparada. Hubo una verdadera Revolución Cultural. Muchos artistas salían a la calle, las paredes se llenaban de grafitis. Y aún no estaba claro que se fuera a ganar esa batalla, pero era ese cambio de mentalidad y esa decisión que anuncian que no hay marcha atrás”, dice Fibla.

Después (19 de marzo), la intervención militar de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, el linchamiento y muerte del tirano, la pretendida libertad. “Pero hay un trasfondo que no se conoce, y es que Libia es un país dividido desde un punto de vista tribal, regional y económico. Cuando el objetivo común cae [Gadafi] surgen los problemas. Y es lo que estamos viendo ahora: un conflicto de todas esas dimensiones”, explica Mesa, que ha vuelto al país varias veces desde que todo comenzó.

Con sus palabras las periodistas dibujan un mapa en el que se entiende la importancia primordial de los puertos petrolíferos al Norte y los pozos de extracción al sur: “Esa es la verdadera lucha de Libia y también de los actores internacionales, más allá de la cuestión islamista”, dice la periodista de la COPE. Con unos 6 millones de habitantes y recursos calculados para unos 65 años, Libia “es el país [de las revoluciones] que más rápido podría salir adelante si consiguiese controlar esa riqueza”, apunta Fibla.

El petróleo se pasea por la conversación. Porque es curioso que en un Estado etiquetado tantas veces como fallido algunas cosas aún funcionen: hay milicias que siguen protegiendo los pozos y las exportaciones de petróleo continúan aunque se hayan reducido. Repsol (España), Total (Francia), ENI (Italia) y otras empresas “trabajan aún allí con la anuencia de las élites políticas y las élites armadas. Y esto no se está contando”, dice Mesa. Curioso también que el país que ha logrado la Primavera Árabe más exitosa hasta el momento (Túnez) no tenga tan importantes recursos energéticos.

Ahora la Libia que narran los medios son en realidad tres países: la Cirenaica, donde se dan los enfrentamientos más agresivos y se presencian asesinatos arbitrarios, ajustes de cuentas, imposiciones extremistas del Islam (“con una Bengasi fantasmal, casi sin administración del Estado”, apunta Fibla); la zona de Trípoli, donde la gente se arma más cada día ante la creciente inseguridad; y la de Misrata, que sigue funcionando como motor económico y donde apenas existe desempleo. Si se analizan a fondo las complejas zonas del sur, aún saldrían más países.

Mapa de Libia

“Después de muchos años siguiendo países árabes yo lo que valoro es que la gente haya sido capaz de dar ese paso. Que el inicio de la revolución fuera popular es increíble. Me gustaría ver a personas de países desarrollados salir a la calle con esa determinación teniendo lo que ellos tenían enfrente”, admira Fibla.

Esa sociedad civil es ahora una víctima que vive bajo la extorsión, pero Fibla y Mesa aseguran que son los propios libios quienes tienen que salir de ese atolladero y que otra intervención exterior sería nefasta. “Estados Unidos está muy perdido en Libia, como en tantos otros países árabes. Han tenido muy pocos aciertos. Su acción siempre va a la deriva, les sobrepasa”, dice Fibla. La Unión Europea y la ONU son un cero a la izquierda, pese a la presencia flotante en la zona del enviado Bernardino León. De España no hablamos.

Las reporteras no se cansan de pedir paciencia con los procesos del mundo árabe y respeto a sus ritmos. “Cuando algunos académicos o periodistas se atreven a decir que estamos atravesando un invierno árabe me parece un error. Los procesos de cambio no se pueden evaluar de manera cortoplacista. Tampoco en la Revolución Francesa se alcanzó la democracia tras el primer suceso”, argumenta Mesa.

Beatriz Mesa

Beatriz Mesa

Sobre todo, las invitadas recalcan dos ideas: que tras los conflictos siempre hay una lucha económica por los recursos y que excluir a los movimientos islamistas de la solución es mala idea. Mesa, que ha investigado sobre redes criminales en el Sahel, recuerda lo que está ocurriendo en Malí: “Detrás de la Yihad hay sobre todo estructuras económicas, crimen organizado, economía criminal. Esa es la verdadera amenaza. Y ahí están implicados no sólo los grupos armados de corte yihadista sino también los de corte nacionalista y los poderes estatales, además de individuos que nada tienen que ver con los grupos armados y con la política. Y ahí está Francia, buscando gas y petróleo”.

No se puede desprestigiar un proceso revolucionario en menos de un año porque entren en el campo político los movimientos islamistas, vienen a decir ambas reporteras, ni siquiera cuando dentro de ellos haya un brazo extremista que impida las aspiraciones de libertad, dignidad y trabajo del pueblo. Fibla es tajante al afirmar que apartar a los Hermanos Musulmanes del poder en Egipto ha sido un error: “Lo hicieron muy mal pero había que haber dejado que lo siguieran haciendo mal para perder en las siguientes elecciones”. Si en Libia la visión de Estados Unidos pasa por apoyar a uno de los bandos en liza [como el general Halifa Hifter] sólo porque se enfrenta a movimientos islamistas, Mesa lo considera muy peligroso: “Quizá no se esté identificando bien al enemigo”.

Células islamistas se están extendiendo en la zona, pero la corresponsal de la COPE insiste en que no sólo está pasando eso. “No podemos decir “El Yihadismo se ha instalado en Libia”. No es cierto. El conflicto es mucho más complejo. El extremismo representa una minoría y, lo más importante, en Libia los islamistas no tienen base social”.

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Al final de la tertulia los asistentes dicen que la explicación tan sencilla de un país tan complejo sitúa el encuentro entre los que más les ha gustado. Y se comenta la misma sensación agridulce que en otras ocasiones: la de que hay periodistas con mucho que contar y poco espacio, tiempo o recursos para hacerlo. Gente que incluso se mete en camisa de once varas y tiene la ocurrencia de internarse en el periodismo internacional de investigación, como está haciendo Mesa ahora, o de enriquecer el aquí y ahora con el análisis académico, como hace Fibla. Y además en un entorno de seguridad que se pone cuesta arriba para la Prensa. Fibla reconoce el miedo en sus últimas internadas en Siria: “Es el peor escenario y con peores perspectivas”, dice con pena por la población local. Mesa prefiere el sarcasmo: “Qué problemón ¿no?. Que ya no sabemos dónde colocarnos porque somos enemigos de unos grupos armados que yo no considero mis enemigos sino mis fuentes de información, porque yo lo que quiero es entender ese conflicto…”.

Las despedimos deseándoles suerte con unos medios que ya no se acuerdan mucho de la Primavera en el Magreb. “Con la caída de los regímenes se mantuvo un poco la atención pero el descenso fue increíble. Un proceso como éste, que está siendo histórico para esos países y que se va a prolongar en el tiempo, habría que seguirlo mucho más. Llevo un año en España y creo que el seguimiento es un desastre, pese al interés que sí veo en la calle”, ha afirmado Fibla en un momento de la conversación. “Yo mientras nos vayamos de aquí separando el Islam de todo lo que hacen los criminales, ya me quedo tranquila”, dice Mesa.

Sea. Desde el título.