Pablo M. Díez: desayunar con un campesino, cenar con un presidente

Pablo M. Díez, en La Tertulia Infinita

Pablo M. Díez, en La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín

La cobertura soñada de Pablo M. Díez (@PabloDiez_ABC), su assignment perfecto, fue el accidente nuclear de Fukushima. También es el lugar y momento donde más miedo pasó. Adrenalina para un periodista nacido en Córdoba en 1974 y que desde 2005 es corresponsal del diario ABC en Asia, con base en Pekín.

¿Cómo es la vida del reportero en una región de tantas reminiscencias cinematográficas y literarias, románticas y periodísticas? ¿Rivalidad, complicidad? ¿Conversaciones que languidecen ante vasos de whisky o baijiu? Los corresponsales españoles en Pekín tienen amistad. “Los de El País, El Mundo, La Vanguardia o el Periódico de Catalunya están entre mis mejores amigos allí. Nos buscamos bastante no solo para hablar de periodismo sino para salir, divertirnos o contarnos problemas del trabajo pero también personales. Es una relación estrecha”.

A largos ratos la tertulia se convierte en un diálogo entre Díez y otros colegas que conoce y están presentes, como Mavi Doñate, corresponsal de TVE en Pekín desde hace un año; Gregorio Laso, ex consejero de Informacion de la Embajada de España en China; Pedro Ceinos, que lleva 20 años viviendo en China y ha escrito libros que son ya clásicos sobre su lenguaje; o Alba Ambrós, politóloga experta en Asia. También participan en el diálogo la periodista Ana Alonso y el fotoperiodista Jon Barandica. Salen a relucir momentos y lugares: el restaurante español Mare, donde Laso llevó a Díez nada más conocerse, o tantos episodios en los que la ayuda mutua entre unos y otros ha sido básica para trabajar. “Anda, anda. Me estás llamando todo el día” -le dirá alguien a Díez- con el ‘¿Dónde me puedo colar que no me pillen?’”.

El peligro de esa relación estrecha entre periodistas es el alejamiento de la población local. “Sí, la burbuja existe -reconoce Díez- porque para empezar estamos en Pekín o en las grandes ciudades como Shanghái. Pero un periodista tiene que poder desayunar con un campesino y entrevistar a un campesino y por la noche cenar con el presidente del Gobierno de ese país”. No parece existir un caso de ensimismamiento elitista: viajes de 12 horas por el sur de China en camiones llenos de patos, trayectos en barcazas amenazando hundimiento, reposos (es un decir) en autobuses con litera… amén de un montón de relaciones humanas que se desprenden con naturalidad del discurso de este reportero y que comprenden desde la amistad que puede desarrollar con vecinos y trabajadores domésticos hasta alguna relación sentimental local que fue determinante para comprender realidades concretas o realizar coberturas específicas.

Cuando era presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero anunció un viaje al país asiático y las autoridades locales se pusieron algo nerviosas. Sin conocer la agenda presidencial, Díez había cerrado de antemano una entrevista con el primer ministro de Taiwán, de tortuosa relación diplomática y jurídica con China. Cuando sólo había hablado de ello por email con su jefe de entonces en ABC, Miguel Salvatierra, sonó el teléfono. “Me llama Gregorio: ‘Pablo, ¿tú vas a ir a Taiwán?’. ‘Pues sí, voy a ir dentro de poco’. Y dice: ‘¿Y vas a entrevistar al primer ministro de Taiwán?’ Y digo ‘Pues sí, ¿cómo te has enterado?’. Y él dice: ‘Porque me lo han dicho los chinos?’. ‘¿Y cómo se han enterado los chinos?’” O porque supervisan el correo, o porque tienen espías aquí y allá, supone Díez. Gregorio cuenta su parte, ese aviso que recibió del Ministerio de Asuntos Exteriores chino: “Ustedes comprenderán que son momentos complicados y difíciles, ahora que está pendiente la renovación de visado de su corresponsal. Puede suceder que tenga dificultades y no va a poder seguir a su presidente. Va a ser un problema”. La entrevista se celebró.

Censura y seguridad

La censura china genera mucha curiosidad durante la conversación. Díez es tajante: “Es un régimen dictatorial. Hay un control de la información, censura y un partido único. Se criba todo lo que es políticamente sensible”. Él y otros tertulianos cuentan las herramientas que utilizan y narran anécdotas que revelan su paciencia infinita para con las autoridades: “Cuando hay un acontecimiento como la Asamblea Popular, que es el parlamento orgánico del régimen y reúne a casi todos los diputados del Partido Comunista, nos cuesta mucho entrar en las redes. Internet va lentísimo”. Hay que recurrir a una red privada virtual (VPN) para conectar con un servidor extranjero y evitar la “gran cibermuralla china” que impide el acceso a páginas occidentales de discurso libre como Twitter o Facebook, vetadas en el país. En un proceso de acción-reacción, el régimen chino también va avanzando en tecnología de vigilancia y estrecha su relación con grandes empresas que le ayudan a controlar la información a cambio de no perder opciones en el gran mercado asiático. Es el caso de Microsoft, Yahoo o Cisco, una connivencia por la que se interesa el tertuliano Gregorio Vázquez.

Asistentes a La Tertulia Infinita

Asistentes a La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín

Las cuentas de correo pueden aparecer bloqueadas, hackeadas o con vida propia. Doñate cuenta lo que le ocurrió tras un roce ligero con la policía por la cobertura de la sentencia de La Haya sobre el conflicto marítimo China-Filipinas: “Tengo dos entradas de correo, la de la empresa y la de Gmail. A los dos días de aquello figuraba que desde Gmail me había enviado a mí misma a la cuenta de RTVE la declaración de la renta de 2015. ¿Cómo te quedas?”. Hasta las conversaciones de teléfono privadas entre los corresponsales se llevan a cabo con una cierta prevención psicótica.

En las redes sociales proliferan los trols y los bots políticos que manipulan y desinforman. Un reciente estudio de la Universidad de Harvard calcula que funcionarios gubernamentales emiten al año unos 448 millones de comentarios digitales propagandísticos.

Fuera de las redes las restricciones continúan. Ser retenido brevemente por la policía es una experiencia que han tenido casi todos los periodistas extranjeros en Pekín (otros profesionales y medios afrontan la expulsión). Y es frecuente que personal del régimen te siga. “Si queréis venir aquí, tenéis que llamar antes”, les dicen esas sombras en los lugares que visitan.

Díez hace muchas fotos a escondidas, pero en la televisión lo tienen más difícil: la cámara se ve de lejos. Doñate hacía un reportaje fuera de Pekín sobre la industria del carbón y el acero, con pronóstico desempleo por la reconversión. “Nos pillaron sacando el material para grabar. Nos retuvieron 4 o 5 horas, pidieron el visado… Pero lo molesto es que te dejan, continúas rodando, vas a un pueblo a hablar con gente que trabaja en esas fábricas y de repente salen dos, no sabes de dónde, que se te ponen detrás y te siguen a todas partes. Una miradita [al interlocutor del periodista], una inclinación y ya el silencio. Te vuelves a Pekín con esas 5 horas perdidas pero sobre todo con poco material”.

Ellos tienen muy presente el ejemplo de la Primavera Árabe. En  2011 hubo gente que quiso ver ‘nuestra primavera China’ […]. Como no podían manifestarse con pancarta, convocaban a la gente para que paseara por la calle comercial de Wangfujing [peatonal, una de las principales en Pekín]”. Había más periodistas de lo normal. Casualmente las autoridades abrieron una zanja de obras públicas para ralentizar el paso y acabaron amenazando a algunos periodistas con la deportación. Es un matar moscas a cañonazos pero al Gobierno le funciona porque “ahí se acabó la historia”.

Un momento de La Tertulia Infinita sobre China. Foto: Mª Ángeles Martín.

Un momento de La Tertulia Infinita sobre China. Foto: Mª Ángeles Martín.

Tíbet

Los viajes de Díez a Tíbet, otra herida independentista abierta en China y vetada a los reporteros extranjeros, son un abanico de problemas periodísticos y recursos para resolverlos. Sitúense en los disturbios de marzo de 2008, con fuertes protestas de los monjes budistas en Xiahe, un importante destino de peregrinación en la provincia de Gansú que ha sido desgajado del Tíbet histórico: “En el aeropuerto de Lanzhou (capital de Gansú), dirigiéndome a la zona, una mujer con la que había estado charlando me dijo: ‘No cojas ese taxi. Te llevo con mi chófer hasta la capital y ahí coges un taxi de ciudad, que es más económico. Ella no sabía que había estallado una revuelta, pensó que yo era un turista. Tomo un taxi pequeñito y como estaba tan cansado me eché a dormir en la parte de atrás. Gracias a estar tumbado pudimos atravesar varios controles de carretera y llegar. Y gracias todo ello a estar cansado por haber cogido el primer avión de la mañana para Lanzhou. En el siguiente vuelo cayeron todos”.

Díez también trabaja el camuflaje: “Saco la Lonely Planet, pongo cara de pánfilo, me coloco las gafas y atravieso un puente lleno de antidisturbios arrastrando mi maletita roja y con la boca abierta”. En China, donde no falta el humor y a veces el mismo personal siniestro que te atosiga te invita a comer, la expulsión con la que finalizó la visita de Díez a Tíbet incluye una escena antológica. “Estaba en el hotel enviando mi crónica y llamaron a la puerta. Eran policías. Dijeron ‘¿Qué haces aquí?’. Yo contesté: “Visitando este pueblo’. ‘Pues mira, te recomendamos que vuelvas en verano porque el tiempo es mejor, la hierba es más verde y las mujeres están más guapas‘” (la historia está contada con más amplitud en su blog, Tras un biombo chino). Al día siguiente la policía se aseguró de que el mismo dueño del hotel acompañara al aeropuerto al periodista español y a otra colega francesa que se había colado en la ciudad vadeando un río.

Díez lo llama suerte, pero parece influir su trabajo a fondo del diálogo y el trato humano, así como el carácter concienzudo. Si no puede parlamentar con soltura cordobesa y está lejos, llama por teléfono a la traductora para hacerse con palabras básicas. Hay taxistas, estudiantes o lugareños sabios cuyos consejos le van conduciendo de casilla en casilla porque creen que esa pieza merece avanzar. Y si una autoridad con potestad para organizar un viaje en grupo de corresponsales a Tíbet le sugiere que no tiene ni idea del tema y le espeta un “léase este libro” él lo lee, lo subraya y vuelve hasta colarse en el pool.

El régimen chino es ateo pero mueve fichas para que el próximo Dalai Lama se reencarne en un ciudadano bajo su control, como hizo con el Panchen Lama. Puede haber un cisma, lo que abre perspectivas informativas interesantes. Por otra parte, las autoridades chinas han iniciado una nueva vía propagandística con relación a la zona: abrirla más al turismo para demostrar que ha progresado económica y socialmente, que los jóvenes “ya no son tan devotos como sus mayores, que no están todo el día dando vueltas con el molinillo a los cien templos”.

Derechos humanos

Hay atención puesta en el crecimiento económico chino, que ya no es el que era y ha obligado a las élites a rebajar el nivel de ostentación. El objetivo de Pekín es mantenerlo en torno al 7% anual del PIB, porcentaje considerado básico para que el mercado laboral mantenga su flexibilidad actual y se evite el desempleo y el malestar ciudadano.

Díez saca de la caja muchas historias atractivas ligadas a la gestión económica y la corrupción, esa rendija por la que se está resquebrajando la confianza en el sistema. “China es un país muy injusto por la propia naturaleza del régimen. Si no se permite que haya una prensa libre que fiscalice el poder o una oposición que ejerza de contrapeso, cualquiera que esté en el partido o en el Ejército puede hacer lo que quiera salvo que se encuentre con un rival que lo purgue”. Algo de eso ha habido: guerras internas en el Partido Comunista, el folletín amoroso del político Bo Xilai y Gu Kailai, su mujer, tras asesinar ésta al amante británico que ayudaba a ambos a sacar dinero del país… Al cubrir estos casos, los corresponsales se enfrentan a juicios a puerta cerrada o celebrados lejos de Pekín con los que el Gobierno trata de evitar el seguimiento. Nadie avisa de cuándo o cómo saldrán las sentencias.

Cuando The New York Times habla de la fortuna de millones de dólares del anterior gobierno, todo está censurado. Cuando Bloomberg publica que la familia de Xi Jinping tiene un patrimonio de millones de dólares por aquí y por allá, o cuando se conoce que el hijo del anterior presidente Hu Jintao tiene problemas legales en África por un asunto de corrupción, eso se censura. Tampoco se dice que todos los escáneres que hay colocados en aeropuertos y estaciones de tren del país son de la empresa del hijo del anterior presidente”. Las noticias relacionadas con la llamada aristocracia roja y la vida regalada que lleva no afectan de momento a la cúpula del régimen ni llegan demasiado al pueblo, pero la corrupción sí ofende cada vez más porque se sufre en el día a día.

Díez tuvo que visitar a su antigua trabajadora doméstica, hospitalizada al sur de China, para mostrar que estaba bien relacionada y lograr que obtuviera mejor atención médica. Conoció una ciudad polvorienta, sucia, un sitio donde la vida parecía invivible. Al final hubo que llevar a doctores desde Pekín para que atendiesen a la mujer; los pagó su nuevo patrón. Hasta las enfermeras pedían dinero. En China, todo sigue funcionando a través de “guan xi”, contactos. Díez es rotundo: “De comunismo el país tiene sólo el nombre. Impera un capitalismo salvaje”.

 

Belén Domínguez, Gregorio Vázquez... Escuchando a Pablo M. Díez en El Imparcial. Foto: Mª Ángeles Martín.

Belén Domínguez, Gregorio Vázquez y más tertulianos escuchando a Pablo M. Díez en El Imparcial de Madrid. Foto: Mª Ángeles Martín.

Eppur si muove. Cada vez más chinos olfatean la libertad: “La mayoría no tiene interés por esas herramientas disponibles para acceder a más información. Pero sí hay mucha gente que ha viajado a otros países y hace amigos, que no puede conectarse con ellos por Facebook y va entendiendo cosas”.

El avance se centra más en lo social que en lo político. Una china le dijo a Díez, haciendo planes de futuro para cambiar de trabajo: “Yo tengo derecho, tengo derecho a decidir”. La frase no hubiera sido tan clara hace unos años. La gente es más consciente de lo que puede tener y se moviliza por ello, sobre todo en los casos de corrupción local, medio ambiente o salud alimentaria.

La igualdad de género progresa, y de hecho Díez cree que la posición de las mujeres es mucho más igualitaria que en otros países donde hace coberturas, como India o Japón. “Los chinos, la gente joven, han pasado tan rápido a este nuevo mundo en que vivimos que son mucho más modernos de lo que se puede ver en otros sitios”. Y ello aunque les frena una educación que no les ha enseñado a pensar por sí mismos, que está basada en el orden, el respeto a la autoridad propio de la mentalidad confuciana y que valora más el colectivo que el individuo. “Al fin y al cabo esta es la base de la diferencia entre Occidente y China y el resto de Oriente”, resume.

Democracia y nacionalismo

Aquí [España] somos una democracia pero creo que está en crisis porque se piensa más en intereses partidistas que en intereses de país. Eso no ocurre en China, donde todos tienen una dirección. El Estado garantiza que se siga avanzando, pero es a costa de los derechos de la gente y de primar el futuro del colectivo sobre el presente del individuo”, opina Díez. “A una familia la echaron de donde vivía a cambio de unos 30 € para cada miembro. Estaban en el sur y tuvieron que mudarse al Tíbet a picar piedra. Perdieron las tierras de toda la vida. Es el progreso que pasa por encima de ellos para que esa región tenga la carretera que conecta las fábricas con los puertos. Así es como funciona”, compara.

Ceinos recuerda que es un país que sigue siendo el mismo con pocas variaciones desde hace 4000 años, algo sorprendente. El Estado cree que lo primero es el progreso económico y lo segundo la democracia. Con sólo un 10% de terreno cultivable, hay que alimentar a sus 1.300 millones de habitantes. Para ello, expandirse en África, apostar por el softpower y cerrar alianzas pragmáticas por el mundo son los pasos a seguir. Logrado eso, hablaremos de otras cosas. China no ha querido ser Rusia a partir de 1989. Además, hay otras democracias mucho más subdesarrolladas que sin embargo tienen mejor fama, como India. “Es por romper una lanza a su favor. Hay que comprender lo que les motiva”, explica este sinólogo. “China no está preparada ahora para tener una democracia. Sería imperfecta”, concede Díez.

El corresponsal de ABC en China en un momento de La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín.

El corresponsal de ABC en China en un momento de La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín.

El que viene será “un período político muy sensible para el régimen chino, que lo va a intentar controlar”, prevé el corresponsal español. Alfonso Armada indaga en los conflictos marítimos abiertos en la zona, donde China ha dejado clara su ambición. Además de la rivalidad China-Filipinas y la de Japón y China por las islas Senkaku/Diaoyu, hay disputas abiertas por el control de territorios que involucran a Corea del Sur y Rusia. “Las están fomentando los gobiernos para aumentar el nacionalismo en cada país y desviar la atención de los problemas internos. No creo que vaya a más porque todo el mundo se juega demasiado en esto. No puede haber una guerra entre China y Japón o entre China y Filipinas… Además las economías están quedando interrelacionadas y a la que menos le interesa una guerra es a China, que pregona su auge en el Pacífico. Pero sí puede ocurrir una escaramuza entre patrulleras, entre pescadores, o un tiroteo donde muera una persona, y ahí sí que podría darse una crisis diplomática fuerte en la cual se movilicen barcos de guerra”. De cuando en cuando, los juegos con escudos antimisiles y misiles de unos y otros hacen tintinear las campanillas que vigilan el equilibrio estratégico en la zona.

En China hay una concepción importante de la grandeza del Estado y de la potencia del país. La población es muy patriótica y basta presentar una disputa como un problema con otro Estado para que los ciudadanos se vuelquen a favor de su gobierno y boicoteen empresas extranjeras. “A los periodistas nos dicen ‘Tú no quieres a China’ y así lo solucionan. Todavía no se distingue entre país, Estado o gobierno, y es la baza que juegan para mantenerse en el poder”.

El futuro

Estos días en que tantos corresponsales se ven abocados a refritos de Internet por no obtener tiempo para trabajar de verdad en una historia, como reconoce Díez que también sucede en China, este reportero viaja todo lo que puede. El país es muy grande y el debate apenas hace incursiones en otros estados en su órbita, como Corea del Sur o Japón. Sin embargo, es aquí donde vivió la experiencia profesional de su vida: el tsunami de 2011 y el posterior accidente en la central nuclear de Fukushima, que cubrió durante mes y medio.

Lo que vivimos ahí esos días fue como una película de catástrofes, apocalíptica, porque realmente pensábamos que la central iba a estallar y que iba a ser algo parecido al fin del mundo. Todas las emociones que se crearon en torno a aquella noticia, la implicación personal con mis compañeros de El País y de El Periódico de Cataluña viviendo estos momentos juntos… Creímos que tendríamos que refugiarnos en algún sótano, bajo tierra, y esperar a una evacuación porque habría una nube radiactiva. Hablábamos en esos términos, sin comida, sin ducharnos durante varios días, durmiendo en el suelo del Ayuntamiento de Sendai junto a los equipos de emergencia que entraban y salían”. Díez narra que dormían tan poco que había momentos en los que daba una cabezada y cuando abría los ojos veía que había escrito letras sin sentido por dejar pulsadas las teclas. “Dejas atrás todos estos pueblos devastados y te ves tan pequeño dentro de esa destrucción, con miedo, porque es un enemigo que no sabes… Hemos estado en revueltas donde ha habido tiros, escuchas las balas, pero allí no sabes nada salvo que te estás jugando el pellejo”. Díez volvió al año siguiente a la zona y otra vez más cuando abrieron el paso a los pueblos evacuados dentro de los 20 kilómetros en torno a la central. “Dije: ‘Tengo que entrar en la central como sea. Dije sí o sí, y al final he conseguido entrar’. Y esa es la noticia que más me ha impresionado y la que más me ha gustado cubrir”.

Corresponsales y expertos en China que asistieron a La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín.

De izquierda a derecha: Li Jiabing, Ana Alonso, Ana Figueroa, José Carmona, Pablo M. Díez, Gregorio Laso, Mavi Doñate, Jon Barandica, Alba Ambrós, Alberto Lebrón, Pedro Ceinos, desconocido y Guillermo G. Díaz-Ambrona. Foto: Mª Ángeles Martín.

El protagonista de la tertulia no parece pasado de rosca por tantas emociones, no cultiva el malditismo. Tampoco aparenta estar torturado por ningún mal recuerdo, sino deseoso de apurar nuevas historias. Es un reportero afortunado y lo sabe. Está donde quiere estar. “Asia ofrece una gran variedad de temas que no se ciñen solamente a la política y la economía sino que dan una perspectiva social muy amplia. Es personalmente lo que más interesa y lo que hace que pueda escribir para todas las secciones del periódico, desde Internacional hasta la contraportada de ABC”.

Es un compañero muy respetado”, dice del invitado la reportera Mavi Doñate. Entre viajeros se suele manejar cierto cumplido. Hace referencia a la capacidad de resiliencia y de relacionarse positivamente con el entorno y los acompañantes en el trayecto. Parece que podría aplicarse a Díez: “easy traveler”.

[La Tertulia Infinita 19 se celebró el 25 de julio de 2016 con la colaboración de FronteraD y Librerantes en el restaurante/cafetería El Imparcial de Madrid. Gracias a sus dueños].

 

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Segovia. Cirilo. Una tertulia en clave de premio

Xavier Aldekoa (izquierda) y Juan Pedro Quiñonero (derecha). Foto: Jon Bradburn.

La tertulia con Xavier Aldekoa, Mikel Ayestarán y Juan Pedro Quiñonero fue diferente. Y es difícil resumirla porque influye lo que has visto antes y después. El cosquilleo del premio. Reencuentros. Conspiraciones creativas. Un corresponsal que aparece en chanclas (no, no era verano). Un fotógrafo en una comisaría porque necesita un pasaporte. Un paisaje. Y la ciudad.

A Aldekoa le teníamos delante pero Ayestarán llegaba por la noche y envió un vídeo con algunos temas de debate. Juan Pedro Quiñonero aterrizó en el ágora del Campus María Zambrano ya comenzada la conversación: una huelga de controladores franceses le había retenido en el mundo aeropuertos desde las 6 de la mañana. Periodismo = improvisación.

Con el éxito de Revista 5w de fondo, el encuentro (dentro de las Jornadas de Periodismo en lo Global) tuvo mucho de debate intergeneracional, como el Premio Cirilo de este año. Corresponsales de los de antes que han tenido la suerte de vivir momentos de mayor respeto económico por esta labor. Profesionales llegados más recientemente que hacen lo que pueden.

“Somos freelance, somos trabajadores autónomos y no nos podemos dormir en los laureles, por eso espero que esta nominación sirva para seguir manteniendo el nivel de trabajo que he tenido hasta ahora” (afirma Ayestarán, vinculado sobre todo a Vocento y EiTB). “No me considero sólo Xavier Aldekoa. Formo parte de una generación de chavales de treinta y pico que somos freelance, que tratamos de salir adelante. Y en África soy del mismo grupo que Pepe Naranjo, Gemma Parellada o Eduardo Molano. Esta nominación la considero también un reconocimiento a ese grupo de personas”, decía el reportero de La Vanguardia.

Pese a su situación estable (corresponsal de ABC en París desde 1983), Quiñonero reflexionó a menudo sobre la falta de fondos. “Los periódicos tienen un problema. Pierden dinero o ganan muy poco. Cada cual intenta resolverlo como puede. Las nuevas generaciones creo que han tomado el único camino posible: liarse la manta a la cabeza e intentar contar cosas que no cuentan los otros, y a partir de ahí buscar hueco en los grandes medios”.

La diferencia de edad invitaba a comparar el uso de las redes sociales. La periodista Ana Alonso les preguntó por ello. Así ha conseguido Aldekoa (Barcelona, 1981) una de las comunidades tuiteras más sólidas del periodismo español: “Muchas veces escribo un tuit y no lo publico hasta que pasan 10 minutos. Intento estar muy seguro. Hay que tener prudencia”. El reportero está convencido de que si no hay calidad de fondo, el éxito en las redes se escapa: “Mikel no es un gran periodista porque tenga 50.000 seguidores sino porque tiene un trabajo brutal detrás”. La habilidad multimedia de Ayestarán (Beasain, 1975) aparece en su grabación: “Desde que empecé me dicen que lo que hago es el futuro pero me he dado cuenta de que es el presente. […] Es imprescindible para llegar a fin de mes y hay historias que funcionan mejor para vídeo, otras para la prensa…”.

A Quiñonero (Totana, 1946), flâneur/fotógrafo que usa Twitter como arma de difusión masiva de instantáneas parisinas (más tarde le encontraríamos paseando Segovia a solas con su cámara), le preocupa el “no modelo de negocio” de las redes. “Vivimos una paradoja trágica. […] Es indispensable que el periodista trabaje Twitter, Facebook, etcétera. Pero al mismo tiempo cómo rentabilizar eso, cómo sacar dinero para seguir currando en esas cosas. En los grandes medios nadie lo sabe aún. El precio de una foto da para llevar a una novia a un McDonalds y poco más. Estamos hipercomunicados, somos hipercomunicantes, pero no sabemos todavía cómo ganar dinero con esa comunicación”. Pero el corresponsal quiso subrayar también que la lógica perversa entre la ética individual del reportero y la del empresario de medios que intenta ganar dinero siempre ha existido: “Nuestros problemas no son nuevos. Larra, Azorín y Baroja tenían los mismos. […] A mí me  llamó una vez la telefonista de mi periódico: “Quiño, vuelve rápido porque la empresa cierra y no nos van a pagar lo último”.

Susana de Pablos, Agustín García Matilla y otros participantes en La Tertulia Infinita 19. Foto: Jon Bradburn.

Entre los asistentes, el decano de la Universidad de Valladolid Agustín García Matilla se preocupa por la seguridad del periodista y por los criterios de selección de noticias. Aldekoa responde: “La palabra clave es el tiempo. Si consigues dedicarles a las personas el suficiente como para que te ayuden y te metan en su red social humana, tienes mucho ganado, porque hay zonas en que el Estado está hueco y es esa red la que te protege. Si te consideran un amigo estás mucho más protegido que cuando te consideran un cliente”. Sobre cómo seleccionar: “África es un continente imposible, un territorio en el que cabrían China, EEUU, toda Europa y la India… Me baso en la honestidad máxima: informarme antes de ir a un sitio, explicarlo lo mejor que puedo, dedicarle todo el tiempo posible”.

A lo largo de la tertulia el reportero de La Vanguardia ha dibujado belleza pero también corrupción y destrucción, sobre todo medioambiental. “El abuso tiene muchas caras y las mismas pocas ganas de hablar. Los abusados también tienen muchas caras pero muchas ganas de gritar que lo que pasa no es justo. Lamentablemente en África encuentras bastante de las dos cosas”. Quiñonero ha descrito un París de realidades paralelas: “El problema es que la actualidad internacional que interesa a los periódicos es una realidad fragmentada. De Francia te piden Hollande, Sarkozy y cuatro cosas más”. Pero la noticia, dice, puede estar en un atentado islamista o en un suburbio de la gran ciudad.

Un estudiante participa en La Tertulia Infinita 19. Foto: Jon Bradburn.

Ayestarán ha considerado en su vídeo que “el periodismo de internacional en España pasa por un momento de oro” pero está en unas condiciones que lo convierten en carrera de fondo: “Requiere motor diesel”. Y se acuerda de los efectos colaterales: “Al final estás arrastrando también a toda tu familia a una cosa que muchas veces es ajena a la vida normal”. El reportero vasco está orgulloso sobre todo de que los suyos se hayan “echado al monte” (se mudaron recientemente a Jerusalén). Están presentes en el ágora la pareja y la hija de Aldekoa, que lo ha mirado todo con unos ojos tan grandes que han desarmado al personal en Segovia. También podrían contar.

La noticia del Premio Cirilo les despertó  incredulidad, orgullo. El catalán menciona a otros galardonados como Manu Leguineche o Miguel Gil, y otros más recientes como Ramón Lobo o Mónica Bernabé: “Cuando me lo dijeron pensaba ‘Cómo voy a estar yo en esto con esta gente, si son mis referentes…”. Ayestarán contaba: “[Tomás] Alcoverro siempre me dice: ‘Cuando yo empecé en el periodismo Quiñonero ya llevaba unos años. Al nominarme para el Cirilo sentí una gran ilusión pero cuando vi su nombre en la terna dije: ‘Xavier, no tenemos nada que hacer’”.

La trampa final es preguntar a los dos invitados presentes cómo agradecerían el premio si ganaran. Pero en sólo 140 caracteres. Aldekoa necesita incluso menos: “A la gente que me ha dado el privilegio de escuchar sus historias y poder contarlas y a mi familia que me espera en casa”. Quiñonero prefiere usar palabras y no caracteres como métrica: “80 o 100 son suficientes para contar una buena historia”. Y la cuenta. Y se alarga: “Mamá, no te preocupes, un periodista se gana muy fácilmente la vida. Va a la calle, se entera de algo que no sale en los periódicos, hace una fotografía, va al periódico, la vende, se la pagan, y ya se la ha ganado. El problema ahora es que un tanto por ciento excepcional de lo que sale en los periódicos es la retórica parda de analistas, comentaristas. Y no digamos en Twitter”. En su respuesta extendida el paseante parisino ha dejado caer una idea esencial que sí cabría en la red social: “Yo casi todo se lo dedico a mis padres. Salí muy pronto de casa”.

Juan Pedro Quiñonero fue el ganador del Premio Cirilo 2016.

[La Tertulia Infinita 19 se celebró en Segovia el 16 de mayo de 2016. Gracias a la Universidad de Valladolid (Agustín García Matilla, Pilar San Pablo), a la Diputación de Segovia (Francisco Vázquez), a la FAPE (Aurelio Martín) y a la Asociación de la Prensa de Segovia (Miguel Ángel López).


Especial Premio Cirilo: ¿Qué pasa con la información internacional?

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El próximo jueves 26 de mayo mantendremos una tertulia muy especial. Por primera vez será fuera de Madrid, en Segovia, y con los nominados al Premio Cirilo 2016: Xavier Aldekoa, Mikel Ayestarán (digital) y Juan Pedro Quiñonero.

Nos invitaron a hablar sobre la iniciativa “La Tertulia Infinita” dentro de las IX Jornadas de Periodismo en lo Global que preceden al premio y nos pareció que lo mejor era hacer una demostración práctica. A las 17.00 h. describiremos brevemente estos encuentros; hacia las 17.15 hablaremos con los tres protagonistas del galardón con el que la Asociación de la Prensa de Segovia distingue cada año al mejor corresponsal o enviado especial español.

El debate girará en torno a la pregunta “¿Qué pasa con la información internacional?” que este año se hacen las Jornadas ante el aumento de periodistas freelance, la aparición de nuevas formas de periodismo internacional vía crowdfunding como Revista5w o la relevancia creciente de las ONG en el panorama mediático.

Los protagonistas son (por orden alfabético):

Xavier Aldekoa (@xavieraldekoa) nació en Barcelona en 1981. Es periodista freelance, corresponsal de La Vanguardia, fundador de Revista 5w y miembro de la productora independiente Muzungu. Viajó por primera vez a África a los 20 años y ha cubierto noticias y conflictos en más de 35 países de este continente. Son conocidas sus “series” de artículos, que le permiten abordar en profundidad temas poco atendidos como el SIDA o la realidad de distintos estados fallidos, esforzándose por contar también las historias en positivo. Siempre a la búsqueda de un relato sereno de la África en ebullición, ha publicado el libro Océano África. Más información en su web oficial.

Mikel Ayestarán (@mikelayestaran) nació en Beasain en 1975. Es periodista freelance y colabora de forma regular con EiTB y los periódicos de Vocento. En 2006 se inició en el seguimiento de conflictos al cubrir la invasión israelí de Líbano y desde entonces no ha vuelto a una redacción. Fijó su residencia en Jerusalén en 2015, y desde allí cubre un Oriente Medio que cuando es necesario se extiende hasta Túnez, Libia, Yemen o Afganistán. Siempre con la mochila y el trolley a cuestas, de última hora a última hora, es uno de los corresponsales que más aprovechan las posibilidades multimedia. Ha publicado el libro “Gaza, cuna de mártires”. Más información en su CV (.doc) y su web oficial.

Juan Pedro Quiñonero (@jpquinonero) nació en Totana en 1946. Periodista, fotógrafo y escritor (ha publicado 20 libros entre novelas y ensayos), se diría que ha estado encontrándose con la Historia como enviado especial en Europa, Oriente Medio, América Central, Rusia… Narró la muerte de Mao Zedong desde Moscú; el fallecimiento de Annuar el Sadat desde El Cairo; la Guerra de las Malvinas desde Londres y París… Siguió en Bruselas, Estrasburgo o Bonn el acercamiento de España a la CEE, la OTAN y el Consejo de Europa. Corresponsal de ABC en París, sigue bajando diariamente a la calle para fotografiar (y tuitear) la calle. Más información en su web, Una temporada en el infierno.

Esperamos que llegue a tiempo para moderar el debate Aurelio Martín (@auremartin), vicepresidente de la FAPE, periodista tras la maquinaria del Premio Cirilo y coorganizador de las Jornadas junto a la periodista y profesora de la Universidad de Valladolid Pilar San Pablo (@sppilar).

Os esperamos en Segovia la bella, capital del periodismo internacional español por dos días (26 y 27 de mayo).

Qué: La Tertulia Infinita 19. ¿Qué pasa con la información internacional?

Dónde: Ágora del Campus María Zambrano. Universidad de Valladolid. Plaza de la Universidad s/n.

Cuándo: Jueves 26 de mayo. 17.00 horas.

Entrada libre y gratuita. Wi-fi.

Colaboran:

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Armada y Guardiola: de Bosnia a Siria, una inmensidad

Alfonso Armada (izquierda) y Antonio Guardiola (derecha). Foto: Jon Bradburn

Alfonso Armada (izquierda) y Antonio Guardiola (derecha). Foto: Jon Bradburn

Atardece en la champañería María Pandora. “El paisaje desde aquí es apasionante”, apunta José Antonio Guardiola refiriéndose al local, las velas, las miradas. “Para nosotros también”, le contestan señalando la librería a sus espaldas. El periodista bromea: “Siempre hay que ponerse en el lado del otro”. A eso vamos. A una tertulia que, como dice Alfonso Armada con guasa, tiene un nombre atractivo pese a la devaluación del término, por aquello de infinita: “Quedarnos aquí hablando toda la noche puede ser interesante. Igual descubrimos cosas que no sabíamos que sabíamos”.

La cita es sobre guerras porosas, un modo de llamar a esos conflictos aparentemente inconexos que terminan provocando erupciones de distinto color en toda la piel del planeta. De lo que más se hablará al final es de la dificultad creciente para relatar esa violencia dispersa y mutante.

Guardiola (Madrid, 1963) se declara admirador de Armada (Vigo, 1958) desde sus comienzos, cuando llegó a su primera cobertura internacional en Ruanda y Ramón Lobo le avisó de que lo hacía con retraso porque el corresponsal gallego ya se había ido. Nunca han llegado a coincidir ni en ese destino ni en otro exterior, aunque han buscado puntos de encuentro diversos en Madrid. Les preguntamos si la guerra de Bosnia y la de Siria son comparables como hitos que han marcado a dos generaciones de periodistas. Algún invitado joven nos sugirió en tertulia anterior que hasta que Siria apareció en escena parecía que el único periodismo internacional en España era el de la antigua Yugoslavia.

Ambos estuvieron en Los Balcanes pero creen que los dos conflictos no pueden compararse. “Gervasio Sánchez dice que la guerra de Bosnia fue una de las mejor cubiertas de los últimos tiempos. Creo que tiene razón. Yo estaba entonces en El País –cuenta Alfonso Armada- y pasamos siete por allí. La cobertura fue exhaustiva. Siempre había un enviado especial de El País en Sarajevo. Nos dábamos el relevo en Trieste. Con mucho espacio, muchos recursos”. Pero también hubo decepción: “Aunque como periodista lo que intentas es contar las cosas de manera más exacta y más apasionante posible siempre esperas que el resultado de tus coberturas acabe provocando algo en la realidad, y ahí uno empieza a descubrir que a pesar de la información tan exhaustiva de Sarajevo, de contar cómo una ciudad como Madrid estaba siendo bombardeada, al final los gobiernos europeos no reaccionaron. La guerra se prolongó más de la cuenta y el resultado fue un país imposible”.

Siria, prosigue Armada, no se está cubriendo: “Se han publicado crónicas fantásticas sobre todo cuando la oposición a Al Assad no era lo que es ahora, pero después de los secuestros y asesinatos de varios periodistas es imposible por el coste. Es una guerra terriblemente complicada”. Después matizará: “No imposible, pero sí muy difícil”. “Cuando los periodistas se convirtieron en objeto de comercio susceptibles de ser intercambiados por dinero se volvió una guerra que se está malcubriendo”, continúa el periodista.

José A. Guardiola describe Bosnia como “el último momento en que se vive un conflicto tradicional donde los frentes más o menos controlados en un mapa perciben a los periodistas como objetos de seducción. El bosnio, el croata, el serbio quiere ganarse su cariño porque es la única forma que tienen de volver a la opinión pública internacional de su parte. Con Internet los propios frentes, sobre todo los insurgentes, tienen capacidad de transmitir. ¿Para qué queremos periodistas? Es el problema de la cobertura de Siria”.

La falta de seguridad y la pérdida de relevancia de los corresponsales por la crecida digital son una pinza dolorosa para los reporteros. La crisis económica hace el resto. Guardiola trae a la conversación, como homenaje, a José Couso (el día de la tertulia hace 12 años que le mataron). Cree que su caso inició un gran debate sobre las condiciones de su muerte pero también otro sobre cómo iban protegidos los periodistas. Las empresas españolas empiezan a pensar en seguros: “No lo estoy criticando –aclara- pero eso que imaginábamos que era a favor de los periodistas, más protección, puede que no haya sido tan a favor del periodismo. Muchas empresas se retraen a la hora de mandar a enviados”. Armada lo relaciona con el poder creciente de la publicidad y la propaganda. “Igual que muchas empresas ya no requieren de los medios para cubrir su mensaje, los propios agentes en conflicto tienen expertos, producen vídeos, ya no necesitan a los periodistas”.

 

En la champañería María Pandora.

En la champañería María Pandora.

A Héctor Rodríguez le preocupa el poder de atracción del yihadismo en Europa. Se comenta la calidad hollywoodiense de los vídeos del Ejército Islámico (EI). Rafael Díaz Arias, presente en el bar, destaca su factura técnica impecable: “Están desarrollando directamente los códigos periodísticos”. Ahora su lenguaje va dirigido a los europeos y norteamericanos y “no es que al EI no le hagan falta los periodistas sino que ha secuestrado a los propios periodistas”. Relata el caso de John Cantlie, reportero rehén del EI que presenta documentales vestido con el temible peto naranja y narra con estilo periodístico las cosas que los terroristas quieren que diga. En algunos de sus vídeos se expresa con un “In this show”, recuerda el profesor. En el último filme conocido (febrero de 2015), un Cantlie demacrado anunciaba que era el último de la serie.

En este contexto amenazante se extiende también la sensación de que cada vez más países antes irrelevantes alcanzan el estatus de “conflictos con potencial desestabilizador mundial”. Léase, por ejemplo, Yemen. La logística se complica. “El otro día hacía una lista de en qué lugares deberíamos tener enviados especiales simplemente para entender lo que es el EI. No habría ningún medio de comunicación en España capaz de tener despliegues en Nigeria, Libia, Argelia, Sáhara, Yemen, Irak, Siria… Y se me olvidan muchos”, dice el director de En Portada.

“Se extiende el periodismo de experiencias que no va al trasfondo. Antes estabais en una guerra un mes, dos… Hoy hay enviados que se van una semana. ¿En una semana qué puedes contar de un conflicto?”, argumenta Sara Campos, preocupada por el recurso al periodismo ciudadano como sustituto.

“Las nuevas realidades del norte de África y Oriente Próximo -confirma Armada a la pregunta de un contertulio- han pillado con el pie cambiado a los especialistas, a los medios, a los redactores jefe… porque el mapa más o menos ordenado que tenían ha saltado en mil pedazos. La cobertura está siendo muy fragmentaria. Y eso de que la mayoría de corresponsales esté en Jerusalén, aparte de complicarles la vida a la hora de moverse por los problemas de sellos y pasaportes, hace que la mirada se tiña mucho aunque no quieras. Plantea problemas. Por su propia naturaleza, el mundo árabe es como África, mucho más rico de matices que las simplificaciones en que caemos los medios a veces”.

La cobertura de África es “guadianesca”, según Armada. Hay que escuchar con atención a un periodista que cubrió durante 6 años el continente y ha sido capaz de convencer a sus medios para que publicaran piezas sobre el teatro en Ruanda o Mozambique ecuando estos países no interesaban más allá de sus conflictos: “El problema es que no se puede hablar de África. Hay que hablar de países concretos, uno por uno, y cada uno tiene tanta complejidad que exige mucho tiempo y espacio. Hay pocos corresponsales permanentes y no hay interés genuino”. Las primaveras árabes, continúa Armada, fueron el momento de los freelance: “algunos iban a la buena de Dios a jugarse la vida sin haber negociado antes asignaciones con ningún tipo de medio y a veces cuando ya estaban allí conseguían crónicas muy mal pagadas. Es una tendencia muy preocupante. Muchos grandes medios han dimitido de su obligación de dedicar buena parte de los recursos a la cobertura internacional. El propio James Nachtwey decía el otro día que tenía dificultades para conseguir buenas coberturas. Si le pasa a él…”

Y sigue el embudo: “Eso lleva a que si tenemos que gastar el dinero, hagámoslo con el periodista que nos vaya a contar la guerra como queremos que nos la cuente. El riesgo del periodismo estrella”, dice Guardiola. Elena Aljarilla le pregunta por el programa En Tierra Hostil y su supuesto sensacionalismo. Guardiola prefiere quedarse con lo positivo: “Algunos elementos narrativos me parecen interesantes y legítimos para acercar conflictos a audiencias masivas. Si echo algo de menos es quizá el contexto. Si oigo ‘Estoy en un edificio con una bandera, creo que es el ministerio’, yo creo que un periodista debe decir ‘Este es el ministerio’”. El director de FronteraD y el Master de ABC recuerda que a veces la fórmula del reportero metiéndose en el peligro hace que se consigan más espectadores y que no siempre significa falta de rigor: “El hecho de que el periodista sea tanto el hilo conductor y se meta en la historia a mí me plantea dilemas, pero como recurso narrativo funciona”.

Siempre el resultado, la tirada, las audiencias. A veces se las teme más de lo debido: “Los reportajes que hacemos sobre África no tienen ni más o menos audiencia que uno de Latinoamérica o Europa. Si haces un tratamiento digno de África no tiene por qué generar menos audiencia”, asegura Guardiola. Pregunta tras pregunta el director de En Portada desgrana algunas ideas para que la televisión pública tan criticada últimamente funcione mejor: “Creo que sería muy bueno que los responsables de las áreas tuvieran asignada una parte del presupuesto para realizar los viajes que consideren imprescindibles, al margen de lo que digan el editor del Telediario y el director de informativos”. También: “En América están deseando que nosotros les contemos lo que les está contando Telesur, los rusos, los chinos, los franceses, los alemanes, y ya no digo CNN en español que tiene una capacidad de producción inalcanzable para cualquier otra televisión. Es decir, que ese tiene que ser el horizonte, que esa es la verdadera marca España, y que TVE tendrá proyección de futuro en la medida en que entienda que el horizonte está también y sobre todo al otro lado del Atlántico.  Sin ninguna duda”.

El respaldo de los libros

El respaldo de los libros

A José Antonio Guardiola le apasiona la narración. Habla en totales. Rápido. Directo. Más que explicar las cosas, las titula. Durante la conversación da vueltas a un próximo reportaje de Alberto Nisman para En Portada. Como si fuera un cubo de Rubik. Quiere calidad, que encajen la verdad y su contexto: “Con todas las herramientas narrativas que tiene el lenguaje audiovisual, cómo encontrar la fórmula para lograr hacer algo que sabemos que no existe que es el reportaje perfecto”.

A Alfonso Armada le apasiona todo. “Contar la experiencia propia es fundamental. Incluye emoción, controlada pero emoción. En muchas crónicas esa emoción falta, pero es parte necesaria del relato para ayudar al lector, al espectador, a ponerse en lugar del otro”, dirá durante la tertulia. Su discurso lleva a multitud de referentes profesionales, culturales, artísticos y humanos. De Antonio Lafuente, corresponsal de EFE en Nueva York que urdió con él la trama que es hoy FronteraD, a Ryszard Kapuscinski pasando por Martín Caparrós, Tomás Alcoverro, el pintor Antón Patiño, la fabulosa iraní Shirin Neshat (comparen la belleza de sus coreografías con la estética del ISIS), Susan Sontag… Una enseñanza que comparten ambos periodistas es la de Corinne Dufka: en el momento en el que veas que has perdido la sensibilidad debes dejarlo. Hasta aquí he llegado.

Los dos mencionan también a periodistas más jóvenes. Guardiola, a los reporteros de su época de director de Internacional (Luis Pérez, Yolanda Álvarez, Antonio Parreño, Oscar Mijallo…). Armada, a Mikel Ayestarán, David Beriain, Lino González Veiguela… Uno se siente ante dos hubs del periodismo internacional español conectados a todos los elementos del sistema.

Cuando ya se han ido alguien nos afea la falta de caña: “Ellos son periodistas y hacen preguntas agresivas, teníais que haber hecho lo mismo”. Es verdad. Pero lo que tiene hablar de la guerra con dos personas capaces de transmitir su cataclismo es que te dejan con cero ganas de pelea.

 


Beatriz Mesa, Carla Fibla, sobre Libia: Islam ≠ crimen

Una vez la dueña de un bar muy bonito dio permiso telefónico para celebrar allí La Tertulia Infinita. Pero al poco de colgar envió un sms: el ok era sólo en el supuesto de que el corresponsal invitado no procediese de medios, *digamos*, como la COPE.

Inmediatamente nos entraron ganas de traer a uno.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

La prueba de que en la información internacional las líneas ideológicas tienden a diluirse la constituyen las invitadas a La Tertulia Infinita 12, Beatriz Mesa y Carla Fibla. Mesa (corresponsal de la COPE, pero también colaboradora de El Periódico) y Fibla (analista, ex Cadena Ser, El Mundo, La Vanguardia y varios medios más) coinciden en todas las interpretaciones que realizan sobre Libia y sobre quienes están metiendo las manos en el país.

Las líneas relevantes para los periodistas que se patean el mundo suelen ser otras: están quienes viven las zonas sobre las que informan y quienes caen sobre ellas como paracaidistas; están quienes se ponen casco y chaleco en cuanto llegan y quienes llevan años reporteando sin aparecer de esa guisa en las crónicas; y están los que pisan un destino con el reportaje plagado de clichés ya en la cabeza, mientras otros esperan a hablar con la gente. Todas eso marca más que el medio de origen.

¿Los mejores periodistas son los que más se acercan a la línea de combate? Ninguna de las invitadas lo cree, pese a que a veces los propios colegas te empujan: “Si no estás ahí, no eres un gran periodista, parecen decirte”. Como las autocríticas son escasas en la profesión, se valora la chispa con la que Mesa relata su propia historia, que provoca sonrisas a lo largo de la tertulia: “Yo era aguerrida. Quería estar en el frente de Misrata. Tenía que estar en Misrata. Y cuando llamo desde Misrata el medio me pide 30 segundos para contar el frente de Misrata. Ese día te replanteas tu vida y tu profesión. ¿Yo qué hago aquí? Perdí a dos compañeros y entendí que de lo que se trataba de explicar el conflicto, y no solamente desde el punto de vista militar. Con la distancia, considero que fue un error pasar 8 días en el frente”.

Como son amigas el relato se mueve entre lo histórico, lo periodístico y el anecdotario personal compartido. Se adapta a las preguntas de los tertulianos como su propio trabajo al entorno: ambas llegaron a un país para cubrir su feliz Primavera Árabe y se encontraron convertidas en corresponsales de guerra (expresión que rechaza tajantemente la ex reportera de la SER).

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Con el aplomo que da haber trabajado en muchos estados árabes, Fibla desmenuza el origen del remolino libio. Conoció el país cuando aún estaba bajo la dictadura de Muamar el Gadafi: “Era un país extraordinariamente cerrado, sin contacto con el exterior. Impensable que algo así pudiera ocurrir. Hasta cuando preguntabas la hora por la calle la gente se apartaba”. Pero el 16 de febrero de 2011 la detención de Fethi Tarbel, abogado activista de los derechos humanos, deriva en manifestaciones y protestas contra la corrupción. Empieza la ira popular y el goteo de heridos y muertos.

Las reporteras entran con otros medios en Libia por su frontera con Egipto y siguen la evolución durante las cinco primeras semanas. “El inicio fue increíble, de esas experiencias por las que merece la pena estar en la profesión. Te encuentras con gente muy valiente, capaz de organizarse. Gente que vivía en el extranjero volvía muy preparada. Hubo una verdadera Revolución Cultural. Muchos artistas salían a la calle, las paredes se llenaban de grafitis. Y aún no estaba claro que se fuera a ganar esa batalla, pero era ese cambio de mentalidad y esa decisión que anuncian que no hay marcha atrás”, dice Fibla.

Después (19 de marzo), la intervención militar de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, el linchamiento y muerte del tirano, la pretendida libertad. “Pero hay un trasfondo que no se conoce, y es que Libia es un país dividido desde un punto de vista tribal, regional y económico. Cuando el objetivo común cae [Gadafi] surgen los problemas. Y es lo que estamos viendo ahora: un conflicto de todas esas dimensiones”, explica Mesa, que ha vuelto al país varias veces desde que todo comenzó.

Con sus palabras las periodistas dibujan un mapa en el que se entiende la importancia primordial de los puertos petrolíferos al Norte y los pozos de extracción al sur: “Esa es la verdadera lucha de Libia y también de los actores internacionales, más allá de la cuestión islamista”, dice la periodista de la COPE. Con unos 6 millones de habitantes y recursos calculados para unos 65 años, Libia “es el país [de las revoluciones] que más rápido podría salir adelante si consiguiese controlar esa riqueza”, apunta Fibla.

El petróleo se pasea por la conversación. Porque es curioso que en un Estado etiquetado tantas veces como fallido algunas cosas aún funcionen: hay milicias que siguen protegiendo los pozos y las exportaciones de petróleo continúan aunque se hayan reducido. Repsol (España), Total (Francia), ENI (Italia) y otras empresas “trabajan aún allí con la anuencia de las élites políticas y las élites armadas. Y esto no se está contando”, dice Mesa. Curioso también que el país que ha logrado la Primavera Árabe más exitosa hasta el momento (Túnez) no tenga tan importantes recursos energéticos.

Ahora la Libia que narran los medios son en realidad tres países: la Cirenaica, donde se dan los enfrentamientos más agresivos y se presencian asesinatos arbitrarios, ajustes de cuentas, imposiciones extremistas del Islam (“con una Bengasi fantasmal, casi sin administración del Estado”, apunta Fibla); la zona de Trípoli, donde la gente se arma más cada día ante la creciente inseguridad; y la de Misrata, que sigue funcionando como motor económico y donde apenas existe desempleo. Si se analizan a fondo las complejas zonas del sur, aún saldrían más países.

Mapa de Libia

“Después de muchos años siguiendo países árabes yo lo que valoro es que la gente haya sido capaz de dar ese paso. Que el inicio de la revolución fuera popular es increíble. Me gustaría ver a personas de países desarrollados salir a la calle con esa determinación teniendo lo que ellos tenían enfrente”, admira Fibla.

Esa sociedad civil es ahora una víctima que vive bajo la extorsión, pero Fibla y Mesa aseguran que son los propios libios quienes tienen que salir de ese atolladero y que otra intervención exterior sería nefasta. “Estados Unidos está muy perdido en Libia, como en tantos otros países árabes. Han tenido muy pocos aciertos. Su acción siempre va a la deriva, les sobrepasa”, dice Fibla. La Unión Europea y la ONU son un cero a la izquierda, pese a la presencia flotante en la zona del enviado Bernardino León. De España no hablamos.

Las reporteras no se cansan de pedir paciencia con los procesos del mundo árabe y respeto a sus ritmos. “Cuando algunos académicos o periodistas se atreven a decir que estamos atravesando un invierno árabe me parece un error. Los procesos de cambio no se pueden evaluar de manera cortoplacista. Tampoco en la Revolución Francesa se alcanzó la democracia tras el primer suceso”, argumenta Mesa.

Beatriz Mesa

Beatriz Mesa

Sobre todo, las invitadas recalcan dos ideas: que tras los conflictos siempre hay una lucha económica por los recursos y que excluir a los movimientos islamistas de la solución es mala idea. Mesa, que ha investigado sobre redes criminales en el Sahel, recuerda lo que está ocurriendo en Malí: “Detrás de la Yihad hay sobre todo estructuras económicas, crimen organizado, economía criminal. Esa es la verdadera amenaza. Y ahí están implicados no sólo los grupos armados de corte yihadista sino también los de corte nacionalista y los poderes estatales, además de individuos que nada tienen que ver con los grupos armados y con la política. Y ahí está Francia, buscando gas y petróleo”.

No se puede desprestigiar un proceso revolucionario en menos de un año porque entren en el campo político los movimientos islamistas, vienen a decir ambas reporteras, ni siquiera cuando dentro de ellos haya un brazo extremista que impida las aspiraciones de libertad, dignidad y trabajo del pueblo. Fibla es tajante al afirmar que apartar a los Hermanos Musulmanes del poder en Egipto ha sido un error: “Lo hicieron muy mal pero había que haber dejado que lo siguieran haciendo mal para perder en las siguientes elecciones”. Si en Libia la visión de Estados Unidos pasa por apoyar a uno de los bandos en liza [como el general Halifa Hifter] sólo porque se enfrenta a movimientos islamistas, Mesa lo considera muy peligroso: “Quizá no se esté identificando bien al enemigo”.

Células islamistas se están extendiendo en la zona, pero la corresponsal de la COPE insiste en que no sólo está pasando eso. “No podemos decir “El Yihadismo se ha instalado en Libia”. No es cierto. El conflicto es mucho más complejo. El extremismo representa una minoría y, lo más importante, en Libia los islamistas no tienen base social”.

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Al final de la tertulia los asistentes dicen que la explicación tan sencilla de un país tan complejo sitúa el encuentro entre los que más les ha gustado. Y se comenta la misma sensación agridulce que en otras ocasiones: la de que hay periodistas con mucho que contar y poco espacio, tiempo o recursos para hacerlo. Gente que incluso se mete en camisa de once varas y tiene la ocurrencia de internarse en el periodismo internacional de investigación, como está haciendo Mesa ahora, o de enriquecer el aquí y ahora con el análisis académico, como hace Fibla. Y además en un entorno de seguridad que se pone cuesta arriba para la Prensa. Fibla reconoce el miedo en sus últimas internadas en Siria: “Es el peor escenario y con peores perspectivas”, dice con pena por la población local. Mesa prefiere el sarcasmo: “Qué problemón ¿no?. Que ya no sabemos dónde colocarnos porque somos enemigos de unos grupos armados que yo no considero mis enemigos sino mis fuentes de información, porque yo lo que quiero es entender ese conflicto…”.

Las despedimos deseándoles suerte con unos medios que ya no se acuerdan mucho de la Primavera en el Magreb. “Con la caída de los regímenes se mantuvo un poco la atención pero el descenso fue increíble. Un proceso como éste, que está siendo histórico para esos países y que se va a prolongar en el tiempo, habría que seguirlo mucho más. Llevo un año en España y creo que el seguimiento es un desastre, pese al interés que sí veo en la calle”, ha afirmado Fibla en un momento de la conversación. “Yo mientras nos vayamos de aquí separando el Islam de todo lo que hacen los criminales, ya me quedo tranquila”, dice Mesa.

Sea. Desde el título.


Naranjo y Castellano: “El problema de los muros es que no dejan ver lo que pasa al otro lado”

 

  • Periodismo internacional e inmigración en La Tertulia Infinita 10
  • José Naranjo: “La percepción desde allí es que esto es una guerra. La misma que tenemos aquí cuando nos manifestamos por derechos que nos quitan”
  • Nicolás Castellano: “No hay que discutir el uso o no de pelotas. Hay que discutir que la ley no funciona”

Temíamos las pancartas, el partidismo, en la tertulia sobre periodismo internacional y migración. Y José Naranjo (freelance, El País) y Nicolás Castellano (Cadena Ser) dieron una lección. Regalaron titulares contundentes muy cercanos a eslóganes políticos, sí, pero no dejaron uno solo sin explorar y justificar. Si de entrada le cuesta a usted asumir que “Esto es una guerra” y que estamos en el bando de los malos, explique cómo puede ser que hayan muerto 20.000 personas en aguas del Mediterráneo sin que nadie reconozca el fracaso de décadas de política de extranjería. Este resumen es demasiado corto como para desenrollar el hilo argumental que va entre una cosa y otra. Afortunadamente la tertulia, una de las más largas, didácticas y concurridas, no lo fue.

Nicolás Castellano (izquierda) y José Naranjo (derecha). Foto: David Hendricks.

Dice José Naranjo (Pepe) que él y Nicolás Castellano (Nico) son como hermanos y lo parece. Se toman el pelo, se quitan la palabra. El segundo no es que la quite, es que no la suelta, aunque asegura que sólo es “un discípulo de Pepe”. Aquí están: Naranjo con una visión privilegiada sobre la parte sur de la frontera migratoria África-Europa; su compañero al norte, aunque no de pensamiento.

“Los inmigrantes que hacen “el camino” están ahora en Facebook y Twitter, podemos seguir su periplo, que a veces dura años. Feisbuqueo, me voy al ciber“, describe gráficamente Castellano, reiterando que son jóvenes con las mismas inquietudes que los de aquí, con un concepto de la familia similar al que teníamos nosotros hace pocos años: “Antes, si un familiar viajaba y no traía regalo era para matarlo, aunque hubiera ido aquí al lado. Para ellos es lo mismo: lo anuncian, se hacen fotos con las cosas bonitas que van viendo, exageran sus éxitos…” “Y vuelven con la camiseta de la selección”, completa Naranjo.

Se agradecen sus bromas para animar un relato a ratos deprimente. También su guasa con giros de Gran Canaria (el “chau chau”, los “pibes”….). En el diálogo vuelven a esta isla una y otra vez para demostrar que conocen la inmigración en su contexto más difícil, el local. Los dos empezaron allí, preguntándose el por qué de la llegada de cayucos.

“Recuerdo la pancarta de las asociaciones de vecinos en una manifestación: `Contra la inmigración ilegal, las enfermedades infecciosas y el crimen organizado’. Agüita”, dice Naranjo haciendo reír. Con anécdotas como esta muestran la ignorancia de quienes recurren al argumento de la proximidad: ese de que es muy fácil solidarizarse con los inmigrantes cuando uno no se ve directamente/vecinalmente perjudicado por ellos. ¿Estamos seguros de que son los inmigrantes quienes nos perjudican o es la gestión de los recursos comunes lo que anda mal?

Los dos reporteros creen que lo peor de la migración es la perversión del lenguaje, el discurso de trazo grueso que han logrado imponer políticos y medios difundiendo estereotipos negativos sobre la migración. Por eso a veces reciben una pregunta y la reformulan, evitando contestarla como está. “No hay que discutir el método (el uso o no de pelotas) hay que discutir que la ley no funciona, que hay demasiadas muertes”, golpea sobre la mesa Castellano. Naranjo apunta que usar la palabra “problema” para describir la migración es una trampa: en realidad es “la búsqueda de una solución” al verdadero problema, la miseria. Al principio de la tertulia uno piensa que esta insistencia en la lengua tiene algo de fijación, pero ejemplo tras ejemplo, comprende. Lo corroboran otros contertulios: “Tratas de informar contradiciendo los tópicos, pero de repente llega un solo titular y lo tira todo por tierra: `Te van a asaltar 30.00 tíos con cuchillos entre los dientes’. No hay nada que hacer”, dice Isabel Vega, de Europa Press.

Participantes en La Tertulia Infinita 10. Foto: David Hendricks.

La agencia Associated Press (AP) ha prohibido el uso de “ilegal” para referirse a un inmigrante en sus teletipos; The New York Times también vigila ya expresiones negativas. En España, nos cuentan, se han hecho guías de comunicación pero los directivos de medios no las asumen. Y así la información que recibimos va de drama en drama, rápidamente embarcada en el oleaje PP-PSOE y siempre inflamada por la polémica, por la “avalancha”. “Muchos medios descubren ahora las devoluciones en caliente, que llevan años haciéndose en España. Tener que morir 15 personas para que se fijen en que es ilegal…”, lamenta Castellano.

¿Y la Europa de los derechos humanos? Castellano: “Tras la tragedia de Lampedusa -7 días, 2 naufragios, 600 muertos- se dijo que el próximo Consejo Europeo tomaría decisiones. Pospuesto al siguiente. Y al siguiente. No hay interés”. El reportero dice que sólo se piensa en “barreras para proteger esta jaulita”: “El Parlamento de Canarias llegó a aprobar que el Ejército obligara a las pateras a dar la vuelta en alta mar”, recuerda. “Estamos –advierte  Naranjo- ante uno de los mayores fracasos colectivos de nuestra sociedad. Hemos construido en torno a nuestro bienestar un intrincado sistema de protección que va más allá de lo físico (las vallas, la patrullera). También es mental. Algún día nuestros nietos se preguntarán qué pasó, cómo pudieron morir 20.000 personas estrellándose contra las costas europeas”. Naranjo y Castellano alertan contra la xenofobia y la desmemoria. Recuerdan a la generación de sus abuelos, que tanto emigró.

Sobre la tragedia de Ceuta lo tienen claro: hasta miembros de la Guardia Civil han reconocido que no se hicieron las cosas bien. Nico Castellano cree necesaria la dimisión del ministro.

 ¿Hay peligro con tantos inmigrantes a las puertas? “Antidisturbios, la legión, elevación de la valla… La gente se muere intentando llegar a Europa. Y ningún partido mayoritario se plantea apartarse de los métodos militares aunque se haya demostrado que no sirven ni para el objetivo de repeler en la entrada. Hemos llegado a escuchar que llegaban yihadistas en patera. Jamás se dado el caso”, dice Castellano. El periodista de la Cadena Ser insiste en que se están manipulando las estadísticas: “Es falso que la entrada de inmigrantes por vía irregular vaya a desestabilizarnos. En Canarias se mete miedo con 30.000 inmigrantes africanos y se olvidan las enormes cantidades de inmigrantes de Suecia y Alemania. Y no es una cuestión africana, es una cuestión de dinero. En Las Palmas, los mejores pisos los  tienen los mauritanos acomodados. Con esos no hay problema”. Inmigrante rico, inmigrante pobre.

“Llegan a las puertas de la prosperidad y les esperamos con pelotas de goma o pinchando sus zodiac. Ellos alucinan, lo viven como una humillación. Es violencia estructural. Aparato represor musculado”, critica Naranjo: “El problema de los muros es que no dejan ver lo que pasa al otro lado. Y lo que no ves es que estamos  en guerra. La percepción desde allí es que esto es una guerra. La misma que tenemos aquí cuando nos manifestamos por derechos que nos quitan, como en el caso de los desahucios”.

La migración no cesará porque está en el ADN de muchos pueblos del mundo y porque mientras haya penuria económica habrá huida. Pero el sistema imperfecto que hay ahora sí puede mejorar, creen los dos periodistas.

Aunque ya nunca la llamaremos problema, la migración es una cuestión difícil, compleja. Belén Domínguez se disculpa por hacer una pregunta “que seguramente será simple porque no soy periodista”: “¿Y entonces qué solución le veis a esto?

Nico Castellano y José Naranjo, en La Tertulia Infinita 10. Foto: David Hendricks.

Y los periodistas contestan. Claro que contestan: que si funcionara mejor, la política de visados daría soluciones; que ciertas personas sí cumplen los requisitos y deberían poder venir legalmente; que se ha de llegar a acuerdos de repatriación que funcionen, no como los de ahora; que los medios deben dejar de generar este estado tenso de opinión; que se deben suprimir los Centros de  Internamiento de Extranjeros (los CIE, “agujeros negros como una catedral”, dice Nico) y las redadas racistas; que las ONG –por las que se interesa el periodista Héctor Rodríguez– deberían contar con más recursos…

Otros participantes en la tertulia intervienen también con propuestas de solución. Pero entre la pregunta de Belén y las respuestas, incluidas las de los periodistas, ha mediado un silencio algo incómodo. Largo.

¿Qué futuro hay?, pregunta un asistente muy joven. “El futuro eres tú -contesta Naranjo-, el futuro es que haya una persona de 18 años que viene a estas cosas”.

 

[José Naranjo y Nicolás Castellano fueron los periodistas internacionales invitados a La Tertulia Infinita 10, que se celebró en el Bar El Colmo de Madrid el 20 de febrero de 2014. Gracias a Palma, su dueña].


La Tertulia Infinita 10: el periodismo internacional ante la migración

 

Refugiados, sin papeles, inmigrantes, desplazados. Cada día miles de personas tratan de cruzar alguna frontera para escapar de la pobreza, la persecución o la guerra. Millones se establecen en lugares donde ni siquiera son reconocidos como ciudadanos. En Ceuta y Melilla saltan de África a Europa, pero hay otras rutas. Contarlo es un reto para el periodismo internacional: primero, el drama individual; después, las grandes cifras demográficas y económicas que importunan intereses estratégicos.

JoseNaranjoEl próximo jueves 20 de febrero, a las 20.00 h., los periodistas José Naranjo y Nicolás Castellano nos hablarán de estos viajeros forzosos. Naranjo es colaborador de El País y cofundador del portal informativo sobre África GuinGuinBali, vive a caballo entre Senegal, Malí y España y es uno de los freelance españoles de actividad más arriesgada en los países de África Occidental mencionados y en otros (Níger, Mauritania, Guinea Bissau…); ha escrito dos libros sobre los movimientos migratorios en este continente (Cayucos y Los invisibles de Kolda) y es coautor de más libros sobre la cuestión.

Nicolás Castellano (foto: José Naranjo)

Nicolás Castellano (foto: José Naranjo)

Nicolás Castellano, reportero de la Cadena Ser para los temas de migración, ha sido enviado especial a numerosos conflictos y catástrofes internacionales (El Sáhara, Filipinas, República Democrática del Congo, Haití, frontera siria…) y es coautor del audio-libro sobre inmigrantes Mi nombre es nadie.

Debatiremos sobre migraciones internacionales en el emplazamiento más multicultural que hemos encontrado en Madrid: El Colmo de Lavapiés.
 

Qué La Tertulia Infinita 10. El periodismo internacional ante la inmigración
Con quién

Dónde Bar El Colmo, C/ El Olmo 26, Madrid. Metro: Antón Martín.
Cuándo Jueves 20 de febrero a las 20.00 h.

 
¡Os esperamos!


Parellada, Rojas, Zin: África está despegando y se lo vamos a contar

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  • Parellada: “Nunca tomé la decisión de ser reportera en África. Ni siquiera lo imaginé. Aquello simplemente sucedió”
  • Rojas: “Creemos que no se hace Periodismo por ahí, que somos los poseedores del fuego sagrado. No. Se está haciendo Periodismo de gran calidad”
  • Zin: “En los 90 despegaron China y la India. Ahora despega África”

Optimismo. Es la palabra que resume la Tertulia Infinita 5. África ya no es ese continente lleno de sangre, guerras y miseria. O no sólo. También es la tierra que empieza a albergar una clase media pujante y una juventud implicada, lo que debiera obligarnos a distinguir por fin entre la realidad diversa de sus países. Y lo mismo vale para el Periodismo: en la zona subsahariana ni está muerto ni morirá, sobre todo por la calidad creciente de su reporterismo local. Ojo: quizá creemos que desaparece el Periodismo porque desfallece el nuestro, pero empieza el de otros.

De izquierda a derecha: Alberto Rojas, Gemma Parellada, Hernán Zin. Foto: Elena Aljarilla

Gemma Parellada (siete años viviendo en África, actualmente en Costa de Marfil) dice que es un momento de cambio y transformación total, muy duro, pero no necesariamente fatal. Esta periodista, que nunca llegó a tomar la decisión de ser reportera en nuestro continente al Sur (“Ni siquiera lo imaginé. Aquello simplemente sucedió”) cree que el Periodismo “ha existido siempre y no va a desaparecer”. Secunda la idea Alberto Rojas (intensos viajes a África desde 2011 y ya con esta zona como apuesta personal y profesional): “Estamos viviendo un momento visagra, unos medios mueren y otros nacen. No creo que sea malo del todo”. Pero si hay alguien que desborda optimismo sobre el futuro es Hernán Zin. Lleva 17 años viajando y muestra devoción absoluta por el trabajo que realiza: “Todos estos cambios obligan a estar atentos, a ser rápidos, a no quedarnos en las categorías anteriores, que nos han pasado por encima. Pero el Periodismo es la mejor profesión del mundo”. “Yo la amo”, dice en un arranque que provoca las risas de sus compañeros.

No hay lamentos por el periodismo internacional que se fue, sino necesidad de depurar sus formas, de aprender de él para seguir avanzando: “Lo de ser enviado especial y permanecer un mes viviendo en un hotel de 5 estrellas de un país lejano ya no existe, acabó hace tres o cuatro años. Yo lo noté en el proceso de independencia de Sudán del Sur. Hubo medios españoles que tenían personal en Nairobi, muy cerca, desde donde un billete te puede costar sólo 150 euros, pero ya no mandaron a nadie. Era demasiado caro”, cuenta Parellada.

Alberto Rojas

“Lo que ocurre -defiende Rojas-  es que ya nunca más unos pocos medios tendrán el monopolio de la información. Pero hay otros nuevos que nacen con propuestas muy buenas no de “corta-pega” sino de hacer textos largos y de calidad. Creemos que no hay Periodismo por ahí, que somos los poseedores del fuego sagrado. No. Se está consiguiendo Periodismo de gran calidad y lo que tenemos que hacer es aprender de ellos, leer más y entender mejor lo que está pasando”.

Zin empezó a reportear cuando se trabajaba con máquina de escribir y las crónicas se enviaban por fax, y no deja de alegrarse de la existencia de Twitter, de Facebook, de tantos blogs que le ofrecen información valiosa. Contagia alegría: “Esta abundancia, esta inmediatez es maravillosa”.

Los tres destacan la importancia que tienen para su trabajo los periodistas locales, ya sea como buenos colegas que ayudan o como fixers (colaboradores formales del periodista, conseguidores que conocen la realidad de ese país). Algunos de ellos llegan a trabajar directamente para los grandes medios, sin la intermediación del corresponsal (son los llamados stringers). Parellada explica: “No camino nunca sola. No tengo presupuesto para pagarme un fixer, pero como llevo mucho tiempo allí trabajo con periodistas de la zona, en grupo. Nos ayudamos: les paso contactos internacionales, ellos me ayudan con los locales. Los necesitas, saben leer las dinámicas locales. No puedes ser paracaidista”. Zin es muy franco sobre la relevancia de los fixers: “¿Pero cómo trabajamos?  Llegamos a un país y lo primero que hacemos es contratar a un periodista local y basarnos en su agenda. Y que te lleve él. Te aportan la mirada local, los códigos. Y tú los adaptas”. Rojas, el más valiente a la hora de relatar experiencias que no salieron como esperaba y de las que ha aprendido, recomienda elegir bien el fixer: “Que no sea el conocido de un amigo de un amigo. Tuve una mala experiencia en Kinshasa, me decidí por uno, tardamos demasiado en llegar, me invitaban a cervezas, pasaba el tiempo, se hacía de noche, seguíamos allí, no me llevaba donde había dicho… Al final me levanté. No era fixer ni era nada. Elijan gente seria, por favor”.

Hernán Zin

Si los periodistas locales están adquiriendo tanto peso y aquí se habla del corresponsal como especie en peligro de extinción, ¿acabarán sustituyéndonos? La conversación se anima.  “Absolutamente. En los 80 pagar a un corresponsal como si fuera un embajador era posible. Ahora abonar una casa en Central Park para que viva el periodista de un gran medio está fuera del mercado. Hoy por hoy quizá es mejor tener a una persona de confianza que ya viva allí y pagarle bien pero no tener que afrontar gastos como el alojamiento”. Zin opina lo mismo: “A partir de lo que te cuentan los locales haces una lectura para tu propio medio, pero tampoco es imprescindible […]. Podemos ser más prescindibles y hacer otras cosas de fondo con mirada latina o española”. De acuerdo a este periodista, se está haciendo cada vez mejor Periodismo africano, especialmente en la zona del cuerno de África, de tradición anglosajona: “La venta de periódicos en Kenia aumentó un 40% en un año. Hay profesionales de primer nivel en medios como The Nation. Crece la clase media que quiere consumir, volar, saber. ¿Hacemos tanta falta como antes? Por supuesto que gente como nosotros va a seguir yendo a África, porque lo amamos. Pero la información, igual que los recursos, tendrá que redistribuirse más entre todos”.

Gemma prefiere rebajar expectativas, y a juzgar por el respeto con el que la miran y con el que hablan de ella sus colegas (antes, durante y después de la tertulia) hay que escucharla bien: “Es muy optimista lo de que suban las ventas de los periódicos. Los medios no están maravillosamente bien en África. Cada país tiene su realidad. En muchos sitios (como República Democrática del Congo o Costa de Marfil) los periodistas no reciben un salario, no son independientes. Les paga el señor que da la conferencia de prensa y quiere que vaya el reportero. O un partido político, o una liga de derechos humanos. Ellos son todavía los que te pagan, así que la imparcialidad no existe”. (“Igual que aquí”, se oye decir entre risas).

Gemma Parellada

La mirada del periodista se va afilando con el tiempo. Dice Parellada: “Al principio te tiras a la piscina, luego bajas al fondo. Empiezas ciego, no sabes nada. Más tarde es como cuando revelas una foto y todo empieza a tomar forma”. ¿Creéis que África mejora con el trabajo que  hacéis? “Me gustaría pensar que sí, pero también había periodistas en Ruanda y no se evitó el genocidio”, dice Alberto. ¿Qué se avecina en este continente? “En este mundo en cambio, la lectura tiene que ser más amplia y la aventura tiene que ser más amplia. En los 90 despegaron China y la India. Ahora despega Africa”.

La tertulia sigue. Habría tantas cosas que contar. Sobre Malí, ese “caso propagandístico extremo” que indigna a Gemma, y sobre tantos otros países que mencionan los reporteros: la Somalia que ha cambiado en los últimos años, aunque aún no lo suficiente; la República Democrática del Congo, donde la ONU desplegará una novedosa brigada de intervención próximamente… Pero la conversación se resume en las ganas de seguir haciendo, de seguir contando África, de estos tres reporteros. Cada uno a su manera.

Zin, el más experimentado, con tantas cosas que contar, hablando rápido, emprendiendo junto a otras personas, entusiasmándose como hace con su próximo proyecto, La maleta del reportero; Rojas poniendo olor a la realidad africana más allá de las estadísticas (como hacía su gran ídolo Kapuscinski), indagando en historias aparentemente ya contadas y cerradas pero donde le incomode un fleco (como la foto del niño y el buitre que ganó un Pulitzer hace años y está rodeada de leyenda). Y Parellada, aferrada a un destino geográfico que no cambiaría por lo mucho que le da, aunque tenga sus dificultades: “A veces, como te toman menos en serio por ser mujer, también te tienen menos miedo y te confían más”. En un mundo empeñado en convencernos de que vale más quien más fuerte aprieta tu mano al saludar, este gran error sucede a menudo: confundir delicadeza con pusilanimidad. En Parellada el primer rasgo destaca extraordinariamente, el segundo está ausente por completo.

Gracias a todos por venir. Fuisteis muchos y contraprogramábamos al Barça.

Más fotos de La Tertulia Infinita 5.

[La Tertulia Infinita 5 se celebró el 10 de abril de 2013 en el Café National Geographic de Madrid].


Gemma Parellada, Alberto Rojas y Hernán Zin, en La Tertulia Infinita 5

 

Dicen que más que una profesión el Periodismo es una forma de vida: engancha. Lo mismo parece ocurrir con África: quien la ha conocido sólo desea volver. Este miércoles 10 de abril celebramos “La Tertulia Infinita 5” con tres personas que combinan ambas pasiones: Gemma Parellada (colaboradora de medios como CNN, El País o Catalunya Ràdio), Alberto Rojas (trabaja para El Mundo y Jotdown Magazine) y Hernán Zin (El País, 20 minutos, Canal Plus, TVE… Premio Internacional de la Academia de Televisión).

Gemma Parellada, Alberto Rojas y Hernán Zin

Parellada es una de las pocas periodistas españolas que vive permanentemente en África (Costa de Marfil) y hará las veces de corresponsal invitada. Los tres configuran una lista larga de países subsaharianos en los que ya han trabajado: Malí, Sudán, Somalia, Kenia, Ruanda, Nigeria, República Democrática del Congo… Y quedan por mencionar. A medio camino entre el fotoperiodismo y el reporterismo, nos hablarán de los últimos conflictos que han cubierto y de cómo se ejerce el Periodismo en África cuando África está en el  corazón.

El encuentro se celebrará en un lugar destinado por excelencia a grandes viajeros y conversadores: el local de National Geographic en la calle Gran Vía de Madrid.

Cuándo: Miércoles 10 de abril, 20.30 horas

Dónde: National Geographic Café (mini auditorio). Calle Gran Vía 74. Metro Plaza de España

Entrada libre y gratuita

Wi-fi disponible

Un poco más de información sobre Gemma Parellada, Alberto Rojas y Hernán Zin.


Jon Lee Anderson, el reportero compasivo: “Este es un mundo matón”

 

  • Manual del buen entrevistador: “Si hablas con ellas sin juzgarlas las personas se abren, te cuentan. Si eres compasivo por naturaleza, eso se palpa”.
  • El conflicto del momento: “El mundo no está en paz y está mucho menos en paz por Siria”.
  • Precariedad de la profesión: “Bajo una crónica debería poner: `Por esta historia hemos pagado 60 euros, o 150´”.  
  • La situación de España: “¿Por qué se ofenden con The New York Times por publicar fotografías de españoles que buscan en la basura? Los periódicos de aquí trataron antes igual la situación en Grecia”.

Uno intuye que va a poder tratarle con llaneza porque la emplea para contestar a los correos y porque aparece en múltiples fotografías con ropa casual, pero no espera tanta cercanía. La sencillez de Jon Lee Anderson desarma.

Foto: Mateo Lanzuela

Habla un castellano tranquilo, a ratos musical e hispanoamericano, lleno de metáforas curiosas (“Insularidad ideológica”, dice para referirse a Irán). Es un castellano que parece fluir, como todo en este periodista que trata con idéntica  naturalidad a todo aquel con quien habla (un tendero, una reportera, un profesor). Así que cuando se le pregunta cuál es el secreto para extraer lo mejor de tantas fuentes y entrevistados, casi no sorprende la respuesta: “Diplomacia, tacto, perseverancia; hay que buscar lo que haya de amable (‘gustable’) en esa persona, aunque difícilmente pueda gustar”.

El asunto de cómo entrevistar reaparece varias veces a lo largo de la tertulia, salpimentándola de pistas de interés sobre su modus operandi. Él dice observar la comunicación no verbal (“cómo se mueven en cada cultura”) y algo muy importante: “Saber dónde cae tu propia sombra, entender cómo te ven a ti”. Sólo a partir de ese ángulo puedes actuar, y siempre desde la humildad: “Si hablas con ellas sin juzgarlas, las personas se abren, te cuentan. Si eres compasivo por naturaleza, eso se palpa”.

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