Pablo M. Díez: desayunar con un campesino, cenar con un presidente

Pablo M. Díez, en La Tertulia Infinita

Pablo M. Díez, en La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín

La cobertura soñada de Pablo M. Díez (@PabloDiez_ABC), su assignment perfecto, fue el accidente nuclear de Fukushima. También es el lugar y momento donde más miedo pasó. Adrenalina para un periodista nacido en Córdoba en 1974 y que desde 2005 es corresponsal del diario ABC en Asia, con base en Pekín.

¿Cómo es la vida del reportero en una región de tantas reminiscencias cinematográficas y literarias, románticas y periodísticas? ¿Rivalidad, complicidad? ¿Conversaciones que languidecen ante vasos de whisky o baijiu? Los corresponsales españoles en Pekín tienen amistad. “Los de El País, El Mundo, La Vanguardia o el Periódico de Catalunya están entre mis mejores amigos allí. Nos buscamos bastante no solo para hablar de periodismo sino para salir, divertirnos o contarnos problemas del trabajo pero también personales. Es una relación estrecha”.

A largos ratos la tertulia se convierte en un diálogo entre Díez y otros colegas que conoce y están presentes, como Mavi Doñate, corresponsal de TVE en Pekín desde hace un año; Gregorio Laso, ex consejero de Informacion de la Embajada de España en China; Pedro Ceinos, que lleva 20 años viviendo en China y ha escrito libros que son ya clásicos sobre su lenguaje; o Alba Ambrós, politóloga experta en Asia. También participan en el diálogo la periodista Ana Alonso y el fotoperiodista Jon Barandica. Salen a relucir momentos y lugares: el restaurante español Mare, donde Laso llevó a Díez nada más conocerse, o tantos episodios en los que la ayuda mutua entre unos y otros ha sido básica para trabajar. “Anda, anda. Me estás llamando todo el día” -le dirá alguien a Díez- con el ‘¿Dónde me puedo colar que no me pillen?’”.

El peligro de esa relación estrecha entre periodistas es el alejamiento de la población local. “Sí, la burbuja existe -reconoce Díez- porque para empezar estamos en Pekín o en las grandes ciudades como Shanghái. Pero un periodista tiene que poder desayunar con un campesino y entrevistar a un campesino y por la noche cenar con el presidente del Gobierno de ese país”. No parece existir un caso de ensimismamiento elitista: viajes de 12 horas por el sur de China en camiones llenos de patos, trayectos en barcazas amenazando hundimiento, reposos (es un decir) en autobuses con litera… amén de un montón de relaciones humanas que se desprenden con naturalidad del discurso de este reportero y que comprenden desde la amistad que puede desarrollar con vecinos y trabajadores domésticos hasta alguna relación sentimental local que fue determinante para comprender realidades concretas o realizar coberturas específicas.

Cuando era presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero anunció un viaje al país asiático y las autoridades locales se pusieron algo nerviosas. Sin conocer la agenda presidencial, Díez había cerrado de antemano una entrevista con el primer ministro de Taiwán, de tortuosa relación diplomática y jurídica con China. Cuando sólo había hablado de ello por email con su jefe de entonces en ABC, Miguel Salvatierra, sonó el teléfono. “Me llama Gregorio: ‘Pablo, ¿tú vas a ir a Taiwán?’. ‘Pues sí, voy a ir dentro de poco’. Y dice: ‘¿Y vas a entrevistar al primer ministro de Taiwán?’ Y digo ‘Pues sí, ¿cómo te has enterado?’. Y él dice: ‘Porque me lo han dicho los chinos?’. ‘¿Y cómo se han enterado los chinos?’” O porque supervisan el correo, o porque tienen espías aquí y allá, supone Díez. Gregorio cuenta su parte, ese aviso que recibió del Ministerio de Asuntos Exteriores chino: “Ustedes comprenderán que son momentos complicados y difíciles, ahora que está pendiente la renovación de visado de su corresponsal. Puede suceder que tenga dificultades y no va a poder seguir a su presidente. Va a ser un problema”. La entrevista se celebró.

Censura y seguridad

La censura china genera mucha curiosidad durante la conversación. Díez es tajante: “Es un régimen dictatorial. Hay un control de la información, censura y un partido único. Se criba todo lo que es políticamente sensible”. Él y otros tertulianos cuentan las herramientas que utilizan y narran anécdotas que revelan su paciencia infinita para con las autoridades: “Cuando hay un acontecimiento como la Asamblea Popular, que es el parlamento orgánico del régimen y reúne a casi todos los diputados del Partido Comunista, nos cuesta mucho entrar en las redes. Internet va lentísimo”. Hay que recurrir a una red privada virtual (VPN) para conectar con un servidor extranjero y evitar la “gran cibermuralla china” que impide el acceso a páginas occidentales de discurso libre como Twitter o Facebook, vetadas en el país. En un proceso de acción-reacción, el régimen chino también va avanzando en tecnología de vigilancia y estrecha su relación con grandes empresas que le ayudan a controlar la información a cambio de no perder opciones en el gran mercado asiático. Es el caso de Microsoft, Yahoo o Cisco, una connivencia por la que se interesa el tertuliano Gregorio Vázquez.

Asistentes a La Tertulia Infinita

Asistentes a La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín

Las cuentas de correo pueden aparecer bloqueadas, hackeadas o con vida propia. Doñate cuenta lo que le ocurrió tras un roce ligero con la policía por la cobertura de la sentencia de La Haya sobre el conflicto marítimo China-Filipinas: “Tengo dos entradas de correo, la de la empresa y la de Gmail. A los dos días de aquello figuraba que desde Gmail me había enviado a mí misma a la cuenta de RTVE la declaración de la renta de 2015. ¿Cómo te quedas?”. Hasta las conversaciones de teléfono privadas entre los corresponsales se llevan a cabo con una cierta prevención psicótica.

En las redes sociales proliferan los trols y los bots políticos que manipulan y desinforman. Un reciente estudio de la Universidad de Harvard calcula que funcionarios gubernamentales emiten al año unos 448 millones de comentarios digitales propagandísticos.

Fuera de las redes las restricciones continúan. Ser retenido brevemente por la policía es una experiencia que han tenido casi todos los periodistas extranjeros en Pekín (otros profesionales y medios afrontan la expulsión). Y es frecuente que personal del régimen te siga. “Si queréis venir aquí, tenéis que llamar antes”, les dicen esas sombras en los lugares que visitan.

Díez hace muchas fotos a escondidas, pero en la televisión lo tienen más difícil: la cámara se ve de lejos. Doñate hacía un reportaje fuera de Pekín sobre la industria del carbón y el acero, con pronóstico desempleo por la reconversión. “Nos pillaron sacando el material para grabar. Nos retuvieron 4 o 5 horas, pidieron el visado… Pero lo molesto es que te dejan, continúas rodando, vas a un pueblo a hablar con gente que trabaja en esas fábricas y de repente salen dos, no sabes de dónde, que se te ponen detrás y te siguen a todas partes. Una miradita [al interlocutor del periodista], una inclinación y ya el silencio. Te vuelves a Pekín con esas 5 horas perdidas pero sobre todo con poco material”.

Ellos tienen muy presente el ejemplo de la Primavera Árabe. En  2011 hubo gente que quiso ver ‘nuestra primavera China’ […]. Como no podían manifestarse con pancarta, convocaban a la gente para que paseara por la calle comercial de Wangfujing [peatonal, una de las principales en Pekín]”. Había más periodistas de lo normal. Casualmente las autoridades abrieron una zanja de obras públicas para ralentizar el paso y acabaron amenazando a algunos periodistas con la deportación. Es un matar moscas a cañonazos pero al Gobierno le funciona porque “ahí se acabó la historia”.

Un momento de La Tertulia Infinita sobre China. Foto: Mª Ángeles Martín.

Un momento de La Tertulia Infinita sobre China. Foto: Mª Ángeles Martín.

Tíbet

Los viajes de Díez a Tíbet, otra herida independentista abierta en China y vetada a los reporteros extranjeros, son un abanico de problemas periodísticos y recursos para resolverlos. Sitúense en los disturbios de marzo de 2008, con fuertes protestas de los monjes budistas en Xiahe, un importante destino de peregrinación en la provincia de Gansú que ha sido desgajado del Tíbet histórico: “En el aeropuerto de Lanzhou (capital de Gansú), dirigiéndome a la zona, una mujer con la que había estado charlando me dijo: ‘No cojas ese taxi. Te llevo con mi chófer hasta la capital y ahí coges un taxi de ciudad, que es más económico. Ella no sabía que había estallado una revuelta, pensó que yo era un turista. Tomo un taxi pequeñito y como estaba tan cansado me eché a dormir en la parte de atrás. Gracias a estar tumbado pudimos atravesar varios controles de carretera y llegar. Y gracias todo ello a estar cansado por haber cogido el primer avión de la mañana para Lanzhou. En el siguiente vuelo cayeron todos”.

Díez también trabaja el camuflaje: “Saco la Lonely Planet, pongo cara de pánfilo, me coloco las gafas y atravieso un puente lleno de antidisturbios arrastrando mi maletita roja y con la boca abierta”. En China, donde no falta el humor y a veces el mismo personal siniestro que te atosiga te invita a comer, la expulsión con la que finalizó la visita de Díez a Tíbet incluye una escena antológica. “Estaba en el hotel enviando mi crónica y llamaron a la puerta. Eran policías. Dijeron ‘¿Qué haces aquí?’. Yo contesté: “Visitando este pueblo’. ‘Pues mira, te recomendamos que vuelvas en verano porque el tiempo es mejor, la hierba es más verde y las mujeres están más guapas‘” (la historia está contada con más amplitud en su blog, Tras un biombo chino). Al día siguiente la policía se aseguró de que el mismo dueño del hotel acompañara al aeropuerto al periodista español y a otra colega francesa que se había colado en la ciudad vadeando un río.

Díez lo llama suerte, pero parece influir su trabajo a fondo del diálogo y el trato humano, así como el carácter concienzudo. Si no puede parlamentar con soltura cordobesa y está lejos, llama por teléfono a la traductora para hacerse con palabras básicas. Hay taxistas, estudiantes o lugareños sabios cuyos consejos le van conduciendo de casilla en casilla porque creen que esa pieza merece avanzar. Y si una autoridad con potestad para organizar un viaje en grupo de corresponsales a Tíbet le sugiere que no tiene ni idea del tema y le espeta un “léase este libro” él lo lee, lo subraya y vuelve hasta colarse en el pool.

El régimen chino es ateo pero mueve fichas para que el próximo Dalai Lama se reencarne en un ciudadano bajo su control, como hizo con el Panchen Lama. Puede haber un cisma, lo que abre perspectivas informativas interesantes. Por otra parte, las autoridades chinas han iniciado una nueva vía propagandística con relación a la zona: abrirla más al turismo para demostrar que ha progresado económica y socialmente, que los jóvenes “ya no son tan devotos como sus mayores, que no están todo el día dando vueltas con el molinillo a los cien templos”.

Derechos humanos

Hay atención puesta en el crecimiento económico chino, que ya no es el que era y ha obligado a las élites a rebajar el nivel de ostentación. El objetivo de Pekín es mantenerlo en torno al 7% anual del PIB, porcentaje considerado básico para que el mercado laboral mantenga su flexibilidad actual y se evite el desempleo y el malestar ciudadano.

Díez saca de la caja muchas historias atractivas ligadas a la gestión económica y la corrupción, esa rendija por la que se está resquebrajando la confianza en el sistema. “China es un país muy injusto por la propia naturaleza del régimen. Si no se permite que haya una prensa libre que fiscalice el poder o una oposición que ejerza de contrapeso, cualquiera que esté en el partido o en el Ejército puede hacer lo que quiera salvo que se encuentre con un rival que lo purgue”. Algo de eso ha habido: guerras internas en el Partido Comunista, el folletín amoroso del político Bo Xilai y Gu Kailai, su mujer, tras asesinar ésta al amante británico que ayudaba a ambos a sacar dinero del país… Al cubrir estos casos, los corresponsales se enfrentan a juicios a puerta cerrada o celebrados lejos de Pekín con los que el Gobierno trata de evitar el seguimiento. Nadie avisa de cuándo o cómo saldrán las sentencias.

Cuando The New York Times habla de la fortuna de millones de dólares del anterior gobierno, todo está censurado. Cuando Bloomberg publica que la familia de Xi Jinping tiene un patrimonio de millones de dólares por aquí y por allá, o cuando se conoce que el hijo del anterior presidente Hu Jintao tiene problemas legales en África por un asunto de corrupción, eso se censura. Tampoco se dice que todos los escáneres que hay colocados en aeropuertos y estaciones de tren del país son de la empresa del hijo del anterior presidente”. Las noticias relacionadas con la llamada aristocracia roja y la vida regalada que lleva no afectan de momento a la cúpula del régimen ni llegan demasiado al pueblo, pero la corrupción sí ofende cada vez más porque se sufre en el día a día.

Díez tuvo que visitar a su antigua trabajadora doméstica, hospitalizada al sur de China, para mostrar que estaba bien relacionada y lograr que obtuviera mejor atención médica. Conoció una ciudad polvorienta, sucia, un sitio donde la vida parecía invivible. Al final hubo que llevar a doctores desde Pekín para que atendiesen a la mujer; los pagó su nuevo patrón. Hasta las enfermeras pedían dinero. En China, todo sigue funcionando a través de “guan xi”, contactos. Díez es rotundo: “De comunismo el país tiene sólo el nombre. Impera un capitalismo salvaje”.

 

Belén Domínguez, Gregorio Vázquez... Escuchando a Pablo M. Díez en El Imparcial. Foto: Mª Ángeles Martín.

Belén Domínguez, Gregorio Vázquez y más tertulianos escuchando a Pablo M. Díez en El Imparcial de Madrid. Foto: Mª Ángeles Martín.

Eppur si muove. Cada vez más chinos olfatean la libertad: “La mayoría no tiene interés por esas herramientas disponibles para acceder a más información. Pero sí hay mucha gente que ha viajado a otros países y hace amigos, que no puede conectarse con ellos por Facebook y va entendiendo cosas”.

El avance se centra más en lo social que en lo político. Una china le dijo a Díez, haciendo planes de futuro para cambiar de trabajo: “Yo tengo derecho, tengo derecho a decidir”. La frase no hubiera sido tan clara hace unos años. La gente es más consciente de lo que puede tener y se moviliza por ello, sobre todo en los casos de corrupción local, medio ambiente o salud alimentaria.

La igualdad de género progresa, y de hecho Díez cree que la posición de las mujeres es mucho más igualitaria que en otros países donde hace coberturas, como India o Japón. “Los chinos, la gente joven, han pasado tan rápido a este nuevo mundo en que vivimos que son mucho más modernos de lo que se puede ver en otros sitios”. Y ello aunque les frena una educación que no les ha enseñado a pensar por sí mismos, que está basada en el orden, el respeto a la autoridad propio de la mentalidad confuciana y que valora más el colectivo que el individuo. “Al fin y al cabo esta es la base de la diferencia entre Occidente y China y el resto de Oriente”, resume.

Democracia y nacionalismo

Aquí [España] somos una democracia pero creo que está en crisis porque se piensa más en intereses partidistas que en intereses de país. Eso no ocurre en China, donde todos tienen una dirección. El Estado garantiza que se siga avanzando, pero es a costa de los derechos de la gente y de primar el futuro del colectivo sobre el presente del individuo”, opina Díez. “A una familia la echaron de donde vivía a cambio de unos 30 € para cada miembro. Estaban en el sur y tuvieron que mudarse al Tíbet a picar piedra. Perdieron las tierras de toda la vida. Es el progreso que pasa por encima de ellos para que esa región tenga la carretera que conecta las fábricas con los puertos. Así es como funciona”, compara.

Ceinos recuerda que es un país que sigue siendo el mismo con pocas variaciones desde hace 4000 años, algo sorprendente. El Estado cree que lo primero es el progreso económico y lo segundo la democracia. Con sólo un 10% de terreno cultivable, hay que alimentar a sus 1.300 millones de habitantes. Para ello, expandirse en África, apostar por el softpower y cerrar alianzas pragmáticas por el mundo son los pasos a seguir. Logrado eso, hablaremos de otras cosas. China no ha querido ser Rusia a partir de 1989. Además, hay otras democracias mucho más subdesarrolladas que sin embargo tienen mejor fama, como India. “Es por romper una lanza a su favor. Hay que comprender lo que les motiva”, explica este sinólogo. “China no está preparada ahora para tener una democracia. Sería imperfecta”, concede Díez.

El corresponsal de ABC en China en un momento de La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín.

El corresponsal de ABC en China en un momento de La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín.

El que viene será “un período político muy sensible para el régimen chino, que lo va a intentar controlar”, prevé el corresponsal español. Alfonso Armada indaga en los conflictos marítimos abiertos en la zona, donde China ha dejado clara su ambición. Además de la rivalidad China-Filipinas y la de Japón y China por las islas Senkaku/Diaoyu, hay disputas abiertas por el control de territorios que involucran a Corea del Sur y Rusia. “Las están fomentando los gobiernos para aumentar el nacionalismo en cada país y desviar la atención de los problemas internos. No creo que vaya a más porque todo el mundo se juega demasiado en esto. No puede haber una guerra entre China y Japón o entre China y Filipinas… Además las economías están quedando interrelacionadas y a la que menos le interesa una guerra es a China, que pregona su auge en el Pacífico. Pero sí puede ocurrir una escaramuza entre patrulleras, entre pescadores, o un tiroteo donde muera una persona, y ahí sí que podría darse una crisis diplomática fuerte en la cual se movilicen barcos de guerra”. De cuando en cuando, los juegos con escudos antimisiles y misiles de unos y otros hacen tintinear las campanillas que vigilan el equilibrio estratégico en la zona.

En China hay una concepción importante de la grandeza del Estado y de la potencia del país. La población es muy patriótica y basta presentar una disputa como un problema con otro Estado para que los ciudadanos se vuelquen a favor de su gobierno y boicoteen empresas extranjeras. “A los periodistas nos dicen ‘Tú no quieres a China’ y así lo solucionan. Todavía no se distingue entre país, Estado o gobierno, y es la baza que juegan para mantenerse en el poder”.

El futuro

Estos días en que tantos corresponsales se ven abocados a refritos de Internet por no obtener tiempo para trabajar de verdad en una historia, como reconoce Díez que también sucede en China, este reportero viaja todo lo que puede. El país es muy grande y el debate apenas hace incursiones en otros estados en su órbita, como Corea del Sur o Japón. Sin embargo, es aquí donde vivió la experiencia profesional de su vida: el tsunami de 2011 y el posterior accidente en la central nuclear de Fukushima, que cubrió durante mes y medio.

Lo que vivimos ahí esos días fue como una película de catástrofes, apocalíptica, porque realmente pensábamos que la central iba a estallar y que iba a ser algo parecido al fin del mundo. Todas las emociones que se crearon en torno a aquella noticia, la implicación personal con mis compañeros de El País y de El Periódico de Cataluña viviendo estos momentos juntos… Creímos que tendríamos que refugiarnos en algún sótano, bajo tierra, y esperar a una evacuación porque habría una nube radiactiva. Hablábamos en esos términos, sin comida, sin ducharnos durante varios días, durmiendo en el suelo del Ayuntamiento de Sendai junto a los equipos de emergencia que entraban y salían”. Díez narra que dormían tan poco que había momentos en los que daba una cabezada y cuando abría los ojos veía que había escrito letras sin sentido por dejar pulsadas las teclas. “Dejas atrás todos estos pueblos devastados y te ves tan pequeño dentro de esa destrucción, con miedo, porque es un enemigo que no sabes… Hemos estado en revueltas donde ha habido tiros, escuchas las balas, pero allí no sabes nada salvo que te estás jugando el pellejo”. Díez volvió al año siguiente a la zona y otra vez más cuando abrieron el paso a los pueblos evacuados dentro de los 20 kilómetros en torno a la central. “Dije: ‘Tengo que entrar en la central como sea. Dije sí o sí, y al final he conseguido entrar’. Y esa es la noticia que más me ha impresionado y la que más me ha gustado cubrir”.

Corresponsales y expertos en China que asistieron a La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín.

De izquierda a derecha: Li Jiabing, Ana Alonso, Ana Figueroa, José Carmona, Pablo M. Díez, Gregorio Laso, Mavi Doñate, Jon Barandica, Alba Ambrós, Alberto Lebrón, Pedro Ceinos, desconocido y Guillermo G. Díaz-Ambrona. Foto: Mª Ángeles Martín.

El protagonista de la tertulia no parece pasado de rosca por tantas emociones, no cultiva el malditismo. Tampoco aparenta estar torturado por ningún mal recuerdo, sino deseoso de apurar nuevas historias. Es un reportero afortunado y lo sabe. Está donde quiere estar. “Asia ofrece una gran variedad de temas que no se ciñen solamente a la política y la economía sino que dan una perspectiva social muy amplia. Es personalmente lo que más interesa y lo que hace que pueda escribir para todas las secciones del periódico, desde Internacional hasta la contraportada de ABC”.

Es un compañero muy respetado”, dice del invitado la reportera Mavi Doñate. Entre viajeros se suele manejar cierto cumplido. Hace referencia a la capacidad de resiliencia y de relacionarse positivamente con el entorno y los acompañantes en el trayecto. Parece que podría aplicarse a Díez: “easy traveler”.

[La Tertulia Infinita 19 se celebró el 25 de julio de 2016 con la colaboración de FronteraD y Librerantes en el restaurante/cafetería El Imparcial de Madrid. Gracias a sus dueños].

 


Pablo M. Díez (ABC Asia). Periodismo desde China

Cartel de La Tertulia Infinita 20 con Pablo M. Díez

Con la mirada absorta entre Estados Unidos y Oriente Medio, pocas veces percibimos el runrún del gigante. Pero se mueve.

El lunes 25 de julio (2016) el corresponsal del diario ABC en Asia, Pablo M. Díez (@PabloDiez_ABC, blog Tras un biombo chino) nos hablará de su trabajo con sede en Pekín. Conversaremos sobre desafíos medioambientales, roces en el Mar de China, crecimiento económico y, por supuesto, periodismo, censura y derechos humanos.

Nos vemos en El Imparcial, espacio hostelero y cultural que albergó la redacción del diario del mismo nombre y se encuentra en una de las zonas más “chinatown” de Madrid, Cascorro.

Con un vaso fresco en la mano para afrontar la canícula.

 

 

 

 


Periodismo internacional y autocensura

Dice Vicente Romero en La Tertulia Infinita 7 que en el periodismo internacional uno termina autocensurándose bastante y que es necesario hacerlo. Así que la decisión también se ha respetado aquí.

Vicente Romero, en La Tertulia Infinita 7

El periodista cita a personas admirables dentro de instituciones internacionales (especialmente a Jean Ziegler, del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas), y reconoce que si la ONU o los cascos azules no existieran, habría que inventarlos. Pese a todos sus defectos. Sin embargo, no oculta que éste es un mundo despiadado y relata historias muy jugosas de organismos que metieron la pata,  ONG que lo hicieron mal, responsables de Ejércitos occidentales acodados en barras de bar de prostíbulos infantiles, héroes convertidos en canallas: “Pero a veces hay que pensar en frío: ¿Qué gano si hago pública esta historia? ¿Beneficio a alguien si cuento esto y echan a la ONG de aquí, cuando está haciendo otras cosas bien?”.

Este modo de actuar le ha reportado el reconocimiento de sus colegas y del tercer sector, que le ha premiado en numerosas ocasiones. Incluso ha recibido un galardón de la Conferencia Episcopal, aunque él ha dejado dicho por ahí que es ateo (eso sí, cree en los milagros). Para Romero, una buena crónica no vale “la sensación de que te levanten en volandas unos gitanos a los que has sacado de una situación límite, aunque eso suponga no haber podido grabar la información”.

“Si un periodista se encuentra con un matón dando una paliza a un niño, supuestamente tiene que buscar un buen ángulo para ver lo que sucede, anotar los detalles y elaborar una crónica precisa, que incluya número de golpes. ¿No? No. El periodista tiene que ir a parar aquello, decidir que no habrá noticia porque como persona él mismo la evitará. Si con un solo niño está tan claro que debemos detener al energúmeno,  cuando estamos hablando de 5.000 niños, 35.000 personas, 5 millones de personas en una situación de hambre, ¿por qué dudar de que tenemos que tomar partido también?”.

Participantes en La Tertulia Infinita 7. Foto: Raúl de la Torre

Volver a La Tertulia Infinita 7


La Tertulia Infinita (1), con Carlos Franganillo y David Jiménez

 

[Actualizado el 6-3-2014]
 

  • Carlos Franganillo: “Las redes sociales me han abierto muchas puertas para no estar tan aislado”
  • David Jiménez: En periodismo “hay que evolucionar no sólo en cuento a herramientas sino en cuanto al concepto ético”

Carlos Franganillo (izquierda) y David Jiménez (derecha)

Carlos Franganillo, casi 2 años como corresponsal de TVE en Moscú y algunos más de experiencia en España; David Jiménez: 15 años cubriendo Asia para El Mundo, incluidas numerosas guerras y conflictos, cinco terremotos y dos tsunamis. De una tertulia con estos dos brillantes periodistas españoles se deduce que la diferencia de edad o de años de experiencia no siempre implica criterios opuestos: muestran la misma diagnosis sobre los males de la profesión e idéntico entusiasmo a la hora de ejercerla. De haber estado presente Rosa María Calaf (que no pudo asistir al encuentro), seguro que también hubiera predominado el consenso.

Leer el resto de esta entrada »