Aiman Zoubir: “En el pozo de ridiculez que tenemos ya no cabe nadie”

Aiman Zoubir, en La Tertulia Infinita. Foto: Jon Bradburn (CC BY).

 

Hemos llamado a la tertulia “Crisis del Golfo: una televisión en la tormenta”. Cuando nos encontramos con el periodista Aiman Zoubir (Tánger, 1981), corresponsal de Al Yazira en España, resuenan las críticas lanzadas contra la cadena catarí por sus “campañas de odio” en el fragor de la ruptura total entre Arabia Saudí y Catar. La acusación indigna al invitado, que subraya que nadie está contento con lo que sucede: “Demuestra que en el pozo de ridiculez que tenemos ya no cabe nadie. Y esto explica otros fracasos en la región, en todo el mundo árabe. Recursos dedicados a guerras y a conflictos cuando se podían haber invertido en potenciar la democracia”.

Al Yazira se creó en 1996 y recibió una bienvenida mundial calurosa: sería la voz del pueblo árabe en el circuito catódico internacional. “Hasta entonces sólo había canales oficiales: ‘Su majestad ha recibido’ `Su majestad ha despedido’”, recuerda Zoubir (@aizou36). Los atentados del 11-S y la posterior guerra contra el terror iniciada por EEUU propiciaron su cenit profesional, con el logro de grandes exclusivas mundiales en un momento en que pocos equipos mediáticos tenían tantos contactos alternativos (activistas, opositores) en Oriente Medio. Nada hacía sombra a la llamada BBC árabe, pero la pérdida del monopolio era cuestión de tiempo.

20 años después la visión de la cadena ya no es tan idílica. Las principales críticas subrayan que ha adquirido un sesgo extremista (aproximándose a las tesis de la organización islamista de los Hermanos Musulmanes). También dicen que ha sido instrumentalizada por Hamad bin Khalifa Al Thani, el emir de Catar, que la utiliza para hacer y deshacer conforme este país -una pequeña monarquía absoluta rodeada de mar salvo por la frontera que comparte con Arabia Saudí- ganaba peso político y extendía su influencia más allá del Golfo.

El corresponsal de Al Yazira en España no ha detectado en estos años cambios importantes en la línea editorial, y dice no observar presiones ni modos de trabajo distintos de los que se observan en otros medios, pero sí quiere apuntar una disminución del dinero y los recursos disponibles que puede haber llevado a la cadena a no ser la que era. “Seguimos siendo líderes. Si uno se quiere reprochar algunas cosas para explicar el que haya retrocedido la audiencia es lo de siempre, que las cosas se pueden hacer mejor. Pero los desafíos son mucho mayores que hace 20 años. Esto requiere tiempo, requiere personal, y desgraciadamente en los últimos años hemos ido reduciéndolo”.

 

Aiman Zoubir, durante La Tertulia Infinita. Foto: Jon Bradburn (CC BY)

 

Zoubir compara la cobertura de sus equipos, por ejemplo, con la de la versión en inglés de la cadena. “La línea editorial no es muy diferente de la nuestra, pero tienen unas capacidades técnicas más avanzadas. Cubriendo Charlie Hebdo éramos 6 personas y ellos 30. Eso se nota muchísimo”.

En este contexto menos favorable, el pasado 5 de junio el mundo se sorprendió con la decisión de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto de romper simultáneamente relaciones diplomáticas con Catar, hasta entonces un aliado en el Consejo del Golfo, e iniciar una campaña de aislamiento radical del país. Entre los motivos: el apoyo a grupos terroristas y sectarios y el acercamiento al gran enemigo de Arabia Saudí, Irán. Después el grupo de bloqueo se amplió (Yemen, Libia, Maldivas, Mauricio) y planteó una lista de exigencias a Catar para retornar a la normalidad. Una de ellas era el cierre de Al Yazira.

Zoubir rechaza que se estigmatice a la cadena y recuerda que ahora lo que hay son muchos más canales que representan intereses políticos en la región: “Hay grupos de poder que crean su propio medio de comunicación. Antes, para enterarte en Marruecos de que una patera había naufragado en Almería lo tenías que ver en Al Yazira. Ahora hay medios que sí dan esas informaciones […]. Con las primaveras árabes la propia ciudadanía ya se identifica con un color político. Los nacionalistas, por ejemplo, ven un tipo de cadena diferente. A nosotros nos acusan de ser próximos a los Hermanos Musulmanes, cosa que no es verdad”.

Afirma Zoubir que se les está intentando desacreditar y que el mejor ejemplo es Egipto, donde medios sufragados por empresarios del régimen o por terceros países “han hecho una campaña que se debería estudiar sobre cómo manipular un país entero hasta llegar al golpe de estado del 30 de junio” [en este golpe se apartó del poder a los Hermanos Musulmanes; ahora gobierna Egipto el general Abdelfatah Al Sisi].

 

Carla Fibla, moderadora de La Tertulia Infinita 23

 

Las diferencias entre Arabia Saudí y Catar venían de lejos pero “¿cuál fue la chispa?”, pregunta la moderadora de la tertulia, la periodista experta en el mundo árabe Carla Fibla (@FiblaGs): “Todo lo que se ha dicho –contesta el reportero- es muy vacuo, las acusaciones son muy generales. Lo único que se puede demostrar es que la crisis empieza con un crimen, que es el pirateo de la página web de la agencia de noticias catarí. Sabemos cómo se ha producido, quién lo ha pedido. Lo que ha publicado The Washington Post, y que no ha desmentido Emiratos, es que se hace el hackeo desde Emiratos Árabes. Se inventan unas afirmaciones del emir de Catar donde dice que apoya a Irán, que apoya a Hezbolá. Se enciende la mecha, salen declaraciones esa noche, se bloquea Catar por cielo, mar y tierra y se empiezan a tomar decisiones que están causando pérdidas económicas enormes [Emiratos calló bastantes días, después terminó desmintiendo el informe de The Washington Post]. “Imaginaos que las afirmaciones del emir salen a las 12.05 y a los diez minutos ya había invitados para comentarlas. Ya había vídeos hechos. Los que trabajamos en televisión sabemos que eso es imposible, que estaba planificado”.

El día de la tertulia, Al Yazira ha ido perdiendo relevancia en esa lista de condiciones que se sigue negociando; también ha vuelto a funcionar la web de la televisión en Arabia Saudí. “Vieron que es una de las condiciones que más daño ha hecho a sus peticiones, porque atacar a un medio de comunicación siempre es una cosa mal vista en Occidente, donde he de decir que hemos tenido una solidaridad impresionante. La gente no entiende que se pida el cierre de un medio de comunicación o que se criminalice a sus trabajadores”.

“Ya no piden que Al Yazira pare sus campañas de odio contra algunos países. Que yo sepa no somos la cadena de radio de Ruanda que fue juzgada en La Haya [La radio Mil Colinas, que incitó al genocidio en 1994]. ¿Qué entienden por mensajes de odio? Si en un país árabe importante hay ejecuciones sumarias y violaciones de derechos humanos, ¿qué hacemos, no lo contamos?”.

 

Participantes en La Tertulia Infinita. Foto: Jon Bradburn (CC BY)

 

“Hoy en día alguno de esos países que piden el cierre de nuestra cadena tiene encarcelados a compañeros en unas condiciones pésimas, lejos de sus familiares y con unas acusaciones surrealistas”, explica Zoubir, quien se referirá varias veces a la situación en Egipto desde la caída de los Hermanos Musulmanes. Los informes de Amnistía Internacional sobre este país subrayan la pérdida creciente de respeto a los derechos humanos y la libertad de expresión.

Zoubir también advierte contra la intención de inscribir este conflicto en el tradicional enfrentamiento entre las dos grandes ramas del Islam, suníes (liderados por Arabia Saudí) y chiíes (con epicentro en Irán), algo habitual para inflamar los ánimos en la región. “No ha calado porque le pides a un país que corte sus relaciones con Irán y hay países de la zona que tienen 800.000 iraníes en su terreno y las mayores relaciones económicas con ese mismo país. Ya pierde valor, pierde seriedad tu petición. Es una decisión soberana. Y si yo corto las relaciones con Irán, ¿ustedes harían lo mismo? ¿Qué seriedad tiene eso?”.

Pero algunos asistentes a la tertulia recuerdan que Catar no es un estado absolutamente inocente y que tampoco es un modelo de respeto a los derechos humanos. Rebaten al invitado algunas afirmaciones. Cuando Zoubir acusa a Bahrain de doble rasero por bloquear a Catar mientras incluye en su Gobierno a los Hermanos Musulmanes, Fibla le recuerda que este grupo no muestra el mismo extremismo en todos los países. Cuando el periodista habla de Marruecos o Turquía como países democráticos, hay quien le acusa de condescendiente, aunque aclara que la democracia que prefiere es mucho más avanzada.

El periodista concede: no todo se ha hecho bien desde Catar, ya se han reconocido errores, pero tampoco puede considerarse al país como un verso suelto al que haya que castigar porque haya obrado según su voluntad. El país estaba evolucionando mucho, modernizando su sistema económico, convirtiéndose en modelo en algunos sectores, pero según Zoubir “siempre hemos ido de la mano de EEUU, de Francia, de Arabia Saudí, porque Catar por mucha influencia que tenga no deja de ser un país que tiene los vecinos que tiene y el tamaño que tiene [2,7 millones de personas, sólo 250.000 de ellas cataríes] y debe gestionar las contradicciones de la región”.

El día que se celebra la tertulia el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, visita la zona. El periodista no espera gran cosa de sus gestiones. “Si Tillerson [Rex Tillerson, secretario de Estado de EEUU], con el poder y el peso que tiene, se ha ido con frustración, Erdogan, que ostenta buenas relaciones con Arabia Saudí y Catar pero no tiene tanto feeling con Emiratos Árabes…”. Ni siquiera en EEUU se han puesto de acuerdo, con Donald Trump y Tillerson haciendo declaraciones contradictorias sobre el conflicto al inicio del mismo. “Con el paso del tiempo se ha dado espacio a Tillerson para que intente llegar a una solución. Cada dos o tres días hay un ministro de exteriores de un país diferente intentando ver cómo se sale”, ironiza el periodista. Rusia también es un actor importante pero prefiere jugar partidas bilaterales, opina el corresponsal. De la política exterior española dirá que “ha perdido peso”.

 

Mari Ángeles Martín, en La Tertulia Infinita. Foto: Jon Bradburn (CC BY)

 

¿Cómo acabará todo?, pregunta Fibla. “Primero tienen que negociar. No han conseguido sentarse […]. Al fin y al cabo son tribus y su manera de interactuar es muy diferente. Y claro, se están dañando económicamente. Hay una preocupación de las grandes potencias porque el daño económico es muy importante y eso es lo que va a empujar a que se hagan cesiones. Pero no serán las que se han pedido en la famosa lista, que era como si Catar hubiese perdido una guerra y tuviera que pagar indemnización” (“como un Tratado de Versalles” dice un participante). “Se tiene que salir con esta fórmula hecha, que puede parecer simplona pero que es la que hay: `Ni vencedores ni vencidos’. Tratar de hablar las diferencias que hay, intentar consensuarlas. Hay cosas que son intocables (mi soberanía, mi libertad de expresión) y luego todo lo demás se puede hablar”. Otra opción es que Catar llevase este caso a los tribunales internacionales, como hizo Nicaragua contra Estados Unidos en 1986. No parece que lo haga porque, como destaca Fibla, su actitud ha sido muy prudente y moderada en toda la crisis: “Catar no es quien incendia esto”, corrobora Zoubir.

Arabia Saudí ha hecho un daño irreparable a su imagen, cree Zoubir; “No supieron aportar pruebas más allá de quitar Al Yazira de los hoteles y multar a los que iban con la camiseta del Barça. Esto como árabes no nos alegra. Aquí nadie está contento por lo que está pasando, porque demuestra que en el pozo de ridiculez que tenemos ya no cabe nadie. Y esto explica otros fracasos en la región, en todo el mundo árabe. Recursos dedicados a guerras y a conflictos cuando se podían haber invertido en potenciar la democracia, en ayudar las transiciones democráticas, en países que lo necesitan, en Túnez, en solucionar la hambruna en Yemen…

 

Aiman Zoubir, explicando la crisis del Golfo. Foto: Jon Bradburn (CC BY)

 

Zoubir tiene dos enemigos mientras habla. Uno es Orlando, que a pesar de haber venido como “amigo del novio” interrumpe continuamente el discurso del periodista medio en serio medio en broma: “Estamos escuchando pura demagogia”, “Europa es una tía vieja, decadente y drogadicta”, y así. El otro es el ruido. El lugar es muy agradable, pero a lo largo de una hora pasan por él varias ambulancias, un coche de bomberos y, sobre todo, máquinas pesadas para unas obras públicas que se acaban de iniciar en la zona. Operarios con auriculares las conducen arriba y abajo pausadamente, mirando a su derecha (o a su izquierda, según sentido) al numeroso grupo de debate que se ha conformado.

Galería fotográfica con Aiman Zoubir

Orlando le dice a Zoubir que la democracia en el mundo árabe nunca será como aquí. El corresponsal lo niega con vehemencia: “El primer error es meter a todos los países en el mismo saco. Probablemente un señor de Túnez tiene más que ver con un chico de Marsella que con uno de Yemen. Hay que tratar cada país. Y hay países que ya están en una transición como lo es el caso de Túnez. Pero a esas democracias hay que ayudarlas”.

Zoubir recuerda el trato privilegiado que Europa daba a los gobiernos de Zine El Abidine Ben Alí o Muamar Gadafi cuando encabezaban gobiernos represores en Túnez y Libia, respectivamente; y apunta contra las relaciones que se otorgan actualmente a Abdelfatah Al Sisi, presidente de Egipto. “Se piensa sólo en negocios, en seguridad y en frenar la inmigración. Y la democracia y los derechos humanos y tal pueden esperar”. Parece una persona lógica, de naturaleza positiva, que toma bien las críticas y quiere dejar hacer y que le dejen hacer. Viene de un viaje. Al día siguiente tiene otro. Su trabajo va más allá de España, con coberturas que en los últimos años le han llevado a Rusia, Venezuela, Irán, Marruecos, Francia, Bélgica… En un contexto periodístico difícil para todos no debe ser agradable sentirse señalado como trabajador de un canal de televisión que “conspira para el mal”. Mañana toca Bruselas. Avión temprano. Se va entre risas y agradecimientos habiendo dejado otra recomendación en el encuentro: “Tratar de igual a igual”.

 

La Tertulia Infinita 23 con Aiman Zoubir se celebró el lunes 24 de julio en la terraza de “El Anciano Rey de los Vinos“, Madrid. Gracias al local por albergar el encuentro.

Galería fotográfica: “Crisis del Golfo. Una televisión en la tormenta”.

 

 

Anuncios

Beatriz Mesa, Carla Fibla, sobre Libia: Islam ≠ crimen

Una vez la dueña de un bar muy bonito dio permiso telefónico para celebrar allí La Tertulia Infinita. Pero al poco de colgar envió un sms: el ok era sólo en el supuesto de que el corresponsal invitado no procediese de medios, *digamos*, como la COPE.

Inmediatamente nos entraron ganas de traer a uno.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

La prueba de que en la información internacional las líneas ideológicas tienden a diluirse la constituyen las invitadas a La Tertulia Infinita 12, Beatriz Mesa y Carla Fibla. Mesa (corresponsal de la COPE, pero también colaboradora de El Periódico) y Fibla (analista, ex Cadena Ser, El Mundo, La Vanguardia y varios medios más) coinciden en todas las interpretaciones que realizan sobre Libia y sobre quienes están metiendo las manos en el país.

Las líneas relevantes para los periodistas que se patean el mundo suelen ser otras: están quienes viven las zonas sobre las que informan y quienes caen sobre ellas como paracaidistas; están quienes se ponen casco y chaleco en cuanto llegan y quienes llevan años reporteando sin aparecer de esa guisa en las crónicas; y están los que pisan un destino con el reportaje plagado de clichés ya en la cabeza, mientras otros esperan a hablar con la gente. Todas eso marca más que el medio de origen.

¿Los mejores periodistas son los que más se acercan a la línea de combate? Ninguna de las invitadas lo cree, pese a que a veces los propios colegas te empujan: “Si no estás ahí, no eres un gran periodista, parecen decirte”. Como las autocríticas son escasas en la profesión, se valora la chispa con la que Mesa relata su propia historia, que provoca sonrisas a lo largo de la tertulia: “Yo era aguerrida. Quería estar en el frente de Misrata. Tenía que estar en Misrata. Y cuando llamo desde Misrata el medio me pide 30 segundos para contar el frente de Misrata. Ese día te replanteas tu vida y tu profesión. ¿Yo qué hago aquí? Perdí a dos compañeros y entendí que de lo que se trataba de explicar el conflicto, y no solamente desde el punto de vista militar. Con la distancia, considero que fue un error pasar 8 días en el frente”.

Como son amigas el relato se mueve entre lo histórico, lo periodístico y el anecdotario personal compartido. Se adapta a las preguntas de los tertulianos como su propio trabajo al entorno: ambas llegaron a un país para cubrir su feliz Primavera Árabe y se encontraron convertidas en corresponsales de guerra (expresión que rechaza tajantemente la ex reportera de la SER).

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Con el aplomo que da haber trabajado en muchos estados árabes, Fibla desmenuza el origen del remolino libio. Conoció el país cuando aún estaba bajo la dictadura de Muamar el Gadafi: “Era un país extraordinariamente cerrado, sin contacto con el exterior. Impensable que algo así pudiera ocurrir. Hasta cuando preguntabas la hora por la calle la gente se apartaba”. Pero el 16 de febrero de 2011 la detención de Fethi Tarbel, abogado activista de los derechos humanos, deriva en manifestaciones y protestas contra la corrupción. Empieza la ira popular y el goteo de heridos y muertos.

Las reporteras entran con otros medios en Libia por su frontera con Egipto y siguen la evolución durante las cinco primeras semanas. “El inicio fue increíble, de esas experiencias por las que merece la pena estar en la profesión. Te encuentras con gente muy valiente, capaz de organizarse. Gente que vivía en el extranjero volvía muy preparada. Hubo una verdadera Revolución Cultural. Muchos artistas salían a la calle, las paredes se llenaban de grafitis. Y aún no estaba claro que se fuera a ganar esa batalla, pero era ese cambio de mentalidad y esa decisión que anuncian que no hay marcha atrás”, dice Fibla.

Después (19 de marzo), la intervención militar de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, el linchamiento y muerte del tirano, la pretendida libertad. “Pero hay un trasfondo que no se conoce, y es que Libia es un país dividido desde un punto de vista tribal, regional y económico. Cuando el objetivo común cae [Gadafi] surgen los problemas. Y es lo que estamos viendo ahora: un conflicto de todas esas dimensiones”, explica Mesa, que ha vuelto al país varias veces desde que todo comenzó.

Con sus palabras las periodistas dibujan un mapa en el que se entiende la importancia primordial de los puertos petrolíferos al Norte y los pozos de extracción al sur: “Esa es la verdadera lucha de Libia y también de los actores internacionales, más allá de la cuestión islamista”, dice la periodista de la COPE. Con unos 6 millones de habitantes y recursos calculados para unos 65 años, Libia “es el país [de las revoluciones] que más rápido podría salir adelante si consiguiese controlar esa riqueza”, apunta Fibla.

El petróleo se pasea por la conversación. Porque es curioso que en un Estado etiquetado tantas veces como fallido algunas cosas aún funcionen: hay milicias que siguen protegiendo los pozos y las exportaciones de petróleo continúan aunque se hayan reducido. Repsol (España), Total (Francia), ENI (Italia) y otras empresas “trabajan aún allí con la anuencia de las élites políticas y las élites armadas. Y esto no se está contando”, dice Mesa. Curioso también que el país que ha logrado la Primavera Árabe más exitosa hasta el momento (Túnez) no tenga tan importantes recursos energéticos.

Ahora la Libia que narran los medios son en realidad tres países: la Cirenaica, donde se dan los enfrentamientos más agresivos y se presencian asesinatos arbitrarios, ajustes de cuentas, imposiciones extremistas del Islam (“con una Bengasi fantasmal, casi sin administración del Estado”, apunta Fibla); la zona de Trípoli, donde la gente se arma más cada día ante la creciente inseguridad; y la de Misrata, que sigue funcionando como motor económico y donde apenas existe desempleo. Si se analizan a fondo las complejas zonas del sur, aún saldrían más países.

Mapa de Libia

“Después de muchos años siguiendo países árabes yo lo que valoro es que la gente haya sido capaz de dar ese paso. Que el inicio de la revolución fuera popular es increíble. Me gustaría ver a personas de países desarrollados salir a la calle con esa determinación teniendo lo que ellos tenían enfrente”, admira Fibla.

Esa sociedad civil es ahora una víctima que vive bajo la extorsión, pero Fibla y Mesa aseguran que son los propios libios quienes tienen que salir de ese atolladero y que otra intervención exterior sería nefasta. “Estados Unidos está muy perdido en Libia, como en tantos otros países árabes. Han tenido muy pocos aciertos. Su acción siempre va a la deriva, les sobrepasa”, dice Fibla. La Unión Europea y la ONU son un cero a la izquierda, pese a la presencia flotante en la zona del enviado Bernardino León. De España no hablamos.

Las reporteras no se cansan de pedir paciencia con los procesos del mundo árabe y respeto a sus ritmos. “Cuando algunos académicos o periodistas se atreven a decir que estamos atravesando un invierno árabe me parece un error. Los procesos de cambio no se pueden evaluar de manera cortoplacista. Tampoco en la Revolución Francesa se alcanzó la democracia tras el primer suceso”, argumenta Mesa.

Beatriz Mesa

Beatriz Mesa

Sobre todo, las invitadas recalcan dos ideas: que tras los conflictos siempre hay una lucha económica por los recursos y que excluir a los movimientos islamistas de la solución es mala idea. Mesa, que ha investigado sobre redes criminales en el Sahel, recuerda lo que está ocurriendo en Malí: “Detrás de la Yihad hay sobre todo estructuras económicas, crimen organizado, economía criminal. Esa es la verdadera amenaza. Y ahí están implicados no sólo los grupos armados de corte yihadista sino también los de corte nacionalista y los poderes estatales, además de individuos que nada tienen que ver con los grupos armados y con la política. Y ahí está Francia, buscando gas y petróleo”.

No se puede desprestigiar un proceso revolucionario en menos de un año porque entren en el campo político los movimientos islamistas, vienen a decir ambas reporteras, ni siquiera cuando dentro de ellos haya un brazo extremista que impida las aspiraciones de libertad, dignidad y trabajo del pueblo. Fibla es tajante al afirmar que apartar a los Hermanos Musulmanes del poder en Egipto ha sido un error: “Lo hicieron muy mal pero había que haber dejado que lo siguieran haciendo mal para perder en las siguientes elecciones”. Si en Libia la visión de Estados Unidos pasa por apoyar a uno de los bandos en liza [como el general Halifa Hifter] sólo porque se enfrenta a movimientos islamistas, Mesa lo considera muy peligroso: “Quizá no se esté identificando bien al enemigo”.

Células islamistas se están extendiendo en la zona, pero la corresponsal de la COPE insiste en que no sólo está pasando eso. “No podemos decir “El Yihadismo se ha instalado en Libia”. No es cierto. El conflicto es mucho más complejo. El extremismo representa una minoría y, lo más importante, en Libia los islamistas no tienen base social”.

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Al final de la tertulia los asistentes dicen que la explicación tan sencilla de un país tan complejo sitúa el encuentro entre los que más les ha gustado. Y se comenta la misma sensación agridulce que en otras ocasiones: la de que hay periodistas con mucho que contar y poco espacio, tiempo o recursos para hacerlo. Gente que incluso se mete en camisa de once varas y tiene la ocurrencia de internarse en el periodismo internacional de investigación, como está haciendo Mesa ahora, o de enriquecer el aquí y ahora con el análisis académico, como hace Fibla. Y además en un entorno de seguridad que se pone cuesta arriba para la Prensa. Fibla reconoce el miedo en sus últimas internadas en Siria: “Es el peor escenario y con peores perspectivas”, dice con pena por la población local. Mesa prefiere el sarcasmo: “Qué problemón ¿no?. Que ya no sabemos dónde colocarnos porque somos enemigos de unos grupos armados que yo no considero mis enemigos sino mis fuentes de información, porque yo lo que quiero es entender ese conflicto…”.

Las despedimos deseándoles suerte con unos medios que ya no se acuerdan mucho de la Primavera en el Magreb. “Con la caída de los regímenes se mantuvo un poco la atención pero el descenso fue increíble. Un proceso como éste, que está siendo histórico para esos países y que se va a prolongar en el tiempo, habría que seguirlo mucho más. Llevo un año en España y creo que el seguimiento es un desastre, pese al interés que sí veo en la calle”, ha afirmado Fibla en un momento de la conversación. “Yo mientras nos vayamos de aquí separando el Islam de todo lo que hacen los criminales, ya me quedo tranquila”, dice Mesa.

Sea. Desde el título.


Angeles Espinosa: “En medio de la guerra y el horror, la gente se enamora”

 

Quizá la mejor descripción que pueda hacerse de Ángeles Espinosa sea la de que acumula más de 3.800 contactos en su teléfono móvil (es la cifra aproximada que emerge durante la conversación). El suyo es un periodismo internacional de altos vuelos, que la lleva de un país a otro y de una fuente a otra con eficacia y celeridad. Y la fuente puede ser un activista en un entorno clandestino, un portavoz terrorista o un monarca con poder de decisión sobre millones de personas.

Ángeles Espinosa, corresponsal de El País en Dubái.

Ángeles Espinosa, corresponsal de El País en Dubái. Foto: M. Ángeles Martín / La Tertulia Infinita

Lleva prácticamente toda su vida profesional en El País, un espécimen cada vez más singular en los tiempos que corren. Entró allí como becaria y se ofreció para ir a Beirut. La respuesta fue no, pero ahí empezó todo. “Yo lo elegí y me eligió”, dice en concreto de la información sobre países árabes.

Que viva en la moderna Dubái desde que la expulsaron de Irán, donde fue corresponsal durante 6 años, tiene explicación: “Es práctico. Las comunicaciones funcionan y hay vuelos diarios hacia los países que cubro, de Paquistán a Arabia Saudí, de Irak a Yemen”. Esos mismos motivos logísticos hacen que pasen por la ciudad muchas figuras que conviene entrevistar.

Espinosa llega al encuentro con gafas de sol. Ha tenido un desgarramiento ocular que puso en duda su viaje a Madrid, pero al final puede comenzar en esta ciudad sus vacaciones. La foto fija que se trae de Bagdad, su destino más reciente: “Muros de hormigón y puestos de control donde hay un policía, un soldado y dos o tres señores con o sin uniforme que no sabes muy bien a qué milicia pertenecen. Es lo que da miedo a la gente. No se sabe quién es la autoridad”. La imagen es triste sobre todo para quien, como esta corresponsal, ha visto otra Bagdad en la que no había libertad y donde no se hablaba, pero donde sí “había jardines, árboles y la gente podía salir a hacer la compra”.

La música de fondo de la zona siempre es la miseria. “Hay que conocer los lugares para entender ciertas cosas. Uno va a Zarqa, pueblo natal de Al Zarqawi en Jordania, y encuentra un sitio inmundo, polvoriento, donde lo menos extraño es que surja alguien como él. Un chaval joven allí, aparte de cruzarse mano sobre mano a la puerta de su casa y planear alguna maldad, poco tiene que hacer. No hay bares, no hay discotecas, no hay cines. Relacionarse con chicas no puede ser. El sexo tampoco. En pueblos pequeños ni siquiera hay un prostíbulo”.

La periodista es capaz de explicar el conflicto como un puzle complejo que comenzó con la Guerra Fría y lleva completándose desde entonces a la vista de todos. En él, no todas las malas piezas son achacables a los Estados Unidos. Los estereotipos han perjudicado mucho: “El enfrentamiento entre suníes y chiíes no es un imperativo histórico. Ni han estado toda la vida peleándose ni tienen que hacerlo, según los expertos con los que hablo. Era un enfrentamiento ideológico que ha adquirido carácter político sólo recientemente. Se están explotando esos sentimientos”.

Objetividad, rigor. Se ve que los persigue. Entre los dos caminos que percibe en el periodismo internacional de hoy (The New York Times, para el que los hechos son sagrados, y The Guardian, un medio de calidad que apuesta por un tono más militante) se queda con el primero. Sobre la difusión en Internet de imágenes de extrema crueldad por parte de los yihadistas del Ejército Islámico de Irak y Levante (EIIL, ahora EI), su propuesta es que los medios repliquen estas fotografías con prudencia: “Es obsceno que a mi muerto lo cubra con una sábana y al muerto iraquí lo muestre decapitado”.

Ángeles Espinosa, en La Tertulia Infinita 11

Ángeles Espinosa. Foto: M. Ángeles Martín / La Tertulia Infinita

A Espinosa le inquietan quienes se alistan tras ver esos vídeos: “Se diría que provocan repulsión, pero tienen gran éxito, el EIIL recluta personas. Puede comprenderse en Irak porque llevan tres décadas brutalizados por una dictadura, la guerra y las sanciones. Muchos no han visto otra cosa. Pero que haya chicos y chicas que viven en Suecia, en Londres … No sé si somos sociedades enfermas”. Corrobora estos temores la corresponsal holandesa Jessica Spengen, aportando datos de voluntarios yihadistas en su propio país. Es quizá la nueva forma de lucha de algunos jóvenes rebeldes contra el sistema, concluyen ambas; una sangrienta actualización de lo que en el pasado se quedaba en las drogas y el rock and roll.

A la vista de la expansión del EI, ¿debería haberse intervenido en Siria? “No creo que haya intervenciones generosas. Un país interviene de acuerdo con sus intereses, incluso cuando se llaman humanitarias”. Y la participación militar no siempre es útil, recuerda la reportera. “¿Qué hay ahora en Libia? El caos”. “Lo que he aprendido más claramente en casi tres décadas de profesión es que no hay buenos y malos, no hay amigos ni enemigos. Todo tiene muchas gamas de gris”, explica.

La Tertulia Infinita 11. Foto: M. Ángeles Martín

La Tertulia Infinita 11. Foto: M. Ángeles Martín

Por su atención a distintas capitales Espinosa tiene muy presentes las estrategias, la partida global. Así, a veces las decisiones se toman con estrictos criterios militares, a veces tienen peso las humanas envidias entre emires. Es evidente que los contactos tienen gran peso en su trabajo, que cultiva mucho su trato y evalúa los resortes psicológicos de sus encuentros. Ha entrevistado a numerosos jefes de Estado de la zona, desde Mahmud Ahmadineyad hasta Bashar Al Assad: “Los políticos no nos dan una entrevista por ser simpáticos, la dan porque les interesa. También es importante que sus asesores te conozcan”. La periodista cree que es necesario además “estar en los sitios, tener una continuidad en la zona”. Y cuida a sus fuentes: “Hay personas a las que no llamo porque sé que  eso podría suponerles una detención de los servicios secretos”.

Tras su trabajo hay esfuerzo de planificación. ¿Cómo te organizas? ¿Cómo llevas tu agenda?, preguntan Elena Aljarilla y otros asistentes, curiosos sobre cómo se puede cubrir 7 países: “Trato de estar atenta, preparo los temas con el coordinador en Madrid. Pero es verdad que antes había un imprevisto de vez en cuando, ahora hay un imprevisto todas las semanas”.

Tráfico incesante. Pitidos y sirenas. Sobrevuela un helicóptero y alguien bromea con que es un drone. Pero estamos junto a El Retiro y el frescor es agradable. También se oyen pájaros. Como en los destinos de Espinosa, la mezcla es la esencia: “Todo pasa a la vez. En medio de la guerra y del horror, la gente se enamora, se casa, tiene hijos”.

A medida que la periodista se refiere a una y otra cobertura la visualizo de un lado para otro de la región, su casa a la espera. Tras la tertulia comprendo que a los otros participantes les ha pasado igual. A la hora y media de comenzar el encuentro, cuando vamos a decidir su final, alguien que viene a buscarla y una lluvia fina precipitan el adiós. “Me he quedado con tantas ganas de preguntar… -suspira una tertuliana cuando la reportera ya se ha ido- ¿Pero a usted quién le tira las cosas a la basura cuando se le mueren en la nevera?

[Ángeles Espinosa fue la corresponsal invitada a La Tertulia Infinita 11, que tuvo lugar el miércoles 2 de julio en la terraza del Café Shukran, en los jardines de Casa Árabe].


La Tertulia Infinita 11 con Ángeles Espinosa: IS. Irak. El caos

 

El próximo miércoles 2 de julio vuelve La Tertulia Infinita (primavera-verano, número 11). Nos acompaña Ángeles Espinosa, corresponsal de El País en Oriente Medio con sede en Dubai.

Ángeles EspinosaPremiada con el Ortega i Gasset (2002 y 2003), por el Club Internacional de Prensa (2003), por la Asociación de la Prensa de Madrid (2010) y con el Víctor de la Serna (2011), nominada este año al Cirilo Rodríguez, Espinosa ha sido corresponsal en Líbano, Egipto e Irán, país del que fue expulsada en 2011 por sus informaciones incómodas. Ha cubierto la mayoría de las guerras y acontecimientos importantes en Oriente Medio desde los años 90. Ha publicado tres libros.

Recién llegada desde Bagdad, nos da que es persona adecuada para hablar de IS (o ISIS, o EIIL), el Ejército Islámico de Irak y el Levante. Este grupo extremista ha barrido buena parte de Siria e Irak devolviendo al prime-time el drama de los refugiados, las torturas y las muertes en la zona. Ha resucitado también todos los  fantasmas de las intervenciones occidentales fallidas en la región. Pero quizá acabemos conversando de otros temas, porque Espinosa lo mismo escribe cuentos de princesas encerradas que se empotra 24 horas con el ejército paquistaní.

El encuentro será en la cafetería al aire libre Shukran (que significa “gracias”), situada en los jardines de Casa Árabe, junto al parque de El Retiro. ¡Os esperamos!

 

Dónde: Cafetería Shukran, jardines de Casa Árabe. C/ Alcalá 62. Madrid. Metro Retiro.

Cuándo: miércoles 2 de julio de 2014. 20.00 horas

Entrada libre y gratuita.