Pablo M. Díez: desayunar con un campesino, cenar con un presidente

Pablo M. Díez, en La Tertulia Infinita

Pablo M. Díez, en La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín

La cobertura soñada de Pablo M. Díez (@PabloDiez_ABC), su assignment perfecto, fue el accidente nuclear de Fukushima. También es el lugar y momento donde más miedo pasó. Adrenalina para un periodista nacido en Córdoba en 1974 y que desde 2005 es corresponsal del diario ABC en Asia, con base en Pekín.

¿Cómo es la vida del reportero en una región de tantas reminiscencias cinematográficas y literarias, románticas y periodísticas? ¿Rivalidad, complicidad? ¿Conversaciones que languidecen ante vasos de whisky o baijiu? Los corresponsales españoles en Pekín tienen amistad. “Los de El País, El Mundo, La Vanguardia o el Periódico de Catalunya están entre mis mejores amigos allí. Nos buscamos bastante no solo para hablar de periodismo sino para salir, divertirnos o contarnos problemas del trabajo pero también personales. Es una relación estrecha”.

A largos ratos la tertulia se convierte en un diálogo entre Díez y otros colegas que conoce y están presentes, como Mavi Doñate, corresponsal de TVE en Pekín desde hace un año; Gregorio Laso, ex consejero de Informacion de la Embajada de España en China; Pedro Ceinos, que lleva 20 años viviendo en China y ha escrito libros que son ya clásicos sobre su lenguaje; o Alba Ambrós, politóloga experta en Asia. También participan en el diálogo la periodista Ana Alonso y el fotoperiodista Jon Barandica. Salen a relucir momentos y lugares: el restaurante español Mare, donde Laso llevó a Díez nada más conocerse, o tantos episodios en los que la ayuda mutua entre unos y otros ha sido básica para trabajar. “Anda, anda. Me estás llamando todo el día” -le dirá alguien a Díez- con el ‘¿Dónde me puedo colar que no me pillen?’”.

El peligro de esa relación estrecha entre periodistas es el alejamiento de la población local. “Sí, la burbuja existe -reconoce Díez- porque para empezar estamos en Pekín o en las grandes ciudades como Shanghái. Pero un periodista tiene que poder desayunar con un campesino y entrevistar a un campesino y por la noche cenar con el presidente del Gobierno de ese país”. No parece existir un caso de ensimismamiento elitista: viajes de 12 horas por el sur de China en camiones llenos de patos, trayectos en barcazas amenazando hundimiento, reposos (es un decir) en autobuses con litera… amén de un montón de relaciones humanas que se desprenden con naturalidad del discurso de este reportero y que comprenden desde la amistad que puede desarrollar con vecinos y trabajadores domésticos hasta alguna relación sentimental local que fue determinante para comprender realidades concretas o realizar coberturas específicas.

Cuando era presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero anunció un viaje al país asiático y las autoridades locales se pusieron algo nerviosas. Sin conocer la agenda presidencial, Díez había cerrado de antemano una entrevista con el primer ministro de Taiwán, de tortuosa relación diplomática y jurídica con China. Cuando sólo había hablado de ello por email con su jefe de entonces en ABC, Miguel Salvatierra, sonó el teléfono. “Me llama Gregorio: ‘Pablo, ¿tú vas a ir a Taiwán?’. ‘Pues sí, voy a ir dentro de poco’. Y dice: ‘¿Y vas a entrevistar al primer ministro de Taiwán?’ Y digo ‘Pues sí, ¿cómo te has enterado?’. Y él dice: ‘Porque me lo han dicho los chinos?’. ‘¿Y cómo se han enterado los chinos?’” O porque supervisan el correo, o porque tienen espías aquí y allá, supone Díez. Gregorio cuenta su parte, ese aviso que recibió del Ministerio de Asuntos Exteriores chino: “Ustedes comprenderán que son momentos complicados y difíciles, ahora que está pendiente la renovación de visado de su corresponsal. Puede suceder que tenga dificultades y no va a poder seguir a su presidente. Va a ser un problema”. La entrevista se celebró.

Censura y seguridad

La censura china genera mucha curiosidad durante la conversación. Díez es tajante: “Es un régimen dictatorial. Hay un control de la información, censura y un partido único. Se criba todo lo que es políticamente sensible”. Él y otros tertulianos cuentan las herramientas que utilizan y narran anécdotas que revelan su paciencia infinita para con las autoridades: “Cuando hay un acontecimiento como la Asamblea Popular, que es el parlamento orgánico del régimen y reúne a casi todos los diputados del Partido Comunista, nos cuesta mucho entrar en las redes. Internet va lentísimo”. Hay que recurrir a una red privada virtual (VPN) para conectar con un servidor extranjero y evitar la “gran cibermuralla china” que impide el acceso a páginas occidentales de discurso libre como Twitter o Facebook, vetadas en el país. En un proceso de acción-reacción, el régimen chino también va avanzando en tecnología de vigilancia y estrecha su relación con grandes empresas que le ayudan a controlar la información a cambio de no perder opciones en el gran mercado asiático. Es el caso de Microsoft, Yahoo o Cisco, una connivencia por la que se interesa el tertuliano Gregorio Vázquez.

Asistentes a La Tertulia Infinita

Asistentes a La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín

Las cuentas de correo pueden aparecer bloqueadas, hackeadas o con vida propia. Doñate cuenta lo que le ocurrió tras un roce ligero con la policía por la cobertura de la sentencia de La Haya sobre el conflicto marítimo China-Filipinas: “Tengo dos entradas de correo, la de la empresa y la de Gmail. A los dos días de aquello figuraba que desde Gmail me había enviado a mí misma a la cuenta de RTVE la declaración de la renta de 2015. ¿Cómo te quedas?”. Hasta las conversaciones de teléfono privadas entre los corresponsales se llevan a cabo con una cierta prevención psicótica.

En las redes sociales proliferan los trols y los bots políticos que manipulan y desinforman. Un reciente estudio de la Universidad de Harvard calcula que funcionarios gubernamentales emiten al año unos 448 millones de comentarios digitales propagandísticos.

Fuera de las redes las restricciones continúan. Ser retenido brevemente por la policía es una experiencia que han tenido casi todos los periodistas extranjeros en Pekín (otros profesionales y medios afrontan la expulsión). Y es frecuente que personal del régimen te siga. “Si queréis venir aquí, tenéis que llamar antes”, les dicen esas sombras en los lugares que visitan.

Díez hace muchas fotos a escondidas, pero en la televisión lo tienen más difícil: la cámara se ve de lejos. Doñate hacía un reportaje fuera de Pekín sobre la industria del carbón y el acero, con pronóstico desempleo por la reconversión. “Nos pillaron sacando el material para grabar. Nos retuvieron 4 o 5 horas, pidieron el visado… Pero lo molesto es que te dejan, continúas rodando, vas a un pueblo a hablar con gente que trabaja en esas fábricas y de repente salen dos, no sabes de dónde, que se te ponen detrás y te siguen a todas partes. Una miradita [al interlocutor del periodista], una inclinación y ya el silencio. Te vuelves a Pekín con esas 5 horas perdidas pero sobre todo con poco material”.

Ellos tienen muy presente el ejemplo de la Primavera Árabe. En  2011 hubo gente que quiso ver ‘nuestra primavera China’ […]. Como no podían manifestarse con pancarta, convocaban a la gente para que paseara por la calle comercial de Wangfujing [peatonal, una de las principales en Pekín]”. Había más periodistas de lo normal. Casualmente las autoridades abrieron una zanja de obras públicas para ralentizar el paso y acabaron amenazando a algunos periodistas con la deportación. Es un matar moscas a cañonazos pero al Gobierno le funciona porque “ahí se acabó la historia”.

Un momento de La Tertulia Infinita sobre China. Foto: Mª Ángeles Martín.

Un momento de La Tertulia Infinita sobre China. Foto: Mª Ángeles Martín.

Tíbet

Los viajes de Díez a Tíbet, otra herida independentista abierta en China y vetada a los reporteros extranjeros, son un abanico de problemas periodísticos y recursos para resolverlos. Sitúense en los disturbios de marzo de 2008, con fuertes protestas de los monjes budistas en Xiahe, un importante destino de peregrinación en la provincia de Gansú que ha sido desgajado del Tíbet histórico: “En el aeropuerto de Lanzhou (capital de Gansú), dirigiéndome a la zona, una mujer con la que había estado charlando me dijo: ‘No cojas ese taxi. Te llevo con mi chófer hasta la capital y ahí coges un taxi de ciudad, que es más económico. Ella no sabía que había estallado una revuelta, pensó que yo era un turista. Tomo un taxi pequeñito y como estaba tan cansado me eché a dormir en la parte de atrás. Gracias a estar tumbado pudimos atravesar varios controles de carretera y llegar. Y gracias todo ello a estar cansado por haber cogido el primer avión de la mañana para Lanzhou. En el siguiente vuelo cayeron todos”.

Díez también trabaja el camuflaje: “Saco la Lonely Planet, pongo cara de pánfilo, me coloco las gafas y atravieso un puente lleno de antidisturbios arrastrando mi maletita roja y con la boca abierta”. En China, donde no falta el humor y a veces el mismo personal siniestro que te atosiga te invita a comer, la expulsión con la que finalizó la visita de Díez a Tíbet incluye una escena antológica. “Estaba en el hotel enviando mi crónica y llamaron a la puerta. Eran policías. Dijeron ‘¿Qué haces aquí?’. Yo contesté: “Visitando este pueblo’. ‘Pues mira, te recomendamos que vuelvas en verano porque el tiempo es mejor, la hierba es más verde y las mujeres están más guapas‘” (la historia está contada con más amplitud en su blog, Tras un biombo chino). Al día siguiente la policía se aseguró de que el mismo dueño del hotel acompañara al aeropuerto al periodista español y a otra colega francesa que se había colado en la ciudad vadeando un río.

Díez lo llama suerte, pero parece influir su trabajo a fondo del diálogo y el trato humano, así como el carácter concienzudo. Si no puede parlamentar con soltura cordobesa y está lejos, llama por teléfono a la traductora para hacerse con palabras básicas. Hay taxistas, estudiantes o lugareños sabios cuyos consejos le van conduciendo de casilla en casilla porque creen que esa pieza merece avanzar. Y si una autoridad con potestad para organizar un viaje en grupo de corresponsales a Tíbet le sugiere que no tiene ni idea del tema y le espeta un “léase este libro” él lo lee, lo subraya y vuelve hasta colarse en el pool.

El régimen chino es ateo pero mueve fichas para que el próximo Dalai Lama se reencarne en un ciudadano bajo su control, como hizo con el Panchen Lama. Puede haber un cisma, lo que abre perspectivas informativas interesantes. Por otra parte, las autoridades chinas han iniciado una nueva vía propagandística con relación a la zona: abrirla más al turismo para demostrar que ha progresado económica y socialmente, que los jóvenes “ya no son tan devotos como sus mayores, que no están todo el día dando vueltas con el molinillo a los cien templos”.

Derechos humanos

Hay atención puesta en el crecimiento económico chino, que ya no es el que era y ha obligado a las élites a rebajar el nivel de ostentación. El objetivo de Pekín es mantenerlo en torno al 7% anual del PIB, porcentaje considerado básico para que el mercado laboral mantenga su flexibilidad actual y se evite el desempleo y el malestar ciudadano.

Díez saca de la caja muchas historias atractivas ligadas a la gestión económica y la corrupción, esa rendija por la que se está resquebrajando la confianza en el sistema. “China es un país muy injusto por la propia naturaleza del régimen. Si no se permite que haya una prensa libre que fiscalice el poder o una oposición que ejerza de contrapeso, cualquiera que esté en el partido o en el Ejército puede hacer lo que quiera salvo que se encuentre con un rival que lo purgue”. Algo de eso ha habido: guerras internas en el Partido Comunista, el folletín amoroso del político Bo Xilai y Gu Kailai, su mujer, tras asesinar ésta al amante británico que ayudaba a ambos a sacar dinero del país… Al cubrir estos casos, los corresponsales se enfrentan a juicios a puerta cerrada o celebrados lejos de Pekín con los que el Gobierno trata de evitar el seguimiento. Nadie avisa de cuándo o cómo saldrán las sentencias.

Cuando The New York Times habla de la fortuna de millones de dólares del anterior gobierno, todo está censurado. Cuando Bloomberg publica que la familia de Xi Jinping tiene un patrimonio de millones de dólares por aquí y por allá, o cuando se conoce que el hijo del anterior presidente Hu Jintao tiene problemas legales en África por un asunto de corrupción, eso se censura. Tampoco se dice que todos los escáneres que hay colocados en aeropuertos y estaciones de tren del país son de la empresa del hijo del anterior presidente”. Las noticias relacionadas con la llamada aristocracia roja y la vida regalada que lleva no afectan de momento a la cúpula del régimen ni llegan demasiado al pueblo, pero la corrupción sí ofende cada vez más porque se sufre en el día a día.

Díez tuvo que visitar a su antigua trabajadora doméstica, hospitalizada al sur de China, para mostrar que estaba bien relacionada y lograr que obtuviera mejor atención médica. Conoció una ciudad polvorienta, sucia, un sitio donde la vida parecía invivible. Al final hubo que llevar a doctores desde Pekín para que atendiesen a la mujer; los pagó su nuevo patrón. Hasta las enfermeras pedían dinero. En China, todo sigue funcionando a través de “guan xi”, contactos. Díez es rotundo: “De comunismo el país tiene sólo el nombre. Impera un capitalismo salvaje”.

 

Belén Domínguez, Gregorio Vázquez... Escuchando a Pablo M. Díez en El Imparcial. Foto: Mª Ángeles Martín.

Belén Domínguez, Gregorio Vázquez y más tertulianos escuchando a Pablo M. Díez en El Imparcial de Madrid. Foto: Mª Ángeles Martín.

Eppur si muove. Cada vez más chinos olfatean la libertad: “La mayoría no tiene interés por esas herramientas disponibles para acceder a más información. Pero sí hay mucha gente que ha viajado a otros países y hace amigos, que no puede conectarse con ellos por Facebook y va entendiendo cosas”.

El avance se centra más en lo social que en lo político. Una china le dijo a Díez, haciendo planes de futuro para cambiar de trabajo: “Yo tengo derecho, tengo derecho a decidir”. La frase no hubiera sido tan clara hace unos años. La gente es más consciente de lo que puede tener y se moviliza por ello, sobre todo en los casos de corrupción local, medio ambiente o salud alimentaria.

La igualdad de género progresa, y de hecho Díez cree que la posición de las mujeres es mucho más igualitaria que en otros países donde hace coberturas, como India o Japón. “Los chinos, la gente joven, han pasado tan rápido a este nuevo mundo en que vivimos que son mucho más modernos de lo que se puede ver en otros sitios”. Y ello aunque les frena una educación que no les ha enseñado a pensar por sí mismos, que está basada en el orden, el respeto a la autoridad propio de la mentalidad confuciana y que valora más el colectivo que el individuo. “Al fin y al cabo esta es la base de la diferencia entre Occidente y China y el resto de Oriente”, resume.

Democracia y nacionalismo

Aquí [España] somos una democracia pero creo que está en crisis porque se piensa más en intereses partidistas que en intereses de país. Eso no ocurre en China, donde todos tienen una dirección. El Estado garantiza que se siga avanzando, pero es a costa de los derechos de la gente y de primar el futuro del colectivo sobre el presente del individuo”, opina Díez. “A una familia la echaron de donde vivía a cambio de unos 30 € para cada miembro. Estaban en el sur y tuvieron que mudarse al Tíbet a picar piedra. Perdieron las tierras de toda la vida. Es el progreso que pasa por encima de ellos para que esa región tenga la carretera que conecta las fábricas con los puertos. Así es como funciona”, compara.

Ceinos recuerda que es un país que sigue siendo el mismo con pocas variaciones desde hace 4000 años, algo sorprendente. El Estado cree que lo primero es el progreso económico y lo segundo la democracia. Con sólo un 10% de terreno cultivable, hay que alimentar a sus 1.300 millones de habitantes. Para ello, expandirse en África, apostar por el softpower y cerrar alianzas pragmáticas por el mundo son los pasos a seguir. Logrado eso, hablaremos de otras cosas. China no ha querido ser Rusia a partir de 1989. Además, hay otras democracias mucho más subdesarrolladas que sin embargo tienen mejor fama, como India. “Es por romper una lanza a su favor. Hay que comprender lo que les motiva”, explica este sinólogo. “China no está preparada ahora para tener una democracia. Sería imperfecta”, concede Díez.

El corresponsal de ABC en China en un momento de La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín.

El corresponsal de ABC en China en un momento de La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín.

El que viene será “un período político muy sensible para el régimen chino, que lo va a intentar controlar”, prevé el corresponsal español. Alfonso Armada indaga en los conflictos marítimos abiertos en la zona, donde China ha dejado clara su ambición. Además de la rivalidad China-Filipinas y la de Japón y China por las islas Senkaku/Diaoyu, hay disputas abiertas por el control de territorios que involucran a Corea del Sur y Rusia. “Las están fomentando los gobiernos para aumentar el nacionalismo en cada país y desviar la atención de los problemas internos. No creo que vaya a más porque todo el mundo se juega demasiado en esto. No puede haber una guerra entre China y Japón o entre China y Filipinas… Además las economías están quedando interrelacionadas y a la que menos le interesa una guerra es a China, que pregona su auge en el Pacífico. Pero sí puede ocurrir una escaramuza entre patrulleras, entre pescadores, o un tiroteo donde muera una persona, y ahí sí que podría darse una crisis diplomática fuerte en la cual se movilicen barcos de guerra”. De cuando en cuando, los juegos con escudos antimisiles y misiles de unos y otros hacen tintinear las campanillas que vigilan el equilibrio estratégico en la zona.

En China hay una concepción importante de la grandeza del Estado y de la potencia del país. La población es muy patriótica y basta presentar una disputa como un problema con otro Estado para que los ciudadanos se vuelquen a favor de su gobierno y boicoteen empresas extranjeras. “A los periodistas nos dicen ‘Tú no quieres a China’ y así lo solucionan. Todavía no se distingue entre país, Estado o gobierno, y es la baza que juegan para mantenerse en el poder”.

El futuro

Estos días en que tantos corresponsales se ven abocados a refritos de Internet por no obtener tiempo para trabajar de verdad en una historia, como reconoce Díez que también sucede en China, este reportero viaja todo lo que puede. El país es muy grande y el debate apenas hace incursiones en otros estados en su órbita, como Corea del Sur o Japón. Sin embargo, es aquí donde vivió la experiencia profesional de su vida: el tsunami de 2011 y el posterior accidente en la central nuclear de Fukushima, que cubrió durante mes y medio.

Lo que vivimos ahí esos días fue como una película de catástrofes, apocalíptica, porque realmente pensábamos que la central iba a estallar y que iba a ser algo parecido al fin del mundo. Todas las emociones que se crearon en torno a aquella noticia, la implicación personal con mis compañeros de El País y de El Periódico de Cataluña viviendo estos momentos juntos… Creímos que tendríamos que refugiarnos en algún sótano, bajo tierra, y esperar a una evacuación porque habría una nube radiactiva. Hablábamos en esos términos, sin comida, sin ducharnos durante varios días, durmiendo en el suelo del Ayuntamiento de Sendai junto a los equipos de emergencia que entraban y salían”. Díez narra que dormían tan poco que había momentos en los que daba una cabezada y cuando abría los ojos veía que había escrito letras sin sentido por dejar pulsadas las teclas. “Dejas atrás todos estos pueblos devastados y te ves tan pequeño dentro de esa destrucción, con miedo, porque es un enemigo que no sabes… Hemos estado en revueltas donde ha habido tiros, escuchas las balas, pero allí no sabes nada salvo que te estás jugando el pellejo”. Díez volvió al año siguiente a la zona y otra vez más cuando abrieron el paso a los pueblos evacuados dentro de los 20 kilómetros en torno a la central. “Dije: ‘Tengo que entrar en la central como sea. Dije sí o sí, y al final he conseguido entrar’. Y esa es la noticia que más me ha impresionado y la que más me ha gustado cubrir”.

Corresponsales y expertos en China que asistieron a La Tertulia Infinita. Foto: Mª Ángeles Martín.

De izquierda a derecha: Li Jiabing, Ana Alonso, Ana Figueroa, José Carmona, Pablo M. Díez, Gregorio Laso, Mavi Doñate, Jon Barandica, Alba Ambrós, Alberto Lebrón, Pedro Ceinos, desconocido y Guillermo G. Díaz-Ambrona. Foto: Mª Ángeles Martín.

El protagonista de la tertulia no parece pasado de rosca por tantas emociones, no cultiva el malditismo. Tampoco aparenta estar torturado por ningún mal recuerdo, sino deseoso de apurar nuevas historias. Es un reportero afortunado y lo sabe. Está donde quiere estar. “Asia ofrece una gran variedad de temas que no se ciñen solamente a la política y la economía sino que dan una perspectiva social muy amplia. Es personalmente lo que más interesa y lo que hace que pueda escribir para todas las secciones del periódico, desde Internacional hasta la contraportada de ABC”.

Es un compañero muy respetado”, dice del invitado la reportera Mavi Doñate. Entre viajeros se suele manejar cierto cumplido. Hace referencia a la capacidad de resiliencia y de relacionarse positivamente con el entorno y los acompañantes en el trayecto. Parece que podría aplicarse a Díez: “easy traveler”.

[La Tertulia Infinita 20 se celebró el 25 de julio de 2016 con la colaboración de FronteraD y Librerantes en el restaurante/cafetería El Imparcial de Madrid. Gracias a sus dueños].

 


Pablo M. Díez (ABC Asia). Periodismo desde China

Cartel de La Tertulia Infinita 20 con Pablo M. Díez

Con la mirada absorta entre Estados Unidos y Oriente Medio, pocas veces percibimos el runrún del gigante. Pero se mueve.

El lunes 25 de julio (2016) el corresponsal del diario ABC en Asia, Pablo M. Díez (@PabloDiez_ABC, blog Tras un biombo chino) nos hablará de su trabajo con sede en Pekín. Conversaremos sobre desafíos medioambientales, roces en el Mar de China, crecimiento económico y, por supuesto, periodismo, censura y derechos humanos.

Nos vemos en El Imparcial, espacio hostelero y cultural que albergó la redacción del diario del mismo nombre y se encuentra en una de las zonas más “chinatown” de Madrid, Cascorro.

Con un vaso fresco en la mano para afrontar la canícula.

 

 

 

 


Segovia. Cirilo. Una tertulia en clave de premio

Xavier Aldekoa (izquierda) y Juan Pedro Quiñonero (derecha). Foto: Jon Bradburn.

La tertulia con Xavier Aldekoa, Mikel Ayestarán y Juan Pedro Quiñonero fue diferente. Y es difícil resumirla porque influye lo que has visto antes y después. El cosquilleo del premio. Reencuentros. Conspiraciones creativas. Un corresponsal que aparece en chanclas (no, no era verano). Un fotógrafo en una comisaría porque necesita un pasaporte. Un paisaje. Y la ciudad.

A Aldekoa le teníamos delante pero Ayestarán llegaba por la noche y envió un vídeo con algunos temas de debate. Juan Pedro Quiñonero aterrizó en el ágora del Campus María Zambrano ya comenzada la conversación: una huelga de controladores franceses le había retenido en el mundo aeropuertos desde las 6 de la mañana. Periodismo = improvisación.

Con el éxito de Revista 5w de fondo, el encuentro (dentro de las Jornadas de Periodismo en lo Global) tuvo mucho de debate intergeneracional, como el Premio Cirilo de este año. Corresponsales de los de antes que han tenido la suerte de vivir momentos de mayor respeto económico por esta labor. Profesionales llegados más recientemente que hacen lo que pueden.

“Somos freelance, somos trabajadores autónomos y no nos podemos dormir en los laureles, por eso espero que esta nominación sirva para seguir manteniendo el nivel de trabajo que he tenido hasta ahora” (afirma Ayestarán, vinculado sobre todo a Vocento y EiTB). “No me considero sólo Xavier Aldekoa. Formo parte de una generación de chavales de treinta y pico que somos freelance, que tratamos de salir adelante. Y en África soy del mismo grupo que Pepe Naranjo, Gemma Parellada o Eduardo Molano. Esta nominación la considero también un reconocimiento a ese grupo de personas”, decía el reportero de La Vanguardia.

Pese a su situación estable (corresponsal de ABC en París desde 1983), Quiñonero reflexionó a menudo sobre la falta de fondos. “Los periódicos tienen un problema. Pierden dinero o ganan muy poco. Cada cual intenta resolverlo como puede. Las nuevas generaciones creo que han tomado el único camino posible: liarse la manta a la cabeza e intentar contar cosas que no cuentan los otros, y a partir de ahí buscar hueco en los grandes medios”.

La diferencia de edad invitaba a comparar el uso de las redes sociales. La periodista Ana Alonso les preguntó por ello. Así ha conseguido Aldekoa (Barcelona, 1981) una de las comunidades tuiteras más sólidas del periodismo español: “Muchas veces escribo un tuit y no lo publico hasta que pasan 10 minutos. Intento estar muy seguro. Hay que tener prudencia”. El reportero está convencido de que si no hay calidad de fondo, el éxito en las redes se escapa: “Mikel no es un gran periodista porque tenga 50.000 seguidores sino porque tiene un trabajo brutal detrás”. La habilidad multimedia de Ayestarán (Beasain, 1975) aparece en su grabación: “Desde que empecé me dicen que lo que hago es el futuro pero me he dado cuenta de que es el presente. […] Es imprescindible para llegar a fin de mes y hay historias que funcionan mejor para vídeo, otras para la prensa…”.

A Quiñonero (Totana, 1946), flâneur/fotógrafo que usa Twitter como arma de difusión masiva de instantáneas parisinas (más tarde le encontraríamos paseando Segovia a solas con su cámara), le preocupa el “no modelo de negocio” de las redes. “Vivimos una paradoja trágica. […] Es indispensable que el periodista trabaje Twitter, Facebook, etcétera. Pero al mismo tiempo cómo rentabilizar eso, cómo sacar dinero para seguir currando en esas cosas. En los grandes medios nadie lo sabe aún. El precio de una foto da para llevar a una novia a un McDonalds y poco más. Estamos hipercomunicados, somos hipercomunicantes, pero no sabemos todavía cómo ganar dinero con esa comunicación”. Pero el corresponsal quiso subrayar también que la lógica perversa entre la ética individual del reportero y la del empresario de medios que intenta ganar dinero siempre ha existido: “Nuestros problemas no son nuevos. Larra, Azorín y Baroja tenían los mismos. […] A mí me  llamó una vez la telefonista de mi periódico: “Quiño, vuelve rápido porque la empresa cierra y no nos van a pagar lo último”.

Susana de Pablos, Agustín García Matilla y otros participantes en La Tertulia Infinita 19. Foto: Jon Bradburn.

Entre los asistentes, el decano de la Universidad de Valladolid Agustín García Matilla se preocupa por la seguridad del periodista y por los criterios de selección de noticias. Aldekoa responde: “La palabra clave es el tiempo. Si consigues dedicarles a las personas el suficiente como para que te ayuden y te metan en su red social humana, tienes mucho ganado, porque hay zonas en que el Estado está hueco y es esa red la que te protege. Si te consideran un amigo estás mucho más protegido que cuando te consideran un cliente”. Sobre cómo seleccionar: “África es un continente imposible, un territorio en el que cabrían China, EEUU, toda Europa y la India… Me baso en la honestidad máxima: informarme antes de ir a un sitio, explicarlo lo mejor que puedo, dedicarle todo el tiempo posible”.

A lo largo de la tertulia el reportero de La Vanguardia ha dibujado belleza pero también corrupción y destrucción, sobre todo medioambiental. “El abuso tiene muchas caras y las mismas pocas ganas de hablar. Los abusados también tienen muchas caras pero muchas ganas de gritar que lo que pasa no es justo. Lamentablemente en África encuentras bastante de las dos cosas”. Quiñonero ha descrito un París de realidades paralelas: “El problema es que la actualidad internacional que interesa a los periódicos es una realidad fragmentada. De Francia te piden Hollande, Sarkozy y cuatro cosas más”. Pero la noticia, dice, puede estar en un atentado islamista o en un suburbio de la gran ciudad.

Un estudiante participa en La Tertulia Infinita 19. Foto: Jon Bradburn.

Ayestarán ha considerado en su vídeo que “el periodismo de internacional en España pasa por un momento de oro” pero está en unas condiciones que lo convierten en carrera de fondo: “Requiere motor diesel”. Y se acuerda de los efectos colaterales: “Al final estás arrastrando también a toda tu familia a una cosa que muchas veces es ajena a la vida normal”. El reportero vasco está orgulloso sobre todo de que los suyos se hayan “echado al monte” (se mudaron recientemente a Jerusalén). Están presentes en el ágora la pareja y la hija de Aldekoa, que lo ha mirado todo con unos ojos tan grandes que han desarmado al personal en Segovia. También podrían contar.

La noticia del Premio Cirilo les despertó  incredulidad, orgullo. El catalán menciona a otros galardonados como Manu Leguineche o Miguel Gil, y otros más recientes como Ramón Lobo o Mónica Bernabé: “Cuando me lo dijeron pensaba ‘Cómo voy a estar yo en esto con esta gente, si son mis referentes…”. Ayestarán contaba: “[Tomás] Alcoverro siempre me dice: ‘Cuando yo empecé en el periodismo Quiñonero ya llevaba unos años. Al nominarme para el Cirilo sentí una gran ilusión pero cuando vi su nombre en la terna dije: ‘Xavier, no tenemos nada que hacer’”.

La trampa final es preguntar a los dos invitados presentes cómo agradecerían el premio si ganaran. Pero en sólo 140 caracteres. Aldekoa necesita incluso menos: “A la gente que me ha dado el privilegio de escuchar sus historias y poder contarlas y a mi familia que me espera en casa”. Quiñonero prefiere usar palabras y no caracteres como métrica: “80 o 100 son suficientes para contar una buena historia”. Y la cuenta. Y se alarga: “Mamá, no te preocupes, un periodista se gana muy fácilmente la vida. Va a la calle, se entera de algo que no sale en los periódicos, hace una fotografía, va al periódico, la vende, se la pagan, y ya se la ha ganado. El problema ahora es que un tanto por ciento excepcional de lo que sale en los periódicos es la retórica parda de analistas, comentaristas. Y no digamos en Twitter”. En su respuesta extendida el paseante parisino ha dejado caer una idea esencial que sí cabría en la red social: “Yo casi todo se lo dedico a mis padres. Salí muy pronto de casa”.

Juan Pedro Quiñonero fue el ganador del Premio Cirilo 2016.

[La Tertulia Infinita 19 se celebró en Segovia el 16 de mayo de 2016. Gracias a la Universidad de Valladolid (Agustín García Matilla, Pilar San Pablo), a la Diputación de Segovia (Francisco Vázquez), a la FAPE (Aurelio Martín) y a la Asociación de la Prensa de Segovia (Miguel Ángel López).


Especial Premio Cirilo: ¿Qué pasa con la información internacional?

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El próximo jueves 26 de mayo mantendremos una tertulia muy especial. Por primera vez será fuera de Madrid, en Segovia, y con los nominados al Premio Cirilo 2016: Xavier Aldekoa, Mikel Ayestarán (digital) y Juan Pedro Quiñonero.

Nos invitaron a hablar sobre la iniciativa “La Tertulia Infinita” dentro de las IX Jornadas de Periodismo en lo Global que preceden al premio y nos pareció que lo mejor era hacer una demostración práctica. A las 17.00 h. describiremos brevemente estos encuentros; hacia las 17.15 hablaremos con los tres protagonistas del galardón con el que la Asociación de la Prensa de Segovia distingue cada año al mejor corresponsal o enviado especial español.

El debate girará en torno a la pregunta “¿Qué pasa con la información internacional?” que este año se hacen las Jornadas ante el aumento de periodistas freelance, la aparición de nuevas formas de periodismo internacional vía crowdfunding como Revista5w o la relevancia creciente de las ONG en el panorama mediático.

Los protagonistas son (por orden alfabético):

Xavier Aldekoa (@xavieraldekoa) nació en Barcelona en 1981. Es periodista freelance, corresponsal de La Vanguardia, fundador de Revista 5w y miembro de la productora independiente Muzungu. Viajó por primera vez a África a los 20 años y ha cubierto noticias y conflictos en más de 35 países de este continente. Son conocidas sus “series” de artículos, que le permiten abordar en profundidad temas poco atendidos como el SIDA o la realidad de distintos estados fallidos, esforzándose por contar también las historias en positivo. Vive en Johanesburgo desde 2009 y, siempre a la búsqueda de un relato sereno de la África en ebullición, ha publicado el libro Océano África. Más información en su web oficial.

Mikel Ayestarán (@mikelayestaran) nació en Beasain en 1975. Es periodista freelance y colabora de forma regular con EiTB y los periódicos de Vocento. En 2006 se inició en el seguimiento de conflictos al cubrir la invasión israelí de Líbano y desde entonces no ha vuelto a una redacción. Fijó su residencia en Jerusalén en 2015, y desde allí cubre un Oriente Medio que cuando es necesario se extiende hasta Túnez, Libia, Yemen o Afganistán. Siempre con la mochila y el trolley a cuestas, de última hora a última hora, es uno de los corresponsales que más aprovechan las posibilidades multimedia. Ha publicado el libro “Gaza, cuna de mártires”. Más información en su CV (.doc) y su web oficial.

Juan Pedro Quiñonero (@jpquinonero) nació en Totana en 1946. Periodista, fotógrafo y escritor (ha publicado 20 libros entre novelas y ensayos), se diría que ha estado encontrándose con la Historia como enviado especial en Europa, Oriente Medio, América Central, Rusia… Narró la muerte de Mao Zedong desde Moscú; el fallecimiento de Annuar el Sadat desde El Cairo; la Guerra de las Malvinas desde Londres y París… Siguió en Bruselas, Estrasburgo o Bonn el acercamiento de España a la CEE, la OTAN y el Consejo de Europa. Corresponsal de ABC en París, sigue bajando diariamente a la calle para fotografiar (y tuitear) la calle. Más información en su web, Una temporada en el infierno.

Esperamos que llegue a tiempo para moderar el debate Aurelio Martín (@auremartin), vicepresidente de la FAPE, periodista tras la maquinaria del Premio Cirilo y coorganizador de las Jornadas junto a la periodista y profesora de la Universidad de Valladolid Pilar San Pablo (@sppilar).

Os esperamos en Segovia la bella, capital del periodismo internacional español por dos días (26 y 27 de mayo).

Qué: La Tertulia Infinita 19. ¿Qué pasa con la información internacional?

Dónde: Ágora del Campus María Zambrano. Universidad de Valladolid. Plaza de la Universidad s/n.

Cuándo: Jueves 26 de mayo. 17.00 horas.

Entrada libre y gratuita. Wi-fi.

Colaboran:

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Emilio Morenatti, cazador de conceptos

 

“Lo que se pretende es que la imagen se entienda y que el mensaje llegue. Esta persona está muerta y se tiene que entender que está muerta. Cuando defiendo una foto intento que la acción se comprenda. Que responda a las famosas 5 uve dobles”.

Emilio Morenatti, en La Tertulia Infinita 17. Foto: Jon Bradburn.

Emilio Morenatti, en La Tertulia Infinita 17. Foto: Jon Bradburn.

Finalista del Pulitzer, ganador del World Press Photo, quien viene a La Tertulia Infinita de Navidad con uno de los currículos más sólidos del fotoperiodismo español es un Emilio Morenatti (@morenatti2004) con mentalidad de editor. Responsable de producción fotográfica para AP España y Portugal, su objetivo es intentar que esa producción “sea lo más exquisita y única posible, lo más parecido a lo que yo entiendo que es la fotografía, algo conceptual, único”. Siempre habrá un Morenatti que capture imágenes. Pero ahora hay otro que concibe y organiza al equipo para salir a la caza de conceptos.

El invitado ofrece un taller + conversación entrando en las tripas digitales de Associated Press (AP), a la que prefiere referirse como una cooperativa de periódicos no lucrativa más que como una agencia. Así recuerda que está menos sujeta a los intereses que atenazan a otros medios en manos de uno o pocos dueños. Describe la distribución de las tareas, el libro de estilo para campos como byline y caption, los envíos diarios al cable, las mejores fotos del día o topics y esas otras fotos (features) más pensadas para el largo plazo, la galería histórica.

Sorprendiendo a muchos, el hilo de su discurso no son imágenes propias sino de otros: una selección realizada por él mismo de las 50 mejores fotografías de 2015 para AP en Europa y África. Esa muestra y las elecciones generales que en esos momentos se desarrollan en España (20D) vertebran todo el debate.

Hay perfeccionismo. “Siempre animo a no hacer la foto del angular limpia sino a hacerla con telex desde atrás o a buscar otras perspectivas”. “A lo mejor un día perdemos el play (hacen un mejor trabajo Reuters o AFP) pero luego quedan imágenes icónicas que van a funcionar mejor a lo largo de la historia cuando se hable de un partido concreto”. Esta referencia a las elecciones vale para describir cómo se trabaja en otros escenarios, como el de los refugiados. “Estás produciendo y enviando al cable pero luego guardas una serie de fotos para que quede algo más personal. Es una manera de motivar a los fotógrafos, para que piensen qué quieren hacer”. “Luego está el brainstorming tras el envío. ‘¿Estás contento con la foto? Sí. ¿Se podía haber hecho mejor? Sí. ¿Por qué no la has hecho mejor, si tenías una buena idea?’. Intentar que el fotógrafo piense y se martirice sobre por qué no lo ha hecho mejor. Porque yo creo que una foto siempre es superable”. Debe haber alguien, cree Morenatti, que además de felicitar sea capaz de suscitar progresos.

Cuando se le dice a este profesional que según algunos testimonios es muy trabajador (ejercicio físico, cursos de idiomas, un Master reciente) le sale desmentirlo: “He vivido, he fumado mucho, bebo, me lo paso bien de noche, no soy el monje que a las 10 se va a dormir”. No obstante, la conversación sugiere que su perfil sí puede ajustarse al término currante aunque él lo llame de otra forma: “Hay una disciplina más que un trabajo duro. Es la que te hace no perder la concentración”. “Te concentras, te sale. No te concentras, no te sale. No tiene otra fórmula”. “Hay fotos en las que en esa concentración se ve que hay un adiestramiento detrás, un entrenamiento físico y mental”, concede finalmente.

Casi 30 años en la profesión dan para muchas elipsis, y algunas historias acaban destapando otras como matrioskas. “Si uno quiere dedicarse a esto sabe perfectamente que si te colocan en un sitio como Gaza, donde estuvimos 25 días aislados en la parte sur de la franja, casi sin comer más que alimentos básicos, cargando baterías y ordenador sólo en hospitales y viviendo ese drama que vive la gente que sufre guerras sobre todo psicológicas, tiene que estar medio fuerte”. “Ves cómo otros periodistas colapsan y dices `Yo por ahí no puedo pasar. Yo tengo que estar fuerte’”.

En una profesión de alta tensión, cada uno busca su truco para evitar que la mente acabe girando como un derviche. “Al principio, cuando me tocaba hacer como 100 corridas de toros al año en Sevilla, cada vez que entraba a la plaza hacía un ejercicio de respiración que me salía de forma instintiva y después me ha servido mucho. Decía ‘Soy un japonés. Esa foto no la he hecho. Y esto qué es’. Le ponía el interrogante a todo. Eso me hacía no caer en el tedio, en la desidia. Observar con frescura, mirar con pasión cualquier evento”. Aplica esa misma “mirada marciana” a los asuntos de ahora, como los comicios. “Que el marciano tenga una idea de quiénes son esas personas y qué hacen cuando asisten a un evento electoral”.

El fotoperiodista Emilio Morenatti, en un momento de la conversación. Foto: Jon Bradburn.

El fotoperiodista Emilio Morenatti, conversando. Foto: Jon Bradburn.

Llegará a decir “No me interesa el candidato” y “Hay que buscar al que escucha más que al que está hablando”. Por eso entre las fotos mostradas están la de un globo que tapa la cara de Mariano Rajoy y la de un conjunto de líderes de Podemos donde la verdadera protagonista es la composición, tan compleja que recuerda a Las Meninas. Después, ante la protesta de los asistentes (“Si llegas sin la foto del candidato te echan una bronca”), matiza pero insiste: “Hace falta arrojo. He pasado por ahí también. Te piden la foto, dejarte de tonterías. Eso no quiere decir anarquía y que hagas lo que te dé la gana, pero creo que vamos muy atrás en el sentido del borreguismo. Lo veo todos los días. Hay fotógrafos que lo pueden confirmar. Hay que acabar con él. Los líderes se dan la mano porque ven al grupo de fotógrafos. Si no, no se la darían. Y se la dan cuatro veces porque los fotógrafos lo piden. Eso es una barbaridad”. “Cuando estoy formando parte de un pesebre o un corralito, intento salir de eso”. “En algunos mítines me quito la acreditación oficial y voy como público”.

“Somos los fotógrafos los que provocamos las situaciones”, dice mencionando los tumultos de los reporteros gráficos en eventos pensados para la televisión donde no se ha planificado bien el espacio para ellos. “En La Casa Blanca hay editores que te aconsejan sobre la lente para cada tiro, la luz, la temperatura… Aquí eso no existe. Nosotros hemos contribuido a hacer que todo esto funcione mal”. Alguien entiende que se está contradiciendo (“quieres libertad para ejercer tu tarea pero luego pides que te marquen las normas”). Morenatti aclara: si el espacio está bien pensado, como suele suceder en unas Olimpiadas, se entiende; si es una encerrona para que captes sólo una escena determinada, hay que rebelarse. Insiste: “Si hubiera una manera de hacer que el borreguismo fuera a menos, sería un bien para la profesión”.

Lejos de los eventos organizados quedan Afganistán, Siria… “A ver cómo se va a enfrentar la Humanidad a ese intervalo no contado de la Historia en algunos lugares, de no saber qué es lo que está pasando, o de saberlo cuando ya es demasiado tarde para los genocidios y las brutalidades”. Morenatti hace referencia a los periodistas locales en los que se apoya AP, fotógrafos que a veces pueden tener una mirada menos fresca sobre la actualidad pero que garantizan el acceso a las escenas básicas y llegan a lugares inaccesibles para los reporteros occidentales. “Mi misión es coordinarlos, intentar adiestrarlos, que consigan imágenes cada vez más potentes con ayuda de nuestra experiencia”.

Morenatti quiere enseñar, ayudar a otros con lo que le sirvió a él. Pero reduce distancias jerárquicas mencionando continuamente la calidad de los trabajadores o colaboradores de AP, algunos de ellos presentes en la sala: los juegos de luz de Daniel Ochoa de Olza, las mejores fotografías de Francisco Seco, Andrés Kudacki, Santi Palacios… “Hay un trabajo currado y sobre todo de saber ver”, dice de varias imágenes de Paul White. También se dirige entre la admiración y la guasa a colegas de otras agencias que están en la tertulia, como Juan Medina, de Reuters (“Tú podías haber dado esta charla”).

Fotógrafos y periodistas en La Tertulia Infinita 17. Foto: Jon Bradburn.

Fotógrafos y periodistas en La Tertulia Infinita 17. Foto: Jon Bradburn.

Al mencionar la relevancia creciente de contenidos generados por los usuarios (CGU) se le escapa la desafección por el esfuerzo de comprobación que requieren: “Conseguir el origen de una foto que ha sido 200 o 300 veces tuiteada es casi imposible”. Habla de filtros muy estrictos y de un equipo humano específico que se dedica a la verificación en AP: La credibilidad es el principal valor de una agencia y “cuando hay dudas la foto no se da”, aunque se haya trabajado mucho en ella.

Lo peor para una agencia es tener que hacer un photokill o retirada de una imagen, porque obliga a rectificar a muchos medios. Pese a todas las cautelas también le ha sucedido a AP. Ante la pregunta de un tertuliano Morenatti confirma que uno de esos errores fue propio: tuvo que recular con una foto, pero no porque fuera falsa, sino porque sus derechos de autor no estaban garantizados.

Alérgico al fotógrafo que interfiere, el invitado no cree siquiera que deba apartarse una botella de agua de un atril. “No puedes tocar nada de lo que fotografíes”. En AP las fotos no se retocan más allá de lo básico. De Photoshop se admite “lo que se hacía en el cuarto oscuro: el contraste, los niveles… Y se puede llegar a reservar alguna parte muy sutilmente, pero el original de la cámara no debe diferir excesivamente de la foto manipulada”. Sí se prohíbe de modo expreso la herramienta que ofrece este software para clonar (cortar y pegar motivos dentro de la imagen o de una imagen a otra). “El clon acaba con la carrera de un periodista”. Varios fotógrafos han sido expulsados de medios por manipular en esa línea: “Tiran tu archivo entero a la basura”.

¿Piensan los fotógrafos en términos de buenos y malos cuando disparan? De la respuesta se deduce que tratan de no hacerlo pero que es difícil evitarlo. “Trabajábamos en Oriente Medio en la primera intifada, con muertos en los dos bandos. Los fotógrafos éramos las únicas personas que íbamos de un lado al otro del muro. En un solo día hacíamos funerales en los dos lugares. Yo puedo estar más de acuerdo con un bando que con otro pero el ejercicio era bestial. Era como si hubiera un comité evaluador que fuera a ver mi foto y me dijera “Eh, has metido muchas más fotos de esto que de esto y además son mucho mejores aquí que acá”. En AP me grabaron la disciplina a fuego: como eres internacional, tu papel aquí es de imparcialidad. No se te puede ver el plumero”. Fue difícil pero Morenatti le agradece aquella enseñanza a maestros de entonces como Enric Martí. Ahora trata de repetir esa formación con su equipo: “No nos puede condicionar la realidad que fotografiamos”. En la tertulia, ha intentado poner el mismo número de imágenes “sospechosas” (como la del globo) de cada partido político.

En los últimos años la vida de Morenatti se ha simplificado porque la crisis reduce los encargos para el extranjero y pasa más tiempo en Barcelona, donde está su sede profesional y familiar. No hay nostalgia, y expresamente ha pedido centrar su charla en lo que AP hace ahora y no en lo que hizo él personalmente en “aquellos años” (2008, 2009, 2010). Pero algunas preguntas hacen que las fotos en sepia vuelvan a color: “Vivir por ejemplo en Pakistán y hacer empotramientos con las tropas o estar durmiendo en campos de refugiados no es una vida fácil pero es tan emocionante que te das cuenta de que llevas meses sin dormir bien y que el cuerpo aguanta”.

Recuerdo una época muy interesante, muy intensa, cuando completé uno de mis mejores años fotográficos, antes de que me hirieran”. Esa es la única mención en toda la charla al ataque con explosivos que le costó parte de la pierna izquierda en Kandahar en 2009. Otra remontada basada en disciplina sin perder la sonrisa. “Nos tocó vivir en sitios muy emocionantes pero al mismo tiempo muy sacrificados”. El “nos” hace referencia a su mujer, Marta Ramoneda, que le acompañó en muchas de esas etapas, otra fotógrafa “marciana” que se internaba sin burka en sitios donde no había presencia femenina. “Os podéis imaginar la intensidad del lugar. Como entrar en la máquina del tiempo”.

Con una hija de dos años, hay otro bebé en camino. “Ahora lo paso mal pensando en aquellas imágenes que hice de nenes muertos, o las de esos inmigrantes que me toca editar que vienen del Mediterráneo por Grecia. Digo ‘Hostias (sic), no sé si sería capaz de hacer esas fotos que hacía antes’. Empiezo a estar condicionado. Con una cría… la veo reflejada en eso”.

¿Por qué Aylan sí y otros niños muertos no? Morenatti es incapaz de ofrecer un motivo concreto, pero defiende la imagen porque impacta y es lo que se necesita para visibilizar dramas y cambiar las cosas. “Yo animé a la gente a ver la foto. Había que hacer algo”. El resultado, la movilización de la gente, justifica su publicación. “Quiero crear impacto con mi fotografía, quiero que la realidad llegue a un mayor número de personas”. Así interpreta también los premios que recibe: si sirven para que se debata y se tome conciencia sobre determinadas situaciones, bienvenidos sean. “Mi objetivo es ese, no vender más copias”.

Ha llegado en moto. Tiene un aspecto juvenil y un acento andaluz combinado con otras cadencias más difíciles de identificar. Parece vivir en positivo, lleno de energía. “Tengo la suerte de que lo he conseguido. He conseguido llegar a donde nunca imaginé que iba a llegar, a representar a una agencia importante, estar en sitios importantes y tener el lujo de contar una buena historia”. Lo dice con un deje de pesar por el contexto nada favorable para tantos compañeros que no trabajan, lo hacen en condiciones precarias o no pueden ejercer su profesión donde desean. “Hoy es casi una utopía llegar a ser fotógrafo y cuando lo consigues tienes que mantenerte”.

“Hay una frase muy buena de [Manuel Pérez] Barriopedro que dice ‘El fotógrafo tiene la habilidad de llorar y reír en décimas de segundo’, y creo que eso define nuestra profesión”, dirá Morenatti en un momento del encuentro. Aquí una muestra de ese trabajo en el filo:

 


Especial Navidad: fotoperiodismo de agencias con Emilio Morenatti

El jueves 17 de diciembre, a las 20.00 horas, hablaremos sobre el estado actual del fotoperiodismo de agencias con el responsable de producción fotográfica en España y Portugal para Associated Press (AP), Emilio Morenatti (@morenatti2004). Guerra de Irak, Afganistán, Gaza, Pakistán, Haití, Egipto, refugiados… Os invitamos a consultar su currículo. Es uno de los profesionales españoles más reconocidos internacionalmente y su trabajo se describe por sí mismo: portafolio de 2008, Pakistán ese mismo año e imágenes de la crisis y el declive de la industria minera en España.

Nos acoge de nuevo la Champañería-Librería María Pandora. Para hablar de fotografía, nos gusta la luz de Las Vistillas y la de sus velas. Os esperamos en La Tertulia Infinita Navidad 2015 (La Tertulia Infinita 17).

Entrada libre y gratuita. Wi-Fi disponible.

Tuitearemos el debate con las etiquetas #tertuliainfinita y #fotoagencias.

Colabora: FronteraD y Librerantes.

 

Emilio MorenattiCartel17

 

 


Refugiados: ONG que testimonien, periodistas que estén

 

Invitados a La Tertulia Infinita 16. Foto: Jon Bradburn.

Invitados a La Tertulia Infinita 16. Foto: Jon Bradburn.

“Nos invitaron la semana pasada a hablar ante los parlamentarios de la Unión Europea. Cuando llegamos allí nos encontramos la sala vacía. Y el acto respondía a una invitación de ellos. Se fueron a comer”, dice Fernando García Calero, responsable de Prensa de Médicos Sin Fronteras (MSF). Los refugiados “son cifras pero son personas”.

Entre abril de 2011 y julio de 2015, más de 350.000 recién llegados pidieron asilo en Europa. Desde el inicio de este año, 433.000 han cruzado el Mediterráneo para llegar al continente, según la Oficina Internacional para las Migraciones (OIM). Son cifras tan demenciales que dejan de afectar, se dice en La Tertulia Infinita 16. Hay que humanizarlas para que haya voluntad de cambio, ¿pero quién debe hacerlo?

Un encuentro de hora y media con Guillermo Algar (MSF), Fernando G. Calero (MSF), Pilar Cebrián  (Elconfidencial.com, Antena3 TV),  Miguel Ángel Rodríguez  (Cruz Roja), Manuel Sobrino (Red Acoge), Anna Surinyach (MSF) y Celia Zafra (Médicos del Mundo) queda corto para llegar al fondo de una crisis tan grave como la de los refugiados, pero aclara el análisis.

Cada uno aprovechando la fortaleza de su organización (o la libertad del freelance, en el caso de Cebrián), todos han trabajado en los últimos meses con las herramientas que da el periodismo para concienciar de la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. El potente músculo de Cruz Roja (presente en todos los países del mundo) y de su unidad de comunicación de emergencia; el buen hacer sanitario y testimonial de Médicos Sin Fronteras; el trabajo “artesanal”, local, necesario, de Red Acoge; la batalla por una atención sanitaria para todos –incluidos los inmigrantes– que impulsa Médicos del Mundo

El Tercer Sector afina su mensaje y aporta cada vez más contenidos periodísticos completos, algunos tan atractivos que encajan directamente en los medios. Pero los invitados rechazan tanjantemente sustituir a la Prensa. “Las ONG tienen una parte de responsabilidad y un campo de acción pero hay otro campo de acción que no depende de ellas”, dice Miguel Ángel Rodríguez, responsable de Comunicación Externa de Cruz Roja, para quien “la información tiene que ser contada por periodistas de raza que van al terreno y se lo curran”. Anna Surinyach, miembro del equipo audiovisual de MSF, pasó el verano de 2015 fotografiando rescates y muertes desde el barco Dignity I de la organización. Asegura que no puede cargarse todo el peso del fenómeno a las ONG, cuyo principal papel es el de dar testimonio para generar debate: “Podemos ayudar a los periodistas a que sigan denunciando, contando, y actuar sobre el terreno en sitios como Siria donde están realmente los focos de la crisis. Nosotros damos testimonio pero se necesita contrastar información, se necesita a periodistas sobre el terreno que cierren el círculo”.

Calidad periodística

“Hay periodistas buenísimos que tienen las alas cortadas”, dice Surinyach. Se menciona a empresas que dejan viajar a sus reporteros sólo si el tema se ha vuelto muy mediático o si una ONG paga el viaje. “Algunas no nos hemos subido a ese carro y hemos decidido que no se paga el viaje a los periodistas”, afirma G. Calero.

De izquierda a derecha: Manuel Sobrino, Anna Surinyach, Fernando G. Calero, Miguel Ángel Rodríguez. Foto: Jon Bradburn.

De izquierda a derecha: Manuel Sobrino, Anna Surinyach, Fernando G. Calero, Miguel Ángel Rodríguez. Foto: Jon Bradburn.

Pese a todo, Guillermo Algar cree que la cobertura española desde que la crisis saltó a la Grecia continental “ha sido en muchos casos de chapó” y que “han ido muchos periodistas, freelances o miembros de plantilla”. La conversación frecuenta referencias a medios especializados que están contando el fenómeno con ejemplaridad: Desalambre (Eldiario.es), Planeta Futuro (El País), Países en Conflicto (RNE)… También se mencionan firmas modélicas en su tratamiento de la migración: Xabier Aldekoa, Alberto Rojas, Nicolás Castellano, Yolanda Álvarez (que se ha acomodado silenciosamente entre el público). No se nombra a Pepe Naranjo pero su trabajo está ahí (“Hay periodistas que han hecho en bus o caminando las rutas desde Senegal o Mali hasta Marruecos para contar qué pasa con los inmigrantes”). Se alude también a fotógrafos, de Olmo Calvo a Samuel Aranda. Rodríguez dice que España dispone de “una gran pléyade de corresponsales muy buenos” pero que no disponen del apoyo que tenían los antiguos miembros de la tribu, “corresponsales históricos como Manu Leguineche, Vicente Romero, Rosa María Calaf o Carmen Sarmiento”.

En África subsahariana, dice G. Calero, más allá de la agencia EFE sólo hay un corresponsal fijo de periódicos, radios o televisiones españolas: Eduardo S. Molano, de ABC. “Onda Cero, segunda emisora de radio española con más audiencia, tiene dos personas en la sección de Internacional. Europa Press, segunda agencia española, 4”, recuenta. Inevitablemente reaparecen los pagos irrisorios actuales a los freelance: 35 euros por una crónica desde Siria, 40 por una pieza desde África.

Pilar Cebrián, reportera freelance, ha dedicado 18 días (entre preparación y ejecución) a seguir a un grupo de personas en su periplo de Turquía a Suecia. 10 de ellos están recogidos en el diario de El ConfidencialEn ruta con los refugiados”, y refleja a ratos una experiencia nada agradable: “La policía macedonia reacciona empujando todavía más a la masa y cunde el pánico. Gigi y yo intentamos agarrarnos a una barandilla para respirar hasta que una trabajadora de Naciones Unidas nos agarra del brazo y nos saca de la multitud”. La periodista prefiere no centrarse en la queja económica: “Sí que es verdad que ahora mismo las guerras se cubren con freelance, los medios ya no contratan corresponsales, pero eso es algo que hemos aceptado. Esta cobertura ha sido financiada por el medio y he tenido su respaldo. Algunas coberturas son más fáciles que otras”.

El periodismo de datos ha mostrado gran utilidad. Celia Zafra, responsable de Comunicación de Médicos del Mundo, destaca dos reportajes en Eldiario.es: uno de Carmela Negrete que fue de los primeros en destacar el positivismo con el que los alemanes recibían a los refugiados, y otro que mostraba la escasa relevancia del número de refugiados que en esos momentos proponía la UE y rechazaba el gobierno español: “Era una cosa tan ridícula…”. Cualquier persona que compruebe las cifras de riqueza en Europa, de PIB de cada país, y las compare con las de los países que más están acogiendo a refugiados –en Líbano, en Irak, Turquía- verá que estamos muy lejos de todo eso. Aquí en España 15.000“, apunta Sobrino. “Lo que acepta el Gobierno supondría un incremento del 0,04% de la población. Como El Escorial. Dividido entre toda España no es nada”, calcula G. Calero.

Una participante en la tertulia interpela a los invitados.

Una participante en la tertulia interpela a los invitados.

Los periodistas son fundamentales para romper estereotipos. Si todos los refugiados sirios llegasen a ser acogidos, supondría que Europa pasara de un 4% a un 5% de población musulmana, asegura G. Calero. Se explica, como se hizo en La Tertulia Infinita 10, que el de “Hay mucha presión por la inmigración ilegal” es un mensaje frecuente pero no necesariamente cierto, igual que otras afirmaciones que insisten en el paro que los inmigrantes provocan. “Tenemos una misión y es acabar con el discurso del miedo, que impera en esta materia desde hace muchos años”, recalca Manuel Sobrino, responsable de Comunicación de la Red Acoge, que lleva años trabajando contra el inmigracionalismo, el tratamiento sensacionalista o temeroso de la migración.

Las causas, los por qués

Alguien pide antes del encuentro que preguntemos quién o qué ha provocado esta “estampida”, cuáles son sus causas. Pilar Cebrián apunta numerosos flancos: Bashar Al Assad hizo una llamada a los reservistas para reforzar su Ejército, lo que ha hecho huir a muchos hombres de mediana edad; el buen tiempo y la buena marea que se dan ahora son siempre causa para emprender este viaje; Macedonia relajó en junio el paso por sus fronteras; tras cuatro años llevando a gente a Europa desde Turquía y el Norte de África, los traficantes han bajado los precios [el viaje de Siria a Grecia costaba hace dos años unos 10.000 euros, nos dirá después la periodista, y ahora está en unos 1.200]; Alemania hizo unas declaraciones que provocaron un pequeño efecto llamada; y el Gobierno sirio está facilitando ahora pasaportes a quien los tiene caducados. “Se dice que Al Assad quiere vaciar el país de opositores”.

Fuera de la tertulia se habla también de que Turquía ha abierto la espita para presionar a la UE, pero la mayoría de los invitados creen que bastan las guerras temibles que han vivido Afganistán, Irak y Siria en los últimos 15 años para provocar el éxodo. Sin más. La mitad de los sirios ya se ha tenido que desplazar por una guerra que supera los 200.000 muertos, ha generado el uso de armas químicas y ha dado a conocer la crueldad del ISIS. Los órganos internos se han descompuesto y nos preguntamos por qué el paciente vomita. “Sabemos desde hace muchos años -narra Rodríguez- que esto iba in crescendo. No les queda otra que abordar la travesía, travesías infinitas”. Lo nuevo, dice este periodista cooperante, no son las cifras, que aumentan por la climatología y la dureza de los conflictos: “Lo verdaderamente nuevo es la falta de compromiso”.

Aunque suene a argumento manido, cuando se indaga sobre los malos malísimos tras el fenómeno varios invitados subrayan que sigue habiendo traficantes de armas tras las guerras y traficantes de refugiados que se frotan las manos con cada cierre de frontera. Esa es la realidad. Y mientras la crítica ha ido creciendo hacia las autoridades europeas, en la tertulia hay quien se pregunta por otras actuaciones como la de ACNUR, la agencia para los refugiados de Naciones Unidas. Guillermo Algar, la enciclopedia silenciosa tras algunos de los datos de esta conversación, explica intentando no pisar charcos por qué no le gustaría estar en el lugar de este organismo que “pasa estrecheces para cubrir necesidades básicas de campos de refugiados”: “Deberíamos saber qué tipo de organización es, bajo qué paraguas está. El director general de ACNUR fue presidente de Portugal y presidente de la Comisión Europea [António Guterres]. Es un organismo formado por los estados que contribuyen a las Naciones Unidas y que no contribuyen totalmente a la financiación que necesitan las operaciones de ACNUR. Quizá a veces ponemos expectativas muy altas en determinadas instancias sin conocer cómo funcionan”. La agencia, recuerda, no es una ONG.

De izquierda a derecha: Pilar Cebrián, Guillermo Algar, Celia Zafra. Foto: Mónica Marcos

De izquierda a derecha: Pilar Cebrián, Guillermo Algar, Celia Zafra. Foto: Mónica Marcos

También Frontex, la agencia de vigilancia de fronteras externas de la UE, se ha quejado de que sólo cuenta con el 16% del material solicitado a los Veinticinco para hacer su trabajo. “Es cuestión de la opinión pública preguntarse por qué los gobiernos no están pagando a estos organismos”, dice una participante en la tertulia. Asegura que: “En este momento hay más de 6 millones de refugiados en los países pobres. Que estemos hablando de Europa…”

Hay que fijarse en la traslación nacional y local de toda crisis internacional, fiscalizar lo que hacen los gobiernos propios. Las ONG no están para sustituir a la prensa, pero tampoco a ellos. “No tenemos que poder hacerlo [solventar los conflictos]. Es nuestra responsabilidad incorporarnos a la parte de la solución, pero quien tiene la obligación no somos las ONG”, ha insistido Zafra.

La mañana de la tertulia, Bruselas ha expedientado a España y a otros 18 países para que traspongan la ley de asilo europea. “Cuando gaseábamos en Ceuta y Melilla no pasaba nada. Lo de la estación de Hungría parece salvaje, pero aquí, siendo personas que también proceden de Siria y están solicitando la misma ayuda, o viniendo de sitios de África con peligros como Boko Haram, Europa no puede y nosotros no podemos”, compara Sobrino.

El marco país

El procedente de Turquía “es otro tipo de éxodo” dice Zafra. Por ejemplo, “la formación de los refugiados que están llegando de Siria no es la misma que en el caso de los inmigrantes africanos”. Pero esta diferencia (refugiados e inmigrantes) con que muchas autoridades se protegen es para varios tertulianos una cortina de humo. Surinyach se sorprendía con el debate marciano al llegar a Barcelona. “¿El problema es si son refugiados o inmigrantes? Personas que vienen de Eritrea, de Mali, que llevan 7 meses viajando. Los sirios al menos tienen dinero para pagar el trayecto, pero esa otra gente sufre durante los viajes torturas, violaciones, abusos, ven morir a otros… Que no me digan que los vamos a devolver a su país. Es surrealista”. El choque con la realidad de los refugiados cuando bajan del barco, “una burbuja de felicidad porque les acabas de rescatar”, es brutal. La escena se llena de “extraterrestres” que les examinan, les preguntan, les hacen papeles… “Ves todo lo que les espera, llegan superengañados”, dice la fotógrafa.

Zafra subraya el problema que se encontrarán los solicitantes de asilo en España por la situación creada con la reforma sanitaria de 2012. “Desde que solicitan la cobertura sanitaria hasta una primera cita pasan cinco meses. No tienen derecho a atención primaria hasta que no se les concede el derecho de asilo. Mientras tanto, son inmigrantes en situación irregular a todos los efectos”. El trauma es uno de los puntos clave en todos los conflictos, pero la atención psicosocial no está cubierta.

Cebrián propone entender a los inmigrantes no sólo como seres humanos sino también como futuros cotizantes: “En Suecia son conscientes de que hay que ayudarles con el idioma y el empleo para que se integren de verdad en la sociedad. Me parece muy interesante para países tan envejecidos como España. A lo mejor hace falta ese cambio de mentalidad: comprender que no solamente es solidaridad y caridad sino también cierta lógica económica. Es algo que se están planteando en Alemania. The Economist decía estos días que muchos países de Europa del Este que se han opuesto a las cuotas son países que no encuentran trabajadores en sectores como tecnología o construcción. Los refugiados cubrirían esas ofertas de empleo. Hay que hacer un esfuerzo por integrarlos”.

“El Gobierno español se tiró 30 días de julio y agosto sin hablar de refugiados. Las portadas de referencia poniendo día tras día refugiados, y esto antes de la famosa foto del crío, han obligado a que al menos se reconozca [la situación]. Al final entre los medios y probablemente la señora Merkel han hecho que seamos el tercer país en número de acogida”, dice Algar.

El debate tras el debate.

El debate tras el debate.

El lugar se ha llenado de gente. Esta vez no podemos colocarnos en círculo sino en formato conferencia. Algunas personas no caben en el salón de actos y se van. Los que quedan escuchan con enorme atención. Hablan sobre todo G. Calero y Rodríguez. Hace calor. Abrimos las ventanas a Lavapiés. Cuando advertí por email que esta vez beberíamos solo agua porque no estaríamos en una cafetería un invitado contestó: “Agua en una librería que se llama Traficantes de Sueños http://www.traficantes.net para hablar de refugiados me parece lo más apropiado”. Al final de la tertulia propiamente dicha se desencadena entre libros y bombillas una conversación tumultuosa y animada. Es el post-debate, que a veces deshoja afirmaciones muy interesantes pero que ya no son para contar.

“La población -dice Sobrino- está dando una lección de dignidad a sus propios políticos. Es bochornoso”. Hay que seguir estando por delante y presionar. Esa es la idea que parecen compartir todos los invitados, y requiere una alianza con los medios. Rodríguez, que alude a conceptos como “genocidio silencioso” y “travesías infinitas” para narrar lo que está pasando, advierte al final de la tertulia que a partir de ahora la ética será fundamental, y que no es lo mismo colocar en portada un refugiado gaseado que uno tirando una piedra. “La xenofobia posiblemente crezca. Cómo titulen los medios, qué fotos pongan, cómo expliquen las informaciones, va a ser crucial para configurar la opinión pública más allá de lo que hagamos las ONG”.

[La Tertulia Infinita 16 se celebró en la librería Traficantes de Sueños de Madrid, el 23 de septiembre de 2015. Gracias a Blas por la ayuda].

 


#TertuliaInfinita16: refugiados, una visión desde el periodismo y las ONG

Países que abren y cierran fronteras. Políticos que discuten. Patada a un padre con hijo. Bebé muerto en la orilla. Trenes atestados. Cargas policiales. Lanchas que vuelcan. Lanchas que no.

Teníamos ganas de detenernos en las ONG, con capacidades informativas que en ocasiones superan ya a las de los medios internacionales. Con la mayoría de los reporteros españoles que cubren este gran éxodo de nuestro tiempo donde tienen que estar (en el terreno), nos apoyamos en periodistas del Tercer Sector para entender los acontecimientos. También en la reportera Pilar Cebrián, Premio Joven 2014 de la Asociación de la Prensa de Madrid, que acaba de acompañar a un grupo de refugiados en su viaje desde Turquía hasta Suecia.

El cartel está muy lleno, y todavía puede ampliarse. Sobre todo con vuestra participación.

Invitados, por orden alfabético:

  • Guillermo Algar, @guillermoalgar. Responsable de prensa. MSF España.
  • Pilar Cebrián, @pilarcebrian. Periodista freelance para El Confidencial y Antena3 TV.
  • Fernando García Calero, @fernandogcalero. Responsable de prensa. MSF España.
  • Miguel Ángel Rodríguez,@MARodriguez1971. Responsable de Comunicación Externa. Cruz Roja.
  • Manuel Sobrino, @msobrinof. Responsable de Comunicación. Red Acoge.
  • Anna Surinyach, @surianna. Fotoperiodista. MSF España.
  • Celia Zafra, @celiazafra. Responsable de Comunicación en Médicos del Mundo.

La Tertulia Infinita 16 - Refugiados

Nos vemos en Traficantes de Sueños. Con la colaboración de FronteraD y Librerantes.


Marc Bassets: “Washington es la Bruselas de las Américas”

“Soy cauto al emitir juicios de valor”. “No debemos opinar de lo que cubrimos”. “Necesito tiempo para sopesar”. “Conviene un poco de perspectiva”. Achtung, heads up, paren las máquinas: un corresponsal con mentalidad científica en esta era rápida de fronteras movedizas entre periodismo y posicionamiento personal.

Marc Bassets, en The Toast Cafe. Foto: Mª Ángeles Martín

Se diría que cada vez que lanzamos una pregunta a Marc Bassets (Barcelona, 1974) la deja caer sobre la mesa como un pequeño ratón. La mira –en realidad mira una una libreta de notas que ha traído-, la disecciona mentalmente, concede no más de dos segundos al silencio y responde por partes. Siempre un doble empeño: “Espero ayudarte a entender las cosas con rigor” y “No quiero parecer presuntuoso”.

Estamos ante un periodista de grandes capitales. 15 años de experiencia repartidos  entre Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Ha trabajado sobre todo para La Vanguardia. Desde hace un año y tres meses, para El País. Hablar con alguien que pisa el terreno ayuda a deshacer estereotipos sobre los países. Aunque Bassets dibuja una política americana que “es como una película, siempre con sorpresas”, desmonta con golpe seco mitos e imágenes asentadas. Ese Barack Obama sobredimensionado por los medios, siempre cómodo y sonriente ante audiencias masivas, es en palabras de este reportero alguien retraído, reflexivo, introvertido: “No es expansivo ni natural como Bill Clinton o George Bush hijo, que si estuvieran aquí ya serían amigos de todos vosotros y os habrían contado una anécdota relacionada con vuestras vidas. Él lo mira todo con distancia y lo procesa. Es un intelectual”. El presidente de EEUU es un posibilista, un conocedor de la realpolitik: “Aunque se ha destacado su idealismo, no tiene grandes ideas para transformar el mundo. Sabe cuáles son las cartas con las que juega y busca la mejor solución”.

Ahora que vuelve la Obamanía por el Pacto Nuclear y otras victorias como  el matrimonio homosexual, el reportero subraya todos los logros del presidente (reforma sanitaria, ruptura de inercias con Irán y Cuba, recuperación económica de Estados Unidos tras la recesión…) pero también recuerda sus desastres. Hay guerras mal cerradas (Irák, Afganistán) y un claro fiasco de aquel reset con Rusia que Obama aventuró en sus inicios y que con Ucrania sobre la mesa suena a broma. Aunque le cuesta calificar, Bassets acaba poniendo al líder estadounidense un 6: “Pero el curso no ha acabado. Puede ser un 5 o un 8”. Después dirá también: “Hay que asumir los límites de un país y de una persona”.

Ha sorprendido la persecución de la Casa Blanca a los llamados whistleblowers, personas que denuncian irregularidades basándose en el acceso a información confidencial. Edward Snowden es el caso más conocido. Pero Bassets recuerda que la batalla contra las filtraciones se remonta a Daniel Ellsberg y niega que la relación del presidente con los reporteros sea peor que en anteriores administraciones. Lo que hay es tibieza: “Obama no tiene conexión emocional con la Prensa, pero tampoco con los congresistas. Esto le ha creado problemas a la hora de legislar. No ha sabido seducir, conseguir que se apoyen medidas como la reforma sanitaria”. Estamos ante un presidente que ni va a jugar al golf con políticos ni se toma un whisky con ellos o les llama para preguntar por su familia, dice el catalán.

Más castillos de naipes desmontados: el periodismo estadounidense no siempre es mejor que el español: “El bueno es espectacularmente bueno, pero hay periodismo americano muy malo. Las televisiones dejan bastante que desear como fuente informativa. Cada vez utilizo menos las de información continua, CNN, MSNBC, Fox… Han entrado en una dinámica ideológica, sensacionalista, que ayuda poco al corresponsal”.

El invitado es discreto cuando se le pregunta reiteradamente por aspectos como su abanico de fuentes o la relación de los reporteros españoles con la Embajada: “No es ni buena ni mala. No espero demasiado de las embajadas. Aventuro una teoría: quizá han perdido sentido. Por ejemplo, en el gran asunto entre manos, el acuerdo comercial, es por la vía de la Unión Europea como EEUU se relaciona con España. La embajada española queda un poco desdibujada”. Ante la curiosidad sobre sueldos de los corresponsales o limitaciones impuestas desde su sección en Madrid, también diluye respuestas para evitar que suenen a crítica: “Hay una negociación, hay que ceder y tiene que haber un equilibrio entre el reporterismo y las llamadas breaking news. Comparando con mis años en La Vanguardia, creo que cada vez es más la delegación la que autónomamente propone y marca la agenda”. A pregunta de Jaime G. Mora responde que no hay grandes diferencias en los temas elegidos por su medio actual y el diario de Barcelona.

Participantes en La Tertulia Infinita 15. Fotos: Mª Ángeles Martín

Como delegado de El País en Washington, este catalán coordina a las cuatro personas que trabajan con él en la ciudad, a la corresponsal del diario en Silicon Valley, Rosa Jiménez Cano, al corresponsal en Los Ángeles, Pablo X de Sandoval, y al periodista destacado en Nueva York, Sandro Pozzi, además de a otras dos personas que se incorporarán próximamente. Todo un equipo que demuestra la apuesta del periódico por América y en particular por América Latina. “Somos todoterreno, pero uno de nuestros reporteros se dedica especialmente a la población latina y los asuntos latinoamericanos. Washington es el Bruselas de las Américas. Hay sedes panamericanas como la OEA o el Banco Interamericano de Desarrollo. Cada semana hay ministros latinoamericanos allí”. Algo que ha pasado desapercibido a muchos: Elpais.com se presenta hace tiempo con cuatro pestañas: España, América, Brasil y Cataluña: “Trabajamos mucho para la edición americana, con jornadas muy largas e intensas. Después del horario español llegan otros horarios y otras pautas. Al menos las ruedas de prensa se concentran en horarios bastante decentes. Obama raramente habla más allá de las 3 de la tarde. Le gusta cenar en familia y allí cenan a las 18.30”.

Washington se parece a Bruselas por la existencia de tareas reiterativas. La cita obligada es la rueda de prensa de la Casa Blanca, a las 13.00 horas. “Hay rutinas pero hay muchas rutinas”, puntualiza Bassets para que se reconozca el esfuerzo que conllevan. La prensa internacional se concentra en el Foreign Press Center, ubicado en el National Press Building, donde El País tiene despacho. La sala de prensa de la Casa Blanca es muy reducida, y acuden corresponsales con plaza fija que deben solicitarlo. “Te comprometes a acudir todos los días, para nosotros algo excesivo. Es preferible solicitarlo específicamente el día que quieras ir”. Puede haber más ruedas de prensa: del Departamento de Estado, el Pentágono, el Capitolio…. Y además está el resto del país, que un día puede llamar la atención desde Ferguson y otro desde Nueva York.

El hecho de que asista a la tertulia Felipe Sahagún, corresponsal en EEUU en los años 70 y jefe de Internacional en RNE entre 1980 y 1986, da pie a un mano a mano de altura entre el periodismo de entonces (el de Cirilo Rodríguez y Jesús Hermida) y el de ahora, en todos sus frentes. Sí, el acceso a las élites de la Administración sigue siendo más sencillo de lo que pudiera pensarse en comparación con otras capitales. Y no, ya no se desayuna leyendo el periódico en papel; esto se deja en todo caso como capítulo final. Bassets da por descontado que Internet “nos hace mejorar” y destaca el valor pedagógico de nuevos medios como Vox.com en la narración diaria de EEUU.

El reportero relata también su seguimiento del Pacto nuclear en Viena. Aunque ha publicado informaciones con humor (leer La diplomacia del balcón), dice que ha sido una de sus coberturas más difíciles. Cómo escarbar desde el espacio habilitado para la prensa -una lona frente al hotel donde se reunían los líderes- cualquier indicio mínimo de noticia. Un asistente, Gregorio Vázquez, pregunta si en materia de seguridad el pacto no es una mera prórroga para que Irán fabrique la bomba: “Es una crítica muy sólida”, admite Bassets.

Bassets, en un momento de su diálogo con Felipe Sahagún. Fotos: Mª Ángeles Martín

Con Rusia no percibe verdadera guerra fría: “En Viena John Kerry y Serguei Lavrov trabajaban codo a codo para levantar las sanciones a Irán mientras EEUU sancionaba a Rusia por Ucrania. Es como un ajedrez en partidas simultáneas, no un blanco y negro”. Con relación a Europa recuerda que Obama no se siente vinculado al continente y ha perpetuado la vieja exigencia norteamericana de que haya un interlocutor político único. La elegida ha sido la canciller alemana Angela Merkel. Hay preocupación por Grecia más allá de lo económico: “Para EEUU, es un estado clave desde la Segunda Guerra Mundial. Está en la OTAN. Entró en la Comunidad Europea antes que España y Portugal no porque estuviese más preparado que ellos sino porque es pieza básica en el Mediterráneo. Cerca de Turquía, Rusia o Los Balcanes, los americanos temen que el país se acerque a la órbita putiniana”.

Vuelta al escenario nacional, con campaña electoral por delante. Sería una sorpresa que Hillary Clinton no fuese la candidata demócrata elegida para los comicios de 2016, pero en el caso republicano hay una competencia más abierta y por ahora destacan Jeb Bush y Marco Rubio: “Bush es un buen político. Con experiencia. Inteligente. Le escuchas y convence. Pero tiene un problema: se llama Bush. Marco Rubio tiene menos experiencia. Es más bisoño. Pero miras su cara y ves el futuro de EEUU. Mestizo. Hispano”. A un lado del ring, Bassets imagina a Rubio, joven de origen humilde, hijo de inmigrantes de 44 años; al otro lado a Clinton, una mujer que salió por primera vez en la prensa en 1968 y que desde entonces no se ha bajado de ella. Dice que en campaña el equipo de El País tratará de combinar el seguimiento de la politics (la política de declaraciones) con la policy (las grandes estrategias y planes de los partidos). Sin perder el pulso del país.

El hecho de que la mujer de Bassets sea periodista y que a ambos les guste la vida nómada hace que la familia resista bien en un destino que el corresponsal Gary Younge acaba de abandonar por motivos varios entre los que está el racismo que quiere evitar a sus hijos. Bassets tiene hijos, pero no cree que EEUU sea un país mucho más racista que otros: “Sin un cierto estatus económico, eso sí, es muy duro”.

Un libro para entender EEUU: el diccionario político de William Safire, redactor de discursos de Richard Nixon. Un periodista básico para seguir la Casa Blanca: Mike Allen, de Politico.com. Un trabajo propio: un viaje sobre la América de Obama con fotos de Guillermo Cervera que se publicó en tres entregas (el país de la revolución energética, la América profunda y las ciudades del viejo corazón industrial).

Estos ejemplos de reporterismo a fondo le acercan al periodista que confiesa admirar, David Remnick, editor de The New Yorker. Como en el caso de la revista, el trabajo de Bassets destaca por la escritura que se desliza pero también por la profundidad. El corresponsal combina en un mismo jugo sus pinceladas sobre lo que ve con los sesudos argumentos de analistas y think tanks.

“Ahora estoy opinando”, “En estos momentos hablo por mí”, sigue advirtiendo. Intentos honestos de mesura y asepsia. Dos participantes en el encuentro coinciden en una palabra que no es tan común para describir a un tertuliano ni al periodismo: temple.

  • Galería fotográfica de La Tertulia Infinita 15
  • [La #TertuliaInfinita15 se celebró en el espacio estadounidense @TheToastCafe el miércoles 8 de abril de 2014. Gracias a sus dueños, Claudia y Ryan, y al encargado, Ricardo].
  • En colaboración con FronteraD y Librerantes.

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#TertuliaInfinita15: Washington, capital del mundo, con Marc Bassets

 

El lunes 20 de julio a las 20.00 horas celebramos La Tertulia Infinita 15 con Marc Bassets (@marcbassets). Es corresponsal de El País en Washington (EEUU), que es como decir la capital del mundo, y viene de cubrir en Viena las históricas negociaciones para un pacto nuclear con Irán.

Nos vamos al bar estadounidense The Toast Cafe. Como siempre, entrada libre y gratuita.

Venid. Debatimos. Nos saludamos. Y después tenemos todos unas estupendas vacaciones.

[Con la colaboración de FronteraD y Librerantes].

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Armada y Guardiola: de Bosnia a Siria, una inmensidad

Alfonso Armada (izquierda) y Antonio Guardiola (derecha). Foto: Jon Bradburn

Alfonso Armada (izquierda) y Antonio Guardiola (derecha). Foto: Jon Bradburn

Atardece en la champañería María Pandora. “El paisaje desde aquí es apasionante”, apunta José Antonio Guardiola refiriéndose al local, las velas, las miradas. “Para nosotros también”, le contestan señalando la librería a sus espaldas. El periodista bromea: “Siempre hay que ponerse en el lado del otro”. A eso vamos. A una tertulia que, como dice Alfonso Armada con guasa, tiene un nombre atractivo pese a la devaluación del término, por aquello de infinita: “Quedarnos aquí hablando toda la noche puede ser interesante. Igual descubrimos cosas que no sabíamos que sabíamos”.

La cita es sobre guerras porosas, un modo de llamar a esos conflictos aparentemente inconexos que terminan provocando erupciones de distinto color en toda la piel del planeta. De lo que más se hablará al final es de la dificultad creciente para relatar esa violencia dispersa y mutante.

Guardiola (Madrid, 1963) se declara admirador de Armada (Vigo, 1958) desde sus comienzos, cuando llegó a su primera cobertura internacional en Ruanda y Ramón Lobo le avisó de que lo hacía con retraso porque el corresponsal gallego ya se había ido. Nunca han llegado a coincidir ni en ese destino ni en otro exterior, aunque han buscado puntos de encuentro diversos en Madrid. Les preguntamos si la guerra de Bosnia y la de Siria son comparables como hitos que han marcado a dos generaciones de periodistas. Algún invitado joven nos sugirió en tertulia anterior que hasta que Siria apareció en escena parecía que el único periodismo internacional en España era el de la antigua Yugoslavia.

Ambos estuvieron en Los Balcanes pero creen que los dos conflictos no pueden compararse. “Gervasio Sánchez dice que la guerra de Bosnia fue una de las mejor cubiertas de los últimos tiempos. Creo que tiene razón. Yo estaba entonces en El País –cuenta Alfonso Armada- y pasamos siete por allí. La cobertura fue exhaustiva. Siempre había un enviado especial de El País en Sarajevo. Nos dábamos el relevo en Trieste. Con mucho espacio, muchos recursos”. Pero también hubo decepción: “Aunque como periodista lo que intentas es contar las cosas de manera más exacta y más apasionante posible siempre esperas que el resultado de tus coberturas acabe provocando algo en la realidad, y ahí uno empieza a descubrir que a pesar de la información tan exhaustiva de Sarajevo, de contar cómo una ciudad como Madrid estaba siendo bombardeada, al final los gobiernos europeos no reaccionaron. La guerra se prolongó más de la cuenta y el resultado fue un país imposible”.

Siria, prosigue Armada, no se está cubriendo: “Se han publicado crónicas fantásticas sobre todo cuando la oposición a Al Assad no era lo que es ahora, pero después de los secuestros y asesinatos de varios periodistas es imposible por el coste. Es una guerra terriblemente complicada”. Después matizará: “No imposible, pero sí muy difícil”. “Cuando los periodistas se convirtieron en objeto de comercio susceptibles de ser intercambiados por dinero se volvió una guerra que se está malcubriendo”, continúa el periodista.

José A. Guardiola describe Bosnia como “el último momento en que se vive un conflicto tradicional donde los frentes más o menos controlados en un mapa perciben a los periodistas como objetos de seducción. El bosnio, el croata, el serbio quiere ganarse su cariño porque es la única forma que tienen de volver a la opinión pública internacional de su parte. Con Internet los propios frentes, sobre todo los insurgentes, tienen capacidad de transmitir. ¿Para qué queremos periodistas? Es el problema de la cobertura de Siria”.

La falta de seguridad y la pérdida de relevancia de los corresponsales por la crecida digital son una pinza dolorosa para los reporteros. La crisis económica hace el resto. Guardiola trae a la conversación, como homenaje, a José Couso (el día de la tertulia hace 12 años que le mataron). Cree que su caso inició un gran debate sobre las condiciones de su muerte pero también otro sobre cómo iban protegidos los periodistas. Las empresas españolas empiezan a pensar en seguros: “No lo estoy criticando –aclara- pero eso que imaginábamos que era a favor de los periodistas, más protección, puede que no haya sido tan a favor del periodismo. Muchas empresas se retraen a la hora de mandar a enviados”. Armada lo relaciona con el poder creciente de la publicidad y la propaganda. “Igual que muchas empresas ya no requieren de los medios para cubrir su mensaje, los propios agentes en conflicto tienen expertos, producen vídeos, ya no necesitan a los periodistas”.

 

En la champañería María Pandora.

En la champañería María Pandora.

A Héctor Rodríguez le preocupa el poder de atracción del yihadismo en Europa. Se comenta la calidad hollywoodiense de los vídeos del Ejército Islámico (EI). Rafael Díaz Arias, presente en el bar, destaca su factura técnica impecable: “Están desarrollando directamente los códigos periodísticos”. Ahora su lenguaje va dirigido a los europeos y norteamericanos y “no es que al EI no le hagan falta los periodistas sino que ha secuestrado a los propios periodistas”. Relata el caso de John Cantlie, reportero rehén del EI que presenta documentales vestido con el temible peto naranja y narra con estilo periodístico las cosas que los terroristas quieren que diga. En algunos de sus vídeos se expresa con un “In this show”, recuerda el profesor. En el último filme conocido (febrero de 2015), un Cantlie demacrado anunciaba que era el último de la serie.

En este contexto amenazante se extiende también la sensación de que cada vez más países antes irrelevantes alcanzan el estatus de “conflictos con potencial desestabilizador mundial”. Léase, por ejemplo, Yemen. La logística se complica. “El otro día hacía una lista de en qué lugares deberíamos tener enviados especiales simplemente para entender lo que es el EI. No habría ningún medio de comunicación en España capaz de tener despliegues en Nigeria, Libia, Argelia, Sáhara, Yemen, Irak, Siria… Y se me olvidan muchos”, dice el director de En Portada.

“Se extiende el periodismo de experiencias que no va al trasfondo. Antes estabais en una guerra un mes, dos… Hoy hay enviados que se van una semana. ¿En una semana qué puedes contar de un conflicto?”, argumenta Sara Campos, preocupada por el recurso al periodismo ciudadano como sustituto.

“Las nuevas realidades del norte de África y Oriente Próximo -confirma Armada a la pregunta de un contertulio- han pillado con el pie cambiado a los especialistas, a los medios, a los redactores jefe… porque el mapa más o menos ordenado que tenían ha saltado en mil pedazos. La cobertura está siendo muy fragmentaria. Y eso de que la mayoría de corresponsales esté en Jerusalén, aparte de complicarles la vida a la hora de moverse por los problemas de sellos y pasaportes, hace que la mirada se tiña mucho aunque no quieras. Plantea problemas. Por su propia naturaleza, el mundo árabe es como África, mucho más rico de matices que las simplificaciones en que caemos los medios a veces”.

La cobertura de África es “guadianesca”, según Armada. Hay que escuchar con atención a un periodista que cubrió durante 6 años el continente y ha sido capaz de convencer a sus medios para que publicaran piezas sobre el teatro en Ruanda o Mozambique ecuando estos países no interesaban más allá de sus conflictos: “El problema es que no se puede hablar de África. Hay que hablar de países concretos, uno por uno, y cada uno tiene tanta complejidad que exige mucho tiempo y espacio. Hay pocos corresponsales permanentes y no hay interés genuino”. Las primaveras árabes, continúa Armada, fueron el momento de los freelance: “algunos iban a la buena de Dios a jugarse la vida sin haber negociado antes asignaciones con ningún tipo de medio y a veces cuando ya estaban allí conseguían crónicas muy mal pagadas. Es una tendencia muy preocupante. Muchos grandes medios han dimitido de su obligación de dedicar buena parte de los recursos a la cobertura internacional. El propio James Nachtwey decía el otro día que tenía dificultades para conseguir buenas coberturas. Si le pasa a él…”

Y sigue el embudo: “Eso lleva a que si tenemos que gastar el dinero, hagámoslo con el periodista que nos vaya a contar la guerra como queremos que nos la cuente. El riesgo del periodismo estrella”, dice Guardiola. Elena Aljarilla le pregunta por el programa En Tierra Hostil y su supuesto sensacionalismo. Guardiola prefiere quedarse con lo positivo: “Algunos elementos narrativos me parecen interesantes y legítimos para acercar conflictos a audiencias masivas. Si echo algo de menos es quizá el contexto. Si oigo ‘Estoy en un edificio con una bandera, creo que es el ministerio’, yo creo que un periodista debe decir ‘Este es el ministerio’”. El director de FronteraD y el Master de ABC recuerda que a veces la fórmula del reportero metiéndose en el peligro hace que se consigan más espectadores y que no siempre significa falta de rigor: “El hecho de que el periodista sea tanto el hilo conductor y se meta en la historia a mí me plantea dilemas, pero como recurso narrativo funciona”.

Siempre el resultado, la tirada, las audiencias. A veces se las teme más de lo debido: “Los reportajes que hacemos sobre África no tienen ni más o menos audiencia que uno de Latinoamérica o Europa. Si haces un tratamiento digno de África no tiene por qué generar menos audiencia”, asegura Guardiola. Pregunta tras pregunta el director de En Portada desgrana algunas ideas para que la televisión pública tan criticada últimamente funcione mejor: “Creo que sería muy bueno que los responsables de las áreas tuvieran asignada una parte del presupuesto para realizar los viajes que consideren imprescindibles, al margen de lo que digan el editor del Telediario y el director de informativos”. También: “En América están deseando que nosotros les contemos lo que les está contando Telesur, los rusos, los chinos, los franceses, los alemanes, y ya no digo CNN en español que tiene una capacidad de producción inalcanzable para cualquier otra televisión. Es decir, que ese tiene que ser el horizonte, que esa es la verdadera marca España, y que TVE tendrá proyección de futuro en la medida en que entienda que el horizonte está también y sobre todo al otro lado del Atlántico.  Sin ninguna duda”.

El respaldo de los libros

El respaldo de los libros

A José Antonio Guardiola le apasiona la narración. Habla en totales. Rápido. Directo. Más que explicar las cosas, las titula. Durante la conversación da vueltas a un próximo reportaje de Alberto Nisman para En Portada. Como si fuera un cubo de Rubik. Quiere calidad, que encajen la verdad y su contexto: “Con todas las herramientas narrativas que tiene el lenguaje audiovisual, cómo encontrar la fórmula para lograr hacer algo que sabemos que no existe que es el reportaje perfecto”.

A Alfonso Armada le apasiona todo. “Contar la experiencia propia es fundamental. Incluye emoción, controlada pero emoción. En muchas crónicas esa emoción falta, pero es parte necesaria del relato para ayudar al lector, al espectador, a ponerse en lugar del otro”, dirá durante la tertulia. Su discurso lleva a multitud de referentes profesionales, culturales, artísticos y humanos. De Antonio Lafuente, corresponsal de EFE en Nueva York que urdió con él la trama que es hoy FronteraD, a Ryszard Kapuscinski pasando por Martín Caparrós, Tomás Alcoverro, el pintor Antón Patiño, la fabulosa iraní Shirin Neshat (comparen la belleza de sus coreografías con la estética del ISIS), Susan Sontag… Una enseñanza que comparten ambos periodistas es la de Corinne Dufka: en el momento en el que veas que has perdido la sensibilidad debes dejarlo. Hasta aquí he llegado.

Los dos mencionan también a periodistas más jóvenes. Guardiola, a los reporteros de su época de director de Internacional (Luis Pérez, Yolanda Álvarez, Antonio Parreño, Oscar Mijallo…). Armada, a Mikel Ayestarán, David Beriain, Lino González Veiguela… Uno se siente ante dos hubs del periodismo internacional español conectados a todos los elementos del sistema.

Cuando ya se han ido alguien nos afea la falta de caña: “Ellos son periodistas y hacen preguntas agresivas, teníais que haber hecho lo mismo”. Es verdad. Pero lo que tiene hablar de la guerra con dos personas capaces de transmitir su cataclismo es que te dejan con cero ganas de pelea.

 


Guerras porosas, con Alfonso Armada y José A. Guardiola

¿Cómo dotar de sentido al relato periodístico cuando los conflictos empiezan como revueltas, derivan en guerras civiles y acaban convertidos en califatos interestatales o en lobos solitarios en Europa? ¿Cómo organizar las redacciones? ¿Cómo mover a los periodistas? Yemen, Kenia, París… ¿Hay capacidad logística, económica, personal? Este miércoles 8 de abril Alfonso Armada y José A. Guardiola debaten sobre las “guerras porosas” signo de estos tiempos.

José A. Guardiola (izda) y Alfonso Armada (drcha)

José A. Guardiola (izda) y Alfonso Armada (drcha)

Armada, periodista y escritor, dirige la revista FronteraD y el Master de Periodismo de ABC. Fue corresponsal para este periódico y para El País cubriendo Nueva York y numerosos países violentos de África. Sobre ellos ha escrito crónicas que son clásicos. También es autor de obras sobre periodismo, poesía y teatro.

Guardiola es un todoterreno de la televisión pública española. Fue responsable de Internacional en el ente público y dirige ahora En Portada, programa que acumula premios y reconocimientos. Entre sus trabajos más conocidos, la última entrevista con Nelson Mandela o la investigación sobre la muerte de Salvador Allende.

Ambos presenciaron el desastre de Ruanda. También el de Kosovo. Una importante perspectiva para observar los conflictos actuales.

El encuentro se celebrará en la cafetería-librería María Pandora, situada en una plaza que ofrece una de las mejores vistas de Madrid. Algunos prefieren llamarlas ocaso; otros, horizontes. Idem para el mundo y la profesión.

Os esperamos.

Qué: La Tertulia Infinita 14

Con: Alfonso Armada (@alfarmada) y José A. Guardiola (@jaguardiola)

Cuándo: Miércoles 8 de abril de 2015 a las 20.00 horas

Dónde: María Pandora, Las Vistillas (o Plaza Gabriel Miró) 1. Madrid. Metro La Latina.

Cómo: Debate de entrada libre y gratuito. Wi-fi disponible.


Ofelia de Pablo y Javier Zurita: Adiós al instante fotográfico, bienvenida sea la historia

Ofelia de Pablo y Javier Zurita tienen algo de esa optimista escena de apertura de El Nadador (que no de su deriva posterior): Burt Lancaster observa que el mundo es una sucesión de piscinas y comprende que debe recorrerlo sumergiéndose en ellas en lugar de bordearlas.

Javier Zurita (izquierda) y Ofelia de Pablo (derecha) en La Tertulia Infinita 13

Javier Zurita (izquierda) y Ofelia de Pablo (derecha) en La Tertulia Infinita 13

De entre todas las aguas a las que han saltado, cuatro emergen con frecuencia en la tertulia: Geishas del siglo XXI (“de lo mejor que hemos hecho”); la grabación para Channel 4 sobre el Genocidio del Congo (efecto dominó de un genocidio ruandés tan popularizado por el cine que eclipsó los males que causó en países vecinos); El otro lado del mundial, donde narraron cómo gracias al campeonato de 2010 chavales de los guetos de Johannesburgo estaban accediendo al fútbol y con él a otro mundo posible; y El genocidio invisible, documental que relata el extermino de los pueblos indígenas de Guatemala (y especialmente de sus mujeres) bajo la dictadura de Efraín Ríos Montt.

En todos sus proyectos tratan de demostrar que la vida tiene lados malos y buenos. “¿De qué sirve decir ‘Todo es una mierda y es malo y va a ser peor’?. A nadie le ayuda eso”, dice De Pablo. “Vamos a los sitios e intentamos ver la parte positiva. Los dos somos positivos. La gente también necesita ver luces”, asegura Zurita.

Reconforta preguntar a un periodista si cree que su trabajo contribuye a mejorar el mundo y escuchar, tras unos segundos de prudencia, un “Humildemente, sí” (Zurita). “Cuando cuentas un dramón como el de las mujeres en Guatemala, pues también hay que comprender que tras la publicación de numerosos reportajes han conseguido llevar a un tipo muy poderoso a un juicio. Hay una energía positiva y ves que las cosas avanzan – explica De Pablo- . En el caso de El Congo, la ONU disponía de un borrador sobre lo sucedido que el presidente de Ruanda quería ocultar como fuese. Al filtrarse, la ONU tuvo que publicarlo. Sientes que empujas”, continúa la fotoperiodista. “Cuando [la noticia] sale en un periódico potente y la gente lo lee y lo retuitea los abogados se ponen las pilas. Se crea una especie de tsunami que provoca cambios. Un señor que ha vivido a cuerpo de rey siendo un asesino se levanta un día comprendiendo que se le ha acabado el chollo” (Zurita).

También hay momentos en los que uno se pregunta de qué vale el riesgo. Cómo olvidar ese terremoto de Japón en 2011, trabajando en un hotel en primera línea de playa mientras se temía la llegada de un tsunami. Pero esas mujeres guatemaltecas que agachaban la cabeza temerosas cuando hablaban para su  documental y que luego vieron testificar valientes en el juicio contra Ríos Montt son para ambos el mayor regalo que les ha dado la profesión. “Lo vivimos en casa como si nosotros hubiéramos tenido algo que ver. A veces las historias acaban bien” (Zurita).

Redactan, fotografían, graban audio y vídeo… Su trayectoria profesional muestra una combinación valiente de apuestas personales y de proyectos realizados por encargo. Es el signo de todo freelance, pero no hay rastro de victimismo: “El mundo del freelance y el fotoperiodismo siempre han sido primos hermanos”, bromea Zurita. Y como señala De Pablo, es mejor pensar que en el extranjero un freelance es “un fotógrafo que ya ha conseguido lo máximo y quiere ser independiente de los medios”.

La fotoperiodista, en el Bar Turkana

La fotoperiodista, en el Bar Turkana

La táctica es convertir sus intereses personales en trabajos apetecibles para los medios, lograr su implicación. “Como españoleitor, cuando vas por iniciativa propia porque crees en la historia tienes que buscar financiación debajo de las piedras”, resume Zurita. “Intentamos irnos siempre con un encargo. Cuando ya tienes trato con los editores les avisas, les cuentas el proyecto, peleas un poco por el enfoque. Tratamos de salirnos con la nuestra todo lo que podemos”, completa De Pablo.

Algunas de las escenas que relatan revelan pérdida de respeto a su tarea, a la figura del fotógrafo, del redactor… al periodismo en general. Y eso vuelve a despertar comentarios encendidos entre los asistentes (muchos fotoperiodistas), que proponen iniciativas o asociaciones para mejorar la escena. Una abogada se sorprende de que no exista colegio profesional. “Hay gente capaz de hacerlo gratis con tal de seguir haciéndolo y ese es el mayor error -cree De Pablo-. Mientras en países como Alemania los fotoperiodistas pelean en los tribunales por sus derechos, en España se firman cosas aberrantes”.

El carácter individualista de los fotógrafos también juega en contra. Ambos certifican que en ocasiones sí es real esa figura del profesional independiente, difícil, una especie de guardameta con el carácter delimitado por la soledad y la tensión. Aquí Zurita jugaba de portero cuando era pequeño y De Pablo a veces habla sola –reconocen con humor- pero ambos creen que ser pareja y trabajar juntos ayuda a minimizar el riesgo de fatiga mental.

Es realizando proyectos multimedia cuando más observan que su tándem funciona, porque se amplían las tareas al sonido y al vídeo y es necesario trabajar en equipo. Su pronóstico es que el futuro pasa por este lenguaje que mezcla multitud de soportes. Se han sumergido de lleno en él: “Las famosas fotografías de Cartier-Bresson, el instante decisivo… eso ha terminado. El fotógrafo de la nueva era no va a ser el que capture una buena fotografía, sino el que capture una buena historia”, dice Zurita. “El volumen de imágenes que recibimos es tan grande que esos momentos de fotografías icónicas del pasado cuestan mucho más”, contextualiza De Pablo. Por eso hay tanta fotografía al límite: “Se busca llegar a la gente que está en un sofá viendo miles de imágenes; cuanto más sangrienta o más impactante más va a remover una conciencia. Pero ya nada nos remueve. Nos ablanda más el anuncio de lkea que cualquier masacre. ¿Por qué? Porque las historias tienen mucho más impacto que la fotografía”, continúa.

El fotoperiodista, en la conversación.

El fotoperiodista, en la conversación.

De Pablo relata que cada vez se contrata a fotógrafos para realizar trabajos de televisión. Alguno se ha llevado a casa varios Emmy: “Es porque los fotógrafos tenemos una mirada diferente. Quizá lo perfecto sería un tipo que hiciera cine, pero como necesita tanta parafernalia y no trabaja con sujetos reales, en situaciones en las que salta por los aires el guión le costaría mucho. Es la estética de cine mezclada con la realidad de la fotografía lo que interesa. Y contar historias”. “Hemos apostado por las historias” dice convencida. “Los mejores fotógrafos serán los contadores de historias”, reafirma Zurita.

Alguien del público pregunta: ¿Tenéis estrategia de marketing en las redes? “Uy, estrategia nosotros. Pero tú nos has visto?” ríe De Pablo. Y en realidad toda la tertulia ha sido así. Espontánea y generosa. Nunca el público asistente ha intervenido tanto, a petición de los propios invitados. Como si fueran Ofelia y Javier quienes nos hubieran llevado a charlar en su salón, interesados por nuestros casos.

¿Qué gadget le regalarían a un amigo, en estas fechas de Navidad? “Lo que necesitas muchas veces más que cacharros es el empuje” (De Pablo). “¿De qué te sirve tener un montón de cacharros si no te vas?”, se pregunta Zurita, quien continúa: “Lo mejor es irte. Y equivocarte. Y reflexionar: ‘Qué mal lo he hecho. Tengo que volver y hacerlo mejor’. Prueba y error”.

Felices Reyes Magos y un 2015 lleno de intentonas.


Especial Navidad: fotoperiodismo, con Ofelia de Pablo y Javier Zurita

Ofelia de Pablo y Javier Zurita, con sus geishas

Ofelia de Pablo y Javier Zurita, con sus geishas

Del genocidio de Guatemala al del Congo, de las geishas del siglo XXI a la comunidad española de Berlín. El tandem Ofelia de PabloJavier Zurita lleva años desarrollando un periodismo viajero y total de calidad (redacción, fotoperiodismo, documentales, multimedia, formación) que vadea los tumbos actuales de la profesión. Publican en grandes medios extranjeros como The New York Times, The Guardian, Channel 4 o Der Spiegel; también en El País, El Mundo o La Vanguardia (aquí una entrevista en RTVE). Nos contarán qué habilidades son necesarias para sobrevivir bajo la fórmula del freelanceo.

Empachados de Villancicos, os felicitamos la Navidad con una canción de cariño ronco ajena totalmente al acebo porque sí y os recordamos que para esta #TertuliaInfinita13 volvemos a un bar solidario: Turkana. Sus beneficios sirven para realizar operaciones quiquirúrgicas a personas sin recursos en Kenia.

Contamos con todos. ¡Venid en transporte público!

Lugar: Turkana. C/ Segovia, 16. Madrid. Metro La Latina.

Fecha: martes 30 de diciembre. 20.00 horas

Entrada libre y gratuita. Wi-Fi disponible


Beatriz Mesa, Carla Fibla, sobre Libia: Islam ≠ crimen

Una vez la dueña de un bar muy bonito dio permiso telefónico para celebrar allí La Tertulia Infinita. Pero al poco de colgar envió un sms: el ok era sólo en el supuesto de que el corresponsal invitado no procediese de medios, *digamos*, como la COPE.

Inmediatamente nos entraron ganas de traer a uno.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

De izquierda a derecha, Carla Fibla y Beatriz Mesa.

La prueba de que en la información internacional las líneas ideológicas tienden a diluirse la constituyen las invitadas a La Tertulia Infinita 12, Beatriz Mesa y Carla Fibla. Mesa (corresponsal de la COPE, pero también colaboradora de El Periódico) y Fibla (analista, ex Cadena Ser, El Mundo, La Vanguardia y varios medios más) coinciden en todas las interpretaciones que realizan sobre Libia y sobre quienes están metiendo las manos en el país.

Las líneas relevantes para los periodistas que se patean el mundo suelen ser otras: están quienes viven las zonas sobre las que informan y quienes caen sobre ellas como paracaidistas; están quienes se ponen casco y chaleco en cuanto llegan y quienes llevan años reporteando sin aparecer de esa guisa en las crónicas; y están los que pisan un destino con el reportaje plagado de clichés ya en la cabeza, mientras otros esperan a hablar con la gente. Todas eso marca más que el medio de origen.

¿Los mejores periodistas son los que más se acercan a la línea de combate? Ninguna de las invitadas lo cree, pese a que a veces los propios colegas te empujan: “Si no estás ahí, no eres un gran periodista, parecen decirte”. Como las autocríticas son escasas en la profesión, se valora la chispa con la que Mesa relata su propia historia, que provoca sonrisas a lo largo de la tertulia: “Yo era aguerrida. Quería estar en el frente de Misrata. Tenía que estar en Misrata. Y cuando llamo desde Misrata el medio me pide 30 segundos para contar el frente de Misrata. Ese día te replanteas tu vida y tu profesión. ¿Yo qué hago aquí? Perdí a dos compañeros y entendí que de lo que se trataba de explicar el conflicto, y no solamente desde el punto de vista militar. Con la distancia, considero que fue un error pasar 8 días en el frente”.

Como son amigas el relato se mueve entre lo histórico, lo periodístico y el anecdotario personal compartido. Se adapta a las preguntas de los tertulianos como su propio trabajo al entorno: ambas llegaron a un país para cubrir su feliz Primavera Árabe y se encontraron convertidas en corresponsales de guerra (expresión que rechaza tajantemente la ex reportera de la SER).

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Fibla y Mesa, en un momento del debate.

Con el aplomo que da haber trabajado en muchos estados árabes, Fibla desmenuza el origen del remolino libio. Conoció el país cuando aún estaba bajo la dictadura de Muamar el Gadafi: “Era un país extraordinariamente cerrado, sin contacto con el exterior. Impensable que algo así pudiera ocurrir. Hasta cuando preguntabas la hora por la calle la gente se apartaba”. Pero el 16 de febrero de 2011 la detención de Fethi Tarbel, abogado activista de los derechos humanos, deriva en manifestaciones y protestas contra la corrupción. Empieza la ira popular y el goteo de heridos y muertos.

Las reporteras entran con otros medios en Libia por su frontera con Egipto y siguen la evolución durante las cinco primeras semanas. “El inicio fue increíble, de esas experiencias por las que merece la pena estar en la profesión. Te encuentras con gente muy valiente, capaz de organizarse. Gente que vivía en el extranjero volvía muy preparada. Hubo una verdadera Revolución Cultural. Muchos artistas salían a la calle, las paredes se llenaban de grafitis. Y aún no estaba claro que se fuera a ganar esa batalla, pero era ese cambio de mentalidad y esa decisión que anuncian que no hay marcha atrás”, dice Fibla.

Después (19 de marzo), la intervención militar de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, el linchamiento y muerte del tirano, la pretendida libertad. “Pero hay un trasfondo que no se conoce, y es que Libia es un país dividido desde un punto de vista tribal, regional y económico. Cuando el objetivo común cae [Gadafi] surgen los problemas. Y es lo que estamos viendo ahora: un conflicto de todas esas dimensiones”, explica Mesa, que ha vuelto al país varias veces desde que todo comenzó.

Con sus palabras las periodistas dibujan un mapa en el que se entiende la importancia primordial de los puertos petrolíferos al Norte y los pozos de extracción al sur: “Esa es la verdadera lucha de Libia y también de los actores internacionales, más allá de la cuestión islamista”, dice la periodista de la COPE. Con unos 6 millones de habitantes y recursos calculados para unos 65 años, Libia “es el país [de las revoluciones] que más rápido podría salir adelante si consiguiese controlar esa riqueza”, apunta Fibla.

El petróleo se pasea por la conversación. Porque es curioso que en un Estado etiquetado tantas veces como fallido algunas cosas aún funcionen: hay milicias que siguen protegiendo los pozos y las exportaciones de petróleo continúan aunque se hayan reducido. Repsol (España), Total (Francia), ENI (Italia) y otras empresas “trabajan aún allí con la anuencia de las élites políticas y las élites armadas. Y esto no se está contando”, dice Mesa. Curioso también que el país que ha logrado la Primavera Árabe más exitosa hasta el momento (Túnez) no tenga tan importantes recursos energéticos.

Ahora la Libia que narran los medios son en realidad tres países: la Cirenaica, donde se dan los enfrentamientos más agresivos y se presencian asesinatos arbitrarios, ajustes de cuentas, imposiciones extremistas del Islam (“con una Bengasi fantasmal, casi sin administración del Estado”, apunta Fibla); la zona de Trípoli, donde la gente se arma más cada día ante la creciente inseguridad; y la de Misrata, que sigue funcionando como motor económico y donde apenas existe desempleo. Si se analizan a fondo las complejas zonas del sur, aún saldrían más países.

Mapa de Libia

“Después de muchos años siguiendo países árabes yo lo que valoro es que la gente haya sido capaz de dar ese paso. Que el inicio de la revolución fuera popular es increíble. Me gustaría ver a personas de países desarrollados salir a la calle con esa determinación teniendo lo que ellos tenían enfrente”, admira Fibla.

Esa sociedad civil es ahora una víctima que vive bajo la extorsión, pero Fibla y Mesa aseguran que son los propios libios quienes tienen que salir de ese atolladero y que otra intervención exterior sería nefasta. “Estados Unidos está muy perdido en Libia, como en tantos otros países árabes. Han tenido muy pocos aciertos. Su acción siempre va a la deriva, les sobrepasa”, dice Fibla. La Unión Europea y la ONU son un cero a la izquierda, pese a la presencia flotante en la zona del enviado Bernardino León. De España no hablamos.

Las reporteras no se cansan de pedir paciencia con los procesos del mundo árabe y respeto a sus ritmos. “Cuando algunos académicos o periodistas se atreven a decir que estamos atravesando un invierno árabe me parece un error. Los procesos de cambio no se pueden evaluar de manera cortoplacista. Tampoco en la Revolución Francesa se alcanzó la democracia tras el primer suceso”, argumenta Mesa.

Beatriz Mesa

Beatriz Mesa

Sobre todo, las invitadas recalcan dos ideas: que tras los conflictos siempre hay una lucha económica por los recursos y que excluir a los movimientos islamistas de la solución es mala idea. Mesa, que ha investigado sobre redes criminales en el Sahel, recuerda lo que está ocurriendo en Malí: “Detrás de la Yihad hay sobre todo estructuras económicas, crimen organizado, economía criminal. Esa es la verdadera amenaza. Y ahí están implicados no sólo los grupos armados de corte yihadista sino también los de corte nacionalista y los poderes estatales, además de individuos que nada tienen que ver con los grupos armados y con la política. Y ahí está Francia, buscando gas y petróleo”.

No se puede desprestigiar un proceso revolucionario en menos de un año porque entren en el campo político los movimientos islamistas, vienen a decir ambas reporteras, ni siquiera cuando dentro de ellos haya un brazo extremista que impida las aspiraciones de libertad, dignidad y trabajo del pueblo. Fibla es tajante al afirmar que apartar a los Hermanos Musulmanes del poder en Egipto ha sido un error: “Lo hicieron muy mal pero había que haber dejado que lo siguieran haciendo mal para perder en las siguientes elecciones”. Si en Libia la visión de Estados Unidos pasa por apoyar a uno de los bandos en liza [como el general Halifa Hifter] sólo porque se enfrenta a movimientos islamistas, Mesa lo considera muy peligroso: “Quizá no se esté identificando bien al enemigo”.

Células islamistas se están extendiendo en la zona, pero la corresponsal de la COPE insiste en que no sólo está pasando eso. “No podemos decir “El Yihadismo se ha instalado en Libia”. No es cierto. El conflicto es mucho más complejo. El extremismo representa una minoría y, lo más importante, en Libia los islamistas no tienen base social”.

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Asistentes a La Tertulia Infinita 12

Al final de la tertulia los asistentes dicen que la explicación tan sencilla de un país tan complejo sitúa el encuentro entre los que más les ha gustado. Y se comenta la misma sensación agridulce que en otras ocasiones: la de que hay periodistas con mucho que contar y poco espacio, tiempo o recursos para hacerlo. Gente que incluso se mete en camisa de once varas y tiene la ocurrencia de internarse en el periodismo internacional de investigación, como está haciendo Mesa ahora, o de enriquecer el aquí y ahora con el análisis académico, como hace Fibla. Y además en un entorno de seguridad que se pone cuesta arriba para la Prensa. Fibla reconoce el miedo en sus últimas internadas en Siria: “Es el peor escenario y con peores perspectivas”, dice con pena por la población local. Mesa prefiere el sarcasmo: “Qué problemón ¿no?. Que ya no sabemos dónde colocarnos porque somos enemigos de unos grupos armados que yo no considero mis enemigos sino mis fuentes de información, porque yo lo que quiero es entender ese conflicto…”.

Las despedimos deseándoles suerte con unos medios que ya no se acuerdan mucho de la Primavera en el Magreb. “Con la caída de los regímenes se mantuvo un poco la atención pero el descenso fue increíble. Un proceso como éste, que está siendo histórico para esos países y que se va a prolongar en el tiempo, habría que seguirlo mucho más. Llevo un año en España y creo que el seguimiento es un desastre, pese al interés que sí veo en la calle”, ha afirmado Fibla en un momento de la conversación. “Yo mientras nos vayamos de aquí separando el Islam de todo lo que hacen los criminales, ya me quedo tranquila”, dice Mesa.

Sea. Desde el título.


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