Angeles Espinosa: “En medio de la guerra y el horror, la gente se enamora”

 

Quizá la mejor descripción que pueda hacerse de Ángeles Espinosa sea la de que acumula más de 3.800 contactos en su teléfono móvil (es la cifra aproximada que emerge durante la conversación). El suyo es un periodismo internacional de altos vuelos, que la lleva de un país a otro y de una fuente a otra con eficacia y celeridad. Y la fuente puede ser un activista en un entorno clandestino, un portavoz terrorista o un monarca con poder de decisión sobre millones de personas.

Ángeles Espinosa, corresponsal de El País en Dubái.

Ángeles Espinosa, corresponsal de El País en Dubái. Foto: M. Ángeles Martín / La Tertulia Infinita

Lleva prácticamente toda su vida profesional en El País, un espécimen cada vez más singular en los tiempos que corren. Entró allí como becaria y se ofreció para ir a Beirut. La respuesta fue no, pero ahí empezó todo. “Yo lo elegí y me eligió”, dice en concreto de la información sobre países árabes.

Que viva en la moderna Dubái desde que la expulsaron de Irán, donde fue corresponsal durante 6 años, tiene explicación: “Es práctico. Las comunicaciones funcionan y hay vuelos diarios hacia los países que cubro, de Paquistán a Arabia Saudí, de Irak a Yemen”. Esos mismos motivos logísticos hacen que pasen por la ciudad muchas figuras que conviene entrevistar.

Espinosa llega al encuentro con gafas de sol. Ha tenido un desgarramiento ocular que puso en duda su viaje a Madrid, pero al final puede comenzar en esta ciudad sus vacaciones. La foto fija que se trae de Bagdad, su destino más reciente: “Muros de hormigón y puestos de control donde hay un policía, un soldado y dos o tres señores con o sin uniforme que no sabes muy bien a qué milicia pertenecen. Es lo que da miedo a la gente. No se sabe quién es la autoridad”. La imagen es triste sobre todo para quien, como esta corresponsal, ha visto otra Bagdad en la que no había libertad y donde no se hablaba, pero donde sí “había jardines, árboles y la gente podía salir a hacer la compra”.

La música de fondo de la zona siempre es la miseria. “Hay que conocer los lugares para entender ciertas cosas. Uno va a Zarqa, pueblo natal de Al Zarqawi en Jordania, y encuentra un sitio inmundo, polvoriento, donde lo menos extraño es que surja alguien como él. Un chaval joven allí, aparte de cruzarse mano sobre mano a la puerta de su casa y planear alguna maldad, poco tiene que hacer. No hay bares, no hay discotecas, no hay cines. Relacionarse con chicas no puede ser. El sexo tampoco. En pueblos pequeños ni siquiera hay un prostíbulo”.

La periodista es capaz de explicar el conflicto como un puzle complejo que comenzó con la Guerra Fría y lleva completándose desde entonces a la vista de todos. En él, no todas las malas piezas son achacables a los Estados Unidos. Los estereotipos han perjudicado mucho: “El enfrentamiento entre suníes y chiíes no es un imperativo histórico. Ni han estado toda la vida peleándose ni tienen que hacerlo, según los expertos con los que hablo. Era un enfrentamiento ideológico que ha adquirido carácter político sólo recientemente. Se están explotando esos sentimientos”.

Objetividad, rigor. Se ve que los persigue. Entre los dos caminos que percibe en el periodismo internacional de hoy (The New York Times, para el que los hechos son sagrados, y The Guardian, un medio de calidad que apuesta por un tono más militante) se queda con el primero. Sobre la difusión en Internet de imágenes de extrema crueldad por parte de los yihadistas del Ejército Islámico de Irak y Levante (EIIL, ahora EI), su propuesta es que los medios repliquen estas fotografías con prudencia: “Es obsceno que a mi muerto lo cubra con una sábana y al muerto iraquí lo muestre decapitado”.

Ángeles Espinosa, en La Tertulia Infinita 11

Ángeles Espinosa. Foto: M. Ángeles Martín / La Tertulia Infinita

A Espinosa le inquietan quienes se alistan tras ver esos vídeos: “Se diría que provocan repulsión, pero tienen gran éxito, el EIIL recluta personas. Puede comprenderse en Irak porque llevan tres décadas brutalizados por una dictadura, la guerra y las sanciones. Muchos no han visto otra cosa. Pero que haya chicos y chicas que viven en Suecia, en Londres … No sé si somos sociedades enfermas”. Corrobora estos temores la corresponsal holandesa Jessica Spengen, aportando datos de voluntarios yihadistas en su propio país. Es quizá la nueva forma de lucha de algunos jóvenes rebeldes contra el sistema, concluyen ambas; una sangrienta actualización de lo que en el pasado se quedaba en las drogas y el rock and roll.

A la vista de la expansión del EI, ¿debería haberse intervenido en Siria? “No creo que haya intervenciones generosas. Un país interviene de acuerdo con sus intereses, incluso cuando se llaman humanitarias”. Y la participación militar no siempre es útil, recuerda la reportera. “¿Qué hay ahora en Libia? El caos”. “Lo que he aprendido más claramente en casi tres décadas de profesión es que no hay buenos y malos, no hay amigos ni enemigos. Todo tiene muchas gamas de gris”, explica.

La Tertulia Infinita 11. Foto: M. Ángeles Martín

La Tertulia Infinita 11. Foto: M. Ángeles Martín

Por su atención a distintas capitales Espinosa tiene muy presentes las estrategias, la partida global. Así, a veces las decisiones se toman con estrictos criterios militares, a veces tienen peso las humanas envidias entre emires. Es evidente que los contactos tienen gran peso en su trabajo, que cultiva mucho su trato y evalúa los resortes psicológicos de sus encuentros. Ha entrevistado a numerosos jefes de Estado de la zona, desde Mahmud Ahmadineyad hasta Bashar Al Assad: “Los políticos no nos dan una entrevista por ser simpáticos, la dan porque les interesa. También es importante que sus asesores te conozcan”. La periodista cree que es necesario además “estar en los sitios, tener una continuidad en la zona”. Y cuida a sus fuentes: “Hay personas a las que no llamo porque sé que  eso podría suponerles una detención de los servicios secretos”.

Tras su trabajo hay esfuerzo de planificación. ¿Cómo te organizas? ¿Cómo llevas tu agenda?, preguntan Elena Aljarilla y otros asistentes, curiosos sobre cómo se puede cubrir 7 países: “Trato de estar atenta, preparo los temas con el coordinador en Madrid. Pero es verdad que antes había un imprevisto de vez en cuando, ahora hay un imprevisto todas las semanas”.

Tráfico incesante. Pitidos y sirenas. Sobrevuela un helicóptero y alguien bromea con que es un drone. Pero estamos junto a El Retiro y el frescor es agradable. También se oyen pájaros. Como en los destinos de Espinosa, la mezcla es la esencia: “Todo pasa a la vez. En medio de la guerra y del horror, la gente se enamora, se casa, tiene hijos”.

A medida que la periodista se refiere a una y otra cobertura la visualizo de un lado para otro de la región, su casa a la espera. Tras la tertulia comprendo que a los otros participantes les ha pasado igual. A la hora y media de comenzar el encuentro, cuando vamos a decidir su final, alguien que viene a buscarla y una lluvia fina precipitan el adiós. “Me he quedado con tantas ganas de preguntar… -suspira una tertuliana cuando la reportera ya se ha ido- ¿Pero a usted quién le tira las cosas a la basura cuando se le mueren en la nevera?

[Ángeles Espinosa fue la corresponsal invitada a La Tertulia Infinita 11, que tuvo lugar el miércoles 2 de julio en la terraza del Café Shukran, en los jardines de Casa Árabe].

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La Tertulia Infinita 11 con Ángeles Espinosa: IS. Irak. El caos

 

El próximo miércoles 2 de julio vuelve La Tertulia Infinita (primavera-verano, número 11). Nos acompaña Ángeles Espinosa, corresponsal de El País en Oriente Medio con sede en Dubai.

Ángeles EspinosaPremiada con el Ortega i Gasset (2002 y 2003), por el Club Internacional de Prensa (2003), por la Asociación de la Prensa de Madrid (2010) y con el Víctor de la Serna (2011), nominada este año al Cirilo Rodríguez, Espinosa ha sido corresponsal en Líbano, Egipto e Irán, país del que fue expulsada en 2011 por sus informaciones incómodas. Ha cubierto la mayoría de las guerras y acontecimientos importantes en Oriente Medio desde los años 90. Ha publicado tres libros.

Recién llegada desde Bagdad, nos da que es persona adecuada para hablar de IS (o ISIS, o EIIL), el Ejército Islámico de Irak y el Levante. Este grupo extremista ha barrido buena parte de Siria e Irak devolviendo al prime-time el drama de los refugiados, las torturas y las muertes en la zona. Ha resucitado también todos los  fantasmas de las intervenciones occidentales fallidas en la región. Pero quizá acabemos conversando de otros temas, porque Espinosa lo mismo escribe cuentos de princesas encerradas que se empotra 24 horas con el ejército paquistaní.

El encuentro será en la cafetería al aire libre Shukran (que significa “gracias”), situada en los jardines de Casa Árabe, junto al parque de El Retiro. ¡Os esperamos!

 

Dónde: Cafetería Shukran, jardines de Casa Árabe. C/ Alcalá 62. Madrid. Metro Retiro.

Cuándo: miércoles 2 de julio de 2014. 20.00 horas

Entrada libre y gratuita.


Periodismo internacional y autocensura

Dice Vicente Romero en La Tertulia Infinita 7 que en el periodismo internacional uno termina autocensurándose bastante y que es necesario hacerlo. Así que la decisión también se ha respetado aquí.

Vicente Romero, en La Tertulia Infinita 7

El periodista cita a personas admirables dentro de instituciones internacionales (especialmente a Jean Ziegler, del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas), y reconoce que si la ONU o los cascos azules no existieran, habría que inventarlos. Pese a todos sus defectos. Sin embargo, no oculta que éste es un mundo despiadado y relata historias muy jugosas de organismos que metieron la pata,  ONG que lo hicieron mal, responsables de Ejércitos occidentales acodados en barras de bar de prostíbulos infantiles, héroes convertidos en canallas: “Pero a veces hay que pensar en frío: ¿Qué gano si hago pública esta historia? ¿Beneficio a alguien si cuento esto y echan a la ONG de aquí, cuando está haciendo otras cosas bien?”.

Este modo de actuar le ha reportado el reconocimiento de sus colegas y del tercer sector, que le ha premiado en numerosas ocasiones. Incluso ha recibido un galardón de la Conferencia Episcopal, aunque él ha dejado dicho por ahí que es ateo (eso sí, cree en los milagros). Para Romero, una buena crónica no vale “la sensación de que te levanten en volandas unos gitanos a los que has sacado de una situación límite, aunque eso suponga no haber podido grabar la información”.

“Si un periodista se encuentra con un matón dando una paliza a un niño, supuestamente tiene que buscar un buen ángulo para ver lo que sucede, anotar los detalles y elaborar una crónica precisa, que incluya número de golpes. ¿No? No. El periodista tiene que ir a parar aquello, decidir que no habrá noticia porque como persona él mismo la evitará. Si con un solo niño está tan claro que debemos detener al energúmeno,  cuando estamos hablando de 5.000 niños, 35.000 personas, 5 millones de personas en una situación de hambre, ¿por qué dudar de que tenemos que tomar partido también?”.

Participantes en La Tertulia Infinita 7. Foto: Raúl de la Torre

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Mònica Bernabé, Javier Martín y Fernando Prieto: el buen periodismo internacional es más local que nunca

 

  • Mònica Bernabé, sobre Afganistán: “Hemos creado un monstruo que no vamos a poder quitar del poder”
  • Javier Martín: “La base del Periodismo es el periodismo local, contar historias, y es precisamente eso lo que hemos perdido”
  • Fernando Prieto: “El despiste de Occidente es monumental. Túnez se echaba a la calle y una ministra de Sarkozy estaba de vacaciones allí”

La periodista Mónica Bernabé. Foto: M. Ángeles Martín

¿Por qué es importante que siga existiendo el buen periodismo internacional? Porque es local. Llega hasta allí -sea cual sea ese allí- y se mete en el barro para comprobar si las declaraciones oficiales se corresponden con la realidad. Sin ese viaje necesario nos quedaríamos con la conciencia tranquila, pero sin conocer la hipocresía de las Relaciones Internacionales. Los corresponsales son expertos en reflejarla, como ese díscolo que se cuela en una reunión de etiqueta y dice lo que nadie se atreve a decir: que el homenajeado es en realidad un asesino.

Cuenta Mònica Bernabé en su libro Afganistán. Crónica de una ficción que ella empezó siendo periodista local y que uno no puede ser buen corresponsal si antes no ha metido las narices en los lugares más incómodos de su propio entorno. Ahí está el abecé de la profesión y por lo tanto también de la información internacional: “No puedes aspirar a cubrir una guerra si antes no eres capaz de perderte en solitario en el barrio más marginado de tu ciudad”. Javier Martín lo confirma: “La base del Periodismo es el periodismo local, contar historias, y es precisamente eso lo que hemos perdido”. “Al final –dice generosamente Prieto parafraseando a Enrique Meneses– el periodismo de verdad lo hacen estos señores, ella en Afganistán, él cuando viaja. Ir a un sitio, ver lo que pasa y contarlo. Lo demás  son mandangas”.

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